Un blog de Sociogenética

  • A los humanos nos gusta bastante…

    … que nos engañen de vez en cuando.

    Otro ejemplo típico para cerebros descoordinados. Un jarrón central sobre fondo negro, o dos caras negras sobre un fondo blanco.

    Si un departamento/circuito neuronal avisa de que está viendo un jarrón o de que está viendo un par de caras, siempre habrá otro circuito de la memoria, que les dirá que también existe la otra posibilidad : un jarrón con caras o unas caras con jarrón. Esa sería la síntesis a la que llega un cerebro bien coordinado. Y que sabe usar su memoria, para no dejarse engañar.

    Si nos engañamos, no le echemos la culpa al cerebro. Fue nuestro Yo, el que lo controla, el incapaz de actuar con la lógica natural de una empresa bien organizada.

    Seguro que en la infancia y la adolescencia, no quisimos trabajar el montaje de circuitos de memoria como es debido. Era «demasiado esfuerzo». Y ahora nos pasa factura, ese desprecio, con un mal funcionamiento de una maquinaria cerebral, que es tan compleja como completa, pero a la que le hemos dado un mal mantenimiento. Y, por eso, la dejadez adolescente nos dará una mediocre adultez.

  • El cerebro no nos engaña…

    … somos nosotros, que nos dejamos engañar.

    Mucha gente, incluso universitaria, se empeña en querernos convencer de que el cerebro nos engaña. Como si el cerebro fuera independiente de nosotros , estuviera separado del cuerpo, y decidiera engañar al cuerpo humano.

    Por otro lado se quiere reducir el cerebro a una empresa, con diversos departamentos, donde unos no saben de otros. Tal como, a veces, pasa en la realidad empresarial.

    Pero nuestro cerebro no es una empresa mal organizada. Es una maquinaria compleja con excelente organización. Y todo lo hace con la necesaria coordinación operativa. Está claro que si hay desorganización, será por causas de alguna enfermedad o tara genética, no por insuficiencia natural de un cerebro sano y «libre».

    Así que, si el departamento neuronal que ve las líneas amarillas llega a suponer que son iguales, hay un departamento cerebral especializado en medir, que enseguida avisará de que se tomen las medidas pertinentes, para comprobar realmente si son iguales o no. Lo contrario no es que «nos engañe el cerebro», es que somos unos inútiles, como versión actual del homo sapiens. Dicho más simple, es que tenemos un cerebro muy descoordinado.

  • Mirar es apuntar con los ojos…

    … pero ver, es mucho más complejo.

    No llega con apuntar bien, porque ya decimos que mirar y nada es lo mismo. Necesitamos apuntar nuestros ojos al objeto que deseamos ver, para que se inicie lo que podemos llamar, el proceso de la visión.

    Los santos apóstoles del Pórtico de la Gloria no existen (para nosotros),si no somos capaces de fijarlos en nuestra pantalla nucal. Es decir, necesitamos grabar una imagen del trozo de pórtico que estamos mirando, en algún circuito neuronal, en la zona de la nuca. Ya que ahí están los dedicados a esa función : ver.

    Algo parecido le pasa a un ciego, que necesita del relato oral de un vidente, para grabar, en su caso, en circuitos de memoria auditiva.

    Así que la imagen, creada virtualmente en nuestro ojo, debe viajar hasta esa zona de la memoria, donde quedará grabada, para hacer con ella lo que se quiera. Incluso olvidarla (si somos capaces).

  • Observando lo que no se ve…

    Un marco delimita propiedades…

    Hay veces que miramos y no vemos. Ese es el primer problema de mucha gente, que confunde mirar con ver.

    Mirar es dirigir la vista hacia un trozo de la realidad que tenemos enfrente. Ver es proyectar esa imagen, que ha pasado por los ojos y el nervio óptico, hasta el montaje final que nos hacemos, de ese «trozo» recortado, en la pantalla neuronal de nuestra nuca.

    Usar los conceptos al revés, como hace mucha gente, se puede hacer, pero no me parece científico.

    El problema es entonces asumir, que la observación necesita completar la mirada con una visión lo más cuidadosa posible. Es como con la fotos, no vale de nada, para conocer la realidad lo mejor posible, tener una imagen confusa de la misma.

  • Los primeros pasos

    Tener curiosidad es fundamental para avanzar…

    Ya lo digo muchas veces en otro sitio, pero la curiosidad no mata al gato, porque lo que lo mata es la ignorancia.

    No observar la realidad, con atención y cuidado, implica ponerse en peligro, cuando estamos dando nuestro primer paso por un ecosistema donde nos tocó vivir. Normalmente, sin que nosotros lo escogiéramos.

    Así que, observar esa realidad que tenemos enfrente, será indispensable, para saber si podemos dar el primer paso o no.

    Y es que la realidad es multifacética, por lo que la capacidad de observación debe estar bien madura, porque, en caso contrario, nos filtrará la realidad de una forma errónea.

  • Politiqueando

    Siempre se dijo aquello de que «empezando que es gerundio», aunque el alumno que lo escuchaba de su profe, lo único claro que tenía es que no sabía «como empezar».

    Y aquí estamos de nuevo, cambiando silla incómoda por silla mucho mejor y, sobre todo, la pizarra o libreta prehistórica, por un «simple» ordenador.

    Estando ya jubilado y muy cansado de bregar con preadolescentes, pienso que me gané el derecho a despotricar contra todo y, sobre todo, contra todos los que mantienen al planeta, al borde (algo exagerado) de la extinción de su especie humana.

    Así que nadie diga esa tontería, de que «no te metas en política», porque el bebé, cuando protesta en su cuna, ya está haciendo política.

    Un primer paso es solo eso, un paso inicial…