
… mirar (y ver), sin ser vistos!
Gustan de no dejarse ver. Porque no todos los que se tapan, lo hacen para matar a la gente. Es más habitual, hacerlo por timidez o por vicio. Y, sobre todo, por espiar la forma de hacer más daño al consabido prójimo. Lo que podríamos llamar el arte del fisgoneo. Es como retorcer el disimulo, para usarlo en contra de «los vecinos». Si el Disimulo es una forma de arte, podemos decir que el arte del Tapado es una forma de antidisimulo.
Porque dismular la timidez es una forma de engaño, por muy razonable que le parezca al que la tiene. Pero es un tipo de engaño muy leve, casi natural, ya que puede corresponder a una cierta debilidad, en la capacidad genética de defenderse : en vez de «echado para adelante», se trata de ser un poco «echado para atrás».
Pero luego ya está el ejemplar de humano (tímido o no) que practica el voyeurismo, incluso hasta el acoso. Cuando el placer más intenso no lo da el ver a una mujer, por ejemplo, tanto como el ver que ella ve que la estás viendo.
En este caso ya se trata más bien de un caso de sadismo, pues el sufrimiento ajeno es lo que a ti te proporciona placer. Aunque sea solo mirando lo que ves.
Porque el famoso marqués se explayó mucho en el sadismo exacerbado, pero el pequeño mal, que realmente destroza la convivencia humana, es el sadismo de baja escala. El que se puede disfrazar como una simple manía de observar lo prohibido. El que supone un acoso en modo suave, pero prolongado, que le va quitando intimidad, poco a poco, a la persona observada. Hecho en la infancia, por ejemplo, o en la preadolescencia, puede despersonalizar, parcial o totalmente a una cría humana. Convertirla en un futuro objeto de uso para mirones.
¡Anímate!