
Y ahora volvemos al eterno problema, como si fuera un eterno retorno… pero en clave de la Grecia Clásica. Heráclito y Parménides, los dos antagonistas que nos intentó vender la escolástica aristotélica… un Aristóteles, que no supo ver como su paso de potencia a acto , para definir el movimiento, era la combinación perfecta del fluir (del ser) heraclitiano con la permanencia(del ser) parmediana… pero ya sabemos que el ego de un creador siempre será tan grande como su fama.
Lo que nos lleva al meollo del proceso de cambio en el ser/yo de una persona : ¿Cómo evoluciona?, ¿Quién determina en mayor grado esa evolución? Y, lo más importante, ¿Cuál puede ser mi papel en ese proceso de cambio?
Tomemos un ejemplo típico, como la cría humana rarita de un barrio periférico o de una aula de instituto… una cría infantil o preadolescente, que no sabe que le pasa, pero nota que todos le miran de una forma especial… de tal manera que lo acaban haciendo diferente.
En ese proceso de construcción de un yo, para el ser humano, que estamos analizando (sociogenéticamente), ¿qué tipo de elementos intervienen?… A qué le llamamos sociogén, positivo o negativo, y por qué es tan importante a la hora de determinar una conducta de esta cría, a la que tacharon, desde hace un tiempo, como diferente.








