
En los dos te obligan a escoger diversas ideas, sobre los fenómenos reales (realidad) que te rodean. Pero en uno de ellos esas ideas deben confrontarse con esa misma realidad (experimentar con ellas), mientras que el otro camino no te obliga a experimentar con ellas… solo tienes que estudiarlas, bien estudiadas (para entenderlas y, en su caso, defenderlas) en la llamada iglesia… tenga o no tenga un edificio.
En el camino científico, la experimentación te lleva a comprobar que tu idea es más o menos correcta y te afianza en ella. Y en caso contrario te anima a buscar otra idea que la mejore. Pero, te diga lo que te diga la experiencia, nunca podrás estar seguro de que esa idea no sea superada por una idea posterior. Así funciona la ciencia.
Y te pueden matar por ello.
Por el camino religioso, no necesitas experimentar nada. Salvo que le llames experimento al hecho (experiencia) de vivir un «posible» milagro. En este camino se trata de defender esa idea, contra viento y marea, por considerar básicamente que es lo mejor para la humanidad. Y en su variante política (mala, la de anteponer «la causa» a todo lo demás), más de lo mismo.
Y sí, también te pueden matar por ello.
¡Anímate!