Porque ya lo dijimos claramente…

… no llega con tener buenos ojos.

Por ejemplo los perros, pueden mirarte mucho, pero no tienen una visión de primera calidad. Sí tienen un oido y un olfato superiores (a nosotros).

Y es que los sentidos están para complementarse. Por eso es tan importante tener previsto, que, al perder uno de ellos, el ser humano, puede lograr que su cerebro se reorganice, para poder suplir con creces el sentido perdido.

Pero, con esta afirmación, volvemos a lo de siempre. Para alcanzar esa reorganización neuronal, el cerebro necesita estar bien bien maduro, con todas sus herramientas neuronales trabajando a tope. No valen, en este caso, adolescencias de «pasaba por aquí». De pasarse el tiempo de adolescente, sentado en una silla y despreciando el esfuerzo mental, para organizar una buena memoria. O, ¿quizás debieramos decir memorias?

No llega con una mirada cargada de afecto, cuando no se tiene capacidad de organizar las acciones que lo demuestren. Y ya bastante hace un perro, para demostrarle simpatía a su amo.

Muchos humanos no están a la altura de un perro cariñoso. Y los adolescentes menos. Aunque no se puede decir, que los adultos no colaboren (con ganas), en la formación de esa postura de desafecto adolescente. Suelen ser los promotores de lo que podemos llamar Síndrome de Estocolmo del Adolescente Perdido.

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