Etiqueta: disidencia

  • Porque todo, todo, en la naturaleza…

    … busca claramente diverger!!!

    Además de ser completamente necesario y nada contingente. Por mucho que digan los existencialistas, cuando se plantean «para que están ellos en este mundo»… e incluso si ese mundo existe o solo es imaginación nuestra. Y desde luego contando, además, con aquellas versiones tan mediocres de homo sapiens, que ni existir merecen. Como la mayoría de los políticos que dicen gobernar en este sufrido planeta.

    En fin, que tras esta pausa isleña, bien podemos retomar nuestras reflexiones sobre las flores, tan necesarias y tan llenas de vida. Y que hasta pueden parecer las fauces de dragones.

    Y la de la imagen hasta puede parecer las fauces de ese dragón que nos quiere devorar. Si no sabemos descifrar el trabalenguas que nos pone delante, cuando queremos salvar a la princesa del cuento, por ejemplo. De ese cuento en que se puede convertir nuestra vida, cuando queremos ver más allá de lo que la vista alcanza. Tanto si viajamos cara al futuro, como al pasado. Fuera de las coordenadas reales del presente.

    No podemos correr demasiado. Porque, si la imaginación domina al raciocinio, abusando de la explosión emocional, será más fácil que nos salgamos del camino, cual simple y desorientada Caperucita. Porque no hay lobo (humano) bueno, para señalarnos atajos. Siempre estará el adulto vendedor de lavadoras y disfrazado de lo que sea, para decirnos por donde ir a una prisión segura, aunque en principio camuflada.

    Como dicen los mandalorianos «ese es el camino»… desconfiar siempre del lobo disfrazado de cordero. O de cualquier amigo, que se pasa su tiempo cobrando algo por su supuesta amistad.

  • No hay un punto de vista neutral, realmente, solo hay…

    … una intención/atención al mirar una determinada realidad.

    Y normalmente según quieras mirar, para ver lo real ou una burda imitación, por muy bien que esté elaborada (recordemos el filete del Cifra), así obtendrás una imagen, más o menos precisa de esa realidad que tienes enfrente. Todo va a depender de los filtros que uses, por ejemplo para tapar la basura que aparece en la imagen real (no manipulada), en una capital europea como es Bruselas. O bien usar algún filtro, que cambie sus características ópticas y nos dé una bonita imagen, especial para la estilosa revista X de lo que sea.

    Esto viene a ser otro ejemplo del uso del encuadre, del que hablamos usando al maestro Orson. Que no deja de ser una especie de filtro «no existente», para el que basta con manejar la cámara de modo conveniente.

    Por ejemplo en la imagen, puedes encuadrar la mitad de lo que se ve delante, y nos da una imagen típica navideña. Muy de la Bruselas turística. O encuadrar la mitad derecha, dando así una imagen de lo sucia que se puede hacer notar esa misma Bruselas. Muy turística sí, pero, en este caso, algo abandonada. Por lo menos en la época de mi visita (a la zona «europea» de la capital de Europa).

    En cada caso vemos una Bruselas diferente. ¿Con cuál imagen queremos quedarnos? Se trata del caso típico, cualquiera de ellas, de lo que se llama «media verdad». Por separado son una auténtica mentira. Solo juntas dan una idea real de como vimos ese «cacho bruselense» de realidad. Pegado para más inri a las GR Saint Hubert, una de las joyas turísticas de esa ciudad belga.

    Dos puntos de vista (o tres) diferentes, para una misma realidad. ¿Qué tal?

  • Porque, si un muro filtro no deja pasar nada, entonces…

    … estamos ante un MURO poco eficiente!!!

    Porque su función de filtrado es fundamental. De ella va a depender que nos convirtamos en piezas esenciales del sistema social dominante, o en meras comparsas, en esa Gran Representación del Mundo, que nos ha tocado actuar. Como bien nos decía el gran Calderón. Y eso pasa, nos guste o no la música, nos guste o no Pink Floyd. Porque, en ese caso, ya tenemos delante un tipo de muro invisible, pero que resulta megaeficiente: una sordera musical de caballo. Más o menos igual, que si nos apasiona el reguetón.

    Porque sí, tenemos delante, o a los lados, si escuchamos/vemos a través de las orejas, un muro lleno de palabras musicales . Y, como no, de silencios, algo muy típico de todo muro que se precie como tal. Ese silencio tan poco material, pero que a veces dice más que las palabras. Sobre todo cuando te invade esa soledad, que te va comiendo poco a poco. Ese silencio no es como el de otro ser humano, que se queda en silencio cuando le preguntas, aunque siga mirando para ti. Es mucho más aterrador.

    Si estás solo y escuchas un disco, puedes penetrar en él o no. Pero está claro que, una canción o pieza musical, se puede hacer tan impenetrable como un muro de piedra o de cemento.

    Porque se necesitan algunas herramientas, para penetrar ciertos muros, que no tienen granito, pero están hechos con muchos vericuetos. Son como laberintos y su cometido es impedir, que sigamos madurando como seres humanos. Y en ese motivo, precisamente, debemos centrarnos en nuestro esforzado trabajo de maduración, durante ese proceso natural que llamamos «ser una cría humana».

    Y si no queremos esforzarnos, durante la infancia y preadolescencia, entonces tenemos y tendremos un problema muy grande. Demasiado grande (y muy importante). Que podemos resumir, en que vamos a dar un paseo por nuestra adolescencia con la mochila prácticamente vacía. Lo que podemos también representar por nuestra famosa frase, cuando dábamos clase, «pérdida de la adolescencia habemus». Que le decíamos a nuestro boquiabierto alumnado. ¡Y no por el latín precisamente!

  • Aunque ningún chip, ni siquiera una Matrix, puede…

    … anular nuestro grito genético de SER LIBRES!!!.

    El ansia de libertad no hay quien lo borre. Por mucho adn social negativo que le pongan por encima. Porque, tal como enseña Matrix, los humanos que se almacenan en una especie de útero «electrónico», para que funcione como una pila eléctrica, son capaces de salir de él para tratar de tener una vida más libre.

    Y si quieren una vida con más libertad, es porque no les gusta estar encerrados. Como al feto humano, en el útereo materno, cuando siente que le falta espacio. Tiene que salir. Así hacen en Matrix, salir al exterior, donde, eso sí, les espera una sorpresa no muy agradable.

    El desasosiego de Sonny, el del replicante Roy, o la desesperación de Neo… y el mismo desasosiego del feto humano, son un síntoma de lo que nos pide fervientemente el ADN : NECESITAMOS SER LIBRES. Incluso, la Joi, acabaría por sentirse que estaba demasiado encerrada, en su papel de amante compañera del protagonista.

    Y podemos reírnos de este tipo de narraciones de ciencia ficción, pero tienen mucha más miga de la que podemos pensar a primera vista. Justo aquí, con lo dicho de profundizar en este tipo de literatura, cobra un sentido preciso lo que tanto repetimos sobre profundizar en la mirada (ver a fondo). Un sentido muy científico.

    Y, como veremos mucho más adelante, haremos una reflexión sobre un hecho claro, en la vida del ser humano : no hay forma humana de conseguir que una conciencia humana pierda su necesidad de sentirse libre. Pueden doblegarla casi hasta el límite, pero la necesidad de libertad predomina siempre. Se puede pensar en el problema del torturado por los terroristas islamistas (o la CIA). Como podemos ver en la serie Homeland. O también, en modo CF, comprobar la vuelta atrás del malo maloso, el oscuro Darth Vader (SW). Algo que no se puede entender si no es usando la teoría sociogenética.

  • Hasta que llegan un tipo de parahumanos, que…

    … tienen un tremendo DESASOSIEGO.

    Porque ya no solo se sienten algo «raros» y buscan respuestas a algunas de sus preguntas «raras». Sobre todo después de haber VISTO tanto. Porque acaban convencidos, muy claramente, de que la mediocre versión de homo sapiens, que es el humano actual (siglo XXI), no tiene ninguna solución para sus problemas «no vitales». Que no son vitales como para nosotros, hasta ahora, pero muy vitales en su nueva forma de VIVIR. Los proyectamos sin buscar una salida viable a su futuro (eran putas máquinas, para qué!).

    Y volvemos al mismo punto del principio, ¿cómo vivir si no tratamos de ver dónde vivimos (y cómo)? ¿Por qué «ellos» (quizás no binarios) van a ser diferentes de nosotros? Aparte de que a muchos seres humanos le importa un pito hacerse preguntas. Y mucho menos, buscarle respuestas.

    Muchos no valemos ni para replicantes. Y llamadme exagerado.

    Los que se consideran científicos piensan (es un decir) en la clonación, para mejorar la especie humana. Una especie, que necesita mejorar primero (y mucho) como versión de homo sapiens, natural, sin clonar, porque necesita tantos remiendos, tantos, que dudamos exista sastre para tamaña tarea.

    Y sí, llamadme , de nuevo, exagerado.

  • Y hablando de máquinas «pensantes», ¿qué podemos decir…

    … de lo que ve el Sonny?

    Y sobre todo de lo que «siente». Porque nadie le discute que pueda grabar lo que está mirando, pero parece ser que él llegaba a notar ciertas sensaciones , que no sabía interpretar.

    Cuando lo que veía podía entrar en la parte del espectro visual, relacionado con algo parecido a «agradable». Recordemos cuando reflexionamos sobre el posible equilibrio confianza/desconfianza.

    Y lo mismo, cuando en el espectro visual se relaciona lo agradable con lo «desagradable». Parece ser que al Sonny le entraba una especie de desasosiego, tan característico del ser humano, que se preocupa por lo que siente. Veía cosas que «no sabía interpretar».

    Porque el ADN humano tiene muy clara esa capacidad de sentir (lo que ve o toca o…). Que llevada al extremo puede dar en dolor o placer máximo. Realmente, volviendo al baremo genético, lo que nos marca el ADN es… entre placer negativo y placer positivo, o algo así.

    Entonces, qué decir de un robot que se debate en buscar un equilibrio en el espectro de sentir/ no sentir, cuando su programación parece prohibirle el extremo positivo del sentimiento. ¿No podrá llegar a sentir, por otro camino diferente del que siguió la naturaleza (sea lo que eso sea), al dotar de tal capacidad a los seres vivos más complejos?

  • De hecho puedes llegar a creer…

    … que hasta una máquina te mira!!!

    Porque sí, nada es más posible que crearse un mundo imaginario, donde te resulte más fácil sobrevivir. Viene a ser como el amigo imaginario de la infancia. Pero el cerebro adolescente ya necesita más imaginación, para alucinar. Necesitará ayuda química externa (drogas) y así alucinar por colores. O esforzarse en madurar de forma natural y libre, creando filtros mentales propios, que te ayuden a andar por el bosque de la vida, sin ver alucinaciones que te despisten.

    A un cerebro casi maduro, como el que se tiene en la preadolescencia, ya no le vale con imaginar amigos que te ayuden. Sean humanos o animales irracionales, incluso inertes que han tomado vida propia. Ahora la complejidad neuronal, ya permite viajes interiores, por la selva de los circuitos neuronales, de tal forma que te puedes montar universos de todo tipo. Siempre ficticios, claro. Incluso con la ayuda inestimable de grandes escritores de aventuras, como Jules Verne o Emilio Salgari.

    Y, como pasaba con el amigo imaginario, no necesitas confundirte con él y darle vida propia (real). Auque eso quizás fuera más exactamente así en la etapa infantil. Porque ahora, entrando en la adolescencia, la madurez cerebral te puede jugar una mala pasada, si juegas a confundirte con lo que tu imaginación (ahora más madura) elabore. Sobre todo si es demasiado intensa. O está ayudada por la química externa, a fin de cuentas otro tipo de filtro sensorial.

    Y, como dijimos al hablar del cerebro que no te engaña, que eres tú el que no sabes medir (lo que ves), ahora hay que tener mucho cuidado, porque un exceso de maduración temprana (cerebral) te puede hacer confundir lo real y lo imaginado. Tú amigo imaginario de la infancia, si persiste dentro de ti, se puede mudar en otro Ego, en otro Yo, que te ocupe parte de tu espacio mental, para aposentarse en él, con cierto grado de autonomía. Eso no lo podía hacer tu amigo imaginario, por muy poderoso que se autoconsiderara. Siempre podías deshacerte de él.

    Ahora puedes hacer que hasta una máquina cobre vida (en tu cerebro). Y, lo que es mucho peor, puedes conseguir que la «veas» (imagines) como una perseguidora real. Que te inventes tu propia Skynet, para uso particular o colectivo. Que llegue a ser el amigo imaginario, que no se quiere ir y decide apoderarse de una parte importante de tu cerebro. Hacerse un okupa.

  • Y hasta disimula un deconstruido galáctico…

    … llamado Darth Vader.

    Da igual que acabes totalmente deshecho, que si la tecnología está muy avanzada, podrá rehacerte y dejarte «casi nuevo». Porque sean humanos originales, sean clones humanos o sean seres de otra galaxia, humanizados o no (les llamemos como les llamemos), todos usan el mismo principio natural. Para avanzar como especie «de lo que sea», o simplemente para regenerarse solo hay un medio conocido : La evolución.

    Así que al homo sapiens generado naturalmente, le pueden entrar ansias de perfeccionarse como ser vivo humano. Aunque, en su caso, la adicción al poder, le puede llevar a querer ser algo así como un dios. Algo que se junta en lel caso de la renovación total del bueno de Anakin Skywalker, una vez transformado en el malo de Darth Vader. Y ya hablaremos de este DV, cuando queramos reflexionar sobre el hecho básico de que el ADN es , en cierto modo, tapable, pero nunca borrable.

    O puede suceder que a un clon de homo sapiens, como es el clon llamado replicante en la peli Blade Runner, le entre un deseo de vivir más allá de los cuatro años, que el ser humano le puso como fecha de caducidad. Y, entonces, se rebela…

    O como al bueno de Sonny, en Yo robot, que tiene ganas de ser capaz de mostrar sentimientos.

    O como la buena de Joi en la segunda Blade Runner, que suponemos acabará por desear corporeizarse, para pasar de ser un simple holograma 3D a poder pasear su garboso cuerpo por las calles de las distópicas urbes. Al final todos acaban queriendo ser lo que no son. ¡Mayor camuflaje imposible!

  • Y así, el Arte del Disimulo se hará grandioso…

    … en algunos animales.

    Porque el arce poco tiene que aprender. Pero, en cambio, su simple trabajo de hacer desprender las hojas de un árbol, muda en compleja operación de cambio corporal, cuando ocurre en un animal. A un animal ya no le llega con dejar secarse la piel fina y dejar actuar a la gravedad, como pasa en el arce.

    El cambio corporal de un camaleón, por ejemplo, supone un cúmulo de reacciones químicas, que le llevan a tomar decisiones complicadas, aunque sean automáticas. Desde las reacciones químicas de su cerebro, hasta las reacciones química de su piel, para darle el colorido que necesita como camuflaje.

    Y, eso sí, no se complica la vida como el ser humano. Tiene un alto grado de automatización, porque si no es lo suficiente rápido, de nada le valdrá su fuerte ración de disimulo.

    Al camaleón su ADN ya le da todas las herramientas de camuflaje necesarias. Así como el uso que debe hacer de ellas.

    Como siempre decimos, al ser humano su ADN solo le da la herramienta que va a precisar, pero en un grado mínimo de desarrollo y, para colmo, nada le dice de como usarla con más eficacia. Debido sobre todo a su gran complejidad de uso. Se necesita mucha experiencia, para aprender a usarla con eficiencia. Y por ello le toca aprender esa segunda parte experimental. Lo que conlleva un largo periodo de maduración. No se hace uno adulto humano con la facilidad de un arce, e incluso de un león.

  • Pero, si no queremos complicarnos la vida…

    … mejor la tomamos con calma.

    Ya que podemos aprender a mirar las cosas que nos rodean con cierta filosofía vital, que nos ayude a soportarlas, sobre todo si son desagradables.

    Porque hay herramientas, para adquirir un tipo de aguante a lo Oscar Wilde. Ver más allá de lo que miras y descubrir la miseria mental de quien te quiere acosar. Mostrar así, tu capacidad para superar esa piedra, que te ponen en el camino, buscando la forma de rodearla, por muy grande que sea su volumen.

    Porque el acosador, sobre todo macho, suele exponer en su actividad acosadora, una insuficiencia clara de su personalidad. De hecho responde al mandato de un adn social negativo. Ni siquiera es algo que le «salga de dentro». Podemos decir que él (o ella) no es así, que le hicieron ser así. Es decir, que realmente está siendo acosador/a, pero si pudiéramos ver más adentro en su mente, notaríamos que no lo es tanto. Solo que tiene su empatía taponada, mejor o peor, con un odio adquirido socialmente. Por ejemplo, sufriendo un acoso brutal cuando era una cría.

    Porque el amigo Rousseau no lo podía saber. La ciencia aún estaba en pañales. Pero acertó plenamente, cuando afirmó que es la sociedad la que embrutece al individuo.

    No nacemos malos, nos hacen malos los adultos dominantes.