Etiqueta: aprendizaje

  • Ni tampoco ser africano, basta con…

    … ser muy civilizado!!!

    Y marcarse un estilo de vida al modo replicante (BR), pero voluntario. Vivir a lo grande, o a lo pequeño, tratando mal al cuerpo y a la mente, pero siempre presumiendo precisamente de lo contrario. De «hacer lo que quiero«.

    Como si, decir que hacemos lo que queremos, tuviera algo de real. Como si pintarse en modo tribu afriacana, nos hiciera ser más libres. Como si escapar de una tribu urbana (clásica), para hacerse fanático seguidor de otra (ultramoderna), fuera un ejemplo de libertad.

    Lo moderno puede ser antiguo y el ser libre vivir en una burbuja, en modo pandilla de barrio, esa que viene a ser la primera secta que te agarra, antes de que te pillen «las otras».

    El presumir de libertario no deja de ser un síntoma de que te gusta estar prisionero de alguna de las religiones, que el ser humano ha inventado para fabricarse una realidad a medida. Como decimos aquí el mejor tipo de adn social negativo, que puede casi borrar toda capacidad regenerativa que venga escrita en tu ADN.

    Como si la palabra amor escrita en tu piel, pudiera mejorar la palabra amor escrita en un gen. Típico postureo de ser humano más o menos alienado.

  • Pero, si no queremos complicarnos la vida…

    … mejor la tomamos con calma.

    Ya que podemos aprender a mirar las cosas que nos rodean con cierta filosofía vital, que nos ayude a soportarlas, sobre todo si son desagradables.

    Porque hay herramientas, para adquirir un tipo de aguante a lo Oscar Wilde. Ver más allá de lo que miras y descubrir la miseria mental de quien te quiere acosar. Mostrar así, tu capacidad para superar esa piedra, que te ponen en el camino, buscando la forma de rodearla, por muy grande que sea su volumen.

    Porque el acosador, sobre todo macho, suele exponer en su actividad acosadora, una insuficiencia clara de su personalidad. De hecho responde al mandato de un adn social negativo. Ni siquiera es algo que le «salga de dentro». Podemos decir que él (o ella) no es así, que le hicieron ser así. Es decir, que realmente está siendo acosador/a, pero si pudiéramos ver más adentro en su mente, notaríamos que no lo es tanto. Solo que tiene su empatía taponada, mejor o peor, con un odio adquirido socialmente. Por ejemplo, sufriendo un acoso brutal cuando era una cría.

    Porque el amigo Rousseau no lo podía saber. La ciencia aún estaba en pañales. Pero acertó plenamente, cuando afirmó que es la sociedad la que embrutece al individuo.

    No nacemos malos, nos hacen malos los adultos dominantes.

  • Y, también, es cuando…

    …se provoca la tremenda explosión!

    Porque la paciencia del ser humano es limitada. Y más si estás pasando por esa mala experiencia, llamada adolescencia. Un adolescente en maduración natural y libre, es una fuente de regeneración social. Un adolescente acosado y maltratado es un proyecto de explosión futura. ¡Y lo dice su propio ADN!

    Porque pudo quedar borrada la empatía, allá por la noche de los tiempos (si hubo un maltrato). Y entonces ,solo queda la ira para vestirnos. Con unas tremendas ganas de revolverse contra todo ese poder adulto, que te esté oprimiendo. Recordemos por un momento a las crías palestinas de estes desdichados días.

    Y es el momento en que no sabemos medir. Ni la calidad del maltrato ni, mucho menos, la calidad de la respuesta. Esa respuesta que podemos considerar supuestamente liberadora, cuando realmente nos deja aún más atrapados en una espiral de violencia incontrolable. Y si no ,que se lo pregunten al portador de un chaleco bomba instantes antes de que lo explote.

    Los adultos dominantes solo te enseñaron a sufrir, con más o menos aguante. Pero sin dotarte de la herramienta que llamamos resiliencia. Y aún menos te enseñaron a medir las consecuencias de tus acciones. De cualquier arrebato mal controlado por tu ira. La que, cuanto más grande, peor será dirigida. Y así, luego te llaman camorrista o, peor aún, terrorista. Como si tú no llevaras aterrorizado desde que dejaste la cuna, suponiendo que en algún momento de tu vida la tuvieras.

    Si eres bueno, es gracias a un adulto, pero si eres malo es solo gracias a ti. Como diría un nativo usamericano, la Gran Hipocresía del Hombre Blanco.

  • Entonces es cuando uno/una «se hace bomba»…

    … cada vez más temprano!!!

    O, lo que es mucho peor, y expresado más científicamnete, le impiden a uno y a una que termine de madurar, natural y libremente, haciendo que explote antes de tiempo. Y, lo peor, totalmente manipulado por los adultos. Por todo tipo de adultos, de uno y otro signo político. Y da igual que usen un tanque sionista o un misil de Hamas. Son simples terroristas… y el niño de la piedra en el medio y medio, aprendiendo de esos adultos.

    Porque los adultos dominantes no saben proteger a las crías humanas, pero saben muy bien como joderlas bien jodidas. Y da igual que sean de la oposición o sean del gobierno.

    Porque da igual que sea la típica organización de crías humanas, creada por un gobierno dictatorial opresor. Como si es creada por una oposición a ese gobierno, una vez que lo haya derrocado. En ambos casos se persigue el clásico lavado de cerebro juvenil.

    El mecanismo de manipulación infantil es exactamente el mismo : aprovechar el proceso madurativo de la cría, para ir injertando en su mente una serie de creencias, que, para colmo, la mayor parte de las veces no tienen base real. No dejan de ser mentiras o, como mínimo, medias verdades. Sean sobre historia del país, sobre necesidades futuras o, incluso, sobre la forma en que esas crías deben establecer sus afectos de tipo individual.

    Todo ese pasado y ese futuro, se suele resumir en una frase muy simple y demasiado plana : Todo Sea por la Causa. Sea esa causa lo que sea, en esencia, cualquier idea humana, creada y apoyada en una profunda fe. ¡Puro y mortal fanatismo!

  • O más modernamente…

    … los hijos de la Intifada!!!

    Porque ya no se trata de perder un mísero cacho de tierra arrendada. Aquí estamos hablando de perder la vida. Y no siendo una persona mayor, sino en plena etapa de maduración, infantil o adolescente.

    Como sucedió, sucede y sucederá (casi seguro) en Gaza (Palestina).

    Ahora ya no es acabar con los nativos usamericanos, es acabar con los nativos palestinos. Los que, poco a poco, van siendo arrojados al mar, como si de simples lemures se tratara.

    Ya ni es el Sahel, porque allí, por lo menos, se mueren de hambre tumbados sobre su propio territorio. Aquí se trata de mantener maltratado, muy maltratado, a todo un pueblo, para acabar por echarlo al mar o a la tumba. Morir por las armas sionistas o morir por las armas de grupos armados tipo Hamas.

    Y todo por un adn social negativo totalmente inhumano, por muy bíblico que sea. La religión haciendo de las suyas, otra vez. Y da igual que sea la hebrea, el comienzo de la Biblia, que el Islam, devenido a partir de Abraham : ambas religiones con seguidores megafanáticos.

  • Especialmente los que una vez llamaron…

    … los «hijos de la ira».

    Porque en su novela Las uvas de la ira, Steinbeck, nos relata la aventura de un colectivo, tan acosado y robado, que todo su maltrato muda en ira, aunque en este caso no sea una ira revolucionaria.

    Y no fue revolucionaria, porque si en alguna SAD se puede decir, que el injerto de un adn social negativo funciona con extremada perfección, esa es en la sociedad dominante USA.

    Los adultos dominantes USA, desde siempre, resumieron ese adn social negativo en una famosa frase : «Self made man». Te vistes con la ropa que te damos, pero te hacemos creer que eres autónomo vistiéndote.

    Hacerse a uno mismo, dice el poder establecido USA. Resultaría brillante, si no fuera tan cínica y mentirosa. En la tierra de la colonización y el exterminio masivo de los nativos, nos quieren vender la lavadora de que «podemos ser lo que queramos». Mierda ideológica del tamaño del Cañón del Colorado. O puede que incluso necesitemos a todo el planeta, para hacer la comparación y tener así una idea del tamaño de una mentira tan bien injertada.

    Porque se puede decir que el territorio USA es el menos indicado, para que madure natural y libremente el ADN que toda cría humana lleva adentro. Y por eso mismo la capacidad regeneradora de los adolescentes usamericanos es mínima. La losa de la CIA, del FBI o de cualquier Agencia Gubernamental de Acoso al Ciudadano, es pecata minuta comparado con la losa que tapa las capacidades genéticas del humano USA.

  • Y ya empezar a acosar civilmente…

    … desde muy temprano edad.

    Porque, cuanto antes se empieza, mayor experiencia vamos adquiriendo. Podemos ir cogiendo las herramientas de acosada y de acosador, desde ya la llamada tierna infancia. Porque no se nace ni como acosada ni como acosador. Los dos son ropajes sociales, que se van adquiriendo con el tiempo de una mala socialización.

    Esta sociedad adulta que conocemos es experta en injertar poco a poco las dosis necesarias de un adn social que nos incita a no seguir madurando nuestra capacidad genética de ser empáticos, y defensivos al mismo tiempo. Y así, desde que somos bebés, nos acostumbremos socialmente a ser acosados o acosadores. Solo hay que reforzar ciertas tendencias naturales (instintivas) a ser más o menos egoístas. Es decir, a madurar la vena empática, natural, o la vena más antipática, totalmente artificial. Dicho de otro modo favorecer la insolidaridad (adn social negativo)en vez de la solidaridad (adn social positivo). Recordemos el concepto de espectro equilibrista.

    Y sí, el patio del colegio es una de las mejores aulas, para practicar esa necesidad social de sentirse superior a otro ser humano. En principio puede que semejante a uno mismo, pero quizás con alguna característica que, notamos intuitivamente, nos puede hacer sentir superiores.

    Esa alumna o alumno que no se atreve a mirarnos, por miedo a que le digamos algo. Seamos compañeros o profesores. Esa es carne de cañón, para empezar nuestro proceso de acoso.

    Y llega con una simple mala mirada, o un gesto de amenaza, para que empiece a sentirse mucho peor. Ahí es donde nos quedamos en la mirada superficial y no somos capaces de profundizar, viendo realmente al ser humano diferente, que no se merece nuestro maltrato. En el fondo nos asusta mucho, que nos podamos ver como la mierda que somos. Y aquí es cuando falla esa tontería de que «nacemos así», porque no. Como bien decía Rousseau, es la sociedad adulta dominante(SAD) la que nos hace así. Impidiendo que desarrollemos nuestras capacidades genéticas. El no sabía de este tipo de cosas, pero las intuía perfectamente.

  • Y ya desde un principio…

    … no sabemos bien que hacer.

    Porque, el atisbo de bipolaridad pensante que nos invade en nuestra adolescencia, empieza por no saber que camino tomar, cuando la SAD nos acosa fuertemente.

    Por un lado queremos regenerar lo que está socialmente anquilosado, pero, por el otro, tememos el resultado a que nos puede llevar esa lucha generacional. Porque el mandato genético nos puede meter en un pozo sin fondo, o por lo menos sin que sepamos muy bien como buscar la salida. Aunque debemos considerar que, si queremos ser diferentes, en el pozo vamos a acabar más o menos igual. Hasta que consigamos salir de él.

    Y aquí vienen a cuento todas esas herramientas, que, tanto decimos, se tienen que llevar en la mochila del adolescente. Porque ya no llega con tener la capacidad de regenerar, por ejemplo, una avería en las cañerías de la casa, si no tenemos el material necesario para hacer ese arreglo. Pues regenerar la sociedad es aún más trabajoso.

    Ya lo dijimos bien claro. El aprendizaje cuesta, tanto como al Pavese hacer sus poemas. Y sin las herramientas adecuadas no hay poema que nos pueda salir del cerebro. Porque las musas suelen estar a sus cosas y del corazón no sale nada más que sangre, bombeada de un sitio a otro de nuestro cuerpo.

    Por eso la mirada del Antoine, en el final de Los 400 golpes, lo resume todo perfectamente : ¿Hacia dónde ir? ¿Qué necesito ver?

  • Y por eso, es de vital importancia…

    … ¡prestar mucha atención!

    Y no llega con una atención mediana, debe ser un grado de atención muy elevado. Porque no se aprende nada «papando moscas». Ya que las moscas se ríen, y mucho, del alumnado que se dedica a observarlas, incapaces de cazarlas.

    Ya en la cuna, no podemos ser seres vivos demasiado inertes. El movimiento constante y mirar para el entorno tiene que ser nuestro ejercicio diario.

    Como le pasa al Moncho de la imagen (La lengua de las mariposas), tenemos que beber los conocimientos que alguien pone a nuestra disposición, como si fueran dosis de agua, que van calmando nuestra sed. En ese proceso vital que se llama aprendizaje. Y que tanto depende de tener un buen maestro.

    Porque no se conoce muy bien el comportamiento del lobezno, dentro de la cueva, pero seguro que se pasan el día atendiendo a lo que les dice su madre.

    Resulta curioso que las crías humanas, cada vez antes empiecen a estar cansados de los consejos familiares. ¿Será por ser humanos o, más bien, por lo malos que somos los humanos adultos, dando consejos a nuestras crías? Quizás debiéramos aprender algo más de las lobas…

  • Ante todo, tenemos que ser curiosos…

    … y observar atentamente.

    La cría humana es más gato que vaca, por lo que debe aprender a desconfiar. Especialmente, una vez que sus pasos son auténticos avances sobre el suelo donde se apoya.

    Pero, en principio, para salir de su cueva familiar, necesita mucha más preparación que el más astuto de los gatos. Es necesario que combine cierta dosis de curiosidad, con cierta dosis de precaución. Por mucha confianza + curiosidad que tenga, no puede ser curioso «de más».

    Por ese motivo debe prestar atención a lo que hace y aprender a sacar consecuencias de todo lo que observe en sus primeros pasos. El acierto en los segundos, va a depender claramente de lo que aprenda con los primeros.

    Se avanza por ensayo y error, así que no debe evitar experimentar, pero sí evitar tropezar en la misma piedra.

    Porque repito, la curiosidada no mata al gato, lo mata su ignorancia. Es decir, no saber por donde anda o repetir los errores con demasiada frecuencia. Eso que tanto le gusta hacer a los humanos.