Y sin salir de la serie GOT (Juego de Tronos), podemos analizar un caso paradigmático, a la hora de valorar la relación entre biógenes y sociógenes : Daenerys Targaryen.
Además nos interesa, porque no consiguió que sus más acérrimos seguidores supieran leer su arco dramático, por lo que acabaron (según dicen en medios digitales) totalmente cabreados con los productores de la versión televisiva.
Allá ellos!!!
Aquí toca ver ese cambio tan drástico, y tan bien marcado, en la maduración de la princesa Targaryen. Que llega de adolescente a reina madura, aunque no muy bien madurada.
Como bien dice en la imagen, la rompedora de cadenas llega al final dispuesta a todo. Y todo es TODO, para reconquistar lo que consideró siempre como suyo : Los 7 Reinos. Incluso a hacer una metamorfosis de muy mala maduración.
Volvamos de nuevo al príncipe. Oberyn Martell tiene los biógenes típicos de la casa Martell, que reina en el territorio de los Siete Reinos llamado Dorne. Eso lo hace intrépido e inteligente.
Y eso es lo que sintetizamos en esa frase de «neutros», ya que lo hacen el típico Príncipe, un humano que aún no sufrió los problemas derivados de la típica endogamia de las casas reales. Tan extendida en la casa Targaryen. O, en un caso más concreto, de los Lannister. Y que pertenece al campo de las influencias sociales.
Pero también posee un sociogén que lo hace un pelín irreflexivo, sobre todo cuando lo junta con el que lo hace muy vengativo. Ambos favorecerán su muerte. Y esta influencia ambiental es propia de cualquier casa real de los 7 Reinos, ya que se trata de un comportamiento típicamente medieval.
Lo mismo pasa con la práctica de la traición y la venganza, aunque sea algo tan poco querido por el ADN humano . Ser traicionero y vengativo es antagónico con el uso de la inteligencia racional. Incluso con una inteligencia emocional, controlada por la racional.
En la casilla social (adn +/-) hemos puesto justo e injusto, porque, en el casos de reyes, resulta de primordial importancia, permitir el uso de las capacidades de justicia, que marca nuestro ADN. Y que deben ser reforzadas por un sociogén, idéntico al biogén pero positivo! Evitando totalmente que la idea de injusticia, marcada por un sociogén negativo se pueda hacer con el control de la acción mental definitiva.
Si no tenemos claro lo que decíamos ayer, sobre la imposibilidad de hablar de la libertad entre esclavos, es que sabemos poco de la esclavitud.
En una peli reciente del Tarantino (Django) tenemos esa buena secuencia que tan bien ilustra el problema de no querer la libertad… y, para más inri, no querer la libertad para los otros.
El esclavo Stephen, que tan bien protagoniza Samuel Jackson, lo dice bien claro (en la imagen).
Aunque realmente no está hablando de derechos laborales, en la versión el autor del montaje, como si fuera un simple trabajador, sino de derechos humanos (ser libre).
El sociogén que te hace ver natural que seas un esclavo, está injertado en la mente de este esclavo de tal manera, que tiene tapados los biógenes de empatía y solidaridad… e incluso el de la libertad imprescindible para poder hacerse un adulto completo (necesariamente libre). Este tipo de esclavo es lo que podríamos llamar ser humano mueble, una versión zombi de los negros que eran libres en África… y fueron raptados, para convertirlos en instrumental de trabajo mecánico en USA.
Siguiendo con los ejemplos escogidos, para observar la actuación de los sociogenes en el ser humano, volvemos al sociogén que favorece tomar como algo natural, que unos seres humanos sean «criados», así como el hecho natural de que otros sean «señores».
Un sociogén que, muy reforzado, hace que se tome como natural el hecho de que haya criados, que llegan a considerarse «en su sitio» cuando están como criados… mientras que los señores en general consideran natural , tanto la existencia de criados como de señores.
Así de potente es un sociogén que nos habla de lo mismo : la falsa naturalidad de la explotación social. O. lo que es lo mismo, la gran artificialidad de esa explotación humana.
Mañana pondremos un ejemplo paradigmático de esta postura social, tremendamente ideológica (una fuerte creencia)que anida en la mente de muchos criados. O anidaba no hace mucho, en especial durante la época de la esclavitud en EE.UU.
Porque nunca olvidemos, que el caso extremo de este tipo de sociogén es el que poseían los esclavos en la antigüedad, con Espartaco, cuando era imposible pensar que la esclavitud no fuera algo natural. Y, por lo tanto, solo hablar de liberarse del amo era totalmente impensable.
Como llevamos diciendo estos días, la cuna ayuda sí, pero lo que determina el futuro son los biógenes y los sociógenes. El lobo se puede hacer amigo de quien lo recoge de muy pequeño, pero , como la cabra, bastará un toque crítico, para que vuelvan muy rápidamente al monte.
Porque el lobo no tiene ya asumido el biogén de la domesticación, como sí tiene el perro, así que su «amistad humana» solo vale para quién lo salvó de una muerte segura. En cierto modo funciona como un sociogén positivo, que el ambiente fijó en el cerebro del lobo recogido. Esa parte del cerebro animal que funciona parecido a una mente humana.
Todo esto nos dice que, durante la maduración del cerebro, lo que realmente determina la forma de actuar de un animal social, es la influencia del ambiente cercano que lo rodea. Son los sociógenes que ese ambiente injerta en el cerebro del animal, de su mente , si es un ser humano.
Y por eso la domesticación de un animal irracional y la de un animal racional es esencialmente distinta. Instintiva en los irracionales, inteligente (racional y emocionalmente) en los humanos.
Y por eso puede haber un efecto negativo o positivo del sociogén, solo en el ser humano, ya que el animal irracional no madura para adquirir un yo, para tener una identidad como persona. Su instinto dirige su proceso de maduración. Pero un humano domesticado no es solo un cambio en su conducta, es la anulación de su identidad real. Que no es otra que su identidad social, el «yo propio» o conciencia, que, de forma natural y libre, ese ser humano se estaba construyendo, si la SAD no interviene.
Ser un yo criada, o ser un yo príncipe, o ser un yo de lo más pobre en los 7 Reinos, aunque luego acabes siendo caballero… o siendo el típico hijo de papá, que ya nace rodeado de dinero, sea por ser empresario triunfador o por preclaro narcotraficante… todas ellas son variantes de un mismo proceso social (y genético). Todos son seres humanos casi idénticos, pero su ecosistema nacimiento los hará diferentes, incluso muy muy diferentes.
¿Qué pasa con ellos?
Van marcados por el adn social positivo de las crías humanas ricas… aunque en sentido estricto (científico) llamarle «positivos» a este tipo de genes no es del todo correcto… porque, ¿suponen realmente un avance en la maduración natural y libre del niño rico, o, más bien, le enmarcan en un tipo de maduración poco natural y libre? Tipo : el dinero no da la felicidad.
Porque si hay algo artificial en la vida humana es lo que podemos llamar vida predefinida de un niño o niña rica. Van después de los descendientes de reyes, a la hora de medir su infelicidad real..
Y es que, a diferencia de la neutralidad directiva de los biógenes, los sociógenes pueden ser tanto positivos como negativos… dependiendo precisamente de la conducta, que vaya a tener en el futuro la cría humana que nace nadando en la riqueza. Puede llegara ser, tanto un rico «humano» como un rico depredador.
… y gracias precisamente al llamado (aquí) adn social negativo. Porque el positivo seria el que favorece la desaparición de esa pobreza familiar.
Tocamos el sociogén que nos hace sentirnos criados (y sentirnos bien incluso)… Luego tomamos a un príncipe de Juego de Tronos (Oberyn Martell), para reflexionar sobre el hecho de que tiene un sociogén que lo hace príncipe y otro que lo hace vengador de su hermana… de ahí su pelea con el llamado Montaña.
Pero en esa serie sale un barrio característico, por residir en él los humanos más pobres de los Siete Reinos. El Nido de Pulgas… un lugar abandonado de todos, humanos y dioses, que es también donde nace el llamado «caballero de los 7 Reinos». Una serie de TV, de dónde está tomado el fotograma de arriba…
¿Qué nos puede decir una ojeada sobre este barrio, a la hora de estudiar el comportamiento futuro de este caballero?
¿Qué puede diferenciar al príncipe Martell, de este futuro caballero, que aún no tiene siquiera un nombre.? Es decir, es un ser (existe), pero no tiene un yo propio.
Y no, no nos hemos olvidado del problema de los seres humanos que se sienten de otro sexo. Solo queremos desbrozar bien el terreno, para cuando lo volvamos a surcar.
Así que antes escogemos otro ejemplo típico de seguidismo genético social, aunque en en este caso pueda haber cierto grado de seguidismo biológico.
Veamos, ¿Qué puede heredar un príncipe de sus padres los reyes? ¿Quién puede pensar que el hijo del rey no será el nuevo rey?
Desde la cuna se puede hacer que, incluso un plebeyo, se acomode en el papel de príncipe. Observemos ese ejemplo de gran cine de Hollywood Los diez Mandamientos. Y su arquetipo de niño judío convertido en descendiente de faraón.
El caso de Moisés, que cuenta la peli, es muy ilustrativo, aunque no lo razonen mucho en la peli, como un ejemplo de que los biógenes pueden llegar a ser despertados, neutralizando algo (o bastante) la ocultación que intentaron hacer los sociógenes sobre ellos. Como tampoco se incide en la posible influencia de esos sociógenes, para hacer de Moisés un patriarca no muy flexible precisamente. En el fondo, una mezcla de patriarca faraónico. Superado el fenotipo ambiental, resurge el genotipo biológico.
Ayer hablamos de un caso típico en la formación de un yo. De la cría humana que sufre una calificación diferente, en su vida de barrio o de escuela, lo que puede llevarle a ser acosado… y hablamos de lo que necesitamos para estudiar su cambio (o no cambio) de conducta con el tiempo : o mantener su yo de ser considerado diferente, incluso reforzado (sociogén negativo) o, por el contrario, ir superando esa condición social (artificial), con la inestimable ayuda del sociogén positivo que le llegue a través del ambiente social donde se desenvuelve como persona.
Porque la genética social, mucho más que la genética biológica, está ligada directamente con el fluir y el permanecer del ser/yo, que estamos construyendo, queramos o no, a lo largo de nuestra vida.
Pero lo que llamamos sociogén es como un fotón, no tiene materia concreta encima (una masa), pero su energía se puede transformar en materia , en cualquier momento de su «vida» (inanimada), como bien nos dijo Einstein ( E = mc2).
Es algo que está en permanente cambio, como el río, pero al mismo tiempo permanece su esencia, que es lo que identifica a un río, para hacerlo igual y diferente de otro río. Fluidez (dinámica) y permanencia (estática) es lo que caracteriza a un sociogén. Y es algo que no tiene un biogén, ya que él puede decaer en intensidad, hacer que no se note externamente («fenotipo«), pero que sigue ahí, dormitando.
El sociogén no se comporta igual, esta «especie de fotón» (energía sin masa), puede ir cogiendo más intensidad con el tiempo o perdiéndola, si interviene otro sociogén de la misma familia, pero más importante. Ya que, en esencia, debe ser transmisisble de padres a hijos, o entre amigos (camaradería intensa). Y aunque luego pueda sufrir los embates de otro sociogén (por ejemplo, uno positivo) y hacer que casi desaparezca. Es decir, que hablamos de un constante juego de fluidez y permanencia. Lo que hace que, esquematizando un ejemplo, nos despertemos como criados y nos acostemos como nobles (de pacotilla). Puede ser interesante visualizar una peli como My Fair Lady, donde una simple florista de barrio acaba pasando ante los demás por una señora muy culta.
Y ahora volvemos al eterno problema, como si fuera un eterno retorno… pero en clave de la Grecia Clásica. Heráclito y Parménides, los dos antagonistas que nos intentó vender la escolástica aristotélica… un Aristóteles, que no supo ver como su paso de potencia a acto , para definir el movimiento, era la combinación perfecta del fluir (del ser) heraclitiano con la permanencia(del ser) parmediana… pero ya sabemos que el ego de un creador siempre será tan grande como su fama.
Lo que nos lleva al meollo del proceso de cambio en el ser/yo de una persona : ¿Cómo evoluciona?, ¿Quién determina en mayor grado esa evolución? Y, lo más importante, ¿Cuál puede ser mi papel en ese proceso de cambio?
Tomemos un ejemplo típico, como la cría humana rarita de un barrio periférico o de una aula de instituto… una cría infantil o preadolescente, que no sabe que le pasa, pero nota que todos le miran de una forma especial… de tal manera que lo acaban haciendo diferente.
En ese proceso de construcción de un yo, para el ser humano, que estamos analizando (sociogenéticamente), ¿qué tipo de elementos intervienen?… A qué le llamamos sociogén, positivo o negativo, y por qué es tan importante a la hora de determinar una conducta de esta cría, a la que tacharon, desde hace un tiempo, como diferente.