Categoría: política

  • Ver para localizar a mamá…

    … y sin necesidad de GPS.

    Porque la gente cree que buscar la teta y, sobre todo, encontrarla, es muy fácil. Menos mal que viene un mapa en nuestro ADN, para hacer ese recorrido.

    Y, ¿qué decir de mamar? Si no fuera automático, el esfuerzo que debería hacer el bebé, provocaría, seguro, que muchos se murieran de hambre. Todo por no esforzarse en chupar del pezón.

    Estos primeros pasos de nuestra vida, son mandatos de nuestro ADN, a los que no nos podemos oponer. Son cosas que no se necesitan aprender. Lo mismo que la bajada de la leche materna, son actividades innatas. Y gracias a esa no necesidad de esfozarse, podemos crecer y llegar a ser crías humanas, dispuestas a aprender todo lo que necesitamos.

    El problema es que el ADN trae llaves para entrar en la escuela (de la vida), pero no trae las instrucciones que necesitamos, para seguir avanzando (dentro de ella). Ese largo proceso de maduración va a depender de nosotros. A partir de entonces, el esfuerzo para aprender será de vital importancia. Y contando, desde luego, con los adultos que nos rodean. Para que nos ayuden, no para que nos maltraten.

    Y aquí, precisamente, es donde entra la necesaria curiosidad para querer aprender. Seas un complejo humano ou un «simple» gato.

  • Y no vale con parecer curiosa…

    … ¡ni siquera amable!

    Porque la curiosidad viene marcada en el ADN, pero no es, precisamente en el de una vaca, en donde esa capacidad genética está muy reforzada. A ella le llega incluso con tener menos curiosidad que el gato. Así sufre menos cuando la llevan en el camión, camino del matadero. En cambio un gato tiene que aprender a cazar y defenderse. Necesita mucha más dosis de curiosidad.

    Y, por supuesto, caerle bien al amo, es otra de las capacidades que una vaca no porta en su ADN. Y un felino tampoco. No confundamos simple astucia por «caer bien», con muestra compleja de afecto gatuno.

    Todo lo más que puede mostrarnos una vaca, es esa curiosidad por no tener curiosidad. Como el típico alumno preadolescente, que, a principios de curso, te mira con aire vacuno. Es como si te preguntara : ¿qué haces tú, hablando conmigo, si yo no tengo putas ganas de escucharte? Déjame pastar, vienen a decir ambos. La vaca su pasto. El alumno desatento, «pasta las moscas» que le están llamando la atención dentro de su escuálido (por mal usado) cerebro.

    También es cierto que , muchas veces, el maestro tampoco tiene la curiosidad suficiente, para indagar qué tipo de moscas le andan revoleteando por dentro del cerebro, al que, se supone, es su alumno a «desbravar». En el fondo es un simple juego de «toma y daca». Algo así como el famoso «truco o trato», del no menos famoso Halloween.

    Las coincidencias no suelen ser muy raras, pero, si son negativas, siempre son perjudiciales.

  • Pero, hasta cuando no queremos ver…

    … nos estamos engañando.

    Por ejemplo, si no queremos ver un marco. Como pasa cuando no queremos ver las dotes intelectuales de Marilyn. En su caso es machismo, en este caso del marco, es porque no queremos ver los linderos que marca ese paralepípedo de granito.

    Porque esas líneas invisibles, que salen del marco y delimitan propiedades, no queremos que existan para nosotros. Como hace el bebé con sus barrotes cuneros, queremos traspasar las fronteras que se nos imponen.

    Pero, con este tipo de decisiones, volvemos al cerebro descoordinado. Nos dejamos llevar por el departamento cerebral de la Disidencia, sin tener en cuenta la opinión del departamento de «Medir las Consecuencias».

    Y así, nos engañamos, ya que pasamos una frontera, como si fuéramos libres de hacerlo, pero vendrá la correspondiente policía a meternos de nuevo en nuestra tierra.

    Solo se pasa una frontera cuando se tiene poder para ello. Y aún así, nos podemos seguir engañando (Napoleón, Hitler…).

  • Además, no todo lo que se ve…

    … se puede ver sin esfuerzo.

    Si miramos una flor, por muy bella que sea, se puede ver todo lo que ella tiene, a simple vista. Es decir, no se precisa profundizar mucho en la mirada (observación), para ver cosas que no hay. Aparte de los componentes físicos externos que forman la flor. Y, desde luego, los nombres que puede tomar, en función de sus características como vegetal. Así como su relación con diversos seres vivos , para favorecer su polinización. Todo eso forma parte del estudio de una flor.

    Y hasta podemos notar que la flor irradia más o menos belleza, en función de nuestra capacidad de observación.

    Si somos curiosos y nos acercamos lo suficiente, como decimos siempre, nos podemos adentrar más en ciertas características de color, puede que de olor y, sobre todo, del aporte ambiental a esa flor. En este caso las gotas de lluvia que la visten.

    ¡Pero no hay más!

    No estamos mirando para una Marilyn ni para una Scarlett. Donde seguro se esconden gemas , que nos quiere ocultar la sociedad adulta dominante.

  • Porque no todos queremos ver…

    … la mierda que nos ofrecen.

    Hablamos de tener curiosidad y de poder elegir lo que queremos ver. Pero acaso, ¿eso obliga a ver todo lo que nos muestran?

    Que nos obliguen a mirar un anuncio, no quiere decir que estemos obligados a verlo. Aquí es donde juega un papel básico el saber diferenciar bien el fenómeno de ver y el fenómeno de mirar. Porque, incluso encadenados para mirar algo forzados, podemos ser capaces de no ver lo que nos enseñan. Por eso, al protagonista de La naranaja mecánica, era tan difícil hacerle mirar lo que no quería ver. E incluso, con los ojos abiertos, podemos hacer que la memoria difumine lo que estamos viendo.

    Aunque, como todo lo aprendido, este tipo de ejercicios, requieren mucha práctica. De hecho, más que las ecuaciones diferenciales. Las cosas no se aprenden sin esfuerzo, tal como un maestro intenta meter en la cabeza de su alumnado.

    Pero lo peor, es cuando no queremos mirar, porque no sabemos lo que queremos ver.

    Lo dicho, parafraseando al gran poeta italiano, Cesare Pavese, Aprender cansa.

  • Porque no se ve…

    … si no queremos ver!!

    Porque , igual que con la medida, nuestro ADN nos dá la capacidad de elegir. Sí, podemos elegir lo que queremos ver, y antes mirar, al menos en situación de libertad. Otra cosa es si estamos sometidos a una tiranía, de cualquier tipo (política, afectiva, económica…), que nos impide mirara lo que queremos.

    Entonces, como un buen adolescente aborregado, seremos incapaces de tirar el Play Boy a la papelera. O dejar de mirar el folleto del Corte Inglés, ese donde nos muestran sus últimas novedades de temporada.

    Igual que con el departamento cerebral de medir, en este caso, tenemos cerrado el departamento cerebral de valorar lo que estamos viendo. Entonces es, cuando ya tenemos un buen problema : seremos incapaces de dilucidar lo que debemos ver y lo que no.

    Entonces ya somos el pobre gato, que no sabe evitar el peligro que le acecha, cuando camina por lugares muy peligrosos.

  • Pero, ¿qué podemos ver…

    … cuando vemos a Scarlett?

    ¿Lo que nos venden?

    Porque la industria de Hollywood, como pasa siempre, se ha inventado una lavadora llamada Scarlett, que viene siendo la actual versión de la lavadora Star System de los años 40 y 50. Y que luego se fue modernizando a lo largo de las decádas de los 60, 70 y 80. La Star System Minus, más sofisticada y aniñada, pero igual de despersonalizada.

    Una carrocería lo más vistosa posible, en la que no se escatima gasto alguno. Para embellecerla cada vez más.

    Pero luego se deja invisible toda la capacidad de actuación que la actriz posea. Se puntúa lo necesario para que luzca palmito. Lo que tenga dentro de su cerebro, mejor que quede en stand by, mientras siga siendo la estrella de Hollywood que todos deseamos ver. No, mejor dicho, la que queremos mirar.

    Con mucha luz artificial en su cuerpo, pero apagada totalmente en su cerebro. La gran Marilyn fue un gran ejemplo. Despreciada hasta por el intelectual de turno (AM), no solo por su presi.

  • Y hay tanto que ver…

    … que, a veces, no sabemos o no queremos ver.

    Y por ese motivo, nos quedamos mirando, observando solo la superficie de las cosas.

    Como pasó y pasa con Marilyn Monroe, realmente Norma Jeane, una buena actriz que la sociedad decidió convertir en mujer objeto (como tantas otras) y desperdiciar sus grandes capacidades. Reducida a una star system.

    Viene a ser un claro ejemplo de no querer ver lo que encierra el ser humano Norma Jeane. Despreciar todas las capacidades que porta en su ADN, para quedarse con cuatro bagatelas superficiales y construir, a partir de tamaña nimiedad, un adn social negativo, del tipo que analizamos en otro lugar.

    Y no hace falta ser un capo mafioso, para ultrajar así la imagen de una mujer. Llega con ser un presidente USA, para caer en tamaña aberración humanística. El ser humano, cuando quiere, puede llegar a ser muy mediocre como versión evolucionada de homo sapiens.

    Y lo mismo que ayer… el cerebro no nos engaña, es nuestro Yo el que lo controla. Así que si nos ocultamos las capacidades más positivas de esta Norma, es porque lo queremos hacer. ¡Nos autoengañamos y tan panchos!

  • Politiqueando

    Siempre se dijo aquello de que «empezando que es gerundio», aunque el alumno que lo escuchaba de su profe, lo único claro que tenía es que no sabía «como empezar».

    Y aquí estamos de nuevo, cambiando silla incómoda por silla mucho mejor y, sobre todo, la pizarra o libreta prehistórica, por un «simple» ordenador.

    Estando ya jubilado y muy cansado de bregar con preadolescentes, pienso que me gané el derecho a despotricar contra todo y, sobre todo, contra todos los que mantienen al planeta, al borde (algo exagerado) de la extinción de su especie humana.

    Así que nadie diga esa tontería, de que «no te metas en política», porque el bebé, cuando protesta en su cuna, ya está haciendo política.

    Un primer paso es solo eso, un paso inicial…