Categoría: arte

  • La realidad es como el cine…

    … o es el cine como la realidad.

    Pero dejemos la estructura de la materia para otro momento. Porque en ese territorio no llegan los ojos del ser humano, y se necesitan mucho esfuerzo neuronal para solo acercarse un poco a «ver algo que es posible». Incluso un instrumental muy complejo (y caro).

    Volvamos a nuestro ecosistema visible, lo que se suele llamar el entorno próximo. Donde vivimos.

    En la imagen intentamos resumir el problema de los «planos de visión». Usando un cacho de realidad macroscópica, llamada playa de Benidorm.

    Un primer plano. Un plano medio, o más bien, varios. Y finalmente un plano de fondo.

    Si tenemos buena vista (ya hablaremos de «ver» con otros sentidos), toca esforzarse por observar lo que se pueda observar en cada uno de los planos. Tanto lo que sea real, como aquello que nos parece real, aunque pueda ser solo una engañosa apariencia. Algo así com acercarse a una persona, para intentar ver todas las capas (Shrek) que la forman.

  • Empecemos porque no todo lo que necesitamos ver…

    … estará visible en un primer plano!!!

    No podremos verlo con facilidad. Para eso ya dijimos que era muy necesario el esfuerzo de pensar. No llega con estar animado y poner mucha atención a lo que se mira. Y ¿por qué tanto esfuerzo para pensar correctamente? Porque así llegamos al meollo de la cuestión mirar/ver (la diversidad): ¿acaso todos los aspectos que forman la realidad que miramos, están «a simple vista», son explícitos? Es decir, ¿serán tan tan «visibles», que en una primera mirada ya veremos todo lo que tenemos delante? Queramos verlo o no. Acordémonos de las flores. Lo mucho que podían ocultar en una primera visión. Se puede decir que, sin revisión, no veremos casi nada. Y sin pensar en lo que vemos, de nada vale el filtro que usemos para velo. Es un mero instrumeento que ayuad a ver, pero no construye lo que debemos ver. Necesitamos pensar en esa visión. Necesitamos, como no, usar la ROM/MOR. Y el sistema operativo de pensar, que no solo llega con operar la memoria, para recordar la información que está relacionado con lo que miramos. ¡Hay que trabajarla!

    Dicho de otra forma, la flor no existe hasta que nosotros la pensamos. Como no existirá todo lo que ella esconde, si no somos capaces de pensar en ello, una vez que lo visualizamos. Eso es precisamente PERCIBIR lo que miramos. Es decir, hacemos en ese preciso momento que, eso que vemos, EXISTA. Y, por eso, para ver, no solo llega con tener curiosidad, es precisa una buena observación (gran dosis de atención), para que nos permita desentrañar la maraña icónica de eso que estamos «viendo».

    Y ahí vuelve el pensar, en nosotros y en la flor, por ejemplo, para que la observación dé como resultado una serie de datos que podemos fijar en un circuito neuronal. El archivo dentro de la ROM/MOR. Donde organizaremos esa información, para que sea usada de forma eficiente, en una nueva extracción.

    Y no olvidemos nunca, que necesitamos pensar en otro ser humano, y que él nos piense a nosotros. Para que así, realmente podamos hablar de nuestra posible existencia. De modo que al final, esto de ver lo que miramos tiene mucha más miga de lo que podíamos pensar en un principio (cuando se mira poco, se ve peor y, casi nunca, se piensa en lo que se ve).

    También lo «vimos» con la rosa humana iraní, siempre hay más de lo que vemos «a primera» vista»… porque ella muestra la belleza(sea lo que eso sea) robada por el poder religioso, entre otras cosas. Y, como no, con el muro argentino de una entrada anterior.¿ Cuánto nos puede quedar sin ver, si no observamos con profunda atención lo que estamos viendo?… siempre más allá del primero, e, incluso, del segundo plano… La pregunta correcta siempre será : ¿Qué hay más allá?

  • Porque no siempre, lo que podemos ver,…

    … está demasiado explícito!!!

    Y. ¿por qué es tan tan tan importante el lenguaje humano? Vemos cuando miramos, pero si no miramos no vemos. ¿Qué podemos hacer cuando vemos? Y no es un simple juego de palabras. Porque al ver la cara de la rapaza iraní, no era tan fácil ver todo aquello que nos mostraba su imagen. Hay muchos datos ocultos para una primera lectura (de la imagen). Incluso para una segunda. Y puede que hasta una tercera (más profunda ) lectura. El material preciso, para eses niveles de lectura, a partir de los ojos, es mucho más complejo y difícil de obtener. Tendremos que recurrir a buscar datos en la ROM/MOR, y eso precisa de estén muy bien organizada. Parecerá que somos muy pesados con la «pérdida de la adolescencia», pero estamos ahora hablando de lo mucho que se pierde, al no llenar la mochila con todo lo necesario.

    Tratar de observar con cierta profundidaad (de visión), para que no se nos escapen algunos significados importantes de lo que estamos mirando. Porque de «eso» precisamente iba toda la parafernalia reflexiva anterior. Especialmente en ese falso resumen de «las flores». Puede que aún no percibiéramos todo lo que había de muros filtrantes, con ese especial de flores a tope. Sobre todo incluida la última «flor», un maravilloso «ejemplar» iraní. Y lo siento mucho si alguien se ofende por llamar rosa maravillosa a una adolescente. Y más si se «ve» como un acto machista (yo soy macho). Porque realmente es un acto que va de aprender a leer la imagen, aunque esta sea una simple y bella flor. O, cuidadito, siendo la más fea flor que imaginarnos podamos. Ya hablaremos de si existe o no existe ese concepto de Belleza, que tanto, tanto, le comía el coco al amigo Sócrates.

    Lo importante es que para leer, lo que sea, limpia y llanamente se necesita PENSAR.

    Será necesario pensar, para comprobar si vemos lo que miramos… y, sobre todo, si lo que vemos nos interesa (para seguir observando)… de tal forma que, si no interesa, lo podemos descartar…

    Y siguiendo con el juego de palabras de la imagen (¡estos «argentinos»!), podemos ser cartesianos para captar la importancia que tiene el concepto de que exista lo que vemos… sea una letra, un objeto o todo un ser humano… o llegue a suceder que no exista? Porque, si llega a existir lo que vemos, será porqué lo hemos pensado. O, por lo menos es que nos hemos fijado en ese ser y lo hemos metido en alguna parte del cerebro, para dar fe de su existencia. Y pasará lo mismo con nuestra propia existencia. Sabemos que existimos nosotros, cuando, al modo Descartes (ver la página dedicada a él, con su falsa dualidad), nos ponemos a pensar en nosotros mismos.

  • Porque, no lo olvidemos, hay demasiados muros, …

    … que hacen ver lo que no existe.

    Porque al intentar atravesarlos son capaces de trasladarnos hasta un mundo que nos supera. Tan lleno de horrores inimaginables, para un ser humano, que nos van a dejar no solo exhaustos, sino realmente muy perdidos mentalmente.

    No sabremos ver por dónde va la senda que estamos recorriendo. Incluso podemos perder de vista el motivo de nuestra marcha.

    Y en este aspecto de perdidos y aterrorizados, nos igualamos con todos los seres humanos que llegan a un muro invisible («para ellos»). Sea visual, auditivo, táctil, oloroso o sabroso. Como decíamos «ayer», no solo los humanos videntes sufren la aparición de muros «invisibles», en relación al sentido o sentidos que le faltan.

    igual que decimos que las imágenes se leen, hay que decir que todos los problemas de los sentidos se pueden resumir en el de la vista. Simplemente por se el más frecuente, y porque, sobre todo, la mente receptora de los sentidos está ubicada en un recipiente único y multiconectado : el cerebro.

    La esencia del problema, para cualquier sentido, repito, es que lo que no existe fuera puede muy bien «existir dentro». Pero sobre esto ya volveremos, una vez que crucemos el río del pensamiento. Algo tocamos el pensamiento emocional, ahora toca pasar, una vez presentada la importancia del lenguaje, por el pensamiento racional.

  • Porque, si te FIJAS bien, puedes VER…

    … cuerpos humanos abandonados.

    Y entonces ya no entra solo la memoria visual a trabajar. Hay otras cosas en tu memoria que se van a levantar sin permiso, de sus cómodas camas. Y hacer de tu espacio mental un campo de batalla.

    Es entonces cuando decimos que entran las emociones a remover esos cuerpos de tal forma, que se hacen como electrones en busca de cualquiera parte donde perderse (de tu vista). ¡Pero no «se pierden»!

    Hay que fijarse (atención) y hay que tranquilizarse (mínima emoción), para tener una buena visión de la realidad. ¿A qué ahora ya no parece tan simple esa diferencia básica entre mirar y ver?

    Pero ya no estamos en ese paso, diferenciar entre mirar y ver, vamoso avanzando : ahora hablaremos de las diversas formas de ver.

    De dejar las emociones, por ejemplo, para cuando hayamos visto lo esencial de la realidad que estamos mirando. Por ese motivo, un policía no se puede involucrar en una investigación donde se halle emocionalmente unido a una víctima. No podrá ser objetivo.

    Y ya hemos hablado de filtros lo suficiente, como para entender que un filtro emocional, mientras observamos la realidad es todo menos conveniente. Es un muro filtro contra el que se va a estrellar nuestra inteligencia racional, porque todo el campo de visión lo tendrá controlado la inteligencia emocional. Y eso no es ver, es, como en los sueños, alucinar.

  • Por lo cual solo queda una cosa por hacer…

    … fijar al máximo tu ATENCIÓN.

    Y volvemos así, al santa santorum del aprendizaje: sin atención no se aprende. Pero «prestar atención» requiere, básicamente, cierta frialdad en el mirar.

    Sin la necesaria atención a todos los recovecos de esa realidad que observamos, poco podemos ver. De nada vale usar maravillosos filtros o tener una memoria de caballo. Lo observado quedará cojo en definición, porque nos faltarán piezas del puzzle visual. O las tendremos en perpetuo movimiento, por la presión emocional que nos invade. Tendremos la pieza en la mano, pero nos será imposible «colocarla» en su sitio.

    Debiéramos ver que la gran complejidad de un acto que parece nimio, requiere que lo tomemos en serio, muy en serio. Eso de mirar «la pantalla», como si estuviéramos de paso, no vale ni para ver ni para jugar aun videojuego con cierta posibilidad de ganar.

    Y por eso el gran fracaso de la llamada enseñanza educativa, aunque realmente es domesticadora, es debido a la falta de atención del alumnado. Unido a la incapacidad para hacer fijar esa atención por parte del profesorado. Quien, como mal profesional, no es capaz de poner siquiera su atención en el alumnado que tiene delante. ¡Sobre todo en su divergente diversidad!

    Viene a ser como conseguir la atención de un caballo, para que te preste la necesaria atención, que puede dar lugar a que te ganes esa confianza que debe tener contigo. Solo entonces puedes domar al caballo salvaje. Y eso es lo que permite «domar» al alumnado de un aula. Pero con la diferencia, la gran diferencia, de que al humano se le tiene que dar confianza constantemente (no engañarlo… en eso es como el caballo), porque la desconfianza de la cría humana va a ser gigantesca. No llega con ese momento crucial en que vences el instinto de libertad que tiene un caballo. El ADN humano es mucho más resistente y profundo. SU ansia de libertad te la tienes que ganar en el día a día, minuto a minuto. Y, sobre todo, argumentando cada vez mejor lo que quieras que haga esa cría humana. El instinto del caballo lo deja ya atrapado, una vez ganado. La inteligencia del humano, su ADN, le impide quedar atrapado al 100%. Puede quedar lisiado el cuerpo, pero nunca prisionera la mente.

  • Pero con el agravante, de que el cuerpo a ver…

    … se mueve al azar constantemente.

    Es como si nuestro Wally se fuera moviendo por la imagen, entre otros wallys que resultan (a primera vista) indistinguibles. Y no quiere decir que la seca hoja del castaño, o la espina traidora del cactus, ya no digamos el pobre Wally perdido… enloquezcan en modo browniano, y le entre una especie de baile de San Vito. No. Estamos hablando de un movimiento más bien estático, en lo visual (ojos), pero muy dinámico en lo mental (neuronas), debido precisamente a esa carga emocional que no nos deja observar con atención. Esa atención que es fundamental para poder ver lo que miramos.

    Ni la hoja, ni la espina, ni Wally se cambian de sitio en la realidad que conforman. Pero su reproducción mental (la película que se está grabando en nuestro cerebro) si que se va formando a partir de una serie de partículas visuales, que se van trasladando a la velocidad de la luz, entre las diversas neuronas, que van a formar el circuito/archivo mental. Y un archivo que puede recoger muchos más detalles adjuntos a la imagen, que los que realmente se hallan incrustados en la realidad que estamos mirando. Es como si «nacieran» elementos visuales, que no están en la escena real que estamos viendo. O no son tal como «los grabamos».

    Ya hablamos de las emociones, pero también actúan todos los elementos difuminantes que existen en la realidad que estamos mirando. Ya sin contar la gran cantidad de despistadores datos, que vienen de la memoria ROM/MOR, están los datos poco fiables que rodean la parte de la imagen «oculta» (en principio). Esos que velarán parte de la realidad mirada y nos dificultan introducir nuestra «mirada cerebral», dentro del entramado de tanta paja y poco grano, que forman la realidad observada.

    Viene a ser como cuando queremos observar un objeto que se halla rodeado de neones (luces chispeantes) y demás tribu disipadora visual. Nos cuesta una barbaridad distinguir alguna línea real, entre tanto rayo virtual. Excesivamente coloridos y llamativos. Hasta deslumbrantes y nocivos.

    Así que no es nada fácil, incluso la parte de la realidad observada puede estar totalmente estática. Pero nuestra mente va mirando a cien por hora, especialmente si no somos policías muy avezados, o estamos involucrados emocionalmente en aquello que miramos tan fijamente.

    Viene a ser algo así como «ver en movimiento». Algo que las cámaras de fotos solo pudieron lograr, una vez que fueron electrónicas.

  • En cierto modo, viene a ser como encontrar al mismo Wally…

    … en su característica multitud.

    Pero con la peculiaridad de que todos los integrantes de la imagen son wallys. Es decir, muy parecidos a Wally. Porque ya sabemos que nos hay dos humanos iguales, ni siquiera siendo clones, pero a primera vista nos lo puede parecer…

    Un poco como al hablar de que un primer plano (o una gran panorámica) nos impide centrar la vista en aspectos muy concretos de esa realidad que estamos observando. Y, otra vez, la emoción de ver a nuestro hijo, por ejemplo, nos impide observar con calma el escenario, para buscar otros matices, de la escena de teatro real que estamos viendo.

    Entonces llega la gran ocasión.. y tenemos que ver a Wally, en la multitud. Pero resulta que todos se parecen a Wally… ¿Cómo resolver ese problema?

    ¿Cómo diferenciamos a Wally de aquellos que se le parecen? ¿Qué preguntas nos podemos hacer, o le podemos hacer a él (aunque no conteste), para diferenciarlo de sus «parecidos»?

    Por fin podemos asumir la gran diferencia entre mirar para un grupo de rosas, o intentar ver sus posibles (seguras!) diferencias?

  • Es casi lo mismo que buscar en un cactus…

    … una espina concreta.

    Todas las espinas parecen iguales. Como todo el alumnado parece igual de reacio a que interactúes con él. Y por ese motivo andamos dándole tantas vueltas al buen uso del cerebro en acción de ver. Porque, como en el tocar, oir, oler o saborear, hay mucho de arte.

    Porque la imagen global viene ser la combinación de los diferentes elementos (datos) que la componen. Así que logrando ver todas sus espinas, prácticamente tenemos al cactus completo. Aunque, en principio, no le veamos sus flores.

    E igual pasa cuando observamos el «cactus» que forma el alumnado sentado en un aula escolar. Tenemos que aprender a individualizarlos.

    Porque el proceso de VER, empieza por encontrar ese primer elemento de la imagen, que nos va a permitir ir poco a poco, o muy rápidamente, para encontrar el resto del conjunto visual.

    Y hablando del aula escolar, tenemos que buscar ese primer alumno que nos mira y atiende, para mirarlo y atenderlo nosotros, ya que él será el camino para «ir viendo» a todos los demás. Pero con eso, ya entramos en el arte de la comunicación. Es decir, a dónde nos lleva el acto de ver. Pero eso tendrá su espacio tiempo de reflexión posterior.

  • Todo «eso» (de las emociones)hace muy complejo el proceso…

    … de ver bien lo que se mira.

    Hay que aprender a mirar, para aprender a ver. Desde que nacemos y se abren los ojos, es preciso estar atentos a todo lo que nos rodea. Y no solo a mamá, por muy esencial que sea en eses momentos.

    Y por eso, «bendita curiosidad». Sin ella el proceso imprescindible de aprendizaje sería algo imposible. Necesitamos sentir curiosidad por algo, para que ese algo se haga objeto de nuestra mirada y posterior visión.

    Por ese motivo fracasa mucho profesorado. Porque no son conscientes (no quieren?) de que, mientras no consigan la atención de su alumnado, todo lo demás sobra.

    Lo primero e imprescindible, en la interacción con el alumnado, es derribar el muro de desconfianza que trae adherido la cría humana, cuando se le pone delante la autoridad de un profe. Y si este es autoritario, por mínimo que sea, entonces el muro será impenetrable. No se podrá ver nada detrás de él. Y, lo que es mucho peor, el adulto docente, ni cuenta se dará del muro que acaba de construir.

    En ese caso «de muro en el aula», el acto educativo ni empezar puede. Las emociones positivas que deben intervenir en él, están completamente frenadas. Y derivan en emociones básicamente negativas («no me quiere atender»…).