Y además SEGUIMOS madurando…

Y cuánto más maduramos, por algo somos humanos, más notamos las diferencias. Porque notaremos nuestras ansias de libertad, que crecen al ir madurando, y chocarán de frente con la forma de vivir de un robot. Que no las tiene y, por lo tanto, no las puede entender. Da igual lo que tenga en su ROM sobre la libertad, es inútil… porque no puede sentirla. Toda posible conexión afectiva y racional, establecida hasta ahora, se va diluyendo al comprobar las enormes diferencias entre mamá robot y su cría humana.

Y ya no digamos en el cambio crucial de la adolescencia. Si nos parece abismal, en ese momento de explosión, la diferencia entre nuestros padres humanos y nosotros, ¿qué se puede esperar de la relación entre una mamá robot y su cría humana adolescente?

Solo si han conseguido robotizarte un poco, se podría pensar en un cierto arraigo afectivo con la robot… pero ¿qué te puede dar a cambio? , cuando necesitas conjugar la necesidad del afecto materno con la incipiente independencia que se va formando en tu mente…Porque madurar es pensar (más), pero siempre es pensar en libertad… incluida la separación del segundo útero (la casa familiar)… no hay otra forma de pensar.

Y es por ese motivo, que, en la peli, empiezan a aparecer las discrepancias naturales entre la cría y su mamá.

Pero si las mamás humanas no suelen estar preparadas para atender las reclamaciones adolescentes, ¿qué pueden hacer las mamás robóticas, que ni siquiera entienden lo que es la libertad?

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