Categoría: política

  • Para que te sientas una Blancanieves…

    … que debe esperar a su príncipe azul!!!

    Y si eres una princesita pobre, también puedes esperar a tu príncipe pobre. O incluso, si te portas muy bien, puede que se enamore de ti un auténtico príncipe azul. ¿Por qué no?

    O, al menos, que te compre.

    Porque a lo largo de la Historia no solo se compraba a las mujeres en la plaza, donde vendían esclavos. También los nobles que detentaban el poder establecido, se intercambiaban a sus hijas, para establecer uniones políticas que mantuvieran el status quo. Eran pura mercancía para conseguir/mantener parcelas de poder.

    Y así se fue manteniendo esa costumbre, ahora ya con los burgueses. Las familias adineradas se unen entre ellas. Como lo hacen las mafias, cuando quieren conservar zonas de «ocupación civilizada».

    Algunas feministas radicales le protestan a la Disney, por mostrar un beso no consentido, casi una violación (?). Pero pasan por alto el hecho claro de que la mujer se vende para una boda o, incluso, como concubina en pleno siglo XXI. Y lo más grave es, que muchas son violadas todos los días, simplemente por el hecho de estar casadas.

  • Y es la sangre menstrual…

    … la que realmente te «pone de largo».

    Es la señal de que ha llegado el momento de decir ese NO, del que hablamos el otro día. Si te ha sido negada una infancia natural y libre, ahora es cuando necesitas que NO te neutralicen tu capacidad genética de regeneración social. Y si tuviste una maduración infantil natural y libre, es el momento de hacer crecer todo lo que se fue abonando en las marcas que trae tu ADN.

    Porque, en caso contrario, los adultos aprovecharán un trastorno natural, para manipularte como si te quisieran hacer un favor. Precisamente, cuando la naturaleza (sea quien sea) te dice que empiezas a ser mujer, aún adolescente, pero ya camino de la última etapa de tu proceso madurativo, como ser humano. Pero entonces es, cuando los adultos dominantes te han preparado un disfraz de cuento de hadas. Para que te consideres una princesa, en vez de una adolescente.

    Y además una princesa que necesitará la protección de un rey, hasta que encuentre a su príncipe salvador. O, más fácil aún (más real), a un padre maltratador o un amante/no amante violador.

    O, como veíamos al hablar de Afganistán, que te consideren maldita, por haber tenido tu primera menstruación. Porque hay culturas, que no dejarán de considerarte pecadora, por el simple hecho de hacerte mujer.

    En el fondo es el clásico castigo del Génesis bíblico, al considerar que Eva merece un castigo por querer saber algo más, de lo que le permite saber Yahvé. Si aún fuera Adán, quién cogió la manzana, puede que lo perdonara (los machos ya se sabe), pero una mujer… ¡imposible!

  • Como adolescente te van a marcar…

    .. con una ETIQUETA.

    Como la ropa de marca, algo más superficial, un simple logo. O una marca artificial, indicando el tipo de ropa, pantalón o chaqueta. Lo que viene a ser una marca de tu función social. O incluso, con la composición de la tela que te conforma, el material químico que lo forma. Explícitando así tus cualidades más internas, como ser humano.

    Eso es una etiqueta. Y eso, en nuestro espacio reflexivo, es un gen social. Un gen que, como el biológico, intentará marcarte el tipo de vida que vas a desarrollar mientras maduras.

    Y hay dos posibilidades : que refuerce lo que viene escrito en tu ADN, entonces son genes sociales positivos, o que , neutralice, intente borrar o reescribir, eso que trae escrito tu ADN. Entonces son genes sociales negativos.

    En un caso formarán tu adn social positivo, mientras que en el otro forman tu adn social negativo.

    Y cada uno de ellos te marcará un futuro muy diferente. Y, dado como suele evolucionar el ser humano, si favorece tu mediocridad, podemos decir que incluso sean futuros antagónicos : ser empático y solidario, o ser antipático e insolidario, por ejemplo.

  • Porque dejar la infancia es…

    … ponerte en constante PELIGRO.

    Aunque seas maga, como la amiga de H.P.

    Porque no hay magia que valga, para neutralizar la invasiva intervención del mundo adulto en el mundo de las crías humanas. Esas que debían estar bien protegidas desde que nacen!!!

    Se necesita un gran esfuerzo de aprendizaje, para construir una serie de filtros mentales propios, que te ayuden evitar la manipulación que los adultos dominantes te quieren hacer. Incluso a través de tus propios compañeros adolescentes. Esos que se dejan más fácilmente atrapar en los filtros ajenos, que les vende/regala la SAD. Filtros que solo ayudan para que aprendan más rápido, a ver la realidad tal como le conviene a esa SAD.

    Pudiste perder la infancia… sin amigo imaginario (porque esto o porque lo otro…), sin padres que protegieran de verdad (biológicos o adoptivos)… pero perder la adolescencia ya sería una catástrofe irreparable, porque te dejaría amputada para entrar en tu etapa adulta.

    Sin una adolescencia completa, natural y libre, serás una adulta incompleta, muy poco natural y muy poco libre. Acabarás siendo una pieza de la maquinaria social dominante, peor o mejor adaptada.

  • Porque una adolescente necesita…

    … ante todo, DEFENDERSE!!!

    Y la Susana de Barrio es un buen ejemplo.

    Porque su adolescencia de mujer, le obliga a dejarse tratar como un jodible objeto humano.

    Lo que la marca como la esclava de su casa, con su madre, mientras el hermano y el padre son santos varones.

    A ser etiquetada como semiputa por su compañeros de barrio (machitos), por el simple hecho de que tenga una vida sexual libre.

    Y a ser tratada como pieza de caza sexual por un adolescente macho, que se considera superior a ella, por el más simple hecho de poseer un órgano sexual masculino. Para colmo en la habitación de Susana, donde él se cuela por la jeta. Todo eso, en una sociedad patriarcal, donde la etiqueta machista te permite hacer un coto de caza allí donde se sitúen hembras de la especie humana. Ya no necesitas ni ir a la discoteca. Es un claro gen social, que se va pasando de generación en generación. Por vía educativa, no por vía genética.

  • Porque ser adolescente…

    … es algo muy muy importante.

    Es algo de lo que dependerá todo tu comportamiento cuando entres en la etapa adulta.

    Serás un adulto distinto, muy muy diferente, si entras con la adolescencia perdida, aunque sea parcialmente, o la «lleves» contigo a full. Esa mochila bien cargadita de herramientas, que tanto mentamos por aquí.

    No se puede ser un adulto completo, si no te has armado como es debido, cuando tenías que madurar libremente, para recargar tu capacidad de regeneración social. Entre otras.

    Nos estamos repitiendo, con la entrada anterior, pero es que la pérdida de la adolescencia es demasiado importante, como para no agotar la paciencia que aún nos queda, como educador de crías humanas.

    Aquí no vale ser Harry Potter, para hacer dos pases de magia y llegar a adulto, como si no hubiera pasado nada (malo). En la sociedad real, si te pasa algo malo, eso te otorga un trauma tal, que ya nunca dejarás de pagar la factura que la SAD te ha endilgado. En la adolescencia no hay varitas mágicas, por mucho entusiasmo y falta de reflexión que le eches.

  • Es entonces, cuando el ADN…

    … «decide» dar su primer paso decisivo…

    Un paso con un potencial genético muy determinante… que nos debe hacer despertar, si es que estábamos dormidos (en nuestra infancia). Porque si no estuvimos dormidos, por el injerto de un adn social negativo infantil, es ahora cuando le toca el turno a la versión más dura de ese adn social negativo. Es la hora de que despliegue su enorme potencial sociogenético. Que no es otra cosa, que la capacidad para intentar tachar la escritura que traen los genes biológicos. Y es muy grande esa capacidad de reescritura, en nuestra adolescencia, por estar tan maduro. Debido a la tremenda experiencia que ha cogido, al haber actuado durante la infancia, aunque no hubiera conseguido totalmente sus objetivo.

    Y por esa razón, este adn negativo, si no nos preparamos con los filtros propios necesarios, va a marcar la diferencia en nuestro futuro comportamiento, como adolescentes. Llegaremos a la etapa adulta habiendo perdido la adolescencia, total o parcialmente.

    Perder la infancia no es determinante, porque nos sigue quedando la etapa fundamental, la adolescencia. Ella nos puede minimizar los desperfectos u omisiones de la infancia. En ella se nos pone el cerebro a tope y ya tendremos que evitar el quedarnos sin las herramientas precisas, para dar la batalla como adultos.

    Porque si perdemos también la adolescencia, entonces ya podemos despedirnos de llegar a ser adultos completos. Seguiremos creciendo con un tipo de maduración mental, que ya nos impide ser adultos naturales y libres, tal como nos tenía diseñados la naturaleza.

    Por el contrario, seremos simples piezas de diseño sofisticado, o bastante obsoletas, de la maquinaria social. Dependiendo de nuestro etiquetaje previo. Ni más ni menos.

  • Lo que miramos puede no ser…

    … lo que parece.

    Un bonito osito de peluche puede esconder una jodida bomba. Por ejemplo.

    Pero lo más importante debe ser : ¿Quién coño puso la bomba en el agradable peluche? O aún más importante : ¿Por qué alguien tiene que poner una bomba en un osito de peluche?

    Y por eso, es de vital importancia ver lo que se mira. Y sin necesidad de ser un inspector de policía. Sobre todo si es corrupto, ya que entonces tampoco va mirar otra realidad que no sea la «suya». La que le conviene ver.

    Así es, si así os parece, dice una obra de teatro. Y es que mucha gente olvida, o no quiere saber que lo que se llama realidad, a veces solo es una representación de ella, que hace la SAD para nosotros.

    Muchas veces es más real el cariño que nos proporciona un peluche, que el falso cariño que nos venden los adultos de nuestro alrededor. Aprendamos a tratar al amigo imaginario, para que nos ayude a desenmascarar a los falsos amigos reales.

  • Porque, para VER, se necesita mirar…

    … con mucha mucha ATENCIÓN!!!

    Y eso aunque no queramos mirar. Porque sin mirar no somos humanos. Si no podemos/queremos ver, somos peor que ciegos, ya que ellos tienen medios para ver de otra forma. Un ciego no anula su capacidad mental. Eso lo hacen los que «no quieren ver».

    A esos que no ven la realidad, les llega con ver una realidad «aumentada», que solo es la versión de la SAD, para que así te sitúes al margen de la regeneración social.

    Es la etiqueta social pegada sobre la etiqueta genética. Es el paso de un adn social positivo a un adn social negativo.

    Y seguiremos sin querer asumir ese cambio. Y seguiremos creyendo que soy un exagerado, por tratar de describir como funciona la SAD, para controlar nuestro comportamiento social.

    Por decir como nos etiquetan, tal que piezas de ropa, que salen de una Zara, para venderse como lavadoras por el mundo adelante. Haciéndonos patriotas del poder que nos controla y unos desligados de la justicia social. Esa que precisamente nos viene marcada en nuestro gen biológico, que habla de ser regeneradores por empatía con los demás seres humanos. Sobre todo con los que están sufriendo, por vivir oprimidos por un poder adulto parcialmente anquilosado.

  • ¿Quién osa decirle a esta cría humana…

    … que no tire la primera piedra?

    Y la segunda, la tercera, la cuarta… si es que sobrevive!!!

    Porque los demás no queremos ver. Y eso es más grave aún, que confundir el mirar con el ver. Porque para no ver ya se suele decir : es mejor mirar para otro lado.

    Y hay gente capaz de decirle a un niño o a una aniña gazatí ,que no le tire piedras a un tanque sionista, que invade su territorio, porque le va la vida en ello. ¡Cómo si no lo fueran a matar igual, incluso con un bombardeo, para así no verle la cara de muerto!

    Ahora ya no se necesitan francotiradores, como en Sarajevo, porque cualquier dron hace su trabajo con mucho más destrozo humano.

    Es lo que se llama el penúltimo avance de la Civilización Occidental. El Imperio Romano de Bizancio estaría en la gloria, de poder hacer lo mismo, para acabar de igual forma. ¡Pero con más cadáveres por metro cuadrado!