
Y, como llevamos diciendo, llegamos a un punto que es vital, para la buena maduración de un ser humano, sobre todo una vez nacido… pero que será importante, sea en la etapa de su vida que sea. Y porque, ya antes de nacer, su madre, debe ser muy consciente de la importancia que tiene este concepto : siempre hay límites.
No solo en matemáticas hay límites. ¡Y qué pesados! Hay límites naturales y límites sociales, hay límites que se escogen libremente y hay límites que no se pueden elegir. Y se le llame normas, reglas, leyes, tradiciones, incluso consejos de adultos (amigos o no)… o lo que sea… todos son lo mismo, en esencia, un «jodido» límite humano.
Y no hay que preocuparse de anularlos (spoiler : no se puede). Solo hay que saber dirimir si es un límite necesario o no. Si es un límite tomado con libertad o es un límite impuesto por la SAD. Dicho de otra forma, es vital saber quién pone los límites, para saber como actuar con ellos.
Porque, una vez nacido, estás entre dos fuerzas que van a luchar por ti : tus padres y la SAD (sociedad adulta dominante). Tu madre ya bregó contigo (y con la SAD) durante el embarazo. Y, si no se «dejó» vencer, seguirá en la brecha. Tu padre puede que pasara del embarazo, pero, si no lo hizo, es que hará buen equipo defensor con tu madre.
Enfrente está la SAD, con todas sus artimañas, para hacer de ti la pieza social que desea. Y desde luego va a poner toda la carne necesaria en el asador social…usando esos famosos (para nosotros) injertos sociales que, en vez de positivos, intentará que sean negativos. Y si no ha corrompido a tus padres biológicos, lo va a intentar con todos los agentes sociales que tiene a su disposición : resto de la familia, padres adoptivos, amigos de la calle o del internado, profesores del colegio, y autoridades varias (policías, médicos, entrenadores, políticos…). Pero, entre todos ellos, también es verdad que puede haber alguien que te ayude a madurar libremente. Hay que aprender a reconocerlo!!!
¡Anímate!