Porque al hacer a unos humanos pobres , robándole lo que es suyo… automáticamente (los ladrones) se hacen ricos. Ese es el único origen artificial de la riqueza.
Luego solo queda mantener la explotación, o incluso aumentarla (el rico se hace muy avaro y egoísta), para lo cual se necesita ese tipo de sociogén al que llamaremos adaptador a la explotación humana… el que favorece una ideología, entre pobres y ricos, tal como apuntamos estes días, para hacer natural lo artificial : eres pobre porque no eres capaz de hacerte rico.
Lo cuál tiene lógica, ya que, para ser rico, muy rico, como hemos visto, hay que hacerse un explotador, un adicto al poder que da el tener mucho mucho dinero (robado).
Y , una vez rico el papá, el hijo solo tiene que seguir sus pasos. Y por mucho que presuma de que él no ha robado a nadie.
Porque no hay sociogén, para adaptarse a la explotación, sin un sociogén hipócrita, que te permita mirarte al espejo, con la idea clara de que no estás haciendo algo malo. O no tan clara, debido a que aún te queda algo marcado por el biogén del remordimiento.
Con tres meses de vida, el feto sigue dependiendo de su madre totalmente, pero se puede decir que ya empieza a construir su propio futuro. Y no, como decimos, por ser viable sin seguir atado a la placenta. Simplemente le aparecen los atisbos necesarios, para indicar que se inicia un proceso que lo llevará a su independencian total… más o menos a partir de los siete meses de útero, si algo adelantara el parto.
Empieza a tener un cerebro capaz de sentir ya muchas cosas… oir el latido materno, sentir el goce de estar sumergido en un líquido «amable», empezar a sentir su propio cuerpo (chuparse el dedo) e, incluso, interaccionar con la pared uterina, dando las clásicas y esperadas pataditas… que son su primera «visita» a un gimnasio.
Todo eso y el hecho de notar que tiene a otro posible gemelo (mellizo o siamés)al lado, ya que esas sensaciones le permiten comunicarse con el ambiente de una forma mucho más clara. Ya no son señales que no se saben interpretar. La inteligencia emocional del feto, seguro que empieza rápidamente a memorizar datos que le llegan y así, con su memoria, va consiguiendo pequeñas informaciones operativas, que le permiten ir madurando. Aunque solo sea por la práctica mínima que necesita, para cuando salga del útero. Especialmente si lo debe de hacer con premura.
Y cómo no, ahora ya puede aparecer la preocupación de cualquier macho… «¿Cómo lo tendré de grande?». Pero no hay sexualidad que valga, porque eso no depende de la emociones primerizas, sino de la maduración que lleve desarrollada la inteligencia racional, ya que será la que va ligada directamente al desarrollo sexual. No puede haber sexualidad, si antes el cerebro no es capaz de generar una actividad racional que pueda «sujetarla». La naturaleza no inventó la diversidad sexual, para que esta capacidad de sentir placer (que lleve a la reproducción, en eprincipio) se descontrole , precisamente, al azar. Y por eso la sexualidad, por mucho que lo nieguen los liberados sexuales, va en el carro de la racionalidad. Ni siquiera al revés… salvo que quieras vivenciar una sexualidad mutilada por el exceso de prisa.
Y lo dicho anteriormente va a misa, aunque tenga que ser una especial misa científica. Porque, como el problema de que tenga un cromosoma de más o de menos, producirá inevitablemente una desviación del plan original. Así que ya llegaremos a reflexionar sobre la sexualidad del ser humano. Por lo de ahora, tanto la sexualidad, como la mente racional madura, no existen.
Y no solo nos fijamos en el comportamiento de dos seres humanos que se sienten atraídos sexualmente. Podemos fijarnos en como un tío busca a su sobrina, porque quiere recuperar la memoria de su hermano ya muerto.
En Dr. Zhivago, tenemos el caso de un ser humano que siente la llamada de su ADN, o eso parece, que es el mismo que el de Zhivago. Pero también le mueve su adn social positivo (este seguro), que le ha hecho sentir la necesidad de recuperar a la hija de su hermano.
Esa capacidad/necesidad no es algo biológico, ya que el ADN nos puede ayudar a adaptarnos, precisamente, sin esos recuerdos del hermano muerto.
Pero en el adn social positivo que marca muchos de los pasos a dar por el hermano de Zhivago, está marcada esa necesidad vital de enlazar de nuevo la estela dejada por su hermano, a través de su hija. Con todo lo que puede significar ere recuerdo en la mente del general. Recordemos la importancia del tiempo perdido.
Si la SAD no impide una maduración natural y libre, se puede elegir a otra pareja sexual, sin importar la necesidad de reproducirse que tiene la especie humana. No está reñido favorecer la continuidad de la especie humana, con mantener relaciones afectivo sexuales con un humano del mismo sexo. Y, lo mismo pasa con la búsqueda de la sobrina, si la SAD no nos impide una maduración de la capacidad solidaria, para mantener los lazos afectivos familiares, además indispensables precisamente para esa continuidad de la especie humana, y aunque no se hubieran practicado hasta entonces… ¿Qué nos lo puede impedir?
… pero sigue siendo importante. Si lo era de vivo!!!
Porque, si somos sinceros, nada desaparece del todo. La naturaleza nos dio la memoria para algo. Entre otras cosas para recordar lo que el pasado nos ha podido enseñar… incluso aunque nosotros hiciéramos lo posible por no aprenderlo.
Pensemos en los primeros años de escuela, cuando nos sentimos atrapados en una jaula y solo consideramos importante escapar de ella.
Incluso después, cuando maduramos algo y ya tenemos inteligencia para comprender que la realidad es bastante jodida, y podemos sentir que tenemos armas para modificarla… pero aún seguimos pensando que el esfuerzo de armar tu inteligencia, racional y emocionalmente, no vale la pena.
Y así nos va.
Infancia y adolescencia despreciadas, como campamentos de supervivencia en el tiempo, para aprender el combate de la vida. Y con especial refuerzo del abandono, por la dejadez manifiesta o clandestina de los adultos, que debían ser nuestros tutores.
Y por eso, al final del camino, viene a pasar lo que ya sucedió al final de la adolescencia… todo aquello que no metimos en la mochila, ya no se podrá meter después, y lo que nos metieron de contrabando (mucho mucho contrabando),con todo ello vamos para adultos.
La ventaja con la muerte , es que ni lo bueno que dejamos de hacer ni lo malo que nos hicieron cuenta ya para el futuro.
Para nuestro futuro, no cuenta. Y sobre lo que pueda contar, para el futuro de los que nos sobreviven, ya nada podemos hacer. Ni siquiera molestarnos por ello. Tanto nuestro ADN biológico como nuestro adn social dejan de tener sentido existencial. Dejan de tener vigencia como tales, aunque puedan tenerla para los demás. Aunque será el adn social, el que puede dejar huellas en la memoria de la humanidad, para bien o para mal según el «como nos recordarán».
Una vez muertos, ya no habrá comportamiento que estudiar. Lo cual no quiere decir que la sociogenética no tenga algo aún que decir… porque nuestro ADN ya sabemos lo que pasará con él… pero, ¿Cómo puede influir nuestro adn social, positivo o negativo, en nuestros descendientes, sean familiares o no?
El nazismo y el estalinismo, como las demás religiones no laicas, siguen perdurando en esas mentes humanas que nos sobreviven. En el interior de lo que se viene llamando memoria colectiva, incluida su parte inconsciente. Y eso es lo que fuimos y, por lo tanto, hemos dejado como herencia, positiva o negativa.
Porque si tenemos que quedar grabados en la memoria de los seres humanos que permanezcan vivos, mejor que sea bien grabados. Que seamos un grito en sus mentes, será mucho mejor que un simple murmullo.
No está nada mal que nos echen un poco de menos.
Claro que para eso, que nos echen de menos, tenemos que ser capaces de haber hecho varias cosas. Y casi todas buenas, porque, en caso contrario, estarán felices de que hayamos muerto.
No se puede escribir en la memoria humana, si no se usa un buen instrumento escribidor. Y la voz es uno de ellos. Otro son las palabras escritas sobre un papel, real o virtual.
Y sí, no es el mismo recuerdo el que deja quien lo ha hecho bien, que el que lo ha hecho mal. En cierto modo depende de nosotros, antes de irnos, que decidamos lo que es bueno y lo que es malo. Para nosotros y para los demás. Y de eso, sí que nos puede hablar la sociogenética.
O sea, que fuimos menos que una sombra (una colección de moléculas unidas), hace muchos millones de años… y acabaremos siendo, de nuevo, poco más que una serie de moléculas desunidas. Una vez muertos. Ya que, en buena parte, acabaremos siendo átomos despendolados por la plenitud del universo infinito.
En cierto modo, volvemos al punto de partida. Pero antes hay que tomar el último barco.
Y es que, si enterramos nuestras cenizas, poco más somos que la sombra que forma sobre el suelo que hemos abonado.
Todo nuestro cuerpo, y nuestra mente (allá los que tengan alma) se irán perdiendo como las famosas lágrimas en la lluvia del Roy Batty.
Fuimos algo, muy poco, pero llegaremos a ser nada. Nada material, porque en la memoria de los seres humanos que aún vivan, podremos existir virtualmente, como personajes importantes de un videojuego. Si alguna vez pensaste en la realidad virtual, esa serás tú una vez muerto. La sombra de lo que fuiste.
Porque todas las hojas son casi iguales pero, al mismo tiempo, muy diversas. Sí, tienen algo de «cuánticas». Tal como le pasaba a las espinas del cactus, iguales pero diferentes. Son muy variadas. Y sin saber siquiera la probabilidad de encontrar una determinada. Como un electrón en una nube de carga atómica.
Queremos ver una de ellas, pero resulta una tarea imposible, sobre todo si no sabemos muy bien «lo que buscamos». Por mucho que miremos el suelo, nada positivo nos dirá, si no somos capaces de hacer intervenir diversos filtros mentales. Como se dice en otros momentos ,»hacer actuar a los diversos departamentos operativos, que conforman nuestro cerebro». Sin olvidar, como dijimos ayer, que debemos evitar que otras capacidades humanas genéticas, como la inteligencia emocional, nos pueda desviar de nuestra atención. Necesitamos cierta emoción para buscar lo que queremos ver, pero sin que nos impida usar los filtros de visión pertinentes.
Toda referencia que nos de la ROM/MOR es poca, para cuando queremos atisbar algo concreto. Y por eso, aprender desde crías resulta imprescindible. Nada de lo que nos pasa, bueno o malo, debe ser usado sin sacar alguna buena consecuencia.
Y cuando tenemos memoria, incluso si es temporal (tipo RAM/MONR), debemos aprender a usarla con eficiencia. Nada de memorizar mecánicamente algo que se va a desprender de nuestra menta, tan pronto como nos relajemos un poco.
Eso es lo que pasa cuando chapamos para un examen, que, una vez realizado, se convierte en un suelo como el de la imagen : imposible de encontrar en él nada significativo. Todo estará formando un caos de datos inconexos. Y a algunos, con el estrés, se le ensuela la memoria antes del examen.
La posición del mirador, corporal y anímica. La atención que pongamos en el acto de mirar. Pero sobre todo, el cuidado que pongamos en el proceso de «ver algo». Ahí juega su papel el estado anímico y el interés que tengamos en ver una cosa o la otra.
Por ejemplo en internet lo típico es «dejarse llevar». No nos esforzamos mucho en ver (a fondo). Solo miramos y nos quedamos con la primera visión (superficial), que se ha colado en en nuestro cerebro. ¿Para qué filtrarla?¿Para qué buscar datos en nuestra ROM/MOP, que aseguren lo visto o, mejor/peor, lo contradigan.
Por ejemplo, te separas de la mesa donde tomaste un café y notas, de repente, que se formó sobre la mesa una imagen que no habías visto al sentarte. El polvo del café te ha dejado formada un corazón inacabado o, si te gusta mucho la fauna, una especie de ave voladora.
¿Con qué figura te quedas? Con la más fácil o con alguna difícil, que requiere un esfuerzo extra de interpretación. Esa ayuda extra de la ROM, trayendo alguna imagen de aves, que tengas guardadas de otras veces.
Porque, para ver bien, no llega con usar la RAM (una memoria superficial, del momento). Necesitas un aporte extra de la ROM/MOP (la que guarda de forma permanente). Ella te permitirá completar la visión. Y, lo más importante, validarla como real… o, al contrario, como una simple manipulación virtual de alguien que te quiere confundir.
Porque la crueldad de un ser humano adulto puede llegar a ser casi infinita. De hecho, ya ha llegado a serlo varias veces a lo largo de su historia.
Porque tenemos dificultades para entender lo que es un agujero negro cósmico y no queremos ser conscientes de que muchas veces nos metemos en un agujero negro vital. O bien nos meten los adultos dominantes en él, como decimos estes días, sobre los campos de concentración ygulag.
Porque, ademas de apreciar el hecho de ser inhumanos, como algo positivo, no queremos ser curiosos, ni esforzarnos en aprender como manejar los cambios que un ecosistema nos va ofreciendo. Porque nos gusta estropear el equilibrio que tanto le costó lograr a la naturaleza (sea lo que eso sea).
Porque seguimos adictos a mirar sin ver. Y, sobre todo, a no querer ver lo que nos puede hacer daño, o romper nuestros esquemas ideológicos.
Y porque el amigo que mejor nos conoce, y de verdad nos quiere, es el que nos canta las cuarenta. O las cien, si es necesario. El que nos dice «las verdades». No es nuestro amigo el que las disimula, para «caernos bien».