Categoría: ciencia

  • Todo tipo de instrumental…

    … por ejemplo, una cámara…

    .. que nos acerque lo mirado. Además de favorecer un encuadre y dejar constancia grabada, para revisar así lo que hemos fotografiado. Una forma de poder pensar mucho mejor en lo visto.

    Y una forma de aprender, aunque no lo parezca, a mirar la realidad con mucha más atención de la normal. Y desarrollar una buena capacidad, para ir observando como esta se divide en los planos de los que ya hablamos. De saber dónde indagar mejor, para ver aquellos detalles que nos pueden ser más interesantes de esa realidad.

    Una cámara de fotos, por ejemplo, viene a ser como establecer un cordón umbilical entre nosotros y la realidad. Nos acerca, nos introduce en aspectos que ni siquiera eran percibidos conscientemente. Como pasaba en aquella peli llamada Blow Up.

    De hecho suele ser muy típico notar matices de la cara de una persona, cuando un fotógrafo con chispa le trata de pillar ese momento en que se le descontrola algo su rigidez facial, cuando se relaja, y luego contemplamos un rostro que no suele ser posible ver muy a menudo. Y con él nos cuenta muchas más cosas.

    Sí, el arte de la fotografía enseña mucho sobre el arte de ver. Ayudando a diferenciarlo, además, del simple fenómeno visual de mirar.

  • E incluso usar un instrumental que…

    … nos ayude a observar con mayor calidad.

    Porque, para tomar medidas, y apreciar así mejor lo que vemos, es necesario poder aproximar nuestros ojos al objeto que estamos observando. Mirar lo más cerca posible aumenta la calidad de la imagen, que se graba en nuestro cerebro. Porque, recordemos que los ojos solo son la puerta de entrada, nuestra visión vive dentro de nuestro cerebro.

    Y nunca olvidemos que se trata de observar con atención a nosotros y a los otros. Y que los otros se observen con atención a ellos y a nosotros. Lógicamente no hablamos de observar insectos.

    Porque de nada vale observar a los demás, si no lo hicimos antes con nosotros. Más adelante reflexionaremos sobre el papel del espejo, para mirarnos con atención.

    Y viceversa, quien no se observó a sí mismo poco puede observarte a ti. Esta parte es lo típico del cotilleo, donde los que más cotillean, son los seres humanos que menos se han observado a sí mismos. Son los menos socráticos del universo.

    Y esta segunda parte (del cotilleo) es fundamental, sobre todo, cuando acudes a consultar con un psicólogo o (peor?) un psicoanalista.

  • Y por eso es mucho mejor,siempre,…

    … mirarse a uno mismo!!!

    Hay que empezar por ahí. Sobre todo, para evitar sobrevalorarse cara al futuro. Porque la primera lección que debió aprender Eva (la de la Biblia Abrahámica), es que, buscar el conocimiento, siempre tiene consecuencias. Mejores o peores, pero las tiene. Como, por ejemplo, que te castiguen por pillar una manzana sin permiso o descubrir que tu «pilila», no tiene tanto atributo dimensional como las de tus compañeros.

    ¿A qué cada vez se entiende mejor eso de saber diferenciar entre mirar y ver? Y, sobre todo, lo de observar con atención, para no llevarse sorpresas. Porque muchos solo ven lo que quieren ver, y luego resulta una buena diferencia entre lo previsto y los visto (si lo vemos como es debido). Y también lo de evitar emociones fuertes y pensar racionalmente en lo que vemos.

    Quizás sea ahora un buen momento (el pene es todo un totem), para introducir un concepto científico esencial en este problema de ver bien : tomar las medidas necesarias, para comprobar lo que se ha visto.

    Cuando hablamos de que el cerebro, nuestro cerebro, no nos puede engañar (si no «le dejamos»), ya nombramos el departamento social de «tomar medidas» en una gran empresa, bien organizada. Donde se deben calibrar los datos de un suministro, entrante o saliente, para evitar que los números nos den luego un bofetón en plena cara, o en la cuenta de resultados. Es la ROM empresarial.

    Ellos son los filtros necesarios, para evitar que veamos lo que luego no querremos haber visto. Una gran desgracia.

  • Y es que alucinar, alucinar…

    … sigue siendo muy fácil!!!

    Nuestras emociones nos impiden ver con claridad, nuestra ansiedad nos puede hacer ver cosas «raras» y, sobre todo, la toma de sustancias químicas nos permite alucinar por colores.

    Y no hay que ser un Lovecratf, ni un Huxley (Aldous), para llegar a ver cosas que nadie podría ver sin ayuda química. Ni siquiera un replicante de Blade Runner podría hablar, como hablaba él de Orion, de lo que se ve, cuando se toma un alucinógeno y se viaja por la excesiva lucidez de la irrealidad. Y resalto lo de excesiva lucidez, porque esa lucidez no existe, es solo apariencia de realidad. ¡Pura virtualidad!

    El problema de las sustancias químicas, que tomamos porque ayudan a ver… es como la ayuda que nos prestan los otros, los que están mirando lo mismo que nosotros.

    Ni las drogas ni los que dicen ser amigos pueden ayudar mucho en nuestra mirada, si no tenemos los filtros necesarios para seleccionar lo que nos dicen «que veamos». ¡Incluso antes de verlo!

    Porque nuestra mente no está sola, ante determinada realidad. Hay otras mentes que nos acompañan. Y más si, como dice el Descartes, acabamos por pensar en ellos y darle, así, una existencia propia. Tal como la nuestra.

  • Como ya dijimos algún día, incluso…

    … se puede «ver» lo que no existe realmente.

    Cuando hablamos del Bosque Animado, ya reflexionamos sobre esas imágenes que se forman en nuestro cerebro, pero que no tienen correspondencia real enfrente de nuestros ojos. Son imágenes virtuales que se han formado en nuestro cerebro ,a partir de diversas sensaciones de todo tipo, las que estamos viviendo y las que se vienen desde nuestra memoria, para completar huecos que nos resultan vitales. O nos parecen vitales , debido al estrés emocional que estamos a vivir en ese determinado momento de la observación.

    Es una falsa realidad que se puede «ver» estando simplemente dormido, o con algo tan simple como ponerse a mirar para cualquier parte de lo que tenemos enfrente. Sea real o no.

    Algo que podemos provocar fácilmente tomando sustancias químicas, naturales o artificiales, que nos ayudan a «viajar» sin moverse del sitio.

    Porque nada le gusta más a la mente humana, si la dejamos suelta, que viajar y viajar. Navegar por universos paralelos, que nos hagan sentir que vivimos otro tipo de experiencias más placenteras.

    Este tipo de experiencias viajeras, vienen a ser como cabalgar a lomos de un jaco, como ese filete que tanto apreciaba un tal Cifra, o como escuchar a tu influencer favorito, mientras te lame la oreja con su baba publicitaria. Todos te ofrecen un mundo mejor en el peor de los infiernos.

  • Porque estamos hablando de ver…

    … y de sus grandes dificultades.

    Porque ya vimos con el cubismo, que no solo es un problema de ir separando planos visualmente, sean pictóricos o cinematográficos, simplificando así los elementos que formarán la visión «casi definitiva». También se podían entremezclar eses planos, haciendo q ue la realidad tome unas formas más bien fantasmagóricas, casi indescifrables. O, como pasaba con la cara cubista picassiana, nos muestra los planos descontrolados y hace aparecer en primer plano algo que, realmente, está situado «por detrás». Es decir, que el pintor nos ponga en primer plano algo de un perfil, que ni siquiera se puede ver (el lado oculto de la cara), por estar tapado por el objeto que también ocupa ese primer plano (en una cara de perfil, la otra mitad de la cara, por ejemplo).

    Así que toca, como si fuéramos científicos, reorganizar el caos aparente, que tenemos delante, para que se imite lo más posible a la realidad que estamos mirando.

    Y esta tarea también tiene su arte. Y, como llevamos diciendo, su ciencia.

    ¿O aún no tenemos claro lo que tanto repetimos : ver lo que miramos es, generalmente, muy difícil?

    Casi tanto como mostrarle nuestro afecto a eso que estamos viendo, sobre todo en el caso de que sea un ser vivo animal (racional o irracional).

  • Caray, pero si tenemos…

    … algo llamado NEURONA!!!

    Ándale ya, ¿y qué será eso que llamamos neurona? Acaso es algún tipo de célula fundamental, para que funcione ese complejo mecanismo que llamamos cerebro. Que no es otra cosa, como se notaba en la imagen del otro día, que un conglomerado de circuitos neuronales, que se van construyendo poco a poco, en función de los conocimientos que vamos adquiriendo.

    ¡Y que se van fijando en ellos!

    Unas neuronas se unen a otras, formando ese circuito neuronal, que va a ser el archivo memorístico, donde guardar todos los datos que entran en el cerebro. Siempre bien organizados, para que puedan ser usados rápida y efizcamente, cuando se precisen en otro acto cerebral de conocimiento.

    Y REPETIMOS, nada que ver con el circuitado de una computadora electrónica, por muy siliconados que tenga sus chips y los circuitos que ellos pueden montar. También se pueden llamar redes neuronales, pero son tan parecidas al circuitado neuronal humano, como las cloacas romanas se parecen a los surcos urbanos medievales, por donde circulaban los restos de la mierda casera, con todos sus microbios a flor de piel, para ser depositados en la piel de los sufridos «burgueses» (pobres).

    Estamos POR AHORA a años luz del «cerebro» electrónico de una computadora. Realmente la comparación anterior es poco científica. Y eso aunque esté superactualizado durante el próximo siglo (por lo menos). No es un dios lo que nos separa de ellos, es nuestra capacidad de evolución en el proceso de pensar, que proviene de varios millones de ensayo y error, por parte de la naturaleza (sea lo que eso sea). Y aunque actualmente seamos demasiado mediocres, para ponernos como modelo adelantado en cualquier competición de PENSAR.

  • Pero no debemos correr demasiado…

    … porque aún nos queda mucho camino por hacer.

    Y no se trata de superar al amigo Ramón y Cajal. Quién metió sus ojos a fondo, para descubrir la propia existencia de este tipo de células cerebrales, tan tan especiales.

    Y sí, como la imagen indica, puede parecer un caos. Pero no lo es, porque todo puede irse mirando muy poco a poco. Aunque en la imagen veamos un simple hongo, algo formado por una serie de células, que están colocadas mucho más sencillamente y, sobre todo, no tienen ni una miaja de las capacidades operativas que tienen las neuronas.

    Porque esto, el aprender a ver, se parece más a una carrera de maratón, que una carrera de 100 metros lisos. En ella vamos a tener momentos muy difíciles, para aguantar el tipo «de vidente». Tendremos, a cambio, otros en los que nos maravillaremos de lo visto. Así, en altos y bajos, se nos va formando una capacidad de ver, que solo es aquella simiente que traíamos con nuestro ADN, pero muy reforzada, hecha una herramienta de primera, para ser llevada en nuestra mochila postadolescente.

    Y aún habrá muchas ocasiones para seguir madurando. Porque hasta la muerte seguimos aprendiendo. ¡Incluso yo, con mis 74 añitos! También yo sigo haciendo mi vuelta a Ítaca. Una Ítaca a la que volvemos todos, una vez nacidos.

    Pero todo camino para aprender, es decir adquirir conocimientos, se va retroalimentando por él mismo. Debe ser el único caso en el que no se cumple el segundo principio de la Termodinámica, aplicado a la producción de energía. O eso puede parecer. Nuestro cerebro produce más energía de la que consume. Puede ser una forma de ver como la entropía mental, escapa de las leyes determinantes de la Física, sea esta newtoniana o relativista. Y sí, todo esto es función de esa maravilla llamada neurona.

  • Y, ¿qué narices puede haber en «eso»…

    … que llamamos cerebro?

    ¿Muchas cosas? O pocas, porque va a depender del uso que le demos desde que nacemos. Porque usar, lo usamos, incluso, cuando aún estamos en el útero materno. O acaso ¿no interaccionamos con nuestra progenitora, desde que somos un «simple» embrión? ¿Ya no recordamos aquel desasosiego, del que hablamos hace tiempo?

    En el útero ya se nos forman las primeras impresiones/grabaciones, que vamos recogiendo del entorno uterino. En él interaccionamos con el cuerpo materno. Y no solo recibiendo comida y el tic tac de su corazón. También múltiples sensaciones indefinidas, que se transmiten desde el resto del cuerpo de mamá, hasta las profundidades uterinas. Incluido, como no, el posible desasosiego materno.

    Los primeros días el embrión xa está recogiendo datos del entorno. Ya se van formando los primeros circuitos neuronales, esas arrugas típicas de nuestra masa encefálica. Aunque sean tan «simples» como «sentir calor», como «sentir placer» o como «sentir cierto desasosiego» por ese «algo» que le está pasando a tu madre.

    Aún no podemos ver, pero ya tenemos que aprender a «leer» los datos recibidos. No son aún palabras ni imágenes visuales, pero se tienen que recoger en eso que va a ser tu memoria ROM/MOR, que se está desvirgando, en ese momento crucial en que te conviertes en un feto humano. Por ejemplo los sonidos del corazón materno y, por ejemplo, algún tipo de sensaciones táctiles. Incluida la mano de tu progenitor (o quien sea) que apoya su mano ( o el ecógrafo) en el vientre de tu madre.

    No lo olvides, esas sensaciones no visuales son las primeras que entran en tu cerebro «en formación». No las minusvalores , para lo que que te queda de vida.

  • Y qué decir de algo tan difuso, que…

    … ni planos definidos tiene!!!

    En algunas realidades no hay primer plano, ni plano de fondo… ni tampoco una panorámica más o menos definida. Entonces es cuando la realidad se muestra algo confusa. Como si estamos mirando un paisaje medio tapado por una densa neblina.

    ¿Cómo definir, por mucha atención que le pongamos, por mucho ánimo con el que lo miremos… lo que vienen a ser las posibles hojas de «delante» y la posible luna «del fondo»?

    Podemos reflexionar sobre los filtros necesarios, otra vez. O hablar del proceso básico de pasar recuerdos de la ROM/MOR a la RAM/MONR, pero aquí es ese proceso no pinta mucho. Porque, lo que podamos traer de la ROM no serán más que «sombras» parecidas a estas. Nada definitorio, para aclarar la visión. Necesitamos PENSAR algo más. ¡Eso que gusta muy poco hacer!

    Y por eso, este tipo de situaciones son las que nos llevan a estar «algo perdidos». Sea viendo una foto o la jodida realidad.

    No es fácil orientarse, cuando la bruma nos invade. Incluso con los ojos abiertos, todo se vuelve brumoso en el interior de nuestra mente.