
… en un universo virtual.
Como ese mundo en el que nos hacen creer, tanto los sacerdotes como los políticos. Y sus delegados, temporales o permanentes, en el proceso de domesticación humana, que lleva la SAD (sociedad adulta dominante), con las crías humanas de la próxima generación. Incluyendo, claro está, el departamento social llamado FAMILIA.
Y ni siquiera necesitamos un chip, que nos traslade a otros mundos «paralelos». Aunque irán llegando esas modalidades de control social. Si bien serán mucho menos aparatosas que las entidades tipo Matrix.
Porque nuestro propio cerebro es capaz de hacernos vivir, como ya dijimos, en sueños. Como el Segismundo del Calderón, que no sabía en que mundo vivía. O, mucho peor, llegar a tener varias vidas estando despierto. Porque cada YO que habita nuestra mente, puede tener su habitación propia en alguna parte del cerebro, para manifestarse a alguna hora del día, que él buenamente decida.
Y siendo así el androide perfecto, para manifestar varios tipos de vida : desde el simple humano bipolar hasta el complejo humano múltiple.
Y no necesitamos ser un clon, ni una versión robótica de nosotros mismos, porque en el día a día, en este mismsos siglo ya andamos por la calle como verdaderos autómatas. Puede decirse, que se desprecian las emociones, en función de darle más importancia a una inteligencia racional, que tiene muchas veces tan poco de inteligencia como de racional. Porque los humanos huimos, como de la peste, de la verdadera Ilustración, aquella que nos hace realmente libres e ilustrados. Porque la libertad sin conocimiento no es libertad real. Y la libertad formal solo vale para quedarnos en un reino aristocrático de disfraces, de egoísmo, bien adictos al poder (unas migajas) y a sentir como las cabezas de los oprimidos crujen bajo nuestras bélicas botas. Bien seamos generales o simples soldados.








