Categoría: política

  • Y por eso, es de vital importancia…

    … ¡prestar mucha atención!

    Y no llega con una atención mediana, debe ser un grado de atención muy elevado. Porque no se aprende nada «papando moscas». Ya que las moscas se ríen, y mucho, del alumnado que se dedica a observarlas, incapaces de cazarlas.

    Ya en la cuna, no podemos ser seres vivos demasiado inertes. El movimiento constante y mirar para el entorno tiene que ser nuestro ejercicio diario.

    Como le pasa al Moncho de la imagen (La lengua de las mariposas), tenemos que beber los conocimientos que alguien pone a nuestra disposición, como si fueran dosis de agua, que van calmando nuestra sed. En ese proceso vital que se llama aprendizaje. Y que tanto depende de tener un buen maestro.

    Porque no se conoce muy bien el comportamiento del lobezno, dentro de la cueva, pero seguro que se pasan el día atendiendo a lo que les dice su madre.

    Resulta curioso que las crías humanas, cada vez antes empiecen a estar cansados de los consejos familiares. ¿Será por ser humanos o, más bien, por lo malos que somos los humanos adultos, dando consejos a nuestras crías? Quizás debiéramos aprender algo más de las lobas…

  • Ante todo, tenemos que ser curiosos…

    … y observar atentamente.

    La cría humana es más gato que vaca, por lo que debe aprender a desconfiar. Especialmente, una vez que sus pasos son auténticos avances sobre el suelo donde se apoya.

    Pero, en principio, para salir de su cueva familiar, necesita mucha más preparación que el más astuto de los gatos. Es necesario que combine cierta dosis de curiosidad, con cierta dosis de precaución. Por mucha confianza + curiosidad que tenga, no puede ser curioso «de más».

    Por ese motivo debe prestar atención a lo que hace y aprender a sacar consecuencias de todo lo que observe en sus primeros pasos. El acierto en los segundos, va a depender claramente de lo que aprenda con los primeros.

    Se avanza por ensayo y error, así que no debe evitar experimentar, pero sí evitar tropezar en la misma piedra.

    Porque repito, la curiosidada no mata al gato, lo mata su ignorancia. Es decir, no saber por donde anda o repetir los errores con demasiada frecuencia. Eso que tanto le gusta hacer a los humanos.

  • Y por ese motivo…

    … no paramos de pedir ayuda.

    Y por eso miramos y vemos los barrotes de la cuna. Los primeros obstáculos en nuestra corta vida. Nos dan seguridad, pero también nos quitan libertad. Y nos agarramos a ellos, para «decir» que necesitamos salir de allí. Que todo un mundo nos espera y necesitamos aprender de él. No lo podemos saber, pero el ADN tira de nosotros.

    Y por eso solicitamos ayuda. Incluso en silencio. Usando solo nuestra mirada, que aún no la dominamos del todo. Pero intuimos, y vamos sabiendo por experiencia, que a mamá, y algunos otros, no los deja totalmente impasibles nuestra reclamación.

    Aunque en esto, ya depende mucho de la suerte que hayamos tenido, con el ecosistema donde nos toca vivir.

    Porque, como la experiencia nos enseñará, hay muchas clases de adultos. Y casi todas ellas no suelen ser buenos acompañantes.

    Una de nuestras primeras lecciones básicas, será, precisamente, aprender a distinguir entre acompañantes positivos y negativos.

  • Y además ver, para…

    … ser natural y libre!!!

    Porque vas a necesitar ver, y ver bien, si quieres seguir dando pasos en tu devenir vital. Sobre todo cuando compruebes que de alguna forma te han impedido «ser libre».

    Claro que tú aún no puedes entender ese concepto de libertad. Como no tienes ni idea de que necesitas madurar. Pero te da miedo sentirte solo, sin la compañía imprescindible de una mamá que te cuide.

    Da igual que sea una mamá biológica o una mamá adoptiva, pero que te cuide.

    Porque no sabes explicar, de hecho ni hablas, pero intuyes que dependes de esa mamá para seguir viviendo.

    Esa extrema necesidad de otros humanos es lo que nos hace ser crías humanas. No somos seres vivos individuales, capaces de sobrevivir por nosotros mismos. Nacemos totalmente dependientes. Sin los adultos somos seres en proyecto, nada más (ni nada menos). La ventajas y desventajas de ser humanos.

  • Ver para localizar a mamá…

    … y sin necesidad de GPS.

    Porque la gente cree que buscar la teta y, sobre todo, encontrarla, es muy fácil. Menos mal que viene un mapa en nuestro ADN, para hacer ese recorrido.

    Y, ¿qué decir de mamar? Si no fuera automático, el esfuerzo que debería hacer el bebé, provocaría, seguro, que muchos se murieran de hambre. Todo por no esforzarse en chupar del pezón.

    Estos primeros pasos de nuestra vida, son mandatos de nuestro ADN, a los que no nos podemos oponer. Son cosas que no se necesitan aprender. Lo mismo que la bajada de la leche materna, son actividades innatas. Y gracias a esa no necesidad de esfozarse, podemos crecer y llegar a ser crías humanas, dispuestas a aprender todo lo que necesitamos.

    El problema es que el ADN trae llaves para entrar en la escuela (de la vida), pero no trae las instrucciones que necesitamos, para seguir avanzando (dentro de ella). Ese largo proceso de maduración va a depender de nosotros. A partir de entonces, el esfuerzo para aprender será de vital importancia. Y contando, desde luego, con los adultos que nos rodean. Para que nos ayuden, no para que nos maltraten.

    Y aquí, precisamente, es donde entra la necesaria curiosidad para querer aprender. Seas un complejo humano ou un «simple» gato.

  • Y no vale con parecer curiosa…

    … ¡ni siquera amable!

    Porque la curiosidad viene marcada en el ADN, pero no es, precisamente en el de una vaca, en donde esa capacidad genética está muy reforzada. A ella le llega incluso con tener menos curiosidad que el gato. Así sufre menos cuando la llevan en el camión, camino del matadero. En cambio un gato tiene que aprender a cazar y defenderse. Necesita mucha más dosis de curiosidad.

    Y, por supuesto, caerle bien al amo, es otra de las capacidades que una vaca no porta en su ADN. Y un felino tampoco. No confundamos simple astucia por «caer bien», con muestra compleja de afecto gatuno.

    Todo lo más que puede mostrarnos una vaca, es esa curiosidad por no tener curiosidad. Como el típico alumno preadolescente, que, a principios de curso, te mira con aire vacuno. Es como si te preguntara : ¿qué haces tú, hablando conmigo, si yo no tengo putas ganas de escucharte? Déjame pastar, vienen a decir ambos. La vaca su pasto. El alumno desatento, «pasta las moscas» que le están llamando la atención dentro de su escuálido (por mal usado) cerebro.

    También es cierto que , muchas veces, el maestro tampoco tiene la curiosidad suficiente, para indagar qué tipo de moscas le andan revoleteando por dentro del cerebro, al que, se supone, es su alumno a «desbravar». En el fondo es un simple juego de «toma y daca». Algo así como el famoso «truco o trato», del no menos famoso Halloween.

    Las coincidencias no suelen ser muy raras, pero, si son negativas, siempre son perjudiciales.

  • Pero, hasta cuando no queremos ver…

    … nos estamos engañando.

    Por ejemplo, si no queremos ver un marco. Como pasa cuando no queremos ver las dotes intelectuales de Marilyn. En su caso es machismo, en este caso del marco, es porque no queremos ver los linderos que marca ese paralepípedo de granito.

    Porque esas líneas invisibles, que salen del marco y delimitan propiedades, no queremos que existan para nosotros. Como hace el bebé con sus barrotes cuneros, queremos traspasar las fronteras que se nos imponen.

    Pero, con este tipo de decisiones, volvemos al cerebro descoordinado. Nos dejamos llevar por el departamento cerebral de la Disidencia, sin tener en cuenta la opinión del departamento de «Medir las Consecuencias».

    Y así, nos engañamos, ya que pasamos una frontera, como si fuéramos libres de hacerlo, pero vendrá la correspondiente policía a meternos de nuevo en nuestra tierra.

    Solo se pasa una frontera cuando se tiene poder para ello. Y aún así, nos podemos seguir engañando (Napoleón, Hitler…).

  • Además, no todo lo que se ve…

    … se puede ver sin esfuerzo.

    Si miramos una flor, por muy bella que sea, se puede ver todo lo que ella tiene, a simple vista. Es decir, no se precisa profundizar mucho en la mirada (observación), para ver cosas que no hay. Aparte de los componentes físicos externos que forman la flor. Y, desde luego, los nombres que puede tomar, en función de sus características como vegetal. Así como su relación con diversos seres vivos , para favorecer su polinización. Todo eso forma parte del estudio de una flor.

    Y hasta podemos notar que la flor irradia más o menos belleza, en función de nuestra capacidad de observación.

    Si somos curiosos y nos acercamos lo suficiente, como decimos siempre, nos podemos adentrar más en ciertas características de color, puede que de olor y, sobre todo, del aporte ambiental a esa flor. En este caso las gotas de lluvia que la visten.

    ¡Pero no hay más!

    No estamos mirando para una Marilyn ni para una Scarlett. Donde seguro se esconden gemas , que nos quiere ocultar la sociedad adulta dominante.

  • Porque no todos queremos ver…

    … la mierda que nos ofrecen.

    Hablamos de tener curiosidad y de poder elegir lo que queremos ver. Pero acaso, ¿eso obliga a ver todo lo que nos muestran?

    Que nos obliguen a mirar un anuncio, no quiere decir que estemos obligados a verlo. Aquí es donde juega un papel básico el saber diferenciar bien el fenómeno de ver y el fenómeno de mirar. Porque, incluso encadenados para mirar algo forzados, podemos ser capaces de no ver lo que nos enseñan. Por eso, al protagonista de La naranaja mecánica, era tan difícil hacerle mirar lo que no quería ver. E incluso, con los ojos abiertos, podemos hacer que la memoria difumine lo que estamos viendo.

    Aunque, como todo lo aprendido, este tipo de ejercicios, requieren mucha práctica. De hecho, más que las ecuaciones diferenciales. Las cosas no se aprenden sin esfuerzo, tal como un maestro intenta meter en la cabeza de su alumnado.

    Pero lo peor, es cuando no queremos mirar, porque no sabemos lo que queremos ver.

    Lo dicho, parafraseando al gran poeta italiano, Cesare Pavese, Aprender cansa.

  • Porque no se ve…

    … si no queremos ver!!

    Porque , igual que con la medida, nuestro ADN nos dá la capacidad de elegir. Sí, podemos elegir lo que queremos ver, y antes mirar, al menos en situación de libertad. Otra cosa es si estamos sometidos a una tiranía, de cualquier tipo (política, afectiva, económica…), que nos impide mirara lo que queremos.

    Entonces, como un buen adolescente aborregado, seremos incapaces de tirar el Play Boy a la papelera. O dejar de mirar el folleto del Corte Inglés, ese donde nos muestran sus últimas novedades de temporada.

    Igual que con el departamento cerebral de medir, en este caso, tenemos cerrado el departamento cerebral de valorar lo que estamos viendo. Entonces es, cuando ya tenemos un buen problema : seremos incapaces de dilucidar lo que debemos ver y lo que no.

    Entonces ya somos el pobre gato, que no sabe evitar el peligro que le acecha, cuando camina por lugares muy peligrosos.