Etiqueta: disidencia

  • Porque siempre hay otros que están dispuestos a luchar…

    … para que todos podamos sonreir!!!

    E incluso compartir las arrugas que vamos a tener de viejos.

    Porque la mirada en compañía gana mucho. Especialmente a la hora de convertir esa mirada en ver lo que miras. De asegurarte que estás mirando lo correcto. Y lo ves. Varios humanos mirando son más formas de ver, más diversas. Muy importante cuando se ponen en conjunto, cada una de las diferentes visiones que se han sacado de la misma realidad.

    Eso se llama coordinación. Y tiene mucho que ver con la imprescindible coordinación de los circuitos neuronales de cada uno de los miradores. Dentro del propio cerebro, cuando hay varios Yo… y, luego, con los cerebros adjuntos de los colegas (otros Yo externos a coaligar).

    Y será algo crucial a la hora de poner en común las diversas visiones que se tengan sobre un contexto revolucionario. Porque, como siempre decimos, el contexto es el mismo, en un momento y un lugar dado, pero las imágenes que sacamos de ese contexto pueden, incluso, ser antagónicas.

    Y si eso se da en cualquier situación histórica, por muy tranquila que sea, ya no digamos en una situación de cambio social tumultuosa, muy difusa, con diversas miradas y con diversas visiones, que dan lugar a diversas interpretaciones. Confluyendo diversos intereses. Y con diversos seres humanos que deben tomar control de la situación. Muchas veces sin tiempo a pensarlo con detenimiento. En un proceso revolucionario se puede tener una idea de como empieza, pero nunca de como se acaba. De hecho se puede decir que igual que el límite o la utopía (no existen realmente), el final de una revolución solo existe como entelequia en la mente de su vanguardia. Todo proceso revolucionario no deja de ser una sucesión indefinida de etapas intermedias.

  • ¿Por qué cuesta tanto, ver lo que…

    … tenemos DELANTE?

    Manu no quiere ver, no quiere mirar dentro del túnel, aunque al final no puede evitar la tentación… la curiosidad (su exceso)lo va a matar. En este caso si que va a hacer de gato ignorante, poco precavido. Pero los humanos somos así. En nuestro caso queremos arriesgar y, a veces, el choque con una faceta cruel de la realidad, nos puede hacer más humanos. O destrozarnos por dentro.

    El Pablo del Saura, tampoco quiere acabar como acaba. Él iba para ser un joven normal, con su curro, su coche y su novia… y puede que hasta con un par de crías.

    Y es, en estes contextos, cuando vemos a una adolescente que nos mantiene la mirada, que tampoco queremos verla. No queremos indagar en el túnel de su mirada, porque tememos ver lo que no queremos. Porque podríamos vernos a nosotros mismos, en precario.

    Esto le pasa a muchos profes, cuando se niegan a mirar a los ojos de su alumnado. Les temen, por lo que pueden mostrar de sus insuficiencia como profesionales de la educación.

    Nada más apabullante, que la mirada de una adolescente, cuando se siente seguro de su capacidad regeneradora. Aunque no sea consciente de ella. Y aunque no haya aprendido (no le enseñaron) a recibirla y dirigirla adecuadamente. Por ejemplo, enseñándole a proteger mejor sus pulmones, porque la tarea regeneradora requiere tiempo y buena salud. Pero es que no son, no pueden ser, los putos adultos fumadores, quienes para darle consejos de que no fume.

  • Y evitar que nos vayamos/vayan hundiendo…

    … en el pozo de la vida.

    Porque la crueldad de un ser humano adulto puede llegar a ser casi infinita. De hecho, ya ha llegado a serlo varias veces a lo largo de su historia.

    Porque tenemos dificultades para entender lo que es un agujero negro cósmico y no queremos ser conscientes de que muchas veces nos metemos en un agujero negro vital. O bien nos meten los adultos dominantes en él, como decimos estes días, sobre los campos de concentración y gulag.

    Porque, ademas de apreciar el hecho de ser inhumanos, como algo positivo, no queremos ser curiosos, ni esforzarnos en aprender como manejar los cambios que un ecosistema nos va ofreciendo. Porque nos gusta estropear el equilibrio que tanto le costó lograr a la naturaleza (sea lo que eso sea).

    Porque seguimos adictos a mirar sin ver. Y, sobre todo, a no querer ver lo que nos puede hacer daño, o romper nuestros esquemas ideológicos.

    Y porque el amigo que mejor nos conoce, y de verdad nos quiere, es el que nos canta las cuarenta. O las cien, si es necesario. El que nos dice «las verdades». No es nuestro amigo el que las disimula, para «caernos bien».

  • Pero, hasta cuando no queremos ver…

    … nos estamos engañando.

    Por ejemplo, si no queremos ver un marco. Como pasa cuando no queremos ver las dotes intelectuales de Marilyn. En su caso es machismo, en este caso del marco, es porque no queremos ver los linderos que marca ese paralepípedo de granito.

    Porque esas líneas invisibles, que salen del marco y delimitan propiedades, no queremos que existan para nosotros. Como hace el bebé con sus barrotes cuneros, queremos traspasar las fronteras que se nos imponen.

    Pero, con este tipo de decisiones, volvemos al cerebro descoordinado. Nos dejamos llevar por el departamento cerebral de la Disidencia, sin tener en cuenta la opinión del departamento de «Medir las Consecuencias».

    Y así, nos engañamos, ya que pasamos una frontera, como si fuéramos libres de hacerlo, pero vendrá la correspondiente policía a meternos de nuevo en nuestra tierra.

    Solo se pasa una frontera cuando se tiene poder para ello. Y aún así, nos podemos seguir engañando (Napoleón, Hitler…).

  • Porque no todos queremos ver…

    … la mierda que nos ofrecen.

    Hablamos de tener curiosidad y de poder elegir lo que queremos ver. Pero acaso, ¿eso obliga a ver todo lo que nos muestran?

    Que nos obliguen a mirar un anuncio, no quiere decir que estemos obligados a verlo. Aquí es donde juega un papel básico el saber diferenciar bien el fenómeno de ver y el fenómeno de mirar. Porque, incluso encadenados para mirar algo forzados, podemos ser capaces de no ver lo que nos enseñan. Por eso, al protagonista de La naranaja mecánica, era tan difícil hacerle mirar lo que no quería ver. E incluso, con los ojos abiertos, podemos hacer que la memoria difumine lo que estamos viendo.

    Aunque, como todo lo aprendido, este tipo de ejercicios, requieren mucha práctica. De hecho, más que las ecuaciones diferenciales. Las cosas no se aprenden sin esfuerzo, tal como un maestro intenta meter en la cabeza de su alumnado.

    Pero lo peor, es cuando no queremos mirar, porque no sabemos lo que queremos ver.

    Lo dicho, parafraseando al gran poeta italiano, Cesare Pavese, Aprender cansa.

  • Porque no se ve…

    … si no queremos ver!!

    Porque , igual que con la medida, nuestro ADN nos dá la capacidad de elegir. Sí, podemos elegir lo que queremos ver, y antes mirar, al menos en situación de libertad. Otra cosa es si estamos sometidos a una tiranía, de cualquier tipo (política, afectiva, económica…), que nos impide mirara lo que queremos.

    Entonces, como un buen adolescente aborregado, seremos incapaces de tirar el Play Boy a la papelera. O dejar de mirar el folleto del Corte Inglés, ese donde nos muestran sus últimas novedades de temporada.

    Igual que con el departamento cerebral de medir, en este caso, tenemos cerrado el departamento cerebral de valorar lo que estamos viendo. Entonces es, cuando ya tenemos un buen problema : seremos incapaces de dilucidar lo que debemos ver y lo que no.

    Entonces ya somos el pobre gato, que no sabe evitar el peligro que le acecha, cuando camina por lugares muy peligrosos.

  • Politiqueando

    Siempre se dijo aquello de que «empezando que es gerundio», aunque el alumno que lo escuchaba de su profe, lo único claro que tenía es que no sabía «como empezar».

    Y aquí estamos de nuevo, cambiando silla incómoda por silla mucho mejor y, sobre todo, la pizarra o libreta prehistórica, por un «simple» ordenador.

    Estando ya jubilado y muy cansado de bregar con preadolescentes, pienso que me gané el derecho a despotricar contra todo y, sobre todo, contra todos los que mantienen al planeta, al borde (algo exagerado) de la extinción de su especie humana.

    Así que nadie diga esa tontería, de que «no te metas en política», porque el bebé, cuando protesta en su cuna, ya está haciendo política.

    Un primer paso es solo eso, un paso inicial…