Categoría: política

  • Para evitar que te hagan prisionero…

    … incluso siendo una cría!!!

    Porque los adultos dominantes decidieron, que era muy peligroso dejarte suelta.

    Porque no pueden soportar que regeneres su podredumbre social.

    Porque deben aprovechar esa etapa infantil en la que estás más indefensa.

    Porque su dilema está muy claro : necesitan renovarse, pero, al mismo tiempo, necesitan evitar que hagas uso de tu capacidad genética de regeneración social.

    Porque esa imperiosa necesidad adquirida, se traduce en un comportamiento social muy claro : manipular a los manipulables… y eliminar a los que no se dejan manipular.

  • Así que ser desconfiada es también…

    … ser precavida.

    Porque el lobezno que sale de su cueva, lleva aprendidos ciertos consejos maternos, para poder adaptarse al ecosistema, sin salir muy perjudicado. Y por eso la madre le habla de sus beneficios, de sus perjuicios, y, en especial, de que, para entrar en una manada, necesitas, como el aire que respiras, aprender a convivir con los demás lobos y lobas.

    Así pasa con los lobos. Pero es que ninguna madre loba, puede llegar a imaginarse lo brutal que puede ser la adaptación a otros seres humanos, por parte de una de sus crías. Empezando porque en la guarida de un lobo nunca se darán los malos tratos, esos que, sí, se dan en muchas familias humanas.

    Así que no se necesita salir de la tienda (si la tienes) en el Sahel o en Gaza, o en cualquier rincón del planeta donde se halle un campo de refugiados, para que te esperen adultos que quieren hacerte la puñeta. ¡Y más si eres hembra!

    Y esos son adultos humanos implacables. Ni siquiera tienen el sentido innato de justicia animal, que reina en el mundo de los irracionales. Los animales irracionales nunca llegaron a inventar campos de concentración, sean de prisioneros o de refugiados.

    Lo que le espera afuera, a una cría humana, es, ¡la ferocidad hecha un arte!

  • A toda capacidad le acompaña…

    … su correspondiente discapacidad!!!

    Porque en la llamada naturaleza (sea lo que eso sea), incluida la parte artificial que el ser humano, totalmente natural, fue aportando como invento, la ley fundamental es la del equilibrio.

    Sin ella el proceso evolutivo no tendría sentido. Se iría hacia un caos, por el constante aumento de la entropía. Y por eso, se necesita una actuación humana que la pueda neutralizar, reponiendo algo de orden en la transformación constante del ecosistema.

    Un error común, como el de que el cerebro nos engaña , es que el equilibrio siempre está en el término medio. Lo cual resulta imbécil, si tenemos en cuenta que el segmento matemático no existe realmente. Más que en nuestro cerebro.

    En la realidad todo son lineas curvas. Podemos decir que su radio es infinito, en algunas, y por eso percibimos la llamada línea recta. Y el que lo dude, que piense un poquito en lo que dijo un tal Einstein sobre la curvatura del espacio.

    El equilibrio natural (sea lo que eso sea) no entiende de distancias, sino de fuerzas. Y estará siempre allí donde las fuerzas se hallen equilibradas. Ni antes ni después y, desde luego, muy raramente en el punto medio (algo que solo existe virtualmente).

  • Pero…

    …¿nacemos desconfiados?

    Realmente nuestro ADN solo habla de confianza. De empatía y la consecuente solidaridad. Lo que no tiene nada que ver con usar la curiosidad para matarse , como dice alguna gente que le pasa al gato. La desconfianza es realmente una capacidad que se va cogiendo con el tiempo, a partir de muchas horas de cuna, de suelo e incluso de estar en brazos de alguien, pero sintiendo siempre estar algo abandonado. Viene a ser lo que podemos llamar un elemento del adn social positivo.

    Si, para colmo, nos maltratan más fuertemente, entonces es cuando se injerta en nuestro cerebro una tendencia a «confiar» que, ese maltrato, se repita. Y eso acaba siendo lo contrario, o sea la «desconfianza». Podemos decir que se va injertando un adn social, que va neutralizando la capacidad genética de confiar, haciendo que pase a dominar esa nueva capacidad de desconfiar. A ese fenómeno, aquí, le llamamos reescritura social del ADN. No borra lo escrito, solo se escribe al lado o por encima. En un caso complementa, es positivo, y en el otro «tapa», siendo así negativo.

    Pero algo de desconfianza no es muy malo, en principio. Solo lleva a mirar con precaución, para ver mejor lo que miramos. Sería inútil en un animal irracional, que, lo más que debe hacer es andar con cierta precaución (puro instinto), cuando se tope con otro animal irracional.

    Algo que, por desgracia de nada le vale, cuando se encuentra con un animal racional. Nosotros somos totalmente impredecibles (o casi). Los maestros del engaño.¡Y eso acaba con ellos!

    Así que nos queda aprender que nuestra curiosidad innata, conlleva cierto peligro si no tenemos filtros mentales adecuados (propios), para observar los detalles que caracterizan a las malas personas. Ahí es cuando hacemos el gato (tonto), si nos fiamos demasiado de un adulto humano. Y por eso, para evitarlo, el ADN nos trae marcada una capacidad tan esencial como es la atención.

  • Porque los lobos (humanos)…

    … nos esperan fuera de la cueva.

    Aunque no lo sabemos, salvo si mamá nos lo dice. Pero el ser humano , en modo lobo, está siempre al acecho, para aprovecharse de nuestra curiosidad innata. Y así engañarnos.

    Tenemos que efectuar una de nuestras primeras adaptaciones al entorno donde nos tocó vivir, aparte ya de lo hecho en el interior de la cueva.

    Porque el ADN marca esencialmente la empatía y, por lo tanto, la confianza en eso que alguno llamó «el prójimo». Pero, como iremos explicando más adelante, tenemos que ir adquiriendo, de motu propio, ciertas habilidades o capacidades no genéticas. Tenemos que aprender, por ejemplo, a ser algo desconfiados, para que nuestra adaptación al ecosistema sea siempre en nuestro provecho. No en el de otros, esos que se quieren aprovechar de nuestra inocencia innata. Y no hablamos precisamente de los depredadores irracionales, que podamos tener : estamos hablando de los depredadores humanos, que son mucho peores.

    Así que salgamos de la cueva familiar mirando bien hacia donde vamos. Y, más aún, de quién nos dejamos acompañar.

    No se trata de escapar del mundo, solo de entrar en él con garantías de poder sobrevivir.

  • Sin mamá loba, el lobezno…

    … no sobrevive.

    Así que el primer paso debe ser este : Hay que atender a mamá. Ya desde la cuna, o en el sitio donde actuamos como bebés. Y eso sí, siempre que no nos maltrate.

    Porque la naturaleza (sea lo que eso sea) es sabia, pero no tanto como para prever, la capacidad artificial adquirida (no natural) de una madre humana, para ser maltratadora de su propio hijo. No hay que pensar en Abraham, aún siendo macho, para saber, a estas alturas de la Historia, que el mayor porcentaje de maltrato infantil se da en el seno de la familia tradicional.

    Eso es algo que no pasa en la guarida del lobo. Allí no hay maltrato posible.

    Pero el ser humano se considera amo y señor de sus hijos, por lo que puede hacer (cree él) con ellos lo que quiera. Como, por ejemplo, sacrificarlos a un dios o convertirlos en prostitutas y prostitutos.

    ¡Cuánto hay que aprender de los lobos!

  • Y por eso, es de vital importancia…

    … ¡prestar mucha atención!

    Y no llega con una atención mediana, debe ser un grado de atención muy elevado. Porque no se aprende nada «papando moscas». Ya que las moscas se ríen, y mucho, del alumnado que se dedica a observarlas, incapaces de cazarlas.

    Ya en la cuna, no podemos ser seres vivos demasiado inertes. El movimiento constante y mirar para el entorno tiene que ser nuestro ejercicio diario.

    Como le pasa al Moncho de la imagen (La lengua de las mariposas), tenemos que beber los conocimientos que alguien pone a nuestra disposición, como si fueran dosis de agua, que van calmando nuestra sed. En ese proceso vital que se llama aprendizaje. Y que tanto depende de tener un buen maestro.

    Porque no se conoce muy bien el comportamiento del lobezno, dentro de la cueva, pero seguro que se pasan el día atendiendo a lo que les dice su madre.

    Resulta curioso que las crías humanas, cada vez antes empiecen a estar cansados de los consejos familiares. ¿Será por ser humanos o, más bien, por lo malos que somos los humanos adultos, dando consejos a nuestras crías? Quizás debiéramos aprender algo más de las lobas…

  • Ante todo, tenemos que ser curiosos…

    … y observar atentamente.

    La cría humana es más gato que vaca, por lo que debe aprender a desconfiar. Especialmente, una vez que sus pasos son auténticos avances sobre el suelo donde se apoya.

    Pero, en principio, para salir de su cueva familiar, necesita mucha más preparación que el más astuto de los gatos. Es necesario que combine cierta dosis de curiosidad, con cierta dosis de precaución. Por mucha confianza + curiosidad que tenga, no puede ser curioso «de más».

    Por ese motivo debe prestar atención a lo que hace y aprender a sacar consecuencias de todo lo que observe en sus primeros pasos. El acierto en los segundos, va a depender claramente de lo que aprenda con los primeros.

    Se avanza por ensayo y error, así que no debe evitar experimentar, pero sí evitar tropezar en la misma piedra.

    Porque repito, la curiosidada no mata al gato, lo mata su ignorancia. Es decir, no saber por donde anda o repetir los errores con demasiada frecuencia. Eso que tanto le gusta hacer a los humanos.

  • Y por ese motivo…

    … no paramos de pedir ayuda.

    Y por eso miramos y vemos los barrotes de la cuna. Los primeros obstáculos en nuestra corta vida. Nos dan seguridad, pero también nos quitan libertad. Y nos agarramos a ellos, para «decir» que necesitamos salir de allí. Que todo un mundo nos espera y necesitamos aprender de él. No lo podemos saber, pero el ADN tira de nosotros.

    Y por eso solicitamos ayuda. Incluso en silencio. Usando solo nuestra mirada, que aún no la dominamos del todo. Pero intuimos, y vamos sabiendo por experiencia, que a mamá, y algunos otros, no los deja totalmente impasibles nuestra reclamación.

    Aunque en esto, ya depende mucho de la suerte que hayamos tenido, con el ecosistema donde nos toca vivir.

    Porque, como la experiencia nos enseñará, hay muchas clases de adultos. Y casi todas ellas no suelen ser buenos acompañantes.

    Una de nuestras primeras lecciones básicas, será, precisamente, aprender a distinguir entre acompañantes positivos y negativos.

  • Y además ver, para…

    … ser natural y libre!!!

    Porque vas a necesitar ver, y ver bien, si quieres seguir dando pasos en tu devenir vital. Sobre todo cuando compruebes que de alguna forma te han impedido «ser libre».

    Claro que tú aún no puedes entender ese concepto de libertad. Como no tienes ni idea de que necesitas madurar. Pero te da miedo sentirte solo, sin la compañía imprescindible de una mamá que te cuide.

    Da igual que sea una mamá biológica o una mamá adoptiva, pero que te cuide.

    Porque no sabes explicar, de hecho ni hablas, pero intuyes que dependes de esa mamá para seguir viviendo.

    Esa extrema necesidad de otros humanos es lo que nos hace ser crías humanas. No somos seres vivos individuales, capaces de sobrevivir por nosotros mismos. Nacemos totalmente dependientes. Sin los adultos somos seres en proyecto, nada más (ni nada menos). La ventajas y desventajas de ser humanos.