Un blog de Sociogenética

  • ¿Por qué el juego del aro que fue…

    … considerado mixto…

    … acabó siendo un juego de niños? ¿ Por qué en mi barrio, por ejemplo, no estaba bien visto jugar con las chicas al aro. Y eso que no era jugar a «las casitas». ¡Cuánto trabajo de relación masculina/femenina se perdió con tamañas tonterías sociales!

    Era ya la costumbre, los juegos clasificados por sexo, en una sociedad adulta dominante (SAD) totalmente patriarcal. De un machismo exacerbado. Un machismo que fue aumentando considerablemente, en vez de disminuir, según se hacía ver como algo normal, lo que ya desde el Imperio Romano era algo anormal. Pasaba como con la palabra civilización. Civilizar al macho era darle el poder, sobre los bárbaros. Civilizar a la mujer era hacerla cada vez más invisible. La mujer se iba invisibilizando cada vez más, como ser humano, al ir cogiendo más protagonismo el macho. Hasta que apareció el movimiento sufraguista y trató de derribar ese muro artificial.

    El hecho de que me gustara jugar al brilé (cuerda)o a las casitas, porque en general me gustaban los juegos menos violentos, ya me suponía cargar con el gen social de no ser todo lo macho que se necesitaba ,en un barrio periférico de gran ciudad. Menos mal que no escapaba de salir en pandilla a recorrer caminos por los alrededores, incluida alguna pelea con gente de otros barrios. Así evitaba que algunos genes sociales, etiquetas que se querían ir poniendo, en la mente de mis colegas, quedarán finalmente injertadas. Con lo cual pasaría a ser considerado un bicho demasiado raro, para ser su colega.

    Y es que me gustaba mucho leer. ¿Qué tipo de gen social se tiene injertado, para fomentar la lectura en vez de despreciarla, como hacían muchos de mis compañeros? ¿Por qué se consideraban macholos a las chicas que gustaban de jugar al fútbol o practicar ciertos riesgos «típicos de hombres» (desafíos, peleas…). Ya no digamos fumar.

    ¿Seguimos sin ver las nociones básicas de un estudio sociogenético del comportamiento humano?

  • ¿Y qué pasa con los juegos «de niños»…

    … que podían ser fácilmente mixtos?

    Porque, a diferencia del boxeo, que salió ayer en relación con unos Juegos Olímpicos, jugar a las canicas no requiere demasiada fuerza. Es decir que se necesita poca energía muscular, para impulsar las canicas. Por lo que un aporte excesivo de testosterona no favorece en absoluto el juego de quien lo posea. Algo que sí pasaba con el boxeador «nacido mujer», que se enfrenta a otras mujeres, que poseen únicamente su entrenamiento diario, corporal y mental. Con mucha menos testosterona que su contrincante.

    En este caso se podría considerar que tanto hembras como machos son apropiados para el juego de las canicas. Pero, ¿cuántas veces jugamos a las canicas chavalas y chavales, en mi barrio? Tantas como al revés, con el juego de «las casitas». Ningún macho quería jugar con ellas. Un juego «típicamente» femenino, se decía.

    Y eso quiere decir algo. Aunque no lo queramos ver.

    Se llama impregnar, o injertar a las crías humanas con un gen social, que los marcará ya para siempre como jugadores o no de determinados juegos. Desde ese momento ya habrá juegos de niños y juegos de niñas.

    Favoreciendo así una separación por sexo, en una época que la sexualidad aún no juega ningún papel importante. Despreciando por lo tanto la necesaria interacción social entre los dos grupos dehuamnso,q eu ala anturaleza geenró por razones de eeficieenci areproductuiiva. En cierto modo viene a ser la obsesión divina del Edén por evitar que los seres humanos comieran manzanas, fuese por la razón que fuese. Aunque, en este caso, sea más bien no dejarles comer del mismo frutal. El comienzo de la llamada discriminación sexual, entre hombres y mujeres.

  • Dicen que hay juegos de niños…

    … por necesitar «fuerza bruta»..

    Aunque en buena lógica, esa energía necesaria (para hacer más fuerza) solo valdría para seleccionar el tipo de jugador, independiente del sexo. Pues siempre puede haber niñas con capacidad para hacer mucha fuerza.

    Pero ya reflexionaremos un día sobre el papel que juega lo que se llama costumbre, que acaba siendo tradición, y que no es otra cosa que el implante de genes sociales. Las típicas etiquetas «de nacimiento» (normalmente clandestinas), para diferenciar socialmente lo que es igual biológicamente. Sin entrar, por ahora, en que la constitución anatómica femenina puede mostrar cierta debilidad atlética. Debido básicamente a su papel de reproductora humana. Algo que se ha puesto de actualidad con los juegos Olímpicos de Paris de 2024.

    Pero, precisamente en estas reflexiones sociogenéticas, estamos para analizar hasta que punto los genes sociales, injertados a lo largo de la infancia de una cría humana, pueden llegar a favorecer, de alguna manera, un mantenimiento de los genes biológicos (sus capacidades) demasiado anquilosados.

    No estamos hablando de que se transmitan las características genéticas sociales de un individuo a su descendencia. Solo insinuamos, en eso estamos, que el gen social es algo más que una simple etiqueta, con tus características de nacimiento, es algo más que un aspecto de tu cuerpo o de tu mente.

    De lo que aquí se habla es de que la llamada selección natural, dada la evolución tan compleja del ser humano, con la preponderancia tan grande de su organización cerebral, que va a incidir en su comportamiento individual y social… puede necesitar, en este siglo XXI, ciertas matizaciones. ¿O también exagero?

  • Y enseguida aprendemos que los niños y niñas…

    … tienen juegos diferentes!!!

    Y a les niñes los dejamos por ahora. Recordemos que aquí se reflexiona con la ciencia de base. Por lo que nos limitaremos a reflexionar, por lo de ahora, con las categorías científicas (y sociales, en la actualidad, mayoritariamente) de niños y niñas. Salvo que mis «yo»s» vivan todos en algún universo paralelo.

    Toda la novedad informativa que suponen los aportes reflexivos de la que aquí llamamos Biblia Queer, quedan totalmente en suspenso, hasta que avancemos de forma significativa en nuestras propias reflexiones.

    Hay demasiada subjetividad en esta Biblia Queer, como en todas las Biblias, para tomar en serio sus afirmaciones en una primera pasada por el territorio de la diferenciación sexual. Fanáticos de la BQ mejor abstenerse.

    Por ahora nos quedamos con el hecho claro de que la SAD ha impuesto una idea de que los juegos deben ser diferentes, en función del sexo de las crías humanas que los practican.

    Y como decimos, niñas y niños, por ahora… el posible «resto» (niñes y lo que venga)ya veremos.

  • Cuando nace un ser humano ya trae consigo…

    … su tarjeta de «recién hecho»!!!

    Como debe ser. En una sociedad adulta dominante (SAD) que se precia de estar bien organizada. En sus grupos étnicos, sus clases sociales, sus casinos y sus yates.

    No todos somos fabricados, para ocupar el mismo puesto en la maquinaria social.

    Los hay, que nacen para renovar el mecanismo, que se va haciendo viejo. En diferentes niveles de complejidad operativa y de delegación del poder central.

    Y los hay, para seguir mandando, desde la Unidad Central de Mando (gobiernos oficiales y en la sombra). Lo que en un ordenador viene a ser la CPU.

    Y, además, siempre se necesita un personal que ocupe la zona exterior a la maquinaria, para hacerle ver a sus piezas humanas, que aún lo pueden pasar peor si protestan, por estar atados al mecanismo social que los oprime. Realmente vivir fuera del sistema no es ser antisistema, es ser el alimento espiritual de las piezas humanas que lo mantienen funcionando (funcionarios del poder, que se sienten halagados de ver, como otros están mucho peor.). El lumpen no es antisistema, por mucho que se autoconsidere así. El fluido humano que habita «fuera del sistema» también forma parte del sistema. es como un aceite lubrificante, que no es parte del motor, pero lo necesita para su buen funcionamiento. Los que creen vivir fuera del sistema social, son una parte fundamental de su mantenimiento. Y no hay que ser marxista, para comtemplarlo así, en este siglo XXI.

  • El gen social se injerta cuando…

    … eres aún una cría humana.

    Estamos a mediados del siglo XX, no en pleno Imperio Romano, y Bélgica sigue considerándose dueña del territorio llamado Congo Belga. Allí donde el nefasto rey Leopoldo II de Bélgica se apoderó del cuerpo y de la mente de los congoleños, que en ese territorio malvivían.

    Como ya dijimos, este personaje, tenía a una cría humana metida en una jaula, para que jugaran sus hijas con ella. Y, como se puede ver en la imagen de hoy, había un tipo de zoos, donde los «animales» a visitar eran simplemente seres humanos negros. ¡Algo que ni los romanos hacían!

    Y es que el gen social de ser esclavo ya indica la mucha intensidad de este tipo de genes. No existe, por ejemplo, la personalidad de negro. Está claro que malvivir en una aldea congoleña debe injertar un gen social, casi tan fuerte como un gen biológico. O incluso más.

    Pero es que, malvivir en un zoológico de humanos en la capital belga, corazón de la civilizada Europa, eso ya no es un gen social, que se injerte durante la maduración de una cría humana. Eso es un gen que viene injertado en la mente de la cría humana, que nació en ese zoo, como si estuviera marcado en su propio ADN. Eso es un gen social del tipo del que portaba un esclavo recién nacido, en la Roma Clásica. De ese tipo de gen, como de los otros, no tenía Darwin ni una simple idea de su posible existencia.

    Y es cierto que no se puede transmitir de padres a hijos, como si fuera un gen biológico, pero es muy cierto que este tipo de gen injertado pasa de generación en generación con extrema facilidad. El proceso (posible) de anular su influencia es muy trabajoso y puede durar una vida.

  • Porque lo que sobran son adultos que comercian…

    .. con las crías humanas!!!

    Y no, no son muñecos, para que jueguen con ellos las crías humanas. Realmente son esas crías humanas a las que los adultos dominantes impiden jugar con juguetes. Ni siquiera les dejan jugar con el agua de la playa o del río, ¡porque ya no les dejan vivir!

    Realmente la sociedad adulta dominante (SAD) favorece que, las crías humanas más desfavorecidas, sirvan de juguete a otros adultos dominantes. Como aquel caso del Rey Leopoldo de Bélgica, que tenía a una cría congoleña en una jaula, para diversión de sus hijas y nietas. Y pueden estar vivas o muertas, pueden estar enteras o por partes (órganos!)… la cuestión es usarlas para sacar dinero y sentirse que cumplen con su cometido, como machos dominantes en una sociedad tremendamente patriarcal.

    Pero sí, es más fácil mirar para otro lado.

    O, como solemos decir, mirar de forma que no puedas ver la realidad tal como es. Solo verás lo que la SAD quiere que veas. Aunque eso te haga sentirte ciego y desprovisto de la conciencia humana, que es la esencia de tu indididualidad.

    ¿Por qué ver niños muertos, donde puedes «ver» simples muñecos?

  • Y puedes entrar en la adolescencia…

    … buscando un PROTECTOR!!!

    Aunque, en el fondo, lo único que hará es controlarte.

    Empezando por el propio padre, biológico o adoptivo. Luego un profe o entrenador de cualquier actividad extraescolar, que tus padres desean que practiques. O el típico amigo, que se arrima demasiado, y normalmente suele acabar en abuso.

    O el primer escarabajo humano, que, recién salido de la novela de Kafka, decide que tu cuerpo es suyo, y, por lo tanto, puede hacer con él lo que le salga de sus pelotas.

    O… Cada lector puede escribir después de los puntos suspensivos, al representante macho que más le repatee. O que más le atraiga, como modelo de conducta humana. Por ejemplo, el cura que se pasa el día hablando de Cristo y luego se «aprovecha» de los niños, que Jesús pidió que estuvieran «cerca».

    Y sí, ya sabemos que exagero mucho. Por eso me encanta poner esas cosas imaginarias que suceden en Afganistán. O en Gaza. O en cualquier favela de Río. O en la casa de un típico burgués neoyorquino. O en un seminario perdido por el territorio español. O en el enésimo chat de una red social, donde te esperan para violarte de la forma que permita esa red social. Si lo que sobran son protectores (¡y algunas protectoras también!).

  • Para que te sientas una Blancanieves…

    … que debe esperar a su príncipe azul!!!

    Y si eres una princesita pobre, también puedes esperar a tu príncipe pobre. O incluso, si te portas muy bien, puede que se enamore de ti un auténtico príncipe azul. ¿Por qué no?

    O, al menos, que te compre.

    Porque a lo largo de la Historia no solo se compraba a las mujeres en la plaza, donde vendían esclavos. También los nobles que detentaban el poder establecido, se intercambiaban a sus hijas, para establecer uniones políticas que mantuvieran el status quo. Eran pura mercancía para conseguir/mantener parcelas de poder.

    Y así se fue manteniendo esa costumbre, ahora ya con los burgueses. Las familias adineradas se unen entre ellas. Como lo hacen las mafias, cuando quieren conservar zonas de «ocupación civilizada».

    Algunas feministas radicales le protestan a la Disney, por mostrar un beso no consentido, casi una violación (?). Pero pasan por alto el hecho claro de que la mujer se vende para una boda o, incluso, como concubina en pleno siglo XXI. Y lo más grave es, que muchas son violadas todos los días, simplemente por el hecho de estar casadas.

  • Y es la sangre menstrual…

    … la que realmente te «pone de largo».

    Es la señal de que ha llegado el momento de decir ese NO, del que hablamos el otro día. Si te ha sido negada una infancia natural y libre, ahora es cuando necesitas que NO te neutralicen tu capacidad genética de regeneración social. Y si tuviste una maduración infantil natural y libre, es el momento de hacer crecer todo lo que se fue abonando en las marcas que trae tu ADN.

    Porque, en caso contrario, los adultos aprovecharán un trastorno natural, para manipularte como si te quisieran hacer un favor. Precisamente, cuando la naturaleza (sea quien sea) te dice que empiezas a ser mujer, aún adolescente, pero ya camino de la última etapa de tu proceso madurativo, como ser humano. Pero entonces es, cuando los adultos dominantes te han preparado un disfraz de cuento de hadas. Para que te consideres una princesa, en vez de una adolescente.

    Y además una princesa que necesitará la protección de un rey, hasta que encuentre a su príncipe salvador. O, más fácil aún (más real), a un padre maltratador o un amante/no amante violador.

    O, como veíamos al hablar de Afganistán, que te consideren maldita, por haber tenido tu primera menstruación. Porque hay culturas, que no dejarán de considerarte pecadora, por el simple hecho de hacerte mujer.

    En el fondo es el clásico castigo del Génesis bíblico, al considerar que Eva merece un castigo por querer saber algo más, de lo que le permite saber Yahvé. Si aún fuera Adán, quién cogió la manzana, puede que lo perdonara (los machos ya se sabe), pero una mujer… ¡imposible!