Etiqueta: ver

  • Pero… ¿Tan fácil es….

    … «comernos el coco»?

    Los malísimos alemanes (y eran bastante cabrones, desde luego) nos perseguían por el campo de batalla… y así dormíamos con la pesadilla de que éramos un soldado aliado a punto de ser masacrado.

    Pero nunca aparecían los generales, de uno y otro bando, que decidían las guerras y vivían tranquilos en sus despachos. Como mucho tenían la foto de algún tanque (propio), colgada en la pared.

    Y nunca aparecía el pueblo alemán, sufriendo la guerra, porque se suponía que todo él había cogido un arma para defender a su nefasto Führer.

    No había colores en Alemania, todo era negro, o blanco cuando sus soldados pisaban la nieve. Nunca se explicitaban los matices existentes, humanos, como los que se dan realmente en un campo de batalla. Era parte del relato que nos querían contar.

    Y eso que el franquismo seguía siendo admirador confeso, luego clandestino, de poder nazi. Pero seguro que la CIA ya andaba algo metida en el mundo editorial del tebeo español. ¿O no?

  • Y no, no llega con…

    … parecer libre.

    La apariencias engañan. Y por más que lo repitamos, seguiremos creyendo que mirar y ver es lo mismo. O que no necesitamos poner atención, cuidar nuestras emociones y, sobre todo, pensar (mucho) en que parece ser lo que estamos viendo.

    Porque no hay que ser Segismundo (La vida es sueño), para confundir la realidad con la ficción, o con los propios sueños. Y mucho peor, si son los sueños de los demás. Especialmente de los opresores, no de los oprimidos.

    También lo decía otro genio (Goya), al denunciar que el sueño de la razón produce monstruos. Cuando la razón duerme, entonces los malos sueños se pueden apoderar de nosotros. Y la adicción actual por el tatuaje puede reproducir un mundo tan disfrazado, que resulta imposible dejar el carnaval veneciano, una vez iniciado.

    Y sí, despotrico contra el exceso de tatuajes corporales, porque en una civilización tribal tenían mucho más sentido que en una civilización neotribal, como la actual, pero que no quiere reconocer su profundo tribalismo.

    Como dijimos con los ácratas de salón (o de sótano barriobajero), no llega con decirse liberado, para ser un auténtico Espartaco. La liberación real cuesta tanto, que suele acabar antes con la vida del que lucha por ella. Como le pasó a él. También ahí se nota nuestra insana mediocridad, como seres humanos. Porque, antes de morir libres, preferimos vivir con un poquito de libertad. ¡Y eso no viene escrito en nuestro ADN!

  • O deciden entrar todos JUNTOS…

    … en modo aglomeración.

    Y como decíamos el otro día, causar un alboroto tremendo, un enorme ruido de fondo. Sin consignas claras, sin algo concreto que promocionar en nuestra mente. Simplemente provocar un desvarío de nuestro Yo, o de nuestros diversos Yos. Para que el caos impida que nuestra mente opere con racionalidad y emotividad controlada. Para que esa bibliotecaria cuántica tan eficiente se note impelida a tirar la toalla e ir debilitando los sistemas de seguridad que hay instalados en la biblioteca : empezarían las brechas de seguridad mental, el Yo único pasaría a ser solo el principal Yo, en un inicio de multiplicación, pero ya no sería el único usuario de la ROM/MOR.

    Entonces la operación de ver, pasará de ser muy difícil a ser imposible. Iremos viendo de una forma difuminada. Veremos lo que nos quieren dejar ver. O solo una tremenda oscuridad, como «mal menor». Sea lo que sea habrá numerosos filtros, compitiendo entre ellos, que impedirán ver con claridad lo que estamos mirando.

    Es decir, que no solo el alcohol, por ejemplo, puede nublarnos la vista. Hay otra formas de no ver lo que miramos, además de la de ser ciego. Porque ser ciego, pasa a ser menos preocupante que la obligación de ver lo que nos dejan ver.

  • Todo tipo de instrumental…

    … por ejemplo, una cámara…

    .. que nos acerque lo mirado. Además de favorecer un encuadre y dejar constancia grabada, para revisar así lo que hemos fotografiado. Una forma de poder pensar mucho mejor en lo visto.

    Y una forma de aprender, aunque no lo parezca, a mirar la realidad con mucha más atención de la normal. Y desarrollar una buena capacidad, para ir observando como esta se divide en los planos de los que ya hablamos. De saber dónde indagar mejor, para ver aquellos detalles que nos pueden ser más interesantes de esa realidad.

    Una cámara de fotos, por ejemplo, viene a ser como establecer un cordón umbilical entre nosotros y la realidad. Nos acerca, nos introduce en aspectos que ni siquiera eran percibidos conscientemente. Como pasaba en aquella peli llamada Blow Up.

    De hecho suele ser muy típico notar matices de la cara de una persona, cuando un fotógrafo con chispa le trata de pillar ese momento en que se le descontrola algo su rigidez facial, cuando se relaja, y luego contemplamos un rostro que no suele ser posible ver muy a menudo. Y con él nos cuenta muchas más cosas.

    Sí, el arte de la fotografía enseña mucho sobre el arte de ver. Ayudando a diferenciarlo, además, del simple fenómeno visual de mirar.

  • Y es que alucinar, alucinar…

    … sigue siendo muy fácil!!!

    Nuestras emociones nos impiden ver con claridad, nuestra ansiedad nos puede hacer ver cosas «raras» y, sobre todo, la toma de sustancias químicas nos permite alucinar por colores.

    Y no hay que ser un Lovecratf, ni un Huxley (Aldous), para llegar a ver cosas que nadie podría ver sin ayuda química. Ni siquiera un replicante de Blade Runner podría hablar, como hablaba él de Orion, de lo que se ve, cuando se toma un alucinógeno y se viaja por la excesiva lucidez de la irrealidad. Y resalto lo de excesiva lucidez, porque esa lucidez no existe, es solo apariencia de realidad. ¡Pura virtualidad!

    El problema de las sustancias químicas, que tomamos porque ayudan a ver… es como la ayuda que nos prestan los otros, los que están mirando lo mismo que nosotros.

    Ni las drogas ni los que dicen ser amigos pueden ayudar mucho en nuestra mirada, si no tenemos los filtros necesarios para seleccionar lo que nos dicen «que veamos». ¡Incluso antes de verlo!

    Porque nuestra mente no está sola, ante determinada realidad. Hay otras mentes que nos acompañan. Y más si, como dice el Descartes, acabamos por pensar en ellos y darle, así, una existencia propia. Tal como la nuestra.

  • Porque estamos hablando de ver…

    … y de sus grandes dificultades.

    Porque ya vimos con el cubismo, que no solo es un problema de ir separando planos visualmente, sean pictóricos o cinematográficos, simplificando así los elementos que formarán la visión «casi definitiva». También se podían entremezclar eses planos, haciendo q ue la realidad tome unas formas más bien fantasmagóricas, casi indescifrables. O, como pasaba con la cara cubista picassiana, nos muestra los planos descontrolados y hace aparecer en primer plano algo que, realmente, está situado «por detrás». Es decir, que el pintor nos ponga en primer plano algo de un perfil, que ni siquiera se puede ver (el lado oculto de la cara), por estar tapado por el objeto que también ocupa ese primer plano (en una cara de perfil, la otra mitad de la cara, por ejemplo).

    Así que toca, como si fuéramos científicos, reorganizar el caos aparente, que tenemos delante, para que se imite lo más posible a la realidad que estamos mirando.

    Y esta tarea también tiene su arte. Y, como llevamos diciendo, su ciencia.

    ¿O aún no tenemos claro lo que tanto repetimos : ver lo que miramos es, generalmente, muy difícil?

    Casi tanto como mostrarle nuestro afecto a eso que estamos viendo, sobre todo en el caso de que sea un ser vivo animal (racional o irracional).

  • Y a veces no es un exceso de …

    … elementos visuales…

    … lo que complica la LECTURA DE IMAGEN. Solo nos faltarán elementos informativos (datos), que nos puedan ayudar a descifrar lo que estamos viendo. Por eso la gran importancia de la memoria. Del conocimiento previo.

    Si no tenemos idea de aerogeneradores, ni de perros o de perras e incluso de personas o de pinos, ¿qué podemos decir de la imagen propuesta? NADA.

    ¿Cómo vamos a pensar que se trata de la parte alta de un monte, cuando nunca hemos estado viendo, aunque fuese en fotos, una pista de montaña?

    O que son pinos, con dificultades de crecimiento, o productores de energía a partir del viento, que tanto azota la cumbre de un monte…

    ¿Nos meteremos en la cabeza, que el hecho de leer una imagen, verla en profundidad, es mucho más difícil que leer un cacho de texto?

  • Y si pasamos un poco de los planos «por separado»…

    …. ¿qué podremos decir del conjunto?

    O de lo que podemos también llamar, una visión panorámica.

    Porque si el primer plano puede ocultar algo de lo que «hay detrás», aquí resulta difícil no perderse mirando lo que «hay delante».

    Desde luego nada nos evita, en ambos casos, el esfuerzo de observar con atención, si queremos ver algo.

    Porque todo el conjunto se forma a partir de sus elementos. Así que volvemos a necesitar su cuidadosa disección.

    Lo ya repetido : ver es algo más que poner los ojos frente a una realidad.

  • La realidad es como el cine…

    … o es el cine como la realidad.

    Pero dejemos la estructura de la materia para otro momento. Porque en ese territorio no llegan los ojos del ser humano, y se necesitan mucho esfuerzo neuronal para solo acercarse un poco a «ver algo que es posible». Incluso un instrumental muy complejo (y caro).

    Volvamos a nuestro ecosistema visible, lo que se suele llamar el entorno próximo. Donde vivimos.

    En la imagen intentamos resumir el problema de los «planos de visión». Usando un cacho de realidad macroscópica, llamada playa de Benidorm.

    Un primer plano. Un plano medio, o más bien, varios. Y finalmente un plano de fondo.

    Si tenemos buena vista (ya hablaremos de «ver» con otros sentidos), toca esforzarse por observar lo que se pueda observar en cada uno de los planos. Tanto lo que sea real, como aquello que nos parece real, aunque pueda ser solo una engañosa apariencia. Algo así com acercarse a una persona, para intentar ver todas las capas (Shrek) que la forman.

  • ¿Sobre todo cuando la realidad…

    … se nos muestra muy escondida?

    O, lo que es casi peor, totalmente disfrazada. Todo es materia. O energía, como veremos más adelante. Cómo podemos hacer para observarla, sobre todo «por dentro» (tras los sucesivos muros filtradores o planos de visión). Porque existe un mundo macroscópico, pero también uno microscópico. Y eso hasta nos hace dudar de la llamada realidad.

    Si es que existe.

    Si la queremos ver.

    Si estamos dispuestos a pensarla (para que exista) y a meter nuestra mente en su interior.

    Y a pensar para que puede valer, tamaño esfuerzo mental, por nuestra parte.