
… en el pozo de la vida.
Porque la crueldad de un ser humano adulto puede llegar a ser casi infinita. De hecho, ya ha llegado a serlo varias veces a lo largo de su historia.
Porque tenemos dificultades para entender lo que es un agujero negro cósmico y no queremos ser conscientes de que muchas veces nos metemos en un agujero negro vital. O bien nos meten los adultos dominantes en él, como decimos estes días, sobre los campos de concentración y gulag.
Porque, ademas de apreciar el hecho de ser inhumanos, como algo positivo, no queremos ser curiosos, ni esforzarnos en aprender como manejar los cambios que un ecosistema nos va ofreciendo. Porque nos gusta estropear el equilibrio que tanto le costó lograr a la naturaleza (sea lo que eso sea).
Porque seguimos adictos a mirar sin ver. Y, sobre todo, a no querer ver lo que nos puede hacer daño, o romper nuestros esquemas ideológicos.
Y porque el amigo que mejor nos conoce, y de verdad nos quiere, es el que nos canta las cuarenta. O las cien, si es necesario. El que nos dice «las verdades». No es nuestro amigo el que las disimula, para «caernos bien».
¡Anímate!