Etiqueta: ver

  • Y hay tanto que ver…

    … que, a veces, no sabemos o no queremos ver.

    Y por ese motivo, nos quedamos mirando, observando solo la superficie de las cosas.

    Como pasó y pasa con Marilyn Monroe, realmente Norma Jeane, una buena actriz que la sociedad decidió convertir en mujer objeto (como tantas otras) y desperdiciar sus grandes capacidades. Reducida a una star system.

    Viene a ser un claro ejemplo de no querer ver lo que encierra el ser humano Norma Jeane. Despreciar todas las capacidades que porta en su ADN, para quedarse con cuatro bagatelas superficiales y construir, a partir de tamaña nimiedad, un adn social negativo, del tipo que analizamos en otro lugar.

    Y no hace falta ser un capo mafioso, para ultrajar así la imagen de una mujer. Llega con ser un presidente USA, para caer en tamaña aberración humanística. El ser humano, cuando quiere, puede llegar a ser muy mediocre como versión evolucionada de homo sapiens.

    Y lo mismo que ayer… el cerebro no nos engaña, es nuestro Yo el que lo controla. Así que si nos ocultamos las capacidades más positivas de esta Norma, es porque lo queremos hacer. ¡Nos autoengañamos y tan panchos!

  • La realidad es poliédrica, pero…

    … si no vemos, ¿cómo avanzar?

    Mucha gente mira pero no ve, o solo ve a medias. La función vital del ser humano que contiene la visión, necesita madurar como todo el cuerpo humano y sus capacidades. Hace días hablamos del esfuerzo necesario, como cría humana, para conformar un cerebro que nos valga, como defensa y como órgano adaptador a los cambios del ecosistema donde vivimos.

    ¿Cómo vamos a dar los primeros pasos , si no sabemos bien por dónde vamos? Hasta para agarrar los barrotes de la cuna necesitamos verlos. Y saber cogerlos.

    O sea, que la primera capacidad a desarrollar debe ser la observación. Ese mirar atento, y con cuidado, a lo que nos rodea. Y eso precisa un cerebro bien organizado. Lo que hace imprescindible un cerebro bien coordinado.

    Porque ser curioso, sin observar bien lo que miramos, es meterse por un camino muy peligroso. Eso es precisamente lo que mata al gato. No lo mata caminar. Lo que lo mata es dar pasos de ignorante. No saber captar las posibles perspectivas de un objeto, que tenemos delante de los sentidos.

    Un gato con cerebro poco trabajado, cuando era cría, será siempre un amigo de ser engañado, en sus paseos por el ecosistema donde vive. Sobre todo, si este sufre cambios, será incapaz de adaptarse.

  • A los humanos nos gusta bastante…

    … que nos engañen de vez en cuando.

    Otro ejemplo típico para cerebros descoordinados. Un jarrón central sobre fondo negro, o dos caras negras sobre un fondo blanco.

    Si un departamento/circuito neuronal avisa de que está viendo un jarrón o de que está viendo un par de caras, siempre habrá otro circuito de la memoria, que les dirá que también existe la otra posibilidad : un jarrón con caras o unas caras con jarrón. Esa sería la síntesis a la que llega un cerebro bien coordinado. Y que sabe usar su memoria, para no dejarse engañar.

    Si nos engañamos, no le echemos la culpa al cerebro. Fue nuestro Yo, el que lo controla, el incapaz de actuar con la lógica natural de una empresa bien organizada.

    Seguro que en la infancia y la adolescencia, no quisimos trabajar el montaje de circuitos de memoria como es debido. Era «demasiado esfuerzo». Y ahora nos pasa factura, ese desprecio, con un mal funcionamiento de una maquinaria cerebral, que es tan compleja como completa, pero a la que le hemos dado un mal mantenimiento. Y, por eso, la dejadez adolescente nos dará una mediocre adultez.

  • Mirar es apuntar con los ojos…

    … pero ver, es mucho más complejo.

    No llega con apuntar bien, porque ya decimos que mirar y nada es lo mismo. Necesitamos apuntar nuestros ojos al objeto que deseamos ver, para que se inicie lo que podemos llamar, el proceso de la visión.

    Los santos apóstoles del Pórtico de la Gloria no existen (para nosotros),si no somos capaces de fijarlos en nuestra pantalla nucal. Es decir, necesitamos grabar una imagen del trozo de pórtico que estamos mirando, en algún circuito neuronal, en la zona de la nuca. Ya que ahí están los dedicados a esa función : ver.

    Algo parecido le pasa a un ciego, que necesita del relato oral de un vidente, para grabar, en su caso, en circuitos de memoria auditiva.

    Así que la imagen, creada virtualmente en nuestro ojo, debe viajar hasta esa zona de la memoria, donde quedará grabada, para hacer con ella lo que se quiera. Incluso olvidarla (si somos capaces).

  • Observando lo que no se ve…

    Un marco delimita propiedades…

    Hay veces que miramos y no vemos. Ese es el primer problema de mucha gente, que confunde mirar con ver.

    Mirar es dirigir la vista hacia un trozo de la realidad que tenemos enfrente. Ver es proyectar esa imagen, que ha pasado por los ojos y el nervio óptico, hasta el montaje final que nos hacemos, de ese «trozo» recortado, en la pantalla neuronal de nuestra nuca.

    Usar los conceptos al revés, como hace mucha gente, se puede hacer, pero no me parece científico.

    El problema es entonces asumir, que la observación necesita completar la mirada con una visión lo más cuidadosa posible. Es como con la fotos, no vale de nada, para conocer la realidad lo mejor posible, tener una imagen confusa de la misma.