
…aquello que no existe.
Porque si dejas que algo o alguien, sea lo que eso sea, te vaya comiendo el coco, haciendo que veas/grabes cosas que no viste realmente, entonces tienes un problema (grande!) con el entramado neuronal, que se forma en tu cerebro. Vas a tener una sucesión de circuitos/archivos, donde se refugian eses elementos irreales, que te van a provocar alucinaciones de vez en cuando. Incluso haciendo que acabes por vivir en un mundo imaginario.En principio por la noche, luego durante el día (despierto). Y todo sin ver un puñetero filtro material puesto delante de tus ojos.
Y el problema es que no vivirás un mundo imaginario infantil, como pasaba con el amigo imaginario, que tanta compañía te hacía. Aquel podías controlarlo. Ahora tendrás un imaginario adulto, viendo elementos que no existen, sean árboles que hablan o fantasmas que andan buscando almas que le hagan compañía. Como sucede con la Santa Compaña, que, dicen, camina por los bosques gallegos en busca de cristianos, que le ayuden a soportar su «mala» muerte.
El bosque animado del «bueno» del Wenceslao Fernández Flórez, es un ejemplo de ese mundo no real al que nos podemos ver abocados, cuando rematamos por ver cosas que solo existen en nuestra mente.
Entonces es cuando el mirar y el ver se han fusionado de tal forma que, como pasa con la personalidad múltiple, ya no podemos saber quien somos : si el que mira o el que ve, si el que piensa o el pensado. Un bonito dilema, ese de si eres tú o eres otro, del que hablaremos más adelante.
¡Anímate!