
… no paramos de pedir ayuda.
Y por eso miramos y vemos los barrotes de la cuna. Los primeros obstáculos en nuestra corta vida. Nos dan seguridad, pero también nos quitan libertad. Y nos agarramos a ellos, para «decir» que necesitamos salir de allí. Que todo un mundo nos espera y necesitamos aprender de él. No lo podemos saber, pero el ADN tira de nosotros.
Y por eso solicitamos ayuda. Incluso en silencio. Usando solo nuestra mirada, que aún no la dominamos del todo. Pero intuimos, y vamos sabiendo por experiencia, que a mamá, y algunos otros, no los deja totalmente impasibles nuestra reclamación.
Aunque en esto, ya depende mucho de la suerte que hayamos tenido, con el ecosistema donde nos toca vivir.
Porque, como la experiencia nos enseñará, hay muchas clases de adultos. Y casi todas ellas no suelen ser buenos acompañantes.
Una de nuestras primeras lecciones básicas, será, precisamente, aprender a distinguir entre acompañantes positivos y negativos.
¡Anímate!