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  • Pero nos cuesta, y mucho, amar… lo DIFERENTE

    Todos (o casi todos) tenemos empatía por aquellos seres humanos que padecen alguna deficiencia, sea física o química… al menos en referencia a un estándar social dictado por la costumbre, hasta que nos toca tener una relación directa y prolongada con ellos… entonces, la capacidad que nos marca un gen biológico, en relación a esas habilidades sociales innatas, que nos marca el ADN… se van suplantando por la capacidad, que nos marca el adn social negativo, haciendo que sobresalga la falta de empatía, la insolidaridad, el desprecio e incluso el odio al diferente.

    No hay que ser el deforme Quasimodo para notar ese desprecio recibido, más o menos claro…ni tampoco la bella Esmeralda para sentir el desprecio emitido. Incluso con cierto disgusto, por parecernos poco humano.

    Toda cría humana ha bebido y comido dosis constantes de mirar con odio al diferente, para que lo veamos una especie de enemigo. No tanto porque nos quiera hacer daño, como por ser un intruso que nos puede robar nuestra dosis de felicidad. La propia Esmeralda, en España conocería bien el desprecio de los payos.

    ¿Qué nos obliga a ser comprensivo con un ser humano que nació deforme, aunque pueda ser más cariñoso e inteligente que nosotros? O que nació como nosotros, pero en un colectivo humano que se considera despreciable.

  • Y, porqué no, puedes amar a… un MUTANTE

    Ya lo vemos en la extraordinaria La mosca de Cronenberg… una Geena periodista, que está enamorada de un científico algo pirado, piensa que lo puede seguir amando una vez mutado en un hombre mosca… o como al final se nos dice, más bien una mosca hombre…

    Todo es posible…

    Porque si bien no sabemos qué tipo de política social, como bien dice el protagonista, puede desarrollar una mosca mutante, con atributos mentales humanos, está claro que sí sabemos, bastante bien, de lo que es posible una mente meramente humana. Especialmente enamorada.

    Y más si está muy enamorada. Especialmente si ya se pasó el límite del amor y se ha llegado a una deformación mental, que nos hace confundir el amor con el seguidismo fanático que provoca toda adicción, sea química o psicológica. Por ejemplo en el caso del típico maltratador doméstico.

    Si podemos amar, creer que amamos, a un psicópata asesino múltiple, ¿por qué no podemos creer que amamos a una combinación mutante de hombre y mosca, incluso si es más de mosca que de hombre? Somos capaces de todo… por lo menos de intentarlo. E igual que los cementerios están llenos de buenas intenciones, también los manicomios están llenos de apasionados amantes.

  • Incluso te puede amar un ser que es… VIRTUAL

    Aunque no sea muy virtuoso…

    Pero la Virgen María lo hizo con una paloma… o eso es lo que cuentan en la creencia cristiana sobre la concepción virginal de Jesús.

    El cinesta Roman Polansky le dio la vuelta, haciendo que Mia Farrow sufriera la violación del mismísimo Belcebú.

    Y todo eso nos lo tragamos como real, porque la Iglesia Católica (o alguna iglesia satánica) nos lo injerta en la mente como un gen social negativo. Ese tipo de lavado cerebral que se hace normalmente a toda cría humana, que no tenga un adulto que la proteja.

    Y que, para colmo, está bendecido por toda esa caterva de adultos, que forman lo que aquí llamamos Sociedad Adulta Dominante (SAD).

  • Ni la diferencia de edad… o de RAZA

    Y sí, ya sabemos que el amigo John Wayne, su personaje, no es precisamente muy amigo de los nativos usamericanos, los famosos indios piel roja de la pelis del Oeste, que amigo Colón hizo asociar a los hindúes de la India. Pero nos vale para ilustar esta entrada perfectamente. Eso sí, con cierta dosis de ironía.

    Además, porque muchos estuvimos enamorados de Natalie Wood, incluso antes de ser la María de Wes Side Story… como olvidar su explosivo esplendor en la yerba o conquistando al alocado James Dean.

    Pero eso son simples detalles de un gen social positivo, que nos fue injertando la visión incansable del cine hollywoodense.

    Lo que sí pertenece a nuestro ADN es el afán que tenemos, por plasmar en la realidad, ese concepto de belleza que tanto dio que hablar al amigo Sócrates, aunque fuese incapaz de concretarlo en una simple frase de cuatro palabras.

    Por la contra Natalie nos lo dio completamente hecho, aunque fuera con la manipulación inevitable de un Hollywood, muy amigo de vitorear una belleza del tipo clásica griega, pero con un toque rubens/marilyn, en las zonas corporales femeninas más sobresalientes. Eso si que lo podemos integrar en la parte negativa, parcialmente, de nuestro gen social (aprendido). Una idealización de la figura femenina, que tanto dolor podrá causar en nuestra adolescencia.Todo lo contrario de ese machote tipo Wayne, que acabó simbolizando el típico hombre duro del Oeste Usamericano. Arquetipo del macho, que lleva injertado, como gen social negativo, una buena parte de los espectadores de películas como esta (Centauros del desierto).

  • Porque al verdadero amor… no se le pueden poner LÍMITES

    Y no es un problema de amar, o de quien tiene la verdad… es solo un problema de no confundir afecto con envidia, pasión, malquerer… o cualquier otro sentimiento con el que podemos disfrazar una simple emoción de egoísmo profundo, e incluso de odio al prójimo. Pero los límites de que hablamos son los que intentan cortar el camino de diversos tipos de amor, que puede desarrollar la mente humana (no su corazón).

    Nada que ver con los falsos amores abrahámicos como el de matar por amor. Sea a tu hijo o a tu enemigo. Incluso al que te acaba de matar a un hijo, aunque, en este caso, es totalmente humano (no somos máquinas) que queramos tomar la justicia inmediatamente.

    Porque no puede ser humano matar al prójimo, pero sí es totalmente humano, racional y emocionalmente, defenderse de quién te ataca… se llama sobrevivencia… e incluso, como dijimos, atacar a quién te ha arrebatado una parte importante de tu vida… no deja de ser un acto de defensa con cierto retraso temporal. Si bien, en este caso, conviene pasar su idea por el tamiz de nuestro raciocinio. La venganza por sí misma puede acabar en un pozo sin fondo.

    Defenderte a ti o a otro ser humano, es un deber que viene escrito en el ADN que va a conformar tu mente. Solo un fuerte lavado de cerebro, te puede obligara a poner la otra mejilla, cuando alguién te está atacando. Ahí no prevalece Jesús sino el ADN. Si la naturaleza decide hacernos más cristianos (del Cristo original), ya lo hará escogiendo mutaciones más «amigables» (o más imbéciles, según se mire). Por lo de ahora, un hijo es la única garantía de que seguirá existiendo un ser vivo humano. ¡Y nadie, nadie, puede robártela !

    Pero la venganza en frío proviene de otro lavado de cerebro, donde el amor ha sido desterrado. Es decir, fue suplantado por el gen social negativo del odio. Pensemos que, el instinto animal, no tiene cabida par el odio humano.

  • Mucho cuidado con lo que lllamamos AMOR pero es… solo FE

    ¿Porque, en este caso tan simple, quién puede tener la verdad?

    ¿A quién se le puede hacer caso?

    ¿Al dios de Abraham, Yahvé, que le manda matar a su hijo Isaac… al propio Abraham, el gran profeta de ese mismo dios, capaz de cometer tamaño asesinato … o , quizás, a su hijo Isaac, al que nadie le pide su opinión, por lo que parece?

    ¿Y para qué pedirle su opinión, podemos decir?

    Muchas preguntas son, y todas de muy difícil respuesta… nada extraño no siendo un Sócrates nosotros.

  • Y de frustraciones traumáticas… AFECTIVAS

    Y sí, como no, aquí topamos de nuevo tal que quijotes del XXI, con otros gigantes que nos quieren hacer la vida imposible… y no son tampoco molinos de viento, no… son auténticas estructuras sociales encadenantes, en especial para atrapar mentes humanas… son las religiones.

    Todas las religiones, pero en esencia las que viven de vender el pecado. O más bien de la redención de eses pecados.

    Estamos hablando de los edificios descomunales que esas religiones han ido construyendo a lo largo del tiempo y del planeta, las llamadas iglesias…y de ellas las tres fundamentales y más fundamentalistas : las abrahámicas.

    Ellas instauraron el negocio del pecado, que viene a ser una forma de simbolizar lo que aquí llamamos gen social negativo, por excelencia. La fe. El más antiguo y mortífero, mentalmente, de los genes sociales negativos posibles. Hasta puede infectar, como fe en la ciencia, a mentes que se consideran científicas.

    Y sí, aunque parezcamos algo lost, observando la imagen que nos acompaña… estamos hablando del instrumento perfecto para ser delincuente sin saberlo. Y además, con el valor añadido de que suele acompañarlo la posibilidad de hacerlo perdonar rápidamente (bulas). Está ideado para pecar creyendo precisamente, que si no hacemos algo tan grave como matar al prójimo (por mandato divino), es cuando estamos pecando. Hasta matar deja de ser pecado si matamos a otro ser humano, al que consideramos el pecador «de verdad». Porque en este asunto todo el problema está en eso : ¿quién tiene la VERDAD?

  • Enamorarse, por ejemplo, desde… la butaca del CINE

    ¿Quién no se ha fijado a fondo, y demasiado a fondo, tal que Dante empedernido de su Beatriz hollywoodense?

    Primero son las artistas juveniles, que irradian belleza desde la pantalla, aunque ni siquiera seamos capaces de saber lo que eso es. Estamos aprendiendo aún, si aprendemos, a diferenciar el mirar la pantalla, de ver lo que nos cuenta la pantalla. Y luego ya viene el erotismo, que nos sigue tapando lo que hay «detrás» de lo que miramos.

    La lectura de imágenes ni es fácil ni, sobre todo, se favorece en nuestra infancia. Vivimos en un mundo muy visual, despreciando el aprendizaje para ser capaces de leerlo/verlo correctamete.

    El mundo adulto que nos manipula no quiere que vayamos llenando la mochila de nuestra adolescencia con saberes , conociendo aspectos de la realidad que serían básicos para nuestra etapa adulta.

    Los adultos prefieren que seamos monigotes, que no saben apreciar la verdadera belleza, ni la necesidad de comunicarse con afectos, incluso más que con palabras. Aunque ni siquiera a usar las palabras nos enseñan. Llega con saber leer las instrucciones de la maquinaria social dominante. De nuestro lugar en ella. Y cumplir bien las órdenes.

  • Aunque suframos, queriendo que se encarne… nuestra AMADA ideal

    Como fue el caso de la Beatrice a la que tanto amó, virtualmente, un gran poeta como el Dante. Lo que se puede considerar la cuna del amor platónico, tal como lo conocemos hoy.

    No necesitas ver que existe realmente, te la imaginas y ya está. Como la china de Andrés en La lengua de las mariposas, de hace días.

    Con una imaginación muy potente podemos hacer que tome cierta dosis de presencia, hasta el Amado Dios de San Juan de la Cruz. Y sí, conviene releer su poema, por enésima vez.

    Porque el misticismo necesita ser leído mientras estamos situados en la mitad de la escala (al cielo). Como buenos gallegos, que no se sabe si suben o si bajan, conviene deleitarse al mismo tiempo de lo terrenal y de lo celeste.

    Nada bueno sale de una relación amorosa, donde se pone al amado por encima, en un altar, al que nunca llegaremos con nuestras caricias terrenales. Es lo mismo que si nos situamos por encima de él, muy por encima, allí donde nunca podrá llegar, porque le falta nuestra ayuda afectiva (para transcender algún escalón más).

  • Porque, el sueño del amor, viene ya… de muy LEJOS

    Cuando el amor se disfrazaba con el ropaje de amigo… ¿Cuántos amores nacidos de la amistad? Y, como no, cuántos amigos perdidos?

    Ser un juglar medieval no venía en el ADN de los mozos que se metían a pergueñar poemas musicados. Era como enamoriscarte de aquel chico de la panda de barrio, fueras tú chica o chico. Eso sí viene en el ADN.

    Como montarse un grupo musical tipo The Beatles, tampoco es una capacidad genética heredada de sus antecesores.

    Entramos en el campo de la sociogenética… un intento de explicación del hecho evidente, de que unos acaban siendo trovadores y otros herreros.

    Y, como no, del hecho de que unos nazcan en cuna regia y otros en un jodido establo, aunque luego te llamen Rey de los Cristianos, antes de crucificarte. ¿Cómo explicar los diferentes comportamientos del ser humano?