
… la máquina solo te graba.
El cerebro humano ve lo que los ojos «le han mirado», como hace el objetivo de una cámara fotográfica, que traslada la imagen de fuera a una placa con material químico, que está «dentro». En nuestro cerebro se monta un circuitado neuronal, para que almacene y organice la información recibida.
La máquina solo puede grabar en un archivo informático, todos los datos que va recibiendo. Pero sin una «aplicación» que organice lo almacenado y, lo más importante, su expresión posterior hacia los demás, nada puede hacer con ella. Necesita una ayuda extra para «madurar». Y ahí entran millones de años de experiencia de la naturaleza (sea lo que «ella» sea), organizando información recibida.
Incluso un robot de última generación solo puede hacer un 5% (sic) de lo que hace un cerebro humano. Especialmente por faltarle la plasticidad mental necesaria, para elaborar nuevas informaciones a partir de la información base. Complementar datos es fundamental, para poder observar la realidad con un mínimo de eficiencia. Recordemos a los tarados mentales, que confunden mala organización cerebral por departamentos con un cerebro que «nos engaña».
La IA necesita buscar en su base los elementos precisos para construir su discurso. El cerebro humano puede consultar su base informática o empezar de nuevo, a partir de deducciones que fue sacando de la información diversa almacenada.
La mente hunmana puede imaginar nuevos lugares por donde desparramar su alta capacidad expresiva, tanto racional como emocionalmente. Incluso llegando que parezca el sentir humano. Pero nunca podrá, en mucho mucho tiempo, dotarse de una imaginación tan intensa y plástica, como es la humana imaginación. Especialmente en su enorme capacidad para hacer el mal.








