
Es fácil aprender a reírse, pero nada fácil es aprender a hacerlo de forma positiva. Que sea una risa real.
La cría humana ve mucha veces reír a la gente. pero pocas veces la ve reír con honradez, con sentimiento. Así que le resulta muy fácil imitar la risa que miente, la risa que disfraza el desprecio o el odio que un humano siente por el otro… siempre adultos claro… porque la cría humana aún no ha descubierto lo que despreciar y menos odiar.
Aún va a necesitar muchas clases de los adultos que se dedican a despreciar a otros humanos, sobre todo por ser pobres, o incluso que llegan a odiarlos. Los desprecian por su raza, por sus creencias… en fin, por ser diferente. Tengamos en cuenta , que el desprecio al diferente no es algo marcado en el ADN, como un biogén, es más bien un sociogén negativo, que se va injertando en la mente de la cría humana a lo largo de la vida.
Sí, es como meterle ideas para despreciar al diferente. Pero la palabra idea no refleja toda la intensidad que tiene ese tipo de idea, que nosotros llamamos sociogén. Precisamente es por ese motivo, decimos que este tipo de ideas se heredan, pasan de padres a hijos… y de tíos a sobrinos, y es debido a que tiene una intensidad «de marcado» parecida a la del biogén. Resulta muy difícil borrarla… es como si se transmitieran de una mente a otra, aunque no sea con genes materiales, solo virtuales. No es tan intensa, menos mal, y por eso decimos que es parcialmente borrable, pero sí se puede reforzar a lo largo del ciclo vital, de infancia y adolescencia… Y reforzarse aún más de generación en generación. Es lo que se llamará tradición.
Y, por ese motivo, no hablamos de simples ideas, en materia de política o de religión. Estas está muy adentro, en la mente del ser humano al que se las han injertado. Es un proceso mucho más intenso que, incluso, el llamado lavado de cerebro. Esto tiene que ver con la sociogenética. Y para eso estamos aquí.



