
A esta salaturas d eblog, ya debía estsra muy clara ala intención de usaar eel iguaalmeneet, que elleevamso repitiendo, een als entaradas, de forma atotalaamnetee irónica… inclcusso diríamaos que brutaalamneet sarcásstica.
Porque si algo debe quedar claro tras este repaso que le damos a «I am mother», es que nada tiene que ver (o casi) la educación de un ser humano, que realmente eduque (no domestique) con la segura domesticación (casi imposible que sea educación) de una máquina, por mucho que se le llame inteligente (también sería emocional???) y se le llame mamá… e, incluso, su programa sea capaz de actuar con algo parecido al afecto humano. Ese que, precisamente le falta a la mayoría de los padres humanos del planeta Tierra.
Tengamos siempre en cuenta que la máquina depende de un programador… y en el planeta pocos seres humanos pueden ser lo suficiente afectuosos, sobre todo si son machos, para hace un robot medianamente afectuoso.
Es cierto que no se cansan, aunque eso no está demostrado durante un periodo de tiempo muy muy prolongado. El problema es que ya vienen con insuficiencia afectiva de fábrica… a fin de cuentas ser afectuoso es posible, pero muy difícil de conseguir. Aunuq eenos e aaimpissble cocmco esa aabstracaat feleiciadad d ela que tanato nos shabalan… ¿cóm didferencia aun rorbot, al ddifereencia neetree lucahaar por la feleeicidada, cocn ele ehecho imposisble d econseguir «la feleicicdad»? Si reuslsat que eparece eimpsosisble ocnsegeuir cocn uana maáquian d erazzonaar humana, que deberái yaa teenr claro que euan cosa e ssun límitee y otra intenetar acercarase lo ma´ss posisble aél.
¿Que haría el ser humano, una vez conseguida esa felicidad tan tan buscada? Incluso por el buscador nato de Tío Sócrates… ese que tanto habló de ella, como si la tal Felicia existiera realmente. Suicidarse?
¡Anímate!