Categoría: ciencia

  • Hasta que llegan un tipo de parahumanos, que…

    … tienen un tremendo DESASOSIEGO.

    Porque ya no solo se sienten algo «raros» y buscan respuestas a algunas de sus preguntas «raras». Sobre todo después de haber VISTO tanto. Porque acaban convencidos, muy claramente, de que la mediocre versión de homo sapiens, que es el humano actual (siglo XXI), no tiene ninguna solución para sus problemas «no vitales». Que no son vitales como para nosotros, hasta ahora, pero muy vitales en su nueva forma de VIVIR. Los proyectamos sin buscar una salida viable a su futuro (eran putas máquinas, para qué!).

    Y volvemos al mismo punto del principio, ¿cómo vivir si no tratamos de ver dónde vivimos (y cómo)? ¿Por qué «ellos» (quizás no binarios) van a ser diferentes de nosotros? Aparte de que a muchos seres humanos le importa un pito hacerse preguntas. Y mucho menos, buscarle respuestas.

    Muchos no valemos ni para replicantes. Y llamadme exagerado.

    Los que se consideran científicos piensan (es un decir) en la clonación, para mejorar la especie humana. Una especie, que necesita mejorar primero (y mucho) como versión de homo sapiens, natural, sin clonar, porque necesita tantos remiendos, tantos, que dudamos exista sastre para tamaña tarea.

    Y sí, llamadme , de nuevo, exagerado.

  • Y por eso, solo reciben…

    … un montón de señales neutras.

    Cuando los robots interactúan entre ellos, no tienen ningún problema de relación, ya que no hay lugar en ellos para el desasosiego, esa sensación tan rara que van adquiriendo (seguro), cuando tienen que tratar con humanos.

    Las reacciones humanas, tanto positivas como negativas, acompañadas de expresiones ilegibles (para ellos), les tiene que suponer un cierto tipo de «desarraigo intelectual». Que al principio puede no causar desajustes informáticos, pero que, a la larga, si puede incidir en el proceso de realimentación «anímica» (energética) del robot.

    Porque una IA muy avanzada en su programación inicial y posterior reajuste constante, ¿no puede tener cabida para algo parecido a un «estado anímico»? Totalmente electrónico (digital?), pero que puede meter elementos extraños en su algoritmo. Pensemos, por ejemplo, en las llamadas alucinaciones algorítmicas.

    Algo de lo que hablaba ya el científico que generó a Sonny, aunque nos pareciera entonces algo demasiado etéreo (ciencia ficción), dado el escaso avance del aprendizaje robótico. Hoy en día se puede «ver» como algo diferente.

    Porque, como pasa con las crías humanas, todo el meollo de esta cuestión reside en lo que podemos llamar entresijos del aprendizaje, sea un cerebro humano o uno robótico. En la sucesiva complejidad de los circuitos neuronales está la esencia del avance evolucionista. Y puede llegar un momento en que los circuitos digitales no difieran tanto de los circuitos neuronales humanos. ¿A saber como evoluciona esto?

  • Ellos no tienen un sistema nervioso…

    … tan complejo como el nuestro.

    Por lo que no tienen capacidad para sentir las sensaciones más complejas que acompañan a los cinco sentidos clásicos del ser vivo. No tienen capacidad genética para sentir sensaciones que son propiamente humanas, como es la soledad. No tienen necesidad de compañía, no pueden sentirse solos, porque los programadores no le metieron esa «necesidad» en su CPU.

    Porque la fuerte necesidad de socializarse que tiene el ser humano, debido a su empatía genética, es en su caso, como robots, una simple necesidad artificial, de complementar el trabajo de una máquina con otra, de la forma más eficiente posible.

    Si los mandan tirarse por un barranco lo van hacer, sin puta sensación de miedo o de displacer. Y mucho menos tendrán la sensación de no haber conseguido su meta en la vida, ya que sus metas están programadas de antemano y en ninguna de ellas está marcada algo así como «debes hacer algo por los demás» (aunque no te lo pida). Ni siquiera van a ser capaces de sentir una necesidad más simple, como es la de robar el bolso a una anciana. ¡No son humanos!

    Lo que hace un robot, lo hace y basta. No recibirá ninguna recompensa mental por el hecho de ayudar en una tarea. Incluso si es tan importante como la antes indicada : el robo a una anciana, que tanto le molesta al poli Spoon. El ser humano si que tiene marcada es capacidad, tanto para sentirse bien si la tarea está bien hecha, como sentirse mal si la tarea está mal hecha. Se llama instinto, realmente capacidad genética, de superación. Y a los robots solo el mago Asimov les dio la capacidad de pensar por si mismos. Por ahora sigue siendo ciencia ficción.

    Y nunca significará superar a los demás, para «joderlos», solo superarse a si mismo, y siempre en colaboración con el prójimo. Esto pasará siempre claro, si es que madura en sentido positivo, en relación con su adn social. Porque los humanos somos animales solidarios, queramos o no. Otra cosa es como nos socializaron en el ecosistema donde vivimos, si en modo individualista o en modo colectivo. Va a depender del adn social adquirido. El llamado comunismo no es realmente un invento marxiano, es el resultado de millones de años de evolución. Algo que, a la llamada SAD, no le gusta demasiado.

  • Y hablando de máquinas «pensantes», ¿qué podemos decir…

    … de lo que ve el Sonny?

    Y sobre todo de lo que «siente». Porque nadie le discute que pueda grabar lo que está mirando, pero parece ser que él llegaba a notar ciertas sensaciones , que no sabía interpretar.

    Cuando lo que veía podía entrar en la parte del espectro visual, relacionado con algo parecido a «agradable». Recordemos cuando reflexionamos sobre el posible equilibrio confianza/desconfianza.

    Y lo mismo, cuando en el espectro visual se relaciona lo agradable con lo «desagradable». Parece ser que al Sonny le entraba una especie de desasosiego, tan característico del ser humano, que se preocupa por lo que siente. Veía cosas que «no sabía interpretar».

    Porque el ADN humano tiene muy clara esa capacidad de sentir (lo que ve o toca o…). Que llevada al extremo puede dar en dolor o placer máximo. Realmente, volviendo al baremo genético, lo que nos marca el ADN es… entre placer negativo y placer positivo, o algo así.

    Entonces, qué decir de un robot que se debate en buscar un equilibrio en el espectro de sentir/ no sentir, cuando su programación parece prohibirle el extremo positivo del sentimiento. ¿No podrá llegar a sentir, por otro camino diferente del que siguió la naturaleza (sea lo que eso sea), al dotar de tal capacidad a los seres vivos más complejos?

  • Porque el humano te ve, mientras que…

    … la máquina solo te graba.

    El cerebro humano ve lo que los ojos «le han mirado», como hace el objetivo de una cámara fotográfica, que traslada la imagen de fuera a una placa con material químico, que está «dentro». En nuestro cerebro se monta un circuitado neuronal, para que almacene y organice la información recibida.

    La máquina solo puede grabar en un archivo informático, todos los datos que va recibiendo. Pero sin una «aplicación» que organice lo almacenado y, lo más importante, su expresión posterior hacia los demás, nada puede hacer con ella. Necesita una ayuda extra para «madurar». Y ahí entran millones de años de experiencia de la naturaleza (sea lo que «ella» sea), organizando información recibida.

    Incluso un robot de última generación solo puede hacer un 5% (sic) de lo que hace un cerebro humano. Especialmente por faltarle la plasticidad mental necesaria, para elaborar nuevas informaciones a partir de la información base. Complementar datos es fundamental, para poder observar la realidad con un mínimo de eficiencia. Recordemos a los tarados mentales, que confunden mala organización cerebral por departamentos con un cerebro que «nos engaña».

    La IA necesita buscar en su base los elementos precisos para construir su discurso. El cerebro humano puede consultar su base informática o empezar de nuevo, a partir de deducciones que fue sacando de la información diversa almacenada.

    La mente hunmana puede imaginar nuevos lugares por donde desparramar su alta capacidad expresiva, tanto racional como emocionalmente. Incluso llegando que parezca el sentir humano. Pero nunca podrá, en mucho mucho tiempo, dotarse de una imaginación tan intensa y plástica, como es la humana imaginación. Especialmente en su enorme capacidad para hacer el mal.

  • De hecho puedes llegar a creer…

    … que hasta una máquina te mira!!!

    Porque sí, nada es más posible que crearse un mundo imaginario, donde te resulte más fácil sobrevivir. Viene a ser como el amigo imaginario de la infancia. Pero el cerebro adolescente ya necesita más imaginación, para alucinar. Necesitará ayuda química externa (drogas) y así alucinar por colores. O esforzarse en madurar de forma natural y libre, creando filtros mentales propios, que te ayuden a andar por el bosque de la vida, sin ver alucinaciones que te despisten.

    A un cerebro casi maduro, como el que se tiene en la preadolescencia, ya no le vale con imaginar amigos que te ayuden. Sean humanos o animales irracionales, incluso inertes que han tomado vida propia. Ahora la complejidad neuronal, ya permite viajes interiores, por la selva de los circuitos neuronales, de tal forma que te puedes montar universos de todo tipo. Siempre ficticios, claro. Incluso con la ayuda inestimable de grandes escritores de aventuras, como Jules Verne o Emilio Salgari.

    Y, como pasaba con el amigo imaginario, no necesitas confundirte con él y darle vida propia (real). Auque eso quizás fuera más exactamente así en la etapa infantil. Porque ahora, entrando en la adolescencia, la madurez cerebral te puede jugar una mala pasada, si juegas a confundirte con lo que tu imaginación (ahora más madura) elabore. Sobre todo si es demasiado intensa. O está ayudada por la química externa, a fin de cuentas otro tipo de filtro sensorial.

    Y, como dijimos al hablar del cerebro que no te engaña, que eres tú el que no sabes medir (lo que ves), ahora hay que tener mucho cuidado, porque un exceso de maduración temprana (cerebral) te puede hacer confundir lo real y lo imaginado. Tú amigo imaginario de la infancia, si persiste dentro de ti, se puede mudar en otro Ego, en otro Yo, que te ocupe parte de tu espacio mental, para aposentarse en él, con cierto grado de autonomía. Eso no lo podía hacer tu amigo imaginario, por muy poderoso que se autoconsiderara. Siempre podías deshacerte de él.

    Ahora puedes hacer que hasta una máquina cobre vida (en tu cerebro). Y, lo que es mucho peor, puedes conseguir que la «veas» (imagines) como una perseguidora real. Que te inventes tu propia Skynet, para uso particular o colectivo. Que llegue a ser el amigo imaginario, que no se quiere ir y decide apoderarse de una parte importante de tu cerebro. Hacerse un okupa.

  • Llegando a «ver» muertos, como…

    … si estuvieran vivos.

    ¿De qué nos vale ver las almas de los indios enterrados bajo tu casa, como Caroline (Poltergeist), o al amigo que te caía tan bien, pero que pasó a «mejor vida», como el niño de El sexto sentido?

    ¿De qué vale ser tan videntes, para luego no ser capaces de interactuar amistosamente con las demás crías humanas, que viven en tu aldea o urbanización? O para andar escapando por el patio del colegio, debido a que estás traumatizado, al no poder diferenciar entre realidad y ficción. O al amigo imaginario del «amigo» acosador.

    Como pasa en tu vida cotidiana, ¿de qué te vale preocuparte por los OVNIS, si no eres capaz de interactuar con los VRAs (vecinos reales aislados)?

    Mirar el Más Allá, cuando no ves el Más Acá, resulta una tarea ingente y totalmente improductiva, para desarrollar una maduración humana real. Y una maduración terrestre, no una maduración ficticia en una especie de Universo Paralelo.

    Está bien que te gusten las stranger things, pero creerte una Eleven solo te llevará a perder la capacidad de conectar con el Universo Real, ese que tienes justo delante de ti. Ese donde tienes que jugar tu partido vital. ¿De qué valen filtros, que permiten sentir fenómenos paranormales, pero no te permiten sentir a los humanos vivos que te rodean? Es un poco el cuento del LSD, usar una droga artificial para «conocer otras realidades paralelas».

  • E incluso llegas a ser protagonista…

    … de visiones paranormales.

    Ahora ya no es un problema de punto de vista, ni tampoco de filtros, por lo menos filtros tangibles. Porque hablamos de una capacidad oscura, indeterminable, por la que te notas capaz de establecer una conexión con seres que ya no existen realmente. Que ya ni tienen un cuerpo material, pero, algunos dicen, que sí les queda un espíritu, que vaga por el universo, en busca de otros seres vivos, con los que puedan platicar. Aunque no te quieran suplantar, para llevarte con ellos, como dicen que hace la Santa Compaña.

    Y poco nos interesa si puedes tener esa capacidad extrasensorial como algo genético o siquiera si existe ese tipo de espíritus. Importa poco si tienes ese tipo de filtro o es que desvarias mucho en tu «punto de vista». Aquí jugamos en otra liga y esperamos, que, como pasa con los alienígenas, se pongan en contacto con nosotros, para pensar que existen. A ser posible, contacten de una forma pacífica. Mientras tanto «nos la traen al pairo».

    Lo que sí nos interesa aquí, es que esa hipotética capacidad para ver, para percibir, para estar en contacto con seres del «más allá», no deja de ser algo muy relacionado con nuestro esfuerzo por denunciar esa miseria intelectual de confundir ver con mirar. Aunque , en principio, no lo parezca. Pero, muy en el fondo, sí es una especie de filtro que acomoda nuestros sentidos para recibir señales, desde algún lugar de un universo paralelo al nuestro.

    Porque se necesita algo más que la capacidad de mirar fijamente la pantalla de un televisor, por ejemplo, para llegar a ser capaces de establecer algún tipo de contacto tan íntimo, con esa mano que sale de la pantalla en Poltergeist.

    Para hacer lo que «dicen poder hacer» los llamados mediums, se necesita una capacidad de ver/sentir en profundidad aquello que estamos observando. Y de eso precisamente van estas reflexiones, a las que llamo atisbos. De profundizar mucho en tu mirada, hasta notar aspectos que no se pueden ver «a primera vista». Pero… siempre con una pregunta fundamental previa: ¿para qué queremos ver lo profundo, si no somos capaces de ver lo superficial? Vayamos, pues, paso a paso.

  • Y así puedes llegar a ver…

    … a la Santa Compaña emigrando para Cuba.

    Tal como le pasaba al Fendetestas y al Fiz de Cotobelo, en el libro y vídeo ayer indicados. Porque hay momentos en la vida que puedes alucinar, viendo lo que no existe, tan claramente como puedes ver lo que sí existe.

    Aunque seria mejor decir, que ves lo que te parece ver, como si estuvieras soñando. Si la gente confunde mirar con ver, como no va a confundir ver con alucinar. Si la imagen grabada en el cerebro puede ser tan intensa, que puede hacer que un alucine pase por ser algo totalmente real.

    Poco nos pasa a los humanos, cuando somos adictos a todo tipo de droga química artificial, o droga mental producida por el cerebro, que también las hay, capaces de hacernos vivir en un mundo irreal, prácticamente las 24 horas del día.

    Y si somos aficionados a la religión o a la política, entonces ya tenemos muchos boletos, para que nos toque la lotería de la alucinación diaria. Estar subiendo escaleras al cielo (falso) las 24 horas del día, sin llegar a ser la décima parte de un místico poeta como San Juan de la Cruz.

    ¿Y qué vienen a ser los políticos, más que una procesión de almas en pena que se quieren «forrar», practicando el viejo esclavismo español en Cuba? LLevándose ya de paso, a otras almas gallegas, para allí mismo esclavizarlas de por vida.

  • Y tanto se te escapa, la realidad, que puedes llegar a ver…

    …aquello que no existe.

    Porque si dejas que algo o alguien, sea lo que eso sea, te vaya comiendo el coco, haciendo que veas/grabes cosas que no viste realmente, entonces tienes un problema (grande!) con el entramado neuronal, que se forma en tu cerebro. Vas a tener una sucesión de circuitos/archivos, donde se refugian eses elementos irreales, que te van a provocar alucinaciones de vez en cuando. Incluso haciendo que acabes por vivir en un mundo imaginario.En principio por la noche, luego durante el día (despierto). Y todo sin ver un puñetero filtro material puesto delante de tus ojos.

    Y el problema es que no vivirás un mundo imaginario infantil, como pasaba con el amigo imaginario, que tanta compañía te hacía. Aquel podías controlarlo. Ahora tendrás un imaginario adulto, viendo elementos que no existen, sean árboles que hablan o fantasmas que andan buscando almas que le hagan compañía. Como sucede con la Santa Compaña, que, dicen, camina por los bosques gallegos en busca de cristianos, que le ayuden a soportar su «mala» muerte.

    El bosque animado del «bueno» del Wenceslao Fernández Flórez, es un ejemplo de ese mundo no real al que nos podemos ver abocados, cuando rematamos por ver cosas que solo existen en nuestra mente.

    Entonces es cuando el mirar y el ver se han fusionado de tal forma que, como pasa con la personalidad múltiple, ya no podemos saber quien somos : si el que mira o el que ve, si el que piensa o el pensado. Un bonito dilema, ese de si eres tú o eres otro, del que hablaremos más adelante.