
Ya lo vemos en la extraordinaria La mosca de Cronenberg… una Geena periodista, que está enamorada de un científico algo pirado, piensa que lo puede seguir amando una vez mutado en un hombre mosca… o como al final se nos dice, más bien una mosca hombre…
Todo es posible…
Porque si bien no sabemos qué tipo de política social, como bien dice el protagonista, puede desarrollar una mosca mutante, con atributos mentales humanos, está claro que sí sabemos, bastante bien, de lo que es posible una mente meramente humana. Especialmente enamorada.
Y más si está muy enamorada. Especialmente si ya se pasó el límite del amor y se ha llegado a una deformación mental, que nos hace confundir el amor con el seguidismo fanático que provoca toda adicción, sea química o psicológica. Por ejemplo en el caso del típico maltratador doméstico.
Si podemos amar, creer que amamos, a un psicópata asesino múltiple, ¿por qué no podemos creer que amamos a una combinación mutante de hombre y mosca, incluso si es más de mosca que de hombre? Somos capaces de todo… por lo menos de intentarlo. E igual que los cementerios están llenos de buenas intenciones, también los manicomios están llenos de apasionados amantes.
¡Anímate!