
Se establece una lucha, a veces muy dura, entre tus ganas de ser TÚ y las pretensiones de la SAD, para que seas una variante de ti. Para que llegues a disfrazarte de pieza básica del «mecano social»… alguien que ayuda mantener la maquinaria social en movimiento, no solo ejerciendo la fuerza precisa, sino ayudando a regular a otros seres humanos, para que se acomoden como piezas eficaces de esa maquinaria… De hecho hasta puedes hacer de policía o de maestro… además de padre y, como no, de abuelo..
Tú, con toda la razón natural (es tu ADN) le pides un proceso de maduración natural y libre. Que te sirva de tutor (el adulto) para hacer de ti una pieza social con funcionamiento libre, alguien capaz de decidir si mueves la maquinaria social, en un sentido o en el otro. Capaz, incluso, de introducir mejoras en el funcionamiento social existente, para que la maquinaria haga un trabajo más eficiente…
Y, sobre todo, más justo. Para que los beneficios del trabajo de todos sean recogidos por todos, no por unos pocos (los que tienen el poder en ese momento).
De nada te vale ser bonita, que te creas bonita, porque la belleza en absoluto no existe (diga lo que diga Platón)… y, además, si te cuidas mucho para «ser bonita», no te cuidas tanto para evitar que te manipulen ya de adulta. Al revés, te vas introduciendo en la red mental que ha tejido la SAD a tu alrededor.
En este caso el gen social no es gratis, supone un buen gasto en potingues varios, incluso cirugías, para que seas la mujer objeto (o el hombre), que siga tirando del carro opresor. Incluso siendo negra o amarilla…








