Etiqueta: aprendizaje

  • Porque el humano te ve, mientras que…

    … la máquina solo te graba.

    El cerebro humano ve lo que los ojos «le han mirado», como hace el objetivo de una cámara fotográfica, que traslada la imagen de fuera a una placa con material químico, que está «dentro». En nuestro cerebro se monta un circuitado neuronal, para que almacene y organice la información recibida.

    La máquina solo puede grabar en un archivo informático, todos los datos que va recibiendo. Pero sin una «aplicación» que organice lo almacenado y, lo más importante, su expresión posterior hacia los demás, nada puede hacer con ella. Necesita una ayuda extra para «madurar». Y ahí entran millones de años de experiencia de la naturaleza (sea lo que «ella» sea), organizando información recibida.

    Incluso un robot de última generación solo puede hacer un 5% (sic) de lo que hace un cerebro humano. Especialmente por faltarle la plasticidad mental necesaria, para elaborar nuevas informaciones a partir de la información base. Complementar datos es fundamental, para poder observar la realidad con un mínimo de eficiencia. Recordemos a los tarados mentales, que confunden mala organización cerebral por departamentos con un cerebro que «nos engaña».

    La IA necesita buscar en su base los elementos precisos para construir su discurso. El cerebro humano puede consultar su base informática o empezar de nuevo, a partir de deducciones que fue sacando de la información diversa almacenada.

    La mente hunmana puede imaginar nuevos lugares por donde desparramar su alta capacidad expresiva, tanto racional como emocionalmente. Incluso llegando que parezca el sentir humano. Pero nunca podrá, en mucho mucho tiempo, dotarse de una imaginación tan intensa y plástica, como es la humana imaginación. Especialmente en su enorme capacidad para hacer el mal.

  • Y tanto se te escapa, la realidad, que puedes llegar a ver…

    …aquello que no existe.

    Porque si dejas que algo o alguien, sea lo que eso sea, te vaya comiendo el coco, haciendo que veas/grabes cosas que no viste realmente, entonces tienes un problema (grande!) con el entramado neuronal, que se forma en tu cerebro. Vas a tener una sucesión de circuitos/archivos, donde se refugian eses elementos irreales, que te van a provocar alucinaciones de vez en cuando. Incluso haciendo que acabes por vivir en un mundo imaginario.En principio por la noche, luego durante el día (despierto). Y todo sin ver un puñetero filtro material puesto delante de tus ojos.

    Y el problema es que no vivirás un mundo imaginario infantil, como pasaba con el amigo imaginario, que tanta compañía te hacía. Aquel podías controlarlo. Ahora tendrás un imaginario adulto, viendo elementos que no existen, sean árboles que hablan o fantasmas que andan buscando almas que le hagan compañía. Como sucede con la Santa Compaña, que, dicen, camina por los bosques gallegos en busca de cristianos, que le ayuden a soportar su «mala» muerte.

    El bosque animado del «bueno» del Wenceslao Fernández Flórez, es un ejemplo de ese mundo no real al que nos podemos ver abocados, cuando rematamos por ver cosas que solo existen en nuestra mente.

    Entonces es cuando el mirar y el ver se han fusionado de tal forma que, como pasa con la personalidad múltiple, ya no podemos saber quien somos : si el que mira o el que ve, si el que piensa o el pensado. Un bonito dilema, ese de si eres tú o eres otro, del que hablaremos más adelante.

  • De hecho, un buen filtro, puede ser…

    … un puto disfraz!!!

    Porque sí, seamos sinceros. Nada puede hacer que la realidad sea de otra forma, salvo que uses tus capacidades genéticas (y las de muchos) para modificarla. De nada valdrá taparla, parcial o totalmente. Ni tampoco disimularla con filtros que la hagan parecer otra cosa.

    ¡No seamos tan mediocres versiones de homo sapiens! Creyéndonos esas mentiras adultas.

    Cuando un camaleón se camufla para poder defenderse o cazar, lo hace por una necesidad natural. Paara poder sobrevivir en el ecosistema donde le «tocó» vivir.

    Es ser humano es el único animal capaz de disfrazarse para engañarse a si mismo, haciendo ver que la realidad (del ecosistema) no es la que realmente es. Además es capaz de engañar brutalmente a los otros seres humanos, si con ello saca algún beneficio para sí.

    Y da igual que diga amarlo u odiarlo (al otro). Los filtros serán usados según le convenga, para ascender en la escala social del poder. Para ligar, engañar o para matar. Sea un hijo o un padre, un hermano o la amante de turno. Porque los peores filtros son los que se usan para camuflar el mundo tal como es y vendérselo a los hijos como otra cosa diferente. ¡Esas son las peores mentiras de los adultos! Pero cuidado, porque esas mentiras también necesitan ser filtradas por nuestra mente.

  • Y hacer el filtro preciso supone…

    … un trabajo muy serio.

    Un buen filtro mental propio (liberador) requiere mucho esfuerzo, mucha constancia y una enorme cantidad de imaginación. Para hacerlo con un tejido tan fino, y, al mismos tiempo, tan flexible, que nos permita separar la paja del grano hasta limites de infinitésimos. Y sea del tipo que sea , tanto la paja como el grano.

    Ese es el filtro que necesitamos, al observar la realidad, para ser realmente libres. No vale un filtro comprado en el típico bazar de «todo a 100», que no servirá más que para dejarnos sentir aquello que el poder establecido nos quiere dejar percibir.

    Y tiene que ser un filtro tremendamente inteligente, no es un simple colador, ya que tiene que «saber» cambiar en la selección de las partículas/ideas elementales que debe dejar pasar : unas veces serán las pequeñas, pero otras serán las grandes. A veces muy grandes y «pesadas».

    Lo dicho, un filtro inteligente. Con una gran capacidad de memoria, paar no tener que hacer el trabajo de selección con partículas que ya están prefijadas como «no pasables». Aquí importa poco el tamaño, lo importante es su grado de toxicidad.

    Por ejemplo, en simples y putas noticias. Y conviene que sea inteligente, muy inteligente si puede ser, para que te avise cuando te desvías del patrón de noticias a seleccionar. Si nota que empiezas a dejar pasar ideas que antes eran tóxicas, debe dar un pitido de aviso. Algo empieza a ir mal, si no haces un análisis profundo de ese tipo de cambio.

  • De lo anterior se ve, que no es nada fácil VER…

    … lo que no se deja ver.

    Que también podemos expresar, como que no siempre se ve lo que se mira. Salvo que usemos la capacidad genética, que tienen los humanos, para abstraer /generalizar lo que están viendo. Como hizo Picasso en su etapa cubista.

    Porque el cilindro se puede descomponer en nuestro cerebro en diversa figuras planas. O con perspectiva volumétrica, con cierto grado de volumen (por nuestra capacidad de imaginar «como será por detrás», una vez que lo hemos visto realmente). Y hasta, como dijimos, de imaginar un uso futuro de esa figura cilíndrica : rueda de apisonadora o lata de refresco.

    Esa capacidad de abstración, nunca segura al 100% en su predicción de futuro uso, es la que nos permite inventar a los humanos. Ver más allá de la realidad presente. Incluso en la realidad futura.

    Pero también es la que nos puede dar algo de miedo, cuando se refiere a que nos vean «por dentro» o mucho peor, como puede ser nuestro futuro.

    Y por eso necesitamos , casi tanto como ver, el no dejar ver a los demás. Y ya veremos una segunda parte sobre esto, cuando toquemos el problema de la existencia del que mira (el mirador) y de lo que mira (lo mirado).

  • Este Disimulo incluso lo puede practicar…

    … un clon humano llamado replicante.

    Porque si les damos a los robots la posibilidad de pensar por si mismos, ¿por qué no van a aprender que necesitan disimular, para su propia supervivencia?

    Viene a ser como el humano esclavista, que considera a su esclavo como un animal sin alma, es decir no pensante. Cuando sabemos que eso, precisamente, viene en todo ADN humano. La capacidad de pensar es el regalo que nos ha hecho la naturaleza (sea lo que eso sea) a nosotros, los humanos.

    Y al humano le gusta pensar que sus robots estarán siempre desprovistos de esa capacidad. Como si no pudiera hacer lo mismo que el ser humano, que va evolucionando. Podría pasar igual con el robot. Llegado a una masa crítica «cerebral», aunque sea artificial, podría el robot adquirir la suficiente autonomía, como para ponerse a «pensar por si mismo». Aunque en principio no alcance la complejidad reflexiva de un ser humano.

    Se llama evolución.

    Y es algo que se tiene que ver, aunque no se quiera mirar. Porque pasar va a pasar.

  • Y así, el Arte del Disimulo se hará grandioso…

    … en algunos animales.

    Porque el arce poco tiene que aprender. Pero, en cambio, su simple trabajo de hacer desprender las hojas de un árbol, muda en compleja operación de cambio corporal, cuando ocurre en un animal. A un animal ya no le llega con dejar secarse la piel fina y dejar actuar a la gravedad, como pasa en el arce.

    El cambio corporal de un camaleón, por ejemplo, supone un cúmulo de reacciones químicas, que le llevan a tomar decisiones complicadas, aunque sean automáticas. Desde las reacciones químicas de su cerebro, hasta las reacciones química de su piel, para darle el colorido que necesita como camuflaje.

    Y, eso sí, no se complica la vida como el ser humano. Tiene un alto grado de automatización, porque si no es lo suficiente rápido, de nada le valdrá su fuerte ración de disimulo.

    Al camaleón su ADN ya le da todas las herramientas de camuflaje necesarias. Así como el uso que debe hacer de ellas.

    Como siempre decimos, al ser humano su ADN solo le da la herramienta que va a precisar, pero en un grado mínimo de desarrollo y, para colmo, nada le dice de como usarla con más eficacia. Debido sobre todo a su gran complejidad de uso. Se necesita mucha experiencia, para aprender a usarla con eficiencia. Y por ello le toca aprender esa segunda parte experimental. Lo que conlleva un largo periodo de maduración. No se hace uno adulto humano con la facilidad de un arce, e incluso de un león.

  • Porque la adaptación, viene de serie…

    … pero, necesita ser mejorada.

    Porque, en el caso de los seres humanos, ese endeble arbusto de la adaptación se tiene que convertir en un robusto árbol. Nosotros, para sobrevivir, necesitamos dominar el Arte del Disimulo.Y eso, como todo lo humano, requiere un gran esfuerzo de aprendizaje.

    Por ese motivo precisamente, la cría humana tiene un periodo tan largo de maduración. Hay demasiado que aprender. No es un problema de pereza (esa capacidad, tan apreciada por algunos, no viene en nuestro ADN, se aprende socialmente).

    Pero sí se necesita una etapa muy prolongada, en los humanos, para aprender a soportar el frío. Que a veces llega a -70ºC. Y todo se tiene que hacer, a partir de una simple capacidad de adaptación, que en el ADN está solo «en pañales». Y, por eso, tenemos mucho que aprender de los padres, para saber usar la ropa, por ejemplo, que nos debe proteger. El arce no se viste, nosotros sí.

    Y ahí es cuando el ADN nos permite desarrollar conocimientos de nuestros ancestros. Sobre todo cuando ellos tenían que vivir con épocas de glaciación.

    Porque nuestros padres antes fueron enseñados por sus padres… y estos por los suyos. Hasta llegar, como decimos, a los neandertales, e incluso mucho más atrás. Todo está ahí, en nuestro ADN, como el arce tiene escrito en el suyo, como hacer para perder sus hojas y no congelarse durante el invierno… así tenemos nosotros un sinfín de instrucciones genéticas a desarrollar.

  • Y precisamente por eso, nace…

    .. el gran ARTE DEL DISIMULO.

    Porque disimular es un arte . Para la naturaleza en general, y para los humanos en particular. Y esta sí es una capacidad genética fundamental, para la supervivencia. Pero no se debe confundir con la mentira. Porque esa sí que no es genética.

    El cilindro anterior, o la mujer de Picasso, no están disimulando. Solo podemos ver una cara de su realidad, que tiene varias, siendo el artista (o el científico) el que nos puede hacer ver algunas otras caras posibles, de esa misma realidad. Aunque en vez de un cilindro queramos representar un león.

    Los seres vivos, para sobrevivir, necesitan esa capacidad de disimulo que, en paralelo a la de adaptarse (a esa realidad que «lo invade»), les permite seguir existiendo como seres vivos.

    Y el Gran Disimulador, como no podía ser de otra forma, es el llamado ser humano. Su inteligencia le permite inventar incluso una modalidad de arte disimulador, que es el teatro. Representar en un escenario, que puede ser su propia vida, un papel que no corresponde exactamente a como ese ser humano es. Le hace disimular, parecer que es otra persona para los demás. Y a veces, ¡para él mismo!

    Y la forma más simple de disimulo es usar una máscara. Disfrazarse de «otro», para simular lo que uno querría ser, o, al contrario, lo que uno odia con toda su conciencia. El kabuki japonés es la esencia de esa capacidad teatralizadora del ser humano. Sin palabras, solo maquillaje y gestos. Como prepararse para una gran fiesta, donde queremos básicamente mandar hacer a los demás. Que nos crean, que nos sigan, que se dejen dominar.

  • Y por eso, lo normal/social, es aprender a mirar…

    … como «un picasso» rabioso!!!

    Y esto es así, porque la SAD (sociedad adulta dominante) gusta de hacernos rabiar. Sabe que es un mecanismo perfecto para someternos mejor. Con rabia no pensamos. Y así es imposible ver la realidad, sin estar mediatizados por la SAD. Entonces es cuando solo vemos lo que nos quieren dejar ver. Llegaremos a ser la alumna acosadora en el patio del cole, que se ha hecho a sí misma. Porque solo es capaz de buscar a gente más débil, no para verla a ella (como es), si no para ver la forma de acosarla con más eficacia, buscando sus puntos débiles. Porque también se pueden conseguir diferentes títulos universitarios, como el de Acoso al Prójimo, no solo la Licenciatura en Químicas. ¡Y para colmo presumir de Picasso!

    Ahí es cuando atacar al diferente se convierte en tu meta diaria. Incluso por encima de sacar unas buenas notas en las materias de estudio. Lo tuyo es perfeccionar el proceso de un acoso. Sea en el aula, sea en el patio. Sea en los pasillos o sea en la cafetería. O sea en las redes sociales, dónde puedes clavar tu mensaje de acoso impunemente. Y si puedes acosar al profe mucho mejor.

    Como ya pasaba en el parque infantil, cuando aún solo levantabas varios palmos del suelo.

    Y como disfrutas, cuando te topas con una Carrie, que ni siquiera sabe que existe la menstruación. Entonces es cuando ves tu oportunidad inmejorable para sentirte superior a la acosada.

    Así que vuelcas toda tu rabia, esa que decíamos al principio, sobre la cría humana o adulta que ves tan desprotegida, física y mentalmente. Y es cuando te ganas una nueva cuota de poder, como caudilla de tu panda de adolescentes (o adultos acosadores, normalmente de nivel más mediocre que tú).