
Visto lo visto con la nuevas generaciones, puede que les parezca superfluo.
En el fondo también les pasa a los viejos, a los que podíamos llamar reincidentes en la segunda infancia de la vida humana. Cuando el lenguaje va perdiendo sentido, pero no por sí mismo, sino por la demencia senil que, muy poco a poco, nos va invadiendo en esa etapa.
Es cuando el escaso uso del lenguaje profundo y complejo, propio de la adultez, nos devuelve a zonas lingüísticas del estilo guaguau de los perros, por ejemplo. Es cuando empezamos a usar pocas palabras, y no muy bien expresadas… y va siendo importante el abandono de la pasión por comunicarse. Es entonces que pasamos a ser carne de cañón sin pólvora.
Así es como hay que interpretar la frase que le dice el personaje de Régula a su hermano, ya algo «perdido». Cuando ella le quiere aleccionar a seguir con la mente clara, porque ve como el señorito amo se aprovecha del precario uso de su inteligencia, reduciéndolo a un simple bufón.
Es cuando nos convertimos en simples perros de compañía, al servicio del poderoso señor, que tiene el control de las tierras y de los siervos de la gleba que en ellas malviven. Eso lo explica muy bien la peli Los santos inocentes del tándem Delibes/Camus.








