
… para ver lo que tenemos delante.
Porque puede ser algo que se «nos enfrenta». O incluso mejor dicho, «se nos viene encima» sin que podamos evitarlo. El protagonista de La ley de la calle (Coppola). Un joven descontento, al que apodan El chico de la moto y a quien le queda esa enorme losa encima del cuerpo, ya por vida. Su corta vida, porque la SAD no perdona al disidente, que no se quiere integrar en sus maquinaria social, tal como le manda el poder adulto establecido como dominante
Y quien, como decíamos ayer, solo será el modelo que ayude a su hermano pequeño, para que se deslice por el abismo que tiene bien preparado, por esa misma SAD, que ya tiene condenado al chico de la moto. Aunque al final, ese hermano modelo, le hace escapar del camino que él (RJ) «escogiera» y que lo sepultaría (también) en el cementerio social.
Porque, o eres pieza de la maquinaria social represora o eres pieza de la parte social que esa maquinaria debe reprimir. No existe un escondrijo dónde te puedas ocultar del poder establecido de la SAD. Hasta el mundo subterráneo del metro de NY, será barrido de cuando en vez, para alimentar las necesidades políticas de sus gobernantes. Por ejemplo, haciendo una limpieza política, para ganar votos de los biempensantes neoyorkinos.
Entonces comprobarás perfectamente de qué lado te tocó (nunca se escoge libremente) estar, si como represor o como reprimido.
Y repito : Aunque no lo parezca, tú escoges (escogiste)el lado en el que te encontrarás, en su apropiado momento.








