
…¿nacemos desconfiados?
Realmente nuestro ADN solo habla de confianza. De empatía y la consecuente solidaridad. Lo que no tiene nada que ver con usar la curiosidad para matarse , como dice alguna gente que le pasa al gato. La desconfianza es realmente una capacidad que se va cogiendo con el tiempo, a partir de muchas horas de cuna, de suelo e incluso de estar en brazos de alguien, pero sintiendo siempre estar algo abandonado. Viene a ser lo que podemos llamar un elemento del adn social positivo.
Si, para colmo, nos maltratan más fuertemente, entonces es cuando se injerta en nuestro cerebro una tendencia a «confiar» que, ese maltrato, se repita. Y eso acaba siendo lo contrario, o sea la «desconfianza». Podemos decir que se va injertando un adn social, que va neutralizando la capacidad genética de confiar, haciendo que pase a dominar esa nueva capacidad de desconfiar. A ese fenómeno, aquí, le llamamos reescritura social del ADN. No borra lo escrito, solo se escribe al lado o por encima. En un caso complementa, es positivo, y en el otro «tapa», siendo así negativo.
Pero algo de desconfianza no es muy malo, en principio. Solo lleva a mirar con precaución, para ver mejor lo que miramos. Sería inútil en un animal irracional, que, lo más que debe hacer es andar con cierta precaución (puro instinto), cuando se tope con otro animal irracional.
Algo que, por desgracia de nada le vale, cuando se encuentra con un animal racional. Nosotros somos totalmente impredecibles (o casi). Los maestros del engaño.¡Y eso acaba con ellos!
Así que nos queda aprender que nuestra curiosidad innata, conlleva cierto peligro si no tenemos filtros mentales adecuados (propios), para observar los detalles que caracterizan a las malas personas. Ahí es cuando hacemos el gato (tonto), si nos fiamos demasiado de un adulto humano. Y por eso, para evitarlo, el ADN nos trae marcada una capacidad tan esencial como es la atención.
¡Anímate!