Categoría: política

  • Hasta hacerse un poder… TOTALITARIO

    O sea, que el poder se hace tan intenso, que nadie podrá hablar sin el permiso de quien detenta ese poder.

    Porque detrás de todo poder siempre hay un ser humano. Aunque pueda que de carácter realmente humano tenga muy poco.

    Y da igual pregonar que busca la justicia para todos, o para él solo, lo que realmente busca es engrandecer su poder, como el heroinómano trata de aumentar su dosis diaria de caballo.

    Porque la adicción al poder te impide descabalgar cuando tú quieras. De hecho vas a hacer lo imposible, por muy terrorífico que sea, para impedir que te descabalguen. Matarás a tu madre si es preciso.

    Porque no hay tratamiento posible para desintoxicar a un dictador. Llega un momento que la sumisión de los demás es más importante que la riqueza o el poder de hacer una guerra. Lo único que le puede neutralizar el mono de poder, es ver como se arrastra delante de él todo bicho viviente, sobre todo si presume de pensar y tener conciencia. Porque la única conciencia que puede sobrevivir, al mono totalitario, es la suya. Los demás solo pueden depositar su fe en él.

  • Y cuando la tribu no llega,… el PODER…

    … debe concentrarse. En un núcleo principal que dirige la sociedad adulta dominante (SAD). Y luego debe expandirse muy profundamente, por todo el territorio físico y mental que se quiera conquistar y mantener oprimido.

    Fue el gran invento de Fouché, aunque realmente nació con Iván el Terrible. Comparado con este tipo de aparato estatal, los espías que tenía cualquier César romano eran simples aficionados.

    El espía, en terreno propio o extranjero, se hace indispensable para el poder establecido.

    Y no necesita tanto una buena formación profesional, que la necesita, como un lavado de cerebro tal, que lo haga pieza perfecta de la maquinaria gubernamental (o privada) que lo emplea.

    La conciencia del espía profesional, como en cierto modo la del simple cotilla, proviene de tener injertado un gen social negativo, que ha mudado su empatía y solidaridad hacia el prójimo, capacidades genéticas naturales, en sumisión animal al poder establecido. Por él son capaces de dar su vida, en la consecución de un secreto, que ni saben si es merecedor siquiera de una partícula de su sudor.

  • Y por eso sigue habiendo… TRIBUS

    Que son las tribus llamadas urbanas, actualmente. Y aunque , a veces, la tribu esté reducida a un solo individuo.

    Ya citamos al bueno del Bronson… podemos citar ahora al malo Travis De Niro.

    Los dos son producto de una sociedad desquiciada, incapaz de resolver por sí misma sus grandes problemas de violencia estructural… violencia generada por el propio sistema socioeconómico… y que, en paralelo, favorece este tipo de excrecencias justicieras. Gente más o menos normal, parcialmente traumatizada, que decide un buen día ponerse a arreglar los problemas de injusticia que se dan en esta SAD.

    Son los que matan en nombre de la falta de ley, una especie de linchamiento individual, para sentir que sus conciencias semidestrozadas se puedan dormir de noche, aunque en algún caso la sustituyan determinadas pesadillas.

    Son el sucedáneo de la policía, esa que resulta incapaz de poner orden en la calle, básicamente por mucha corrupción y algo de ineptitud profesional.

  • Porque hasta los AMULETOS… tienen poder

    Los dioses delegan su poder, el que soporta la fe religiosa, en sus sacerdotes, con la máxima autoridad de un papa o de un monarca. Como antes al hechicero de la tribu. Ahora se llaman influencers.

    Pero también le conceden poder a una serie de elementos inertes, que son los amuletos. Ellos contienen la esencia del poder divino.

    Sin ellos el ser humano (con fe extrema) se siente desprotegido. De hecho hasta se viste con ellos, para estar más seguro. ¿Qué es , si no, un tatuaje moderno?

    Y sí, los hay de todo tipo… un anillo de compromiso o de casorio, una bandera llena de colores, o incluso un himno nacional, totalmente inmaterial pero rebosante de espíritu militar.

    Simples genes sociales, positivos dirán algunos, neutros o negativos diremos otros… incluso cuando es la típica pistola que se guarda el usamericano medio en el cajón de una cómoda, por si las moscas. ¿Cuánto gen social insertado y madurando día tras día, no lleva la mente de ese amante de las armas?

  • Pero la justicia sin poder… es IMPOSIBLE

    A veces no se puede ser pacifista. Por ejemplo, si desciendes de los nativos usamericanos. Esa cualidad genética no te deja aprender, o por lo menos te lo pone muy difícil, a respetar al blanoco usamericano que causó la casi extinción de los pueblos nativos. Y por mucho que los nietos no sean responsables de lo que hicieron sus abuelos. Pero bien que disfrutan de todo lo que les robaron, incluidas las vidas, a los pueblos indios de lo que iba a ser los EE.UU de América.

    Porque el pacifismo quiere justicia, pero, para impartir justicia, se necesita tener poder… Y entonces el problema es saber qué tipo de justicia quieres impartir, la de los opresores o la de los oprimidos. El problema es bien sencillo, y viene así planteado desde la noche de los tiempos.

    Lo que sucede es que los poderosos siempre lo han resuelto poniendo en la ecuación las variables de minoría opresora y de justicia PARA ELLOS, añadiendo un poder fuerte y dominante. Usando su ejército y su iglesia, para hacer la explotación humana mucho más efectiva.

    Y así el resultado de tal ecuación siempre será que, esa «justicia» del poder establecido, solo vale para aumentar la explotación, en vez de rebajarla. Sean nativos usamericanos, sean negros traídos de África… o sean habitantes del país, incapaces de entrar en la maquinaria social del poder establecido.

    Y ese es el motivo de que se necesite un contrapoder, de la minoría de oprimidos, para poder restablecer el equilibrio social y rematar con la explotación de la minoría opresora. Así de simple.

  • Y al final, justicia y poder … acaban hermanados

    Porque da igual presumir de tener a un Dios detrás de ti o toda la corporación de Wall Street… la defensa del poder establecido se hace siempre de la misma forma : extender la injusticia, en amplitud y en profundidad.

    Y da igual a quienes persiga el justiciero de turno. Siempre acabarán pagando el pato, los pobres de la Tierra, como bien explica la historia de la humanidad.

    O el cine de Hollywood, que está plagado de todo tipo de justicieros. Los que defienden la justicia del oprimido y los que defienden la «justicia» del opresor.

    Porque esa «justicia» del opresor es la que está íntimamente hermanada con el poder. Se habla de justicia, cuando se tendría que hablar de injusticia.

    Como cuando los poderosos hablan de libertad, pero hablan de SU libertad, no de la de los demás. O sea que volvemos al mismo tipo de suplantación, se le tendría que llamar falta de libertad. O simplemente opresión. Y esa es la «justicia» que reparten los sicarios de cualquier poder establecido. Incluido el poder estalinista, este aún más inhumano por ser tan mentiroso.

  • O, mucho peor, se cree… un JUSTICIERO

    Porque tratar de cambiar la sociedad conjuntamente, aunque sea por parte de una minoría social, no es nada fácil, pero puede ser en esencia algo justo.

    Pero establecer una justicia individual, fuera del control de otros individuos, además de ineficaz, es la mejor forma de caminar al abismo de la autocracia. De nada vale que, al principio del proceso de rebelión, hasta se hiciera un poco de justicia.

    Y sí, eso es hablar de las cruzadas. De todo tipo de cruzada. Individuales e incluso colectivas. Pensemos cuando esa lucha colectiva, básicamente religiosa, está motivada por una minoría poderosa, como la Iglesia Católica, controlando al poder terrenal como si fuera ella misma.

    De hecho el concepto patria, como el de bandera, están inventados para mantener un espíritu belicoso totalmente inhumano. Brutalmente irracional. Pero que mantiene en el poder a gobernantes, que solo buscan su propio beneficio. Normalmente antirracional y antiemocional. Y no son solo las fuerzas armadas. Están incluidas, en este colectivo justiciero, todo tipo banda callejera o mafia organizada, que se rigen por su propio código de «justicia».

    Y no, tampoco hablamos de un Trump o un Netanyahu, o un Putin, por ejemplo. ¡Y menos de un Hitler o un Stalin! Es ironía (por si no se notara).

  • O ser más complejo… alguien que se cree un REVOLUCIONARIO

    Porque en un mundo donde reina la violencia, debido a ser masivo el gen social negativo de la insolidaridad y la lucha por el poder, para oprimir a los demás, no resulta fácil buscar un método NO violento, para cambiar la mala organización social.

    Y ahí tenemos un problema, un gran problema.

    Y, lo peor, no ha aparecido aún el gran matemático revolucionario, que pueda plantear siquiera la ecuación que lo resuelva.

    Solo hay atisbos. Pero todos ellos, incluida la primera gran ecuación, la Revolución Francesa, se han quedado a las puertas de una posible meta.

    Y aún mucho peor, teniendo en cuenta la imposibilidad real de alcanzar una meta, ya que , como buen ejemplo práctico de límite, no puede llegar, por definición, a tener existencia real. Lógicamente, no hablamos de metas parciales, tipo las que existen en las carreras deportivas. Esas sí se pueden conseguir. Porque, no olvidemos que, la única meta final posible, de toda carrera deportiva es la muerte del deportista.

  • Incluso siendo… un simple PACIFISTA

    Porque hay diversos niveles de disidencia, pero todos conllevan a estar a mal contigo mismo… y, sobre todo, con los demás. Algunos te mirarán con desprecio e incluso con ganas de hacerte daño.

    Y todo ello, como dijimos ayer, es un efecto de que la maduración natural y libre de tu ADN te hará fortalecer el sentimiento de empatía y de solidaridad, nunca al revés.

    Así que sería más fácil, si te dejaran madurar natural y libremente, en derivar hacia un pacifista que hacia un belicista. Porque el deseo de matara al enemigo no está incluido en el ADN.

    De hecho ni siquiera está incluida en tu ADN la capacidad de crearte enemigos. Todos los seres vivos del universo son o tus amigos o son tus depredadores, pero siempre por necesidades alimenticias. Tienen que sobrevivir, como tú, en el ecosistema conjunto. No existe el enemigo natural, hasta que no te injerten el gen social negativo correspondiente. Pues ese será el generador del enemigo social.

    Porque un enemigo (humano) es claramente un constructo social, fabricado por ese gen social negativo que te ha regalado la SAD (sociedad adulta dominante). Para convertirte, simplemente, en una pieza de la maquinaria defensiva de esa misma SAD. Y lo mismo le pasa a ese supuesto enemigo, que también tiene su propio adn social negativo, generado por su propia SAD.

  • Porque ser rebelde… es muy jodido

    Y, si no tienes cuidado, o eres muy radical en tu denuncia, puede llevarte a algún tipo de cruz.

    O acaso ¿hay algún ejemplo, en la historia de la humanidad, donde la lucha por la libertad de pueblo ha llevado a algún sitio que no fuera mortal?

    Incluso cuando esa lucha se limita a defender la libertad espiritual de los pobres. Y de los ricos, si querían hacer penitencia.

    No sabemos hasta donde podía llegar el gen biológico solidario de Jesús, porque su naturaleza no está del todo clara. Pero el que porta todo ser humano solo le vale para adaptarse al ecosistema y sus cambios. No dice nada de luchar por la justicia. Porque el concepto de justicia es un constructo social, no genético. Portamos los genes biológicos de la empatía y la solidaridad, pero no el que permite discernir cuando es injusta nuestra insolidaridad. Ese es un gen social positivo. El que nos permite solidarizarnos con Gaza, si lo poseemos.

    Porque el adn social del ser humano se va complementando, en su proceso de maduración, con la capacidad/necesidad de solidarizarse con los que padecen injusticia, ya que ella es incompatible con el ejercicio libre de la inteligencia. Tanto racional como emocional. Así que el amigo Jesús bien pudo aprender todo lo que sabía. Pero la solidaridad ya le venía de fábrica, por el simple hecho de tener parte humana.