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  • Porque también hay mujeres a las que le gusta… PRESUMIR de que son libres

    Como le pasaba a la matrona romana. Que si le dejaban presumir de riqueza y poder, ya se consideraba una mujer libre. Porque no eran esclavas y podían presumir de liberales, mientras no le llevaran la contraria a su esposo-amo. Ese macho romano, que era, al mismo tiempo que su amante, su carcelero.

    Y si no, que se lo pregunten a una tal Livia Drusila, que tanto le costó hacerse un lugar entre los machotes romanos. Fueran patricios o plebeyos. O a la hija del César Augusto, Julia, perseguida por ser (quererlo) realmente libre y no padecer lo que padecía cualquier mujer romana : un Síndrome de Estocolmo Machista Clandestino de auténtico caballo cesariano.

    Ellas no son como nuestra admirada Vienna. No necesitan pistola, ni mostrarse adustas y faltas de cariño, para no ser depredadas por el macho. Ese macho que porta un Síndrome de Estocolmo de Poderoso Señor al que toda Mujer le debe Obediencia. Incluso en muchos hombres que presumen de ser lo contrario.

    Resulta muy fácil, sobre todo padeciendo el SEMC (Síndrome de Estocolmo Machista Clandestino), creerse libre, cuando realmente se depende totalmente del poder machista.

    Un caso muy típico en las seguidoras de los grandes grupos de rock (en general todos machos, para más inri), donde la esclavitud autoaceptada resulta tan típica. Y más grave por suceder en el momento de la adolescencia, cuando genéticamente se debía estar luchando por la regeneración de esta sociedad tan patriarcal.

  • Y por esa razón hay que… aprender a decir NO!!!

    O a hacer callar a los demás, sobre todo si te quieren impedir que hables tú.

    Porque llega un momento que, solo decir NO, no vale. Se necesita avanzar, para que los otros noten que defiendes una causa justa y que tienes argumentos de sobra para hacerlo.

    Y eso necesita palabras. Y necesita un espacio y un tiempo para librarlas de tu mente. Soltarlas a la cara de esa gente, que te mira como un bicho raro, porque decides ser tú misma.

    Hay que aprender a defenderse, en ese proceso de adaptación que persigue tu gen biológico. Y tamaña defensa lleva consigo el proceso de aprender a negar lo que te dicen que es la realidad, porque tu estás viendo, no solo mirando, y ves otra realidad diferente.

    Te toca defenderte y, sobre todo, defender a otros más débiles, a los que les cuesta defenderse por sí mismos. Para ello debes fortalecer eses otros genes biológicos que hablan de la empatía, de la solidaridad y de la colaboración en el proceso de liberación colectiva. Todo eso que el adn social negativo intenta neutralizar, sea como sea. Incluso favoreciendo tu depresión mental, para que acabes suicidándote en vez de enfrentarte a la SAD.

  • Y, ¿cómo es hacerse adulta y luchar… CONTRA las arrugas sociales?

    Porque no es fácil luchar. Sobre todo si eres mujer, aunque seas blanca y famosa. Y si no, que se lo pregunten a Susan Sarandon, por ejemplo.

    Pero, ¿qué haces si eres negra, pero no negra rica USA, sino negra sencilla de cualquier barrio negro USA… o peor, de algún rincón perdido en el Congo, por ejemplo.

    O si eres nuestra amiga gazatí, que aún no cumpliste los diez años, pero ya pasaste hambre y miedo a raudales… esperando simplemente a que la siguiente bomba estalle… o el cabrón del francotirador practique tiro olímpico contigo. Por ejemplo.

    Claro que también puedes ser la desconocida esposa de un españolito medio, que te considera una propiedad privada y no te deja ser libre… e incluso vivir. Otro ejemplo.

    En fin, que eres mujer y el gen social negativo del macho depredador se lo pone claro : ¡eres una pieza a cazar!

  • Porque la mujer debe luchar… por su PROPIA identidad !!!

    En este caso la protagonista de la serie Unorthodox, también quería ser ella misma. Pero, metida en un ecosistema religioso tan oscuro como ese tipo de judaísmo ortodoxo, no lo tiene fácil. Ahí incluso es muy difícil encontrar alguna compañera.

    Y tiene que romper con ese adn social negativo que le injertan desde muy pequeña. Es cuando decide volar a Europa y empezar una forma de vivir más natural y libre. Buscando la forma de sentirse «ella misma».

    Porque una cosa es el gen biológico que te marca como judía, pero otra es un gen social, muy fuerte (por reforzado), el que te marca como judía ortodoxa. O incluso ultraortodoxa.

    En este caso tenemos un ejemplo de como la religión te injerta determinados genes sociales. Cuando hablamos del injerto religioso, no podemos hablar de características personales, que te van a dar determinada forma de ser, de como comportarte socialmente. No, esto es mucho más profundo que eso.

    Como decimos siempre, con el gen social negativo se trata de reescribir su ADN, haciendo que en su mente (la proyección cerebral de su ADN) se modifique la lectura del gen original, gracias a ese injerto, hecho en la infancia de la protagonista. De forma que la nueva lectura le tiene que hacer una adicta a la tradición de los judíos ortodoxos. Claro que esta invasión mental no es irreversible. Siempre puede ocurrir que determinadas circunstancias vitales (amigos de verdad en un ambiente europeo, por ejemplo, como le pasa a ella)le favorezca romper con esa tradición tan fuerte. Muy difícil, pero no imposible.

  • Y eso del fenotipo hace que haya mujeres… de muchos tipos

    … algunas, incluso, son mujeres libres. O, por lo menos, luchan a fondo por serlo!!!

    Y, si no, que se lo pregunten a todas las que lucharon contra el fascismo. No solo para liberarse ellas, sino también a sus compañeros hombres. Y es que entre los grandes disfraces está uno muy peculiar (y muy peligroso) : el de verdadero o falso revolucionario.

    Y como la mujer es siempre más auténtica, su fenotipo es muy potente, también son las que llevan la peor parte. Porque este tipo de mujeres también creyeron en un falso tipo de liberación. Les habían enseñado que haciendo una cosa llamada revolución, ya serían libres. Pero no les contaron que ese proceso revolucionario lleva más tiempo del que se espera y, sobre todo, va dejando por el camino demasiadas ilusiones. Entre ellas las depositadas en muchos hombres, que presumen de revolucionarios, mucho más de lo que pueden dar de sí.

    Por eso las revoluciones no necesitan demasiada imaginación, solo la mínima, el resto es tener conocimiento de como impulsarla cada día, especialmente en las horas bajas. O incluso en los meses. Porque las horas bajas, como las vacas flojas, son algo inherente a todo proceso de cambio.

    Se necesita estar preparado para adaptarse al cambio. Y para eso no llega con la capacidad de adaptación que nos marca el ADN. Es indispensable haberle dado la maduración necesaria, en forma de gen social positivo, para que adquiera una fortaleza, que nos aguante en esas horas bajas revolucionarias. No podemos ser meros actores del proceso de cambio, típico del llamado pueblo en momentos de revolución social, tenemos que ser también autores de la misma. Con mayor o menor calidad, pero tienen que ser nuestras letras las que vayan escribiendo esa historia (nuestra). No vale traer guionistas de fuera. Aunque digan pertenecer a nuestra clase social. De eso ya decía algo nuestro Príncipe de Salina, cuando hablaba de su sobrino.

  • Que tiene efectos parecidos… al gen biológico

    Intentaremos no liarnos. No es hora de genética. Pero pensemos en el arte del disimulo, que tan bien se les daba a los venecianos de siglos atrás. ¡Y a otros muchos, no venecianos y totalmente actuales!

    Uno puede salir de casa vestido «como siempre». De feliz o aburrido oficinista. De avispado y lúcido mangante de guante blanco… Y luego en los carnavales vestirse de otra cosa totalmente diferente : el siervo de la plebe o el Conde de No Se Qué, mangante oficial del Reino…

    O de simple y lúdico pirata del Caribe (o del Mediterráneo).

    En fin, que el genotipo es lo que somos normalmente, sin interferencias externas (químicas, radiológicas…). El fenotipo es nuestro disfraz. O podíamos decir al revés. Depende de lo que consideremos más negativo : «simele oficinista» o «magnate multimillonario»… pero vemos que hay dos formas de exponer «lo que somos» al público : la que se ve y la que está «por dentro». Son dos gene sociales diferentes. Nosotros, o los que nos manipulan (SAD) , escogen nuestro disfraz.

    En la naturaleza (sea lo que eso sea), se escoge el gen menos negativo, para ese fenotipo. Porque es imposible que dos genes sean exactamente idénticos. Le costó miles de millones de años, pero aprendió a seleccionar, de tal forma que puede evitar que el disfraz «principal» sea el más negativo de loss dos posibles, para el ser humano. Por ejemplo «tener hemofilia/no tener hemofilia»… Y por eso, precisamente, se sacó de la manga la reproducción sexual : cada gameto, materno y paterno, trae un gen diferente. Su combinación lineal se hará siempre en beneficio del ser humano.

  • Un poco de ciencia… no hace daño.

    Y aclara mucho la reflexión que aquí hacemos, sobre el comportamiento social humano.

    Hablamos de ser princesa o ser sierva, pero ¿qué relación tiene eso con el llamado gen social?

    La falta de cierto tipo de genes biológicos, es lo que hace, por ejemplo, diferenciar entre hembras humanas y machos humanos. Pobre del Freud si se llega a enterar que el cromosoma masculino es más corto que el femenino. El complejo de castración ya tendría aún menos sentido. O, por lo menos, no tendría sentido, fuera del ámbito sociogenético.

    Por otro lado, aprovechando esta pausa científica, debemos hacer notar que el hecho de ser Eva un «segundo intento» (Génesis), explicaría que Yahvé incorporara estos genes, para hacerla más eficiente (madre) que Adán. Realmente, al contrario de lo que pensaba Freud (solo miraba el órgano sexual externo), la grandeza de la mujer está precisamente en su cromosoma XX. El pene no deja de ser un intermediario, a veces algo mediocre (en su uso).

    Como bien afirman la mujeres protestonas a partir de Paris 24. !Somos XX, no nos dejaremos reducir (más)!

  • Y mirarte en el espejo de una adolescente… solo te hace una copia!!!

    Y así le pasa a nuestra protagonista Tracy , en Trece, una película que muestra la incansable lucha por liberarse de ser una típica preadolescente (treceañera), para acabar siendo una pobre versión de su adorado modelo adolescente. Un modelo que se considera, por su entorno social (sobrevalorado), mucho más madura de lo que realmente es.

    Algo muy típico en este tipo de interacciones, entre adolescentes que aprenden y adolescentes que enseñan. A veces incluso, acaba siendo el aprendiz mucho más maduro que el maestro.

    Porque todo va a depender de como te vayas haciendo con las herramientas precisas, que te servirán para defenderte en el ecosistema donde tanto interés tienes por entrar.

    En esta fase de duro aprendizaje adolescente, es cuando tanto puede influir tu pasado como infante. La adquisición de malos hábitos, que aquí les llamamos genes sociales, serán un lastre importante a la hora de adquirir los nuevos genes sociales adolescentes. Porque, en algunos casos, son un simple refuerzo de los que ya te injertaron en su momento.

    Como vimos hace poco, con «Inocencia interrumpida», el refuerzo entre genes sociales es algo habitual, tanto si son genes positivos como negativos.

  • Durante la adolescencia no existe… el amigo imaginario

    Ni tampoco el espejo de la Madrastra de Blancanieves. Porque, para ser ella misma, para llegar a tener un futuro propio, una adolescente va a mirarse en un espejo carcomido por la SAD. Con lo cual, no le va a decir nunca la verdad, porque el espejo social que te proporciona la SAD es siempre, siempre, mentiroso. Y, por eso, es tan importante construirte tus propios filtros.

    El espejo social dice ser como el amigo imaginario de tu infancia, pero no es verdad. Sea un espejo o alguien que dice ser tu amigo, solo quiere manipularte. Te manipula, para que te consideres capaz de ser reina, cuando realmente, puede que te estén preparando para ser sierva.

    Este tipo de espejo social, son multiforma e incluso le miente a los ricos. Está al servicio del poder establecido… pero ni siquiera ellos pueden estar seguros al 100% de lo que este espejo (vendido al poder)les cuente.

    El problema del poder, además de ser una característica genética totalmente artificial, es decir social, es que está muy mal articulado. No tiene la experiencia genética de la naturaleza (que experimenta mucho), por lo que suele tener cierto tipo de alucinaciones imprevistas. Y eso lo hace inestable. Es lo que les pasa ahora a los algoritmos, que ya fue avisado en la película Yo, robot. Y eso hace que pueda provocar acciones que no estaban previamente diseñadas, en la mente del poderoso que lo programó.

    Además el poder te hace adicto a él. Y si es absoluto te hace tan adicto, que te hace bajar tus defensas mentales, por lo que serás un posible blanco de alguien que quiera tu poder. En cierto modo es lo que decimos cuando hablamos de que ese «espejo» (hasta ahora), que puede ser tu lugarteniente, se convierte en tu enemigo más cercano. Sobre todo, si te dejas llevar por la embriaguez, de que es (parece) tu amigo. Y de eso va el comportamiento social de nuestra pareja cinematográfica de la imagen.

  • O también pueden ser… contrapuestos!!!

    Con la inserción de imágenes tenemos un problema… y digo «tenemos», sin ser Houston, porque en mi mente habitan dos yos marcados con diferente gen social, en relación con la resistencia (ahora, en chuli, se sule decir resiliencia) al fallo humano… a este extremo llega esto de la sociogenética.

    Uno dice que , bueno, no es para tanto, el hecho de que no se pueda ver la imagen completa.

    El otro (o la otra, si nos ponemos feministas), dice que, de eso nada, que un fallo como el que se da en la entrada anterior es de juzgado de guardia intelectual.

    Además de una clara muestra de endeble profesionalidad expresiva, ya que la imagen es el 50% de la información que estas entradas difunden. Y solo faltaría que, un recorte involuntario de la misma, le hiciera decir lo contrario de lo que decía.

    Así que vamos a ir, en este caso, con el gen social más positivo, que, indudablemente, es el de no tener fallos expresivos, demasiado gordos. Que no podemos decir que el otro gen social sea negativo, como en el caso de la anterior entrada, pero es un poco más flojo (en positividad) de lo que consideramos como aceptable.