
… la misma relevancia final, aunque tampoco tienen ningún complejo humano de querer ser importantes. Unos complejos que trauman a algunos seres humanos, pero que no vienen en los genes biológicos, sino que es otra de las muchas aportaciones que proporciona la SAD, mediante sus genes sociales negativos. En este caso, uno de ellos aporta las tremendas ganas de figurar (una expresión del poder)que tienen algunos seres humanos. Lo que les hace pisotear a cualquier otro ser humano que les impida figurar como mejores.
Como ya dijimos, la diferencia entre los electrones llamados «libres» y los que están apantallando, al estar encadenados atractivamente (son cargas eléctricas opuestas) por el núcleo atómico, es su capacidad de reacción… solo los electrones libres pueden intervenir, para que reaccionen dos átomos. Los demás solo están para «verlas venir». Es decir, que, la unión de dos o más átomos, solo se puede realizar mediante el uso de sus electrones libres.
Tendría que ser una reacción nuclear, donde intervenga el núcleo, la que haga, entonces, que todo «quisqui»(todos los electrones del átomo) se ponga a correr. Tanto los electrones libres, como los «encadenados», así como, incluso, los componentes del núcleo atómico. Tendríamos entonces una reacción tan libre y descontrolada (una vez iniciada), que es mejor no provocarla.
El hecho de que haya dos tipos de electrones, nos lleva a pensar en el dicho cervantino de que «toda comparación es odiosa». Algo valido en el campo social, pero irrelevante en el campo científico, donde la comparación (relatividad, contexto…) es fundamental.
No existen los términos absolutos, como el más guapo, el más veloz o el que interactúa mejor… solo se puede comparar a uno con otro, para poder decir que uno es más guapo, o corre más que otro o que reacciona mejor. La comparación en ciencias no es odiosa, es fundamental. No se nace libre, hay que ganarse la libertad en el día a día… como el Quijote.








