Y si las vacas no hablan…

… ¡los bebés tampoco!

Porque nacemos con los ojos cerrados y tenemos que aprender a mirar. Pero eso es bien sencillo, lo difícil es el siguiente paso : aprender a ver.

Y ahí si que tenemos marcas genéticas : la curiosidad por saber, la necesidad de madurar… Empezando por recibir alimento y afecto, para dar los siguientes «pasos».

Así que nacemos inexpertos en ver, pero no imposibilitados para mirar hacia algunas partes de nuestro entorno. Una vez que aprendamos a mover la cabeza.

Porque lo primero es aprender a movernos, para que, si alguien nos trajo al mundo, siga pendiente de nosotros lo más cercano posible.

Y al abrir los ojos, ya estamos en disposición de aprender a ver, llenando los circuitos neuronales precisos. Porque esa actividad si está marcada genéticamente. Y porque, si no guardamos lo que vemos, de nada vale esa capacidad de ver.

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