Categoría: arte

  • Pero… ¿Tan fácil es….

    … «comernos el coco»?

    Los malísimos alemanes (y eran bastante cabrones, desde luego) nos perseguían por el campo de batalla… y así dormíamos con la pesadilla de que éramos un soldado aliado a punto de ser masacrado.

    Pero nunca aparecían los generales, de uno y otro bando, que decidían las guerras y vivían tranquilos en sus despachos. Como mucho tenían la foto de algún tanque (propio), colgada en la pared.

    Y nunca aparecía el pueblo alemán, sufriendo la guerra, porque se suponía que todo él había cogido un arma para defender a su nefasto Führer.

    No había colores en Alemania, todo era negro, o blanco cuando sus soldados pisaban la nieve. Nunca se explicitaban los matices existentes, humanos, como los que se dan realmente en un campo de batalla. Era parte del relato que nos querían contar.

    Y eso que el franquismo seguía siendo admirador confeso, luego clandestino, de poder nazi. Pero seguro que la CIA ya andaba algo metida en el mundo editorial del tebeo español. ¿O no?

  • Pero… ¿Cómo llegamos a ver lo que…

    … quieren que veamos?

    Y que, amablemente (en principio), «los otros» se empeñan en que veamos!!!

    Poniendo además todos los filtros (suyos) posibles, para que solo veamos lo que quieren que veamos.

    ¿Qué papel juegan, por ejemplo, los tebeos, también llamados cómics a nivel internacional?

    ¿Por qué usan nuestra etapa como crías humanas, sobre todo la infantil, tan proclive a buscar amigos imaginarios, para comernos el coco con un montón de normas sociales? Normas disfrazadas, que nos las hacen tragar, como inofensivas aventuras de los grandes héroes clásicos. Y si no valen los clásicos, se fabrican héroes modernos «ad hoc».

    ¿Por qué el cristiano (falso) guerrero del antifaz, podía siempre con todos los musulmanes/árabes que se cruzaban en su santo camino, y que, además, siempre hacían de malos? Sería una buena pregunta que, entonces, nunca nos hacíamos los que devorábamos tebeos.

  • Pongamos un ejemplo muy sencillo :

    … el clásico juego «de las casitas».

    En este juego no hay violencia explícita. Si obviamos la relación de poder que se establece entre los que van a comer y los que van a servir , que, seguro, comen mucho mucho peor (como mínimo). Pero es un ejemplo clásico de injertar un adn social sin que nos demos cuenta.

    Porque sí, ese tipo de mensajes implícitos, también los podemos ver en la imagen. Siempre que seamos capaces de superponer información sacada de nuestra ROM/MOR, en el momento de observar la mesa «tan bien puesta». Aunque quizás nos cueste algo ver esa cantidad de normas sociales que están incluidas en esta colocación determinada (socialmente) de una mesa de mucha categoría. Porque las mesas de los pobres no tienen tantas reglas de educación/domesticación social, como sí tiene este tipo de mesa aristocrática. Y si no, que se lo digan a madame Pompadour, cuando no entendía el motivo tan razonable de sus súbditos, al iniciar la Revolución Francesa. Pero, ¿qué les hemos hecho decía, camino de la guillotina?

    Y es que nos debemos preguntar viendo la mesa, ¿qué gen social tienen «las del servicio» (o los, les), para que sepan perfectamente como colocar la mesa? ¿Qué normas tuvieron que aprender (y cómo), para ser un servicio admirado por «sus» señores, aunque despreciado y oprimido como seres humanos?

    Todo el colectivo que forma el llamado «servicio para esa mesa», tiene en su cerebro un adn social negativo, que se le fue metiendo poco a poco en el cerebro (injertos sucesivos), mientras se preparaban para ser la clase obrera de los aristócratas o burgueses, que se van a sentar precisamente a esa mesa. Ni más ni menos.

    En vez de ayudarles a mejorar la capacidades naturales de su ADN, se le fueron quitando (cubriendo, mejor dicho), para injertar las nuevas capacidades artificiales. Las que están ligadas, bien soldadas, a esas normas sociales, que forman la «buena educación para un banquete real (o simples burgueses, ansiosos de ser tratados aristocráticamente). En otro lugar le llamamos buenos modales, para ser un adolescente «educado».

  • También están los magos, y los chamanes…

    … e incluso el amigote del bar.

    Porque no hay solo espejos, para mirarse como somos, para tratar de vernos lo más real posible. Hay muchos mecanismos, dispuestos a lo largo y ancho del ecosistema, para que nos podamos ver «mejor». Lo que no quiere decir que nos veamos como somos en realidad. Porque todo espejo social va a devolvernos una imagen desfigurada, en un sentido u otro, de nosotros mismos.

    Ya, al hablar de los «influencers», debiera quedar claro que , cuando metemos en un enorme colectivo a sacerdotes, chamanes y adivinos, amigos del bar y, desde luego, políticos, es decir, todo tipo de charlatanes de feria o parlamento, es porque todos son lo que, en algún momento hemos llamado «vendedores de lavadoras». Un tipo de humanos que no se necesitan para sobrevivir en este infierno, al que llamamos ecosistema terrestre, tal como lo hemos puesto los seres humanos. Al revés, son tremendamente perjudiciales para sobrevivir como especie. Incluso lo tienen peliagudo otras muchas especies de seres vivos.

    ¡Pero llamadme pesimista!

    Nunca me llaméis apocalíptico… eso queda para los religiosos, sobre todo si son fanáticos. Si nos extinguimos como los dinosaurios no hay nada de apocalíptico en ello, solo es la evolución natural. Eso sí, con ciertas regresiones imprevistas. Dudo que la naturaleza tuviera en sus planes nuestra temprana extinción. Tanto trabajo de diseño, ¿para qué?

    Porque no será un Sauron cualquiera quien nos haga desaparecer, seremos nosotros mismos, esta mediocre versión de homo sapiens, los que nos llevaremos a esa extinción no planificada. Si no hay un cambio de rumbo social, realmente potente. Y además aquí no tendremos ni un Gandalf ni elfos, que nos saquen las castañas del fuego.

  • Y no, no llega con…

    … parecer libre.

    La apariencias engañan. Y por más que lo repitamos, seguiremos creyendo que mirar y ver es lo mismo. O que no necesitamos poner atención, cuidar nuestras emociones y, sobre todo, pensar (mucho) en que parece ser lo que estamos viendo.

    Porque no hay que ser Segismundo (La vida es sueño), para confundir la realidad con la ficción, o con los propios sueños. Y mucho peor, si son los sueños de los demás. Especialmente de los opresores, no de los oprimidos.

    También lo decía otro genio (Goya), al denunciar que el sueño de la razón produce monstruos. Cuando la razón duerme, entonces los malos sueños se pueden apoderar de nosotros. Y la adicción actual por el tatuaje puede reproducir un mundo tan disfrazado, que resulta imposible dejar el carnaval veneciano, una vez iniciado.

    Y sí, despotrico contra el exceso de tatuajes corporales, porque en una civilización tribal tenían mucho más sentido que en una civilización neotribal, como la actual, pero que no quiere reconocer su profundo tribalismo.

    Como dijimos con los ácratas de salón (o de sótano barriobajero), no llega con decirse liberado, para ser un auténtico Espartaco. La liberación real cuesta tanto, que suele acabar antes con la vida del que lucha por ella. Como le pasó a él. También ahí se nota nuestra insana mediocridad, como seres humanos. Porque, antes de morir libres, preferimos vivir con un poquito de libertad. ¡Y eso no viene escrito en nuestro ADN!

  • Aunque a veces nos diga cosas que…

    … no queremos oir.

    Y para eso están los buenos filtros. Sean de Instagram… o de la cariñosa abuelita, que parece no poder mentir. Salvo cuando a la cabecera de la cuna le dice a su nieta «pero que guapa eres», aunque no se pueda notar ni por asomo , lo que dará de sí la posible belleza de la nieta. Pero las abuelitas están para eso… para empezar el injerto del adn social positivo o negativo… generalmente negativo.

    Y no entremos por ahora en si se puede ver o no eso, que, desde Sócrates, llamamos belleza.

    Ni en la idea peregrina que una abuela puede tener sobre la belleza, sobre todo si está estancada en la idea de belleza «de su tiempo».

    Porque, ya lo dijimos muchas veces, la tradición es una cadena que nos ata al pasado y que nos impide avanzar. Y resulta que un espejo es algo estático, que no puede más que reflejar lo que hay. No se puede inventar el futuro.

    Y si no, que se lo digan al espejo mágico dela madrastra de Blancanieves, que, cuando le dijo la verdad, fue destrozado por la madrastra, al no querer esta reconocer esa evidencia : Blancanieves era ya la más bella. Y Blancanieves viene a ser una metáfora de la adolescencia regeneradora (por ADN), que tanto necesita la sociedad adulta, para seguir avanzando. Los adultos anquilosados tienen que ser remozados.

  • Y, ¿qué puede ser eso del…

    … adn social negativo?

    Llegamos aun punto en este recorrido virtual (blog), donde se necesita aportar algún dato y opinión, sobre el proceso de mirar y ver, que conlleve algo más de sentido científico que el desarrollado hasta ahora.

    De hecho es necesario, para que no quede todo en una mera aproximación «de amigos» a algo tan grave, como es el proceso de manipulación mental que la SAD ejerce sobre las crías humanas.

    Nada que ver, este tipo de manipulación mental, con algo tan simple como el llamado lavado de cerebro. Que es una mera lavativa con detergente ideológico, para cambiar tu forma de pensar, una vez que el opresor, sea quien sea, ha tomado el poder. Algo así como un simple enema mental.Y que suele reducirse a un cursillo, más o menos intenso (con tortura incluida), de uno o dos añitos, para luego salir a disfrutar de la nueva ideología.

    Aquí hablamos de algo que funciona, de forma mucho más intensa y profunda, y, sobre todo, antes incluso de que la cría humana entre en una fase de «usar su cerebro» para pensar. Y, muy importante, no después de conocer otra ideología liberadora, sino, antes de tener ningún tipo de ideología. ¡Recién nacido!

    Qué tal un poco de sociogenética?

  • Y de nada vale que…

    … nos tapemos bien los ojos…

    … porque seguiremos viendo lo que no queremos. Lucy está ahí. Y todos los parientes que fue desparramando por el planeta, también están ahí. En nuestro actual ADN.

    Aunque no nos guste, tuvimos antecesores peludos, incluso negros, con un ansia caníbal de aquí a mañana… que rompían cráneos de otros homínidos, para robarle las charcas comunitarias (como en 2001…)… en fin, todas las características que formaron un ser vivo antes de llegar a este ser humano actual. Y que la naturaleza (sea lo que eso sea) no consiguió borrar de la carta universal de los defectos (y virtudes) del ser humano : su ADN.

    Porque la naturaleza haría un trabajo de selección lo mejor posible. Solo «quería» escoger mutaciones del ser vivo que evoluciona, que sean positivas para su especie. Pero la naturaleza , aunque no sea la versión mediocre actual del homo sapiens, no lo puede todo. Por ejemplo, impedir que algo negativo se le cuele en su ADN.

    Si a Yahvé se le coló una indisciplinada Eva, ¿cómo a la naturaleza (sea lo que eso sea), que no es todopoderosa (solo muy hormiguita), no se le va a escapar alguna mutación negativa? La evolución es un complejo proceso de ensayo y error, no tiene un 100 % de eficiencia. El 100 % es un tope ideal, un límite (en la vida) que, por definición es inalcanzable. Como todo límite matemático. Y el ADN, por supuesto, no es un ente virtual.

    Se trata de mejorar la eficiencia del sistema de selección, para que cada vez los nuevos seres vivos que aparezcan sean la mejor versión posible. Y eso el león no lo sabe, no tiene porque saberlo. Pero el ser humano sí. Y, por eso, necesita combinar lo bueno que trae en su ADN, con lo bueno que puede recoger del ambiente de su ecosistema. Eso es el adn social positivo.

  • Porque el problema es que hay demasiadas mentes alrededor,…

    … que quieren entrar en la nuestra.

    Y tantas que no las podremos contar. Y todas con sus propias alucinaciones. O visiones correctas de la realidad, según ellos. Pero, lo más importante, casi todas pueden ser «invisibles» para nuestra propia mente. Aunque su influencia en lo que nosotros vamos a ver pueda hacerse notar, y mucho. El fenómeno actual del influencer internauta no es nada nuevo, ya existía desde la antigüedad más clásica. En Grecia y Roma se seguía, en cierto grado, lo que decían «los entendidos». Los filósofos, para el saber. Y siempre, a los políticos que tenían el poder. De hecho todos fuimos algo socráticos o algo aristotélicos. Y siempre amantes de seguir al poder. Y aún mucha gente lo sigue siendo.

    Y ASÍ nos seguimos comportando. Aunque el supuesto homo sapiens que presume de «entendido/entendedor», sea uno de los mayores ignorantes posibles. Es la ley del «influencer», también llamado gurú. Primero se hace con el poder de influir, y luego influye. Es la clásica dinámica del poder.

    ¿Qué tal si hablamos de la importancia del pensamiento emocional, a la hora de ver lo que miramo? O aún peor, el pensamiento considerado falsamente racional, que nos puede llevar a pensar que lo visto es la realidad, incluso sin que tengamos datos suficientes. Aunque todo sea una mera asunción de lo que nos dicen que debemos ver. Aquello que decíamos hace tiempo, cuando hablamos de que el cerebro necesita departamentos para analizar las medidas y otros factores que nos dirán si son de fiar los datos que nos entran. Son los «famosos» filtros propios.

    Así que toca entrar en un apartado de estas reflexiones blogueras, donde «veremos» que la influencia externa a nosotros es mucho más importante de lo que solemos pensar.

    Porque no es un mero asunto de planos, o de poner atención, de sentir curiosidad… incluso de tener una ROM/MOR bien organizada. El probelma centaral e sque hay muchas mentes pensando por nosotros. O , lo que es lo mismo, diseñando nuestros pensamientos y, para colmo, hacernos creer que son propios. Y, para más inri, los más importantes inductores no son los que pululan por la colmena llamada playa. O el estadio de fútbol, el gran mercado o la megasuperficie comercial. Ellos suelen ser abejas obreras como nosotros.

  • Y, ¿qué tenemos guardado en…

    … nuestra ROM/MOR particular?

    Una imagen icónica de la protesta (política)… que también podía representar la imagen típica de la conciencia. Una especie de diosa griega, que represente la toma de conciencia que realiza nuestra mente humana, cuando decide luchar por una causa, que considera de vital importancia. Sea política global, como el caso de Jane Fonda, o simplemente por los derechos del fumador, que se siente acosado por las leyes antitabaco.

    Esa conciencia, que tenemos en nuestra ROM/MOR, construida en base a pensamientos/ideas de todo tipo, en relación con un determinado tema. La libertad para los oprimidos, por ejemplo, aunque esos sean los privilegiados fumadores, gente que se puede pagar un claro «vicio» (a partir del siglo XX).

    Es esa imagen que nos acompaña, como un amigo imaginario, desde que algún día la vimos en un sitio, fuera un periódico o revista, una película o un libro de historia. O, como le pasó al Andrés del otro día, en una Enciclopedia Escolar española de 1936.

    Esa imagen, como otras muchas, forma parte del imaginario colectivo. Una biblioteca de imágenes y datos, que inundan las mentes de la especie humana. Quedando más o menoso fijadas en función de la importancia que le hayamos dado, en su momento : por activa, admirándolas, o por pasiva, odiándolas.

    Así que hemos topado, cual Quijote y Sancho, con una parte de la «iglesia» (seglar)que controla buena parte de nuestra mente. Que nos hace creer que muchas cosas que tenemos metidas en ella, son producto de nuestra maduración psicológica, natural y libre, cuando realmente son norma sociales que nos han ido injertando, desde que nuestra abuelita nos dijo, en la cuna, lo guapo o guapa que éramos. Y si ya era una abuelita ultra moderna, nos pudo decir «guape», para que nos creamos, empecemos a creer, que así vamos a ser más naturales y libres, que los «os» y las «as».