Un caso paradigmático el de Daenerys, vale para hacer un estudio sociogenético de su comportamiento. Permite observar tanto la actuación de los biógenes como la de los sociógenes.
Ya por ser Targaryen soporta una genética muy difícil, llegando a arrastrar algún biogén que le favorece llegar a la locura. Aunque, en principio, parece no verse afectada por ella.
Pero cuando el ambiente la va presionando, hacia una adición al poder (algo que sí puede ser genético), se va notando como evoluciona hacia un tipo de actuación, que la va alejando de la empatía y solidaridad iniciales. Llevándola hacia territorios de desprecio por la vida de los demás, y una adicción al poder, que la va convirtiendo en otra persona.
La rompedora de cadenas s ehacee una tirana, inclcusos sanaaguinaria, a la que suss podeers ssobrenataaurales la haaceen sentirse emuy susperior aatodods slos shuamanso cocncoccidos.
Incluso haciendo que desprecie el hecho claro de que su amado John Snow lleva la genética Targaryen y, por lo tanto, será incapaz de seguir siendo un sumiso adorador.
Y sin salir de la serie GOT (Juego de Tronos), podemos analizar un caso paradigmático, a la hora de valorar la relación entre biógenes y sociógenes : Daenerys Targaryen.
Además nos interesa, porque no consiguió que sus más acérrimos seguidores supieran leer su arco dramático, por lo que acabaron (según dicen en medios digitales) totalmente cabreados con los productores de la versión televisiva.
Allá ellos!!!
Aquí toca ver ese cambio tan drástico, y tan bien marcado, en la maduración de la princesa Targaryen. Que llega de adolescente a reina madura, aunque no muy bien madurada.
Como bien dice en la imagen, la rompedora de cadenas llega al final dispuesta a todo. Y todo es TODO, para reconquistar lo que consideró siempre como suyo : Los 7 Reinos. Incluso a hacer una metamorfosis de muy mala maduración.
Volvamos de nuevo al príncipe. Oberyn Martell tiene los biógenes típicos de la casa Martell, que reina en el territorio de los Siete Reinos llamado Dorne. Eso lo hace intrépido e inteligente.
Y eso es lo que sintetizamos en esa frase de «neutros», ya que lo hacen el típico Príncipe, un humano que aún no sufrió los problemas derivados de la típica endogamia de las casas reales. Tan extendida en la casa Targaryen. O, en un caso más concreto, de los Lannister. Y que pertenece al campo de las influencias sociales.
Pero también posee un sociogén que lo hace un pelín irreflexivo, sobre todo cuando lo junta con el que lo hace muy vengativo. Ambos favorecerán su muerte. Y esta influencia ambiental es propia de cualquier casa real de los 7 Reinos, ya que se trata de un comportamiento típicamente medieval.
Lo mismo pasa con la práctica de la traición y la venganza, aunque sea algo tan poco querido por el ADN humano . Ser traicionero y vengativo es antagónico con el uso de la inteligencia racional. Incluso con una inteligencia emocional, controlada por la racional.
En la casilla social (adn +/-) hemos puesto justo e injusto, porque, en el casos de reyes, resulta de primordial importancia, permitir el uso de las capacidades de justicia, que marca nuestro ADN. Y que deben ser reforzadas por un sociogén, idéntico al biogén pero positivo! Evitando totalmente que la idea de injusticia, marcada por un sociogén negativo se pueda hacer con el control de la acción mental definitiva.
Como llevamos diciendo estos días, la cuna ayuda sí, pero lo que determina el futuro son los biógenes y los sociógenes. El lobo se puede hacer amigo de quien lo recoge de muy pequeño, pero , como la cabra, bastará un toque crítico, para que vuelvan muy rápidamente al monte.
Porque el lobo no tiene ya asumido el biogén de la domesticación, como sí tiene el perro, así que su «amistad humana» solo vale para quién lo salvó de una muerte segura. En cierto modo funciona como un sociogén positivo, que el ambiente fijó en el cerebro del lobo recogido. Esa parte del cerebro animal que funciona parecido a una mente humana.
Todo esto nos dice que, durante la maduración del cerebro, lo que realmente determina la forma de actuar de un animal social, es la influencia del ambiente cercano que lo rodea. Son los sociógenes que ese ambiente injerta en el cerebro del animal, de su mente , si es un ser humano.
Y por eso la domesticación de un animal irracional y la de un animal racional es esencialmente distinta. Instintiva en los irracionales, inteligente (racional y emocionalmente) en los humanos.
Y por eso puede haber un efecto negativo o positivo del sociogén, solo en el ser humano, ya que el animal irracional no madura para adquirir un yo, para tener una identidad como persona. Su instinto dirige su proceso de maduración. Pero un humano domesticado no es solo un cambio en su conducta, es la anulación de su identidad real. Que no es otra que su identidad social, el «yo propio» o conciencia, que, de forma natural y libre, ese ser humano se estaba construyendo, si la SAD no interviene.
Ser un yo criada, o ser un yo príncipe, o ser un yo de lo más pobre en los 7 Reinos, aunque luego acabes siendo caballero… o siendo el típico hijo de papá, que ya nace rodeado de dinero, sea por ser empresario triunfador o por preclaro narcotraficante… todas ellas son variantes de un mismo proceso social (y genético). Todos son seres humanos casi idénticos, pero su ecosistema nacimiento los hará diferentes, incluso muy muy diferentes.
¿Qué pasa con ellos?
Van marcados por el adn social positivo de las crías humanas ricas… aunque en sentido estricto (científico) llamarle «positivos» a este tipo de genes no es del todo correcto… porque, ¿suponen realmente un avance en la maduración natural y libre del niño rico, o, más bien, le enmarcan en un tipo de maduración poco natural y libre? Tipo : el dinero no da la felicidad.
Porque si hay algo artificial en la vida humana es lo que podemos llamar vida predefinida de un niño o niña rica. Van después de los descendientes de reyes, a la hora de medir su infelicidad real..
Y es que, a diferencia de la neutralidad directiva de los biógenes, los sociógenes pueden ser tanto positivos como negativos… dependiendo precisamente de la conducta, que vaya a tener en el futuro la cría humana que nace nadando en la riqueza. Puede llegara ser, tanto un rico «humano» como un rico depredador.
Ayer hablamos de un caso típico en la formación de un yo. De la cría humana que sufre una calificación diferente, en su vida de barrio o de escuela, lo que puede llevarle a ser acosado… y hablamos de lo que necesitamos para estudiar su cambio (o no cambio) de conducta con el tiempo : o mantener su yo de ser considerado diferente, incluso reforzado (sociogén negativo) o, por el contrario, ir superando esa condición social (artificial), con la inestimable ayuda del sociogén positivo que le llegue a través del ambiente social donde se desenvuelve como persona.
Porque la genética social, mucho más que la genética biológica, está ligada directamente con el fluir y el permanecer del ser/yo, que estamos construyendo, queramos o no, a lo largo de nuestra vida.
Pero lo que llamamos sociogén es como un fotón, no tiene materia concreta encima (una masa), pero su energía se puede transformar en materia , en cualquier momento de su «vida» (inanimada), como bien nos dijo Einstein ( E = mc2).
Es algo que está en permanente cambio, como el río, pero al mismo tiempo permanece su esencia, que es lo que identifica a un río, para hacerlo igual y diferente de otro río. Fluidez (dinámica) y permanencia (estática) es lo que caracteriza a un sociogén. Y es algo que no tiene un biogén, ya que él puede decaer en intensidad, hacer que no se note externamente («fenotipo«), pero que sigue ahí, dormitando.
El sociogén no se comporta igual, esta «especie de fotón» (energía sin masa), puede ir cogiendo más intensidad con el tiempo o perdiéndola, si interviene otro sociogén de la misma familia, pero más importante. Ya que, en esencia, debe ser transmisisble de padres a hijos, o entre amigos (camaradería intensa). Y aunque luego pueda sufrir los embates de otro sociogén (por ejemplo, uno positivo) y hacer que casi desaparezca. Es decir, que hablamos de un constante juego de fluidez y permanencia. Lo que hace que, esquematizando un ejemplo, nos despertemos como criados y nos acostemos como nobles (de pacotilla). Puede ser interesante visualizar una peli como My Fair Lady, donde una simple florista de barrio acaba pasando ante los demás por una señora muy culta.
Ya lo dejamos bien claro, ¿no? Por qué motivo , una vez pensado que en la mente se forma un yo, ese yo principal, que se supone va a definir tu manera de ser (tu comportamiento), no puede suceder que, en algún momento se genere otro yo? Poco a poco, e incluso sin que tú tomes medidas directas?
Viene a ser como una reacción en cadena, que, una vez empezada, ya será imposible pararla… hasta que algo permita detener el proceso ya iniciado. Entre otras cosas, hablando de nuestra mente una buena maduración del yo principal. ¿No parece razonable?
Pensemos que estamos hablando de la etapa infantil, o, como mucho, de la preadolescencia… cuando la maduración mental, si se hace bien, puede darnos herramientas de defensa y ataque de enorme eficiencia.
Dijimos antes «si se hace bien». Y solemos decir que madurar tiene mucho de arte… incluso hablamos de algo a lo que llamamos la «pérdida de la adolescencia»… Y es que la adolescencia está para algo y no se puede perder. La naturaleza nos obliga a tener una adolescencia muy larga, nada hay igual en la maduración de otros seres vivos, y es precisamente para que tengamos tiempo de fabricara las herramientas precisas para defendernos del mundo adulto. Por ejemplo, ir montando los muy comentados filtros mentales personales.
¿Seguimos sin querer entender , que es prioritario cuidar la adolescencia? La nuestra, si aún estamos a tiempo… y, si no, la de nuestros hijos, cuando llegue ese momento vital. Y la de sus amigos!!!
Pero este problema de querer cambiar de sexo… y a partir de ese mismo momento (o poco después) ya uno se considere una (o al revés) y, lo más importante, comience a mostrar al mundo un nuevo comportamiento humano… eso, tiene demasiadas capas… al menos si queremos darle un enfoque científico.
Ya dijimos en otro lado, hablando sobre el enorme problema de la construcción del yo, que es un proceso muy largo y muy complejo. Con una sociedad adulta que pondrá un montón de obstáculos, para influir en el yo definitivo. Y ahora se trata de desmontara un yo, que costó más o menos desarrollar, para construir otro (u otros). Aunque es cierto que, algunos yos ,ya vienen con contrabando desde que se es una cría humana muy nueva.
Y ya sabemos, por otro lado, de las dificultades que plantea el problema teórico de la deconstrucción… y solo en el campo del lenguaje, ya no digamos globalmente (un ser humano). No se soluciona siendo Woody Allen, haciendo una mejor o peor peli.
El universo mental es algo demasiado complicado, mucho más que un simple puzzle. Y si costó tanto montarlo…¿Qué podemos esperar de desmontarlo, para montarlo otra vez?
Ni el yo ni el ello de un tal Freud se acercaron bastante a la complejidad de la mente humana. La neurociencia aún estaba en pañales.Aún ahora ni siquiera conocemos bien el cerebro, que es su complicadísimo soporte. ¿Un 10% quizás?
Y ya no nos queda otra que plantarle cara al problema, que estaba subyaciendo desde nuestro inicio, cuando empezamos estas reflexiones sobre el comportamiento humano. Buscamos una explicación científica, para el hecho de que unos humanos se comporten de un modo y otros de otro. Y más por el cambio de conducta , a que puede dar lugar un cambio de sexo, dada la extrema importancia que ha acogido, médica y políticamente, en los últimos años. Sin saber muy bien por donde agarrarlo, puede que sea válido empezar por meterse con la relación entre dos verbos. El verbo ser y el verbo sentir. Ya que podemos decir que uno está más ligado a la esfera de lo racional y el otro a la esfera de lo emocional. Y eso nos permite partir de una base científica, aunque no sepamos muy bien como será el final de la reflexión..
Lo más importante, para nosotros, es que ambas son dos partes equivalentes de la esencia del ser humano : su inteligencia.
O, como intenta mostrar en la imagen la declinación de sus dos presentes , que bien los pueden representar : el verbo ser por si mismo ,en un campo racional, y el verbo compuesto querer ser por el de sentir(se), en un campo emocional.
Resaltemos que en estos momentos de reflexión, sobre el ser y el querer ser, querer y sentir son verbos sinónimos… es decir, igualamos querer ser mujer con sentirse mujer, por ejemplo. Ya que los estamos usando como representación de un deseo, el profundo “deseo de ser mujer” que, en este caso, se puede equiparar a un sentimiento. En este caso, es lo mismo que un macho “quiera ser” mujer, que el hecho de que diga que “se siente” mujer.
Desde hace ya un tiempo, y más ahora que incidimos tanto en la relación del ser con el yo, entramos en un terreno que los últimos años han sembrado de pantanos.
Porque tiene mucho que ver con el hecho de que, además de pobre, que tanto dificulta la posibilidad de construir un yo, se tiene la desgracia (no natural) de ocupar el cuerpo/mente de una mujer.
Porque entonces aparece la pregunta que nos hace la muchacha de la imagen : ¿Que viene siendo «ser mujer»?
Y es que resulta muy jodido, que, además de hacerte más o menos invisible (como mujer), vengan ahora los listillos/as/es a hacerte indefinida… lo que, en cierto modo, es bastante peor que hacerte invisible.
Porque de la invisibilidad (de ser) puedes salir, pero si no existes, no estás determinada, ya no tienes salida posible. Muy terrible para el ser humano.