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  • Porque mamá robot no tiene su risa!!!

    Entre las muchas insuficiencias «humanas» que tiene la mamá robótica de I am mother, echamos de menos su sonrisa. Ni la tiene, ni mucho menos le notamos la capacidad de reír, aunque la tuviera enlatada… no es lo mismo.

    ¿Cómo aprenderemos a reírnos, si no tenemos un ejemplo claro de que es la risa?… ¿Y quién no debe acercar la risa a nuestra vida… nuestra madre… o en su defecto, el padre o algún familiar… pero que sea rápido, porque los biogenes necesitan refuerzo lo más pronto posible.

    Y si no hay refuerzo de la empatía que se intercambia entre madre y cría, ¿cómo construir la sonrisa? O hacer que se sienta el placer de estar juntas.

    La caricias de mamá son cruciales, ya lo decíamos ayer, para sentirse seguro en la nueva realidad que nos toca vivir. Pero hay una caricia, que no supone contacto corporal, aunque es vital para animar al bebé. Y es esa sonrisa de mamá cuando está con nosotros… no hay nada comparable, algo que nos pueda llenar de mucha tranquilidad y placer. No es la inexistente felicidad, de la que se habla tanto, pero será siempre lo que recordaremos como el instante en que más cerca hemos estado de tenerla apretujada entre los pliegues de nuestra joven piel… Porque no podemos razonar aún, pero nuestra incipiente inteligencia emocional está muy cerca de notar que eso que sentimos es una forma de estar en un paraíso.

    Y todos sabemos que una risa artificial, no sentida, aún en la boca de un humano, no refuerza la empatía, sino todo lo contrario, se aprende a sentir la antipatía, a desconfiar de esa falsa sonrisa, ya antes de empezar a andar. O sea, ¿de dónde vendrá, que el rictus más común en el ser humano, sea el de la antipatía, en vez de ser el de la simpatía? ¿Ganamos algún concurso especial, para que los humanos no sepamos sonreír con sinceridad?

  • Y, también, con SENTIRSE mujer…

    Y ya no nos queda otra que plantarle cara al problema, que estaba subyaciendo desde nuestro inicio, cuando empezamos estas reflexiones sobre el comportamiento humano. Buscamos una explicación científica, para el hecho de que unos humanos se comporten de un modo y otros de otro. Y más por el cambio de conducta , a que puede dar lugar un cambio de sexo, dada la extrema importancia que ha acogido, médica y políticamente, en los últimos años. Sin saber muy bien por donde agarrarlo, puede que sea válido empezar por meterse con la relación entre dos verbos. El verbo ser y el verbo sentir. Ya que podemos decir que uno está más ligado a la esfera de lo racional y el otro a la esfera de lo emocional. Y eso nos permite partir de una base científica, aunque no sepamos muy bien como será el final de la reflexión..

    Lo más importante, para nosotros, es que ambas son dos partes equivalentes de la esencia del ser humano : su inteligencia.

    O, como intenta mostrar en la imagen la declinación de sus dos presentes , que bien los pueden representar : el verbo ser por si mismo ,en un campo racional, y el verbo compuesto querer ser por el de sentir(se), en un campo emocional.

    Resaltemos que en estos momentos de reflexión, sobre el ser y el querer ser, querer y sentir son verbos sinónimos… es decir, igualamos querer ser mujer con sentirse mujer, por ejemplo. Ya que los estamos usando como representación de un deseo, el profundo “deseo de ser mujer” que, en este caso, se puede equiparar a un sentimiento. En este caso, es lo mismo que un macho “quiera ser” mujer, que el hecho de que diga que “se siente” mujer.


  • Incluso para el propio hecho… de EXISTIR

    Porque, en cierto modo, es la pescadilla que se muerde la cola : si no existimos no sentimos, pero es que, si no sentimos, no podemos existir. Porque sin existencia no hay pensamiento posible (que, a su vez, nos permita existir).

    Algo lioso, pero fundamental para entender el problema de la vida. Más allá de entretenerse con la posibilidad improbable de si somos simples personajes virtuales, en un videojuego, que manipulan unos posibles (y probables) alienígenas.

    Y por todo esto decimos, que un ser humano sin sentimientos, y mucho peor que sin los 5 sentidos, es como si no existiera. Es una especie de zombi, que no sabe, no puede, relacionarse con los demás humanos.

    No es el problema de si estás o no enamorado. Es mucho peor : el enorme problema de si estás o no vivo.

    Porque no estamos haciendo un papel en una película, estamos viviendo lo que somos y, sobre todo, lo que seremos.

  • Porque eso de SENTIR(SE) es… muy importante

    Ya que, una vez que «nos» pensamos mutuamente, entonces podemos llegar a relacionar lo que sentimos, sea un simple contacto o un sentimiento afectivo más complejo, el uno con el otro.

    Porque una vez que yo me pienso y otro me piensa a mí, ya establecemos una relación entre los dos entes : entes que tienen que ser seres vivos, ya que los inertes ni se pueden sentir, y mucho menos pensar, o sea que no pueden tener relaciones.

    Y una relación vital de máxima importancia es la atracción que se ejerce entre un ser pensante y el otro.

    Eso es lo que nos permite mantener la función vital básica, nos va a permitir reproducirnos como especie. Pero, para eso, deben funcionar bien la otras funciones vitales, como la de relación, la que nos permite vernos. Pero decimos vernos, no solo mirarnos.

    Sin atracción sexual no hai reproducción sexual posible… y por eso la naturaleza se sacó de la manga la capacidad de seducir a un ejemplar del sexo opuesto. De forma que pueda completarse, el proceso de sacar una copia de sí mismo. De forma natural y libre. Otra cosa será la reproducción artificial, más o menos artificial, más o menos forzada, de la que también nos puede hablar nuestra sociogenética.

  • O puede que no se SIENTA… tan macho

    Porque si el pensar en sí mismo, de Moncho, no le vale para asegurarse de que existe (hasta que Aurora lo piense a él… es decir, se piensen mutuamente), ¿de qué nos vale sentir que pensamos… e, incluso, el mismo acto de sentir?

    Porque si nuestra mente es incapaz de pensar ya empezamos la novela sin pluma para escribirla. Pero si alguien no nos piensa, para certificar nuestra existencia, entonces no tenemos papel dónde usar esa pluma.

    Y si no somos capaces de pensarnos, entonces no tendremos la vida necesaria para sentirnos. Ni sentirnos un macho, ni sentirnos una hembra… ni sentirnos un simple mueble de cocina.

    Y es que el verbo sentir, es uno de los más complicados para ser conjugado por un ser humano. Especialmente si se ha dejado injertar el gen social negativo de una sociedad adulta básicamente insensible.

    Porque una cosa es tener los 5 sentidos (función vital de relación), más o menos en forma… pero otra muy diferente es saber manejarnos con los llamados sentimientos. Esas proyecciones en idea de la inteligencia emocional. Porque son ideas de partida, como las racionales, pero , como ellas, siempre acaban en hechos con existencia real. Incluyendo en un hecho el no hecho, su no ejecución.

  • Es casi lo mismo que buscar en un cactus…

    … una espina concreta.

    Todas las espinas parecen iguales. Como todo el alumnado parece igual de reacio a que interactúes con él. Y por ese motivo andamos dándole tantas vueltas al buen uso del cerebro en acción de ver. Porque, como en el tocar, oir, oler o saborear, hay mucho de arte.

    Porque la imagen global viene ser la combinación de los diferentes elementos (datos) que la componen. Así que logrando ver todas sus espinas, prácticamente tenemos al cactus completo. Aunque, en principio, no le veamos sus flores.

    E igual pasa cuando observamos el «cactus» que forma el alumnado sentado en un aula escolar. Tenemos que aprender a individualizarlos.

    Porque el proceso de VER, empieza por encontrar ese primer elemento de la imagen, que nos va a permitir ir poco a poco, o muy rápidamente, para encontrar el resto del conjunto visual.

    Y hablando del aula escolar, tenemos que buscar ese primer alumno que nos mira y atiende, para mirarlo y atenderlo nosotros, ya que él será el camino para «ir viendo» a todos los demás. Pero con eso, ya entramos en el arte de la comunicación. Es decir, a dónde nos lleva el acto de ver. Pero eso tendrá su espacio tiempo de reflexión posterior.

  • Pero diverger no es negativo, siempre que el conjunto…

    … resulte armónicamente unido.

    Cuando vemos una rosa, nunca vemos unos pétalos separados. Están unidos formando un conjunto armónico, donde cada uno de ellos juega su papel en la belleza resultante. Porque están combinados de tal forma, que la frase así formada es muy coherente. Hasta se puede interpretar como un grupo de amigos, que han decidido unir sus manos, para un baile lleno de color, aunque se alrededor del rosa. Y también de olor (si los humanos se lo «dejaron»).

    Pero sobre todo nos llega a trasmitir como una paz, salvaje pero muy llena de vida, a modo de tímida invitación, para tener un montón de pensamientos positivos.

    En lo que los europeos llamamos «zona oriental terrestre», saben mucho de este tipo de cosas. Escuchan a las flores , hablan con ellas. Saben percibir en la rosa, muchas más palabras que las escasas que podemos percibir los civilizados europeos.

    Y es que en el llamado Oriente, siempre supieron leer mucho mejor en «modo ciego». Es decir, captando lo que parece oculto en un visionado superficial tipo europeo. Es como si ellos tocaran con sus ojos, lo que están viendo.

    Y por eso «ellos» tienen la capacidad de provocar una mirada muy interna, que profundice en nuestra mente. Es lo que le llaman meditar. Que no es precisamente el vicio occidental de «pensar en las moscas» o «estar en las nubes».

  • Porque todo lo que parece uniforme…

    … esta muy lleno de matices.

    Incluso debemos evitar que tienda a ser demasiado uniforme. Porque lo vivo debe ser diverso, igual que la visión. Porque puede que solo parezca estar solo. Y algo que se aprende, al observar con atención lo que estamos viendo, son las características que acompañan a lo visto. Pero que pueden estar ocultas, y sin ellas le falte vida a la flor.

    Por ejemplo, la soledad o la compañía. O bien otras sensaciones intangibles que una flor nos puede transmitir. Con su aroma nos traslada incluso a lugares lejanos, que visitamos hace tiempo o que desearíamos fervientemente visitar. Son cosas que no se pueden medir físicamente, pero que tienen mucha entidad espiritual. No se perciben racionalmente sino emocionalmente.

    Al principio pueden parecer «frases ilegibles», pero con el tiempo aprendemos a leer en esos colores, en esos olores, en un tacto supersuave. Como se puede aprender a «leer» los sonidos de un instrumento

    Toca aprender a leer nuestras propias emociones. Las causadas por todas estas sensaciones no visibles. O será imposible que aprendamos a leer las de los demás.

    Y si no sabemso leer lo que nos dicen,¿cómo nos vamos a COMUNICAR con ellos/ellas, e incluso elles?

  • Y llegaremos a ver incluso, alguna tonalidad…

    … que nos reciba con los brazos abiertos.

    Porque, sean colores o notas musicales (y recordad el silencio o el blanco), lo importante es la lectura que sepamos hacer de ellos.

    Porque no solo las frases escritas o habladas están formadas por palabras.

    Porque al mirar debemos ver lo que miramos, pero siempre es necesario profundizar en lo que vemos.

    Porque observar con atención lo visto, supone siempre pensar luego en esa realidad que visionamos.

    Porque cada uno ve y piensa diferente, pero toca luego aunar las visiones, si queremos avanzar como especie. Avance colectivo.

  • Porque, vamos a ver ¿cuántos tonos de rosa podemos apreciar…

    … en una simple y enamoradiza rosa.

    Porque el pétalo rosa, como el blanco, tiene escritas infinitas frases que nos hablan de la belleza de esa flor. Esa belleza que tanta filosofía le hizo producir al amigo Platón, por ejemplo, en sus diálogos socráticos. Se le llama rosa, pero se podría declinar al modo latino en muchas y variadas rosas…

    Y con la belleza hemos topado, un concepto muy difícil de asir (leed los Diálogos de Platón), que viene a representar, como gran estereotipo romántico, el summun del amor «entregado». Aunque realmente tenga más de comprado que de conquistado.

    Porque ya se sabe que la rosa está ahí, pero no para siempre. Tiene data de caducidad, como tiene el amor, por mucho idem que se ponga en mantenerlo vivo. Y tenemos que andar muy ágiles si queremos captar esa belleza que seguro contiene, antes de que se marchite y nos quedemos a verla venir (la próxima generación de rosas).

    La belleza pued ser muy grande, pero muy difícil de ser asida. Una vez superada la fase de enamoramiento y pasión, solo queda recoger los pétalos que se van ajando, para mantenerlos vivos con la permanente caricia del amor ya más relajado.

    Porque la belleza no desaparece, lo que desaparece es su visón anterior, porque dejamos de ver en profundidad la rosa que aún seguimos viendo. Muy cambiada. Pero también, si es en una «rosa humana», muy mejorada. Y ahí vuelve a jugar su papel la ROM/MOR, cuando sirve de archivo de todas nuestras sensaciones de pasión que la rosa (o nuestra amante)nos proporcionó. ¡Para la próxima ocasión!