Etiqueta: adn

  • Porque, casi todo lo que nos hacen ver es pura simulación…

    … en un universo virtual.

    Como ese mundo en el que nos hacen creer, tanto los sacerdotes como los políticos. Y sus delegados, temporales o permanentes, en el proceso de domesticación humana, que lleva la SAD (sociedad adulta dominante), con las crías humanas de la próxima generación. Incluyendo, claro está, el departamento social llamado FAMILIA.

    Y ni siquiera necesitamos un chip, que nos traslade a otros mundos «paralelos». Aunque irán llegando esas modalidades de control social. Si bien serán mucho menos aparatosas que las entidades tipo Matrix.

    Porque nuestro propio cerebro es capaz de hacernos vivir, como ya dijimos, en sueños. Como el Segismundo del Calderón, que no sabía en que mundo vivía. O, mucho peor, llegar a tener varias vidas estando despierto. Porque cada YO que habita nuestra mente, puede tener su habitación propia en alguna parte del cerebro, para manifestarse a alguna hora del día, que él buenamente decida.

    Y siendo así el androide perfecto, para manifestar varios tipos de vida : desde el simple humano bipolar hasta el complejo humano múltiple.

    Y no necesitamos ser un clon, ni una versión robótica de nosotros mismos, porque en el día a día, en este mismsos siglo ya andamos por la calle como verdaderos autómatas. Puede decirse, que se desprecian las emociones, en función de darle más importancia a una inteligencia racional, que tiene muchas veces tan poco de inteligencia como de racional. Porque los humanos huimos, como de la peste, de la verdadera Ilustración, aquella que nos hace realmente libres e ilustrados. Porque la libertad sin conocimiento no es libertad real. Y la libertad formal solo vale para quedarnos en un reino aristocrático de disfraces, de egoísmo, bien adictos al poder (unas migajas) y a sentir como las cabezas de los oprimidos crujen bajo nuestras bélicas botas. Bien seamos generales o simples soldados.

  • Pero, toda esta ciencia ficción, viene a ser como el universo inventado…

    … por cualquier religión.

    Y cualquier religión, decimos, por muy disparatada que se presente. Y por muy bienhechora que presuma ser. De hecho, pensemos por un momento, en esa tribu que no soporta la moderna tecnología, pero tiene una fe de caballo en las creencias que le metieron en su particular mente. Y que les vale para creer que saben perfectamente como se originó «su» mundo. No deja de ser una forma casi perfecta de vencer su desasosiego. Olvidando que es precisamente ese desasosiego vital, que la religión trata de apagar, lo que les permite avanzar, buscando soluciones a sus problemas de adaptación al medio. También se llama evolución natural. Lo que ellos hacen, siguiendo «su» religión, se llama ALIENACIÓN mental.

    Pero, en pleno siglo XXI, no somos muy diferentes de ellos los que nos llamamos pomposamente civilizados. Porque somos una inmensa tribu terrestre, o vamos camino de serlo, que es incapaz de conservar el equilibrio natural del planeta. Y que hace todo lo posible, para que las nuevas generaciones no puedan ya ni intentarlo.

    Somos legadores de una destrucción masiva, imposible de evitar. Seguidores de una adoración maligna por el poder. Un poder para oprimir y la emoción que surge cuando sentimos como machacamos al prójimo. A los humanos nos satisface al máximo, ser lo más anticristiano que pudo parir el cristianismo.

    Y somos tan amigos de creer, en vez de conocer, que disfrutamos enormemente con la derrota de la naturaleza (sea lo que eso sea), en su lucha por mantener un proceso evolucionista realmente positivo.

    Un proceso no solo no destructivo, sino favorecedor de que algún día aparezca una versión mejorada del homo sapiens, como en su momento aparecimos nosotros. Esperemos que la naturaleza (sea lo que eso sea) no se desanime demasiado, y nos ofrezca la extinción antes de tiempo. Para dejar de sufrir como especie.

  • Pero, por suerte, aún no se pueden programar…

    … las emociones humanas (en los robots con IA).

    Y las emociones, en los humanos, no se las puede borrar, aunque si minimizar. Porque es precisamente en la inteligencia emocional, donde reside esa capacidad que nos marca el ADN, para que ansiemos la libertad tan tan profundamente. Y aún no hay Matrix capaz de anular, como ya dijimos, esa necesidad/capacidad de luchar por ella. Ni tampoco de autoprogramarse con emociones, por parte de cualquier IA prevista a medio plazo.

    Así que por ahora, no podemos programar las emocicones humanas en robots. Ni siquira en cerebros humanos, aunque , en teoría, sí que la naturaleza (sea lo que eso sea) los dejó programados, para desarrollar a fondo ess capacidad de emocionarnos. Aunque sí… se pueden «desprogramar». Y no solo en los robots, también en los propios seres humanos. Por algo se pueden ver a diario, un montón de humanos que más parecen máquinas vacías de emociones, que auténticos seres vivos inteligentes, siempre racionales, pero con su porción adecuada de inteligencia emocional. Esa inteligencia emocional, que debe ser el contrapeso esencial para lograr un equilibrio, con lo que pretenda hacer la llamada inteligencia racional.

    Y recordemos siempre la falacia del punto medio, cuando se habla de un equilibrio natural. No existe tal punto medio en la llamada naturaleza (sea lo que eso sea). Y mucho menos en esa línea virtual, que podemos pensar une a las dos inteligencias, responsables de controlar nuestro devenir diario : tanto racional como emocionalmente.

    Precisamente una característica básica del llamado, por aquí, adn social negativo, es conseguir la anulación casi total de esa capacidad genética que tiene el ser humano, para emocionarse. Una capacidad que, funcionando correctamente, le permite tener un control esencial de la inteligencia racional. Con el fin de que esta no se desmande, provocando que se tomen decisiones tan frías y «asépticas» (sin emociones), que muden en profundamente inhumanas. Caso que sucede en ideologías extremas como la nazi o la estalinista.

    El maltrato infantil, la política corrupta, el tráfico de todo tipo y sus consecuentes guerras, no son más que expresions claras de esta mediocridad emocional, por no decir bajeza, del ser humano. Muy agravada en la actualidad, precisamente cuando mejor se conoce el comportamiento humano. Y puede que sea, precisamente, por ese conocimiento (mal usado). Y por ese motivo , gustamos de referirnos aquí al ser humano actual como una versión mediocre del homo sapiens. A veces demasiado mediocre.

  • Y sí, ese desasosiego ya lo conocemos los humanos…

    … desde que somos un simple EMBRIÓN…

    … cuando estamos pasando a ser un feto, dentro del útero materno.

    ¿Por qué, a quién le gusta estar encerrado? Y más en un espacio que se hace más pequeño cada semana que pasa. ¿Quién aguanta tal situación sin protestar? Por lo menos un poquito.

    Porque a nosotros no nos faltarán años para vivir, como a los replicantes de BR, salvo que 100 añitos no lleguen, pero sí nos falta espacio para poder vivir «con gusto». Y en el útero nos van naciendo extremidades, que se necesitan mover. No queremos ser futbolistas (aún), eso na va marcado en el ADN. Pero sí queremos no sentir desasosiego, por falta de espacio vital, porque eso sí que está escrito en nuestro ADN : es la búsqueda de un territorio.

    Tenemos escrita la necesidad y, por tanto, la capacidad para movernos en busca de ese espacio vital, al que podemos llamar «territorio donde vivir». También, si estudiamos Biología antes de tiempo, ecosistema. Acorde con la planificación que, en otros genes, tiene marcado el ADN. Los pasos a dar, para que podamos correr, escapando del predador o persiguiendo la comida. Empujamos para notar táctilmente (mientras que no veamos), que hay algo de espacio en una dirección , pero no en la otra.

    Así como tenemos escrita la capacidad para chuparnos el dedo, ese apéndice que se nos acaba de formar en la mano. Y que, mira por donde, viene a ser como un ensayo, para aprender a chupar la teta de mamá. O acaso pensamos , ¿qué, eso tan vital de mamar, se hace por ciencia infusa?

  • Hasta que llegan un tipo de parahumanos, que…

    … tienen un tremendo DESASOSIEGO.

    Porque ya no solo se sienten algo «raros» y buscan respuestas a algunas de sus preguntas «raras». Sobre todo después de haber VISTO tanto. Porque acaban convencidos, muy claramente, de que la mediocre versión de homo sapiens, que es el humano actual (siglo XXI), no tiene ninguna solución para sus problemas «no vitales». Que no son vitales como para nosotros, hasta ahora, pero muy vitales en su nueva forma de VIVIR. Los proyectamos sin buscar una salida viable a su futuro (eran putas máquinas, para qué!).

    Y volvemos al mismo punto del principio, ¿cómo vivir si no tratamos de ver dónde vivimos (y cómo)? ¿Por qué «ellos» (quizás no binarios) van a ser diferentes de nosotros? Aparte de que a muchos seres humanos le importa un pito hacerse preguntas. Y mucho menos, buscarle respuestas.

    Muchos no valemos ni para replicantes. Y llamadme exagerado.

    Los que se consideran científicos piensan (es un decir) en la clonación, para mejorar la especie humana. Una especie, que necesita mejorar primero (y mucho) como versión de homo sapiens, natural, sin clonar, porque necesita tantos remiendos, tantos, que dudamos exista sastre para tamaña tarea.

    Y sí, llamadme , de nuevo, exagerado.

  • Porque el humano te ve, mientras que…

    … la máquina solo te graba.

    El cerebro humano ve lo que los ojos «le han mirado», como hace el objetivo de una cámara fotográfica, que traslada la imagen de fuera a una placa con material químico, que está «dentro». En nuestro cerebro se monta un circuitado neuronal, para que almacene y organice la información recibida.

    La máquina solo puede grabar en un archivo informático, todos los datos que va recibiendo. Pero sin una «aplicación» que organice lo almacenado y, lo más importante, su expresión posterior hacia los demás, nada puede hacer con ella. Necesita una ayuda extra para «madurar». Y ahí entran millones de años de experiencia de la naturaleza (sea lo que «ella» sea), organizando información recibida.

    Incluso un robot de última generación solo puede hacer un 5% (sic) de lo que hace un cerebro humano. Especialmente por faltarle la plasticidad mental necesaria, para elaborar nuevas informaciones a partir de la información base. Complementar datos es fundamental, para poder observar la realidad con un mínimo de eficiencia. Recordemos a los tarados mentales, que confunden mala organización cerebral por departamentos con un cerebro que «nos engaña».

    La IA necesita buscar en su base los elementos precisos para construir su discurso. El cerebro humano puede consultar su base informática o empezar de nuevo, a partir de deducciones que fue sacando de la información diversa almacenada.

    La mente hunmana puede imaginar nuevos lugares por donde desparramar su alta capacidad expresiva, tanto racional como emocionalmente. Incluso llegando que parezca el sentir humano. Pero nunca podrá, en mucho mucho tiempo, dotarse de una imaginación tan intensa y plástica, como es la humana imaginación. Especialmente en su enorme capacidad para hacer el mal.

  • De hecho, un buen filtro, puede ser…

    … un puto disfraz!!!

    Porque sí, seamos sinceros. Nada puede hacer que la realidad sea de otra forma, salvo que uses tus capacidades genéticas (y las de muchos) para modificarla. De nada valdrá taparla, parcial o totalmente. Ni tampoco disimularla con filtros que la hagan parecer otra cosa.

    ¡No seamos tan mediocres versiones de homo sapiens! Creyéndonos esas mentiras adultas.

    Cuando un camaleón se camufla para poder defenderse o cazar, lo hace por una necesidad natural. Paara poder sobrevivir en el ecosistema donde le «tocó» vivir.

    Es ser humano es el único animal capaz de disfrazarse para engañarse a si mismo, haciendo ver que la realidad (del ecosistema) no es la que realmente es. Además es capaz de engañar brutalmente a los otros seres humanos, si con ello saca algún beneficio para sí.

    Y da igual que diga amarlo u odiarlo (al otro). Los filtros serán usados según le convenga, para ascender en la escala social del poder. Para ligar, engañar o para matar. Sea un hijo o un padre, un hermano o la amante de turno. Porque los peores filtros son los que se usan para camuflar el mundo tal como es y vendérselo a los hijos como otra cosa diferente. ¡Esas son las peores mentiras de los adultos! Pero cuidado, porque esas mentiras también necesitan ser filtradas por nuestra mente.

  • Pero los filtros pueden ser…

    … no más un puto adorno.

    Y, como no, un adorno que encarece el producto. Porque, ¿que proporción de nicotina se queda en el filtro y cuánta se va a los pulmones del fumador (y a su cerebro)? Es como el ingenuo fumados «sin tragar el humo», que piensa que lo hace bien. O, incluso, el que fuma pegado a un fumador, sin querer reconocer que está tomando parte de su humo..

    Eses son los filtros que podemos llamar de pacotila, o de mierda. Es decir, filtros de «todo a 100», que no sirven para seleccionar una mierda de la mierda que te estás tomando. Sea por la boca, por la nariz o directamente al cerebro, cuando la gente se empiece a implantar chips varios. Y ya hablaremos también de las drogas artificiales, porque es una de las fuentes de entrada de la mayor cantidad de mierda ideológica, que una sociedad adulta dominante (SAD) puede producir, para contaminarte como ser humano natural y libre. Hacer de ti todo lo contrario, un adicto a la opresión consentida.

    Así pasa cuando siendo una cría humana te ponen a fumar, no solo tabaco, sino también las ideas que te hacen perder todas tus capacidades regeneradoras, hacia ti y hacia el ecosistema donde vives.

    Ese es el cometido de tantos filtros que te venden durante, sobre todo, tu preadolescencia y tu adolescencia. Filtros que impiden asumir ideas de libertad, para hacerte adicto a las idea de vivir oprimido, como si fuera algo natural y tratando de ser la mejor pieza posible de la maquinaria social dominante.

    Porque la nicotina del poder es mucho más terrible que la nicotina de los pitillos. Una mancha los pulmones, la otra te mancha esa mente, que debe estar abierta a madurar con la idea de vivir libremente.

  • Y hacer el filtro preciso supone…

    … un trabajo muy serio.

    Un buen filtro mental propio (liberador) requiere mucho esfuerzo, mucha constancia y una enorme cantidad de imaginación. Para hacerlo con un tejido tan fino, y, al mismos tiempo, tan flexible, que nos permita separar la paja del grano hasta limites de infinitésimos. Y sea del tipo que sea , tanto la paja como el grano.

    Ese es el filtro que necesitamos, al observar la realidad, para ser realmente libres. No vale un filtro comprado en el típico bazar de «todo a 100», que no servirá más que para dejarnos sentir aquello que el poder establecido nos quiere dejar percibir.

    Y tiene que ser un filtro tremendamente inteligente, no es un simple colador, ya que tiene que «saber» cambiar en la selección de las partículas/ideas elementales que debe dejar pasar : unas veces serán las pequeñas, pero otras serán las grandes. A veces muy grandes y «pesadas».

    Lo dicho, un filtro inteligente. Con una gran capacidad de memoria, paar no tener que hacer el trabajo de selección con partículas que ya están prefijadas como «no pasables». Aquí importa poco el tamaño, lo importante es su grado de toxicidad.

    Por ejemplo, en simples y putas noticias. Y conviene que sea inteligente, muy inteligente si puede ser, para que te avise cuando te desvías del patrón de noticias a seleccionar. Si nota que empiezas a dejar pasar ideas que antes eran tóxicas, debe dar un pitido de aviso. Algo empieza a ir mal, si no haces un análisis profundo de ese tipo de cambio.

  • Pero volvamos a los humanos que…

    …tanto disfrutan disimulando.

    Y también despreciando el proceso evolutivo natural. Como mucho, y para sentirse más poderosos, casi divinos, son adictos al intento de conseguir una evolución artificial. Que, tal como acabamos de decir, le dé la oportunidad de seguir teniendo el poder. Y, a ser posible, consiguiendo alguna especie de vida eterna, para parecer más dioses.

    Como mínimo al estilo de Cleón I, en la saga fantástica del Asimov : Las Fundaciones.

    Curiosamente es en una «mediocre» adaptación de Apple, donde nos explican algo superinteresante : Que la evolución artificial no puede ser totalmente controlada. Algo de lo que no habló demasiado el Asimov. Porque siempre habrá la posibilidad de que sufra algún desajuste más o menos «natural», que desvirtúe el objetivo perseguido. Pero ya hablaremos de la ingeniería genética.

    Volviendo a la realidad presente, podemos quedarnos con un tal Jasón (o algún imitador), psicópata cinematográfico, que gusta de taparse la cara con una simple careta.

    Algo que en los atracadores de bancos, ya es el consabido pasamontañas, para despistar al público. O también en el caso de los manifestantes violentos, para despistar a la poli. Simple disimulo, sea extrictamente artístico o no.