Categoría: política

  • Hasta hacerte un auténtico…

    … cabronazo, experto en acoso.

    Y con el tiempo ir mejorando en tu destreza acosadora. LLegando a ser un adulto dedicado a mostrar tu poder. Por ejemplo, como mediocre director de un instituto, sobre el alumnado que la sociedad ha dejado bajo tu responsabilidad. De un falso adulto tutor pasas a ser un verdadero adulto acosador.

    Y más si este alumnado, como Carrie, resulta ser muy diferente del resto. La típica alumna con dificultades, que está siendo acosada sin que tú intervengas ni por casualidad, para intentar remediar el problema. Vamos, lo típico en un centro escolar actual.

    LLegas a ser un especialista en humillar al alumno diferente, para que no pueda levantar cabeza el resto del curso. O, mucho mejor, el resto de su estancia en ese colegio. Incluso que se lleve una buena resaca, para su estancia universitaria.

    Eres el mediocre director de instituto, que ni es capaz de aprender el nombre correcto de la alumna. Básicamente porque no te interesa.

    Porque, lo que a ti te interesa, fundamentalmente, es sentirte superior con el abuso de poder que te estás marcando. Sabes que, en el fondo, te estás acercando a la medalla de oro, en la Olimpiada Mundial del Acoso. Y esa sí que te interesa en demasía.

  • Y ya empezar a acosar civilmente…

    … desde muy temprano edad.

    Porque, cuanto antes se empieza, mayor experiencia vamos adquiriendo. Podemos ir cogiendo las herramientas de acosada y de acosador, desde ya la llamada tierna infancia. Porque no se nace ni como acosada ni como acosador. Los dos son ropajes sociales, que se van adquiriendo con el tiempo de una mala socialización.

    Esta sociedad adulta que conocemos es experta en injertar poco a poco las dosis necesarias de un adn social que nos incita a no seguir madurando nuestra capacidad genética de ser empáticos, y defensivos al mismo tiempo. Y así, desde que somos bebés, nos acostumbremos socialmente a ser acosados o acosadores. Solo hay que reforzar ciertas tendencias naturales (instintivas) a ser más o menos egoístas. Es decir, a madurar la vena empática, natural, o la vena más antipática, totalmente artificial. Dicho de otro modo favorecer la insolidaridad (adn social negativo)en vez de la solidaridad (adn social positivo). Recordemos el concepto de espectro equilibrista.

    Y sí, el patio del colegio es una de las mejores aulas, para practicar esa necesidad social de sentirse superior a otro ser humano. En principio puede que semejante a uno mismo, pero quizás con alguna característica que, notamos intuitivamente, nos puede hacer sentir superiores.

    Esa alumna o alumno que no se atreve a mirarnos, por miedo a que le digamos algo. Seamos compañeros o profesores. Esa es carne de cañón, para empezar nuestro proceso de acoso.

    Y llega con una simple mala mirada, o un gesto de amenaza, para que empiece a sentirse mucho peor. Ahí es donde nos quedamos en la mirada superficial y no somos capaces de profundizar, viendo realmente al ser humano diferente, que no se merece nuestro maltrato. En el fondo nos asusta mucho, que nos podamos ver como la mierda que somos. Y aquí es cuando falla esa tontería de que «nacemos así», porque no. Como bien decía Rousseau, es la sociedad adulta dominante(SAD) la que nos hace así. Impidiendo que desarrollemos nuestras capacidades genéticas. El no sabía de este tipo de cosas, pero las intuía perfectamente.

  • O si, por el contrario, hacernos…

    … un maltratador.

    Y aquí si que la colaboración es mutua : por parte del sujeto que aprende y del adulto que te controla y enseña. Porque no es voluntariamente como nos montamos en el caballo de Atila. Hay siempre que poner «algo de nuestra parte», especialmente en la preadolescencia (no nos autoengañemos). Globalmente es como un proceso de deriva, que nos provoca ese injerto social al que llamamos adn social. Una especie de adn artificial, que se nos ha metido a lo largo de nuestra infancia y adolescencia, va dirigiendo nuestra deriva por la cuesta abajo de la negatividad humana. Va suplantando la dirección de los genes naturales, por la dirección de lo que podemos llamar genes sociales. Haciendo que el típico chaval negro de barrio, se convierta en un puto marine agresivo y supremacista (vaya ironía), capaz de hacer cosas que no vienen marcadas en ningún ADN humano. Y ni siquiera en el ADN de un león africano. Donde, por cierto, tenemos el ejemplo del infante soldado, chico o chica, obligados a ser lo que no querían ser.

    En Apocalypse Now tenemos un buen ejemplo, cuando el recién postadolescente que acompaña al capitán Villard, decide (es un decir) acribillar a una familia vietnamita, por el simple movimiento instintivo de una cabritilla. Y es que no se necesita ir al llamado tercer mundo, para comprobar la manipulación que los adultos hacen de las crías humanas. USA es un buen ejemplo.

    ¿Que le hizo disparar al marine?

    ¿Cuánta mierda mental llevaría acumulada en su mochila cerebral ese marine aún adolescente.?

    ¿Quién es realmente responsable, de que «se le disparara» el fusil ametrallador al marine aún (en parte) adolescente?

  • Entonces, es cuando dudamos si…

    … hacernos un maltratado…

    Nadie se hace un maltratado, siempre lo hacen. Pero la frase vale para expresar que, en el fondo, puede que nos dejemos algo «ir por ese camino«. Hay casos en los que es imposible no caer en el pozo, pero en otros la falta de herramientas, más o menos voluntaria, puede empujarnos por la senda de ser maltratados.

    Sobre todo, porque no fuimos capaces de seguir el aviso del niño gazatí, diciendo BASTA. Sin entrar a analizar ahora la dificultad de asumir tamaña tarea, sobre todo de forma efectiva.

    Porque lógicamente no llega con estirar la mano abierta. Ni siquiera con el puño cerrado. Esas no son herramientas de defensa, solo símbolos que expresan nuestro cansancio. Solo pueden representar nuestras ganas de protestar.

    Las herramientas (útiles), para protestar, se van cogiendo desde que, en la cuna, un día decidimos agarrarnos con fuerza a los barrotes y empezamos a gritar. Valga como metáfora de un levantamiento, de una lucha iniciada, aunque quede mucho camino hasta que eses barrotes se conviertan en palos defensivos.

    Y es que nuestra defensa no se basa en buscar palos como armas, si no en mirar la realidad, de forma que la veamos lo mejor posible. Y con esa observación pertinente, ir llenando nuestra mochila de conocimientos aprovechables algún día.

  • Y ya desde un principio…

    … no sabemos bien que hacer.

    Porque, el atisbo de bipolaridad pensante que nos invade en nuestra adolescencia, empieza por no saber que camino tomar, cuando la SAD nos acosa fuertemente.

    Por un lado queremos regenerar lo que está socialmente anquilosado, pero, por el otro, tememos el resultado a que nos puede llevar esa lucha generacional. Porque el mandato genético nos puede meter en un pozo sin fondo, o por lo menos sin que sepamos muy bien como buscar la salida. Aunque debemos considerar que, si queremos ser diferentes, en el pozo vamos a acabar más o menos igual. Hasta que consigamos salir de él.

    Y aquí vienen a cuento todas esas herramientas, que, tanto decimos, se tienen que llevar en la mochila del adolescente. Porque ya no llega con tener la capacidad de regenerar, por ejemplo, una avería en las cañerías de la casa, si no tenemos el material necesario para hacer ese arreglo. Pues regenerar la sociedad es aún más trabajoso.

    Ya lo dijimos bien claro. El aprendizaje cuesta, tanto como al Pavese hacer sus poemas. Y sin las herramientas adecuadas no hay poema que nos pueda salir del cerebro. Porque las musas suelen estar a sus cosas y del corazón no sale nada más que sangre, bombeada de un sitio a otro de nuestro cuerpo.

    Por eso la mirada del Antoine, en el final de Los 400 golpes, lo resume todo perfectamente : ¿Hacia dónde ir? ¿Qué necesito ver?

  • Y, para colmo, encerradas…

    … en un puto manicomio!!!

    Además de invisibles. Porque esa SAD no quiere admitir tu diferente opinión o comportamiento. No permite que tu maduración sea natural y libre, obligándote a seguir las normas impuestas por el poder establecido, aunque ello suponga una merma en tus libertades individuales.

    Y como decía el otro (Foucault), para eso se inventaron las cárceles. Y los manicomios, si el delito no es grave. O las iglesias, para acomodarte desde la infancia en el banco de la oratoria. Que no tiene nada que ver con el Cicerón, sino con estar orando (rezando)todo el santo día, siguiendo al profeta de turno. Buscando siempre el final del agujero negro, donde te han metido de por vida.

    Y esa será la vida de algunos. Los que podemos llamar diferentes. Los otros, los «iguales» (al modelo social predominante), serán simples guardianes de ese pozo, y vivirán bien adaptados a las normas sociales, sin disidencia alguna. Y por eso se les llama gente «de bien».

    A la mujer «normal» se la puede invisibilizar, dentro de la organización social «normal». Pero a las diferentes, se les necesita recluir en lugares muy cerrados, para que no molesten a los «normales». Así se crearon los conventos y los prostíbulos.

    Y este encierro es bueno hacerlo pronto, lo mejor en la etapa adolescente. Cuando , como decimos, va a explotar esa capacidad innata de regeneración de la SAD (sociedad adulta dominante). Y tiene, el poder establecido, la necesidad de neutralizarla.

  • Porque en el fondo…

    … somos todos niños malcriados.

    Unos más y otro menos. Especialmente si nos trataron demasiado bien o en modo abandonado. En ambos casos, criarse en los extremos, se nos genera una personalidad difusa, caótica a veces, que remata por ser desafiante, incluso cuando no toca. O, aún peor, derivamos en un desquicie mental que nos deja inoperativos. Aquí también podemos usar lo de un adn social negativo, en vez de personalidad. Porque es ese adn social adquirido el que nos va a inducir que padezcamos el SECM ayer indicado o, por el contrario, estemos de él liberados.

    En una peli se habla de la inocencia interrumpida, algo que se asemeja a lo que aquí llamamos pérdida de la adolescencia. Un concepto algo más científico, ya que eso de la inocencia infantil, no deja de ser un constructo social, tan bíblico (pecado original, Herodes…) como de multiuso, lo que difumina su importancia social. Igual que el abuso de la palabra libertad, va a depender de quien tiene el poder establecido.

    La libertad de elegir, la falsa libertad real, es una trola que nos insuflan desde muy pequeños. Tanto la familia como las iglesias (segunda familia tradicional) se afana por comernos el coco, con esa pamema de que seremos libres para elegir destino. Y que solo de nosotros depende que nos ganemos un Cielo. Mientras los sacerdotes hacen de su sotana un saio.

    Y eso lo repite, por activa y por pasiva, una institución que parte como premisa de que todos nacemos con un pecado original. Del que no somos responsables en absoluto, pero del que nos deben perdonar. ¡E incluso perdonarnos!

    El auténtico diluvio no fue el de Noé, sino el de la Santa Hipocresía Religiosa, que nos ha dejado sin posible inocencia original. Y que nos pide buscar el perdón en sacerdotes que, muchas veces, son más pecadores que nosotros.

  • Aunque algunas (muchas)…

    … son también maltratadas!!

    Porque si eres hembra, en una sociedad adulta dominante (SAD) tan machista como esta, noviembre de 2023 en cualquier parte del planeta, serás objeto de un proceso de invisibilización, en el mejor de los casos, y de un maltrato generalizado, en el peor.

    No te dejarán ver, dentro de ti, ni siquiera mirar con libertad, aquello que te rodea. Puede que hasta te quiten a tu hijo cuando nace, para que seas aún más invisible.

    No podrás ser curiosa, ni mucho menos observar la realidad circundante. No podrás prestar atención y mucho menos confiar en los demás seres humanos. Unos por machos y otras por tener injertado un Síndrome. Lo que aquí llamamos el Síndrome de Estocolmo Clandestino Machista (SECM). Tener este síndrome supone tomar conciencia, y volvemos a la toma de conciencia tan comentada hace tiempo, de que la mujer es invisible. Y que así debe seguir siendo, ya que la mujer con tal síndrome debe querer que se siga manteniendo. Tanto la causa como su efecto.

    Y siempre ayudando al macho, para que mantenga su dominio, como político, como amo de casa e, incluso, como maltratador de tus propios hijos.

    No olvidemos que, hasta en las bandas pandilleras de barrio, la mujer es subalterna, para ayudar, por activa o por pasiva, a mantener el dominio del macho alfa.

  • Y es que, además de desconfiar, hay que…

    … aprender a decir ¡BASTA!

    Porque la desconfianza es una capacidad que vamos adquiriendo poco a poco, con las malas experiencias. Pero la capacidad de rebelarse viene ya marcada en el ADN, siendo algo que va a resultar esencial, cuando lleguemos a nuestra adolescencia.

    Entonces hablaremos de la capacidad de regeneración que poseen las crías humanas. Esa otra marca genética, que porta cualquier cría humana en su ADN, la de regenerar la sociedad adulta (dominante).

    Es la capacidad de provocar los cambios necesarios, para hacer que la sociedad adulta, que se ha ido desviando de una evolución natural y libre, vuelva a un camino más democrático.

    Aunque ellas no lo sepan, esa característica va escrita en su ADN y tienen una etapa , llamada adolescencia, para aprender a manejar esa capacidad. De forma que madure libremente y sirva, realmente, para deshacer tanto entuerto, como el Quijote. Tanto mecanismo de opresión como se ha ido inventando la sociedad adulta, a la que llamamos dominante. Ya que, en el planeta, puede haber varios tipos de sociedad adulta, especialmente en su fase tribal, pero será siempre una de ellas la que realmente controle el poder establecido a nivel de la organización terrestre global.

    Porque esa etapa de maduración, es la hora de que la cría humana aprenda a defenderse de los adultos que la maltratan.

  • ¿Por qué cuesta tanto, ver lo que…

    … tenemos DELANTE?

    Manu no quiere ver, no quiere mirar dentro del túnel, aunque al final no puede evitar la tentación… la curiosidad (su exceso)lo va a matar. En este caso si que va a hacer de gato ignorante, poco precavido. Pero los humanos somos así. En nuestro caso queremos arriesgar y, a veces, el choque con una faceta cruel de la realidad, nos puede hacer más humanos. O destrozarnos por dentro.

    El Pablo del Saura, tampoco quiere acabar como acaba. Él iba para ser un joven normal, con su curro, su coche y su novia… y puede que hasta con un par de crías.

    Y es, en estes contextos, cuando vemos a una adolescente que nos mantiene la mirada, que tampoco queremos verla. No queremos indagar en el túnel de su mirada, porque tememos ver lo que no queremos. Porque podríamos vernos a nosotros mismos, en precario.

    Esto le pasa a muchos profes, cuando se niegan a mirar a los ojos de su alumnado. Les temen, por lo que pueden mostrar de sus insuficiencia como profesionales de la educación.

    Nada más apabullante, que la mirada de una adolescente, cuando se siente seguro de su capacidad regeneradora. Aunque no sea consciente de ella. Y aunque no haya aprendido (no le enseñaron) a recibirla y dirigirla adecuadamente. Por ejemplo, enseñándole a proteger mejor sus pulmones, porque la tarea regeneradora requiere tiempo y buena salud. Pero es que no son, no pueden ser, los putos adultos fumadores, quienes para darle consejos de que no fume.