Categoría: ciencia

  • Aunque algunas rosas solo dan belleza…

    … y escaramujos.

    Aunque, recordemos, están las del manzano de ayer, que dan fruta y un poco de pecado. Según cuenta la Biblia Abrahámica.

    Y además, la rosa, es capaz de decirnos tantas y tantas cosas, que su falta de fruto comestible es pecata minuta hablando de lenguaje comunicativo.

    Porque, ¿dónde hay esa armonía de colores? Y un olor que nos traslada a otros lugares, como al Mediterráneo, en el caso de que no se lo amputaran.

    Pero, sobre todo, llegar a ver esa cara de alegría, que se le pone a cualquier ser humano (con sensiblidad), cuando se la ofrecemos cortada.

    O le hacemos pasear por la rosaleda, mientras intentamos que, además de fijarse en las diversas rosas, pueda fijarse también en tu diversidad como persona.

  • Porque todo lo que parece uniforme…

    … esta muy lleno de matices.

    Incluso debemos evitar que tienda a ser demasiado uniforme. Porque lo vivo debe ser diverso, igual que la visión. Porque puede que solo parezca estar solo. Y algo que se aprende, al observar con atención lo que estamos viendo, son las características que acompañan a lo visto. Pero que pueden estar ocultas, y sin ellas le falte vida a la flor.

    Por ejemplo, la soledad o la compañía. O bien otras sensaciones intangibles que una flor nos puede transmitir. Con su aroma nos traslada incluso a lugares lejanos, que visitamos hace tiempo o que desearíamos fervientemente visitar. Son cosas que no se pueden medir físicamente, pero que tienen mucha entidad espiritual. No se perciben racionalmente sino emocionalmente.

    Al principio pueden parecer «frases ilegibles», pero con el tiempo aprendemos a leer en esos colores, en esos olores, en un tacto supersuave. Como se puede aprender a «leer» los sonidos de un instrumento

    Toca aprender a leer nuestras propias emociones. Las causadas por todas estas sensaciones no visibles. O será imposible que aprendamos a leer las de los demás.

    Y si no sabemso leer lo que nos dicen,¿cómo nos vamos a COMUNICAR con ellos/ellas, e incluso elles?

  • Porque siempre hay «uno» que luce más,…

    … cuando los demás están apagados.

    Da igual que sea una rosa que sea una persona. Y si el que luce más va a ser el jefe, no siempre será capaz de usar «su luz» en modo positivo.

    Porque una cosa es lucir(se) y otra muy diferente iluminar a los otros.

    Y porque un exceso de luz en el líder, suele acabar en una secta, donde, al final, todos usan la linterna del jefe.

    Porque una rosa difusa, o una difusa rosa, debe estar diluida visualmente para todos los que la miran. O no.

    Y si alguien ve diferente, debe ayudar a los demás para que lo intenten. Porque el pensar en lo que ves, sin repartir tus pensamientos, solo favorece un desarrollo egoísta. Nunca colectivo.

  • Y llegaremos a ver incluso, alguna tonalidad…

    … que nos reciba con los brazos abiertos.

    Porque, sean colores o notas musicales (y recordad el silencio o el blanco), lo importante es la lectura que sepamos hacer de ellos.

    Porque no solo las frases escritas o habladas están formadas por palabras.

    Porque al mirar debemos ver lo que miramos, pero siempre es necesario profundizar en lo que vemos.

    Porque observar con atención lo visto, supone siempre pensar luego en esa realidad que visionamos.

    Porque cada uno ve y piensa diferente, pero toca luego aunar las visiones, si queremos avanzar como especie. Avance colectivo.

  • Porque, vamos a ver ¿cuántos tonos de rosa podemos apreciar…

    … en una simple y enamoradiza rosa.

    Porque el pétalo rosa, como el blanco, tiene escritas infinitas frases que nos hablan de la belleza de esa flor. Esa belleza que tanta filosofía le hizo producir al amigo Platón, por ejemplo, en sus diálogos socráticos. Se le llama rosa, pero se podría declinar al modo latino en muchas y variadas rosas…

    Y con la belleza hemos topado, un concepto muy difícil de asir (leed los Diálogos de Platón), que viene a representar, como gran estereotipo romántico, el summun del amor «entregado». Aunque realmente tenga más de comprado que de conquistado.

    Porque ya se sabe que la rosa está ahí, pero no para siempre. Tiene data de caducidad, como tiene el amor, por mucho idem que se ponga en mantenerlo vivo. Y tenemos que andar muy ágiles si queremos captar esa belleza que seguro contiene, antes de que se marchite y nos quedemos a verla venir (la próxima generación de rosas).

    La belleza pued ser muy grande, pero muy difícil de ser asida. Una vez superada la fase de enamoramiento y pasión, solo queda recoger los pétalos que se van ajando, para mantenerlos vivos con la permanente caricia del amor ya más relajado.

    Porque la belleza no desaparece, lo que desaparece es su visón anterior, porque dejamos de ver en profundidad la rosa que aún seguimos viendo. Muy cambiada. Pero también, si es en una «rosa humana», muy mejorada. Y ahí vuelve a jugar su papel la ROM/MOR, cuando sirve de archivo de todas nuestras sensaciones de pasión que la rosa (o nuestra amante)nos proporcionó. ¡Para la próxima ocasión!

  • Porque un solo color, como el silencio,…

    … puede estar lleno de muchos matices.

    Esa sinfonía de color que, a diferencia de la musical, nos entra por los ojos. Y no está compuesta por un tal Beethoven, por muy genio musical que él fuera, sino por una modesta naturaleza (sea lo que ella sea). Esa es la realidad que estamos a mirar. Y no cualquier otra, que nos podamos imaginar. Por lo que es vital que aprendamos a verla con la máxima calidad posible.

    Porque miramos todos esos colores que la componen, tanto si son muy diferentes, como si solo varían en grado ínfimo de tonalidad, como notas musicales, pero no sabemos muy bien que hacer, en principio, con ellos… hasta que nuestras neuronas montan los circuitos precisos para darles un sentido. Y sobre todo, si ya fueron grabados en otro momento, los recordaremos con gusto, para una reelaboración más precisa o creativa de como suena esa sinfonía. Recordemos el papel fundamental de nuestra ROM/MOP.

    Y tengamos en cuenta, que no nos pueden despistar lo que parece una falta de colorido, porque , como pasa en la música, el color «silenciado» está también ahí, para resaltar indirectamente el colorido melódico principal. El silencio que «no escuchamos» va a depender mucho de la nota anterior y de la nota siguiente… presenta «matices», aunque no los notemos fácilmente.

    Hay que saber mirar bien para ver lo que miramos, como hay que saber escuchar bien, para disfrutar de lo escuchado.

    Si hasta el blanco, que parece inmaculado, puede tener escritos decenas de mensajes muy ocultos. Con su multitud de tonos.

  • O que se quiera escapar…

    … del encuadre que le buscamos.

    Cuando miramos algo, siempre es necesario encuadrar una parte interesante de lo mirado. La que más nos urge observar. Porque no se puede ver todo de un golpe. Se necesitan ir armando, con cuidado, los diversos retazos de realidad que estamos observando. Es como un puzzle, con el agravante de que no tenemos una foto delante,»para ir copiando». Se va montando el puzzle, mirando directamente la realidad.

    El arte de ver, ya antes de que podamos interpretar lo visto, requiere un ejercicio muy sensible de saber coger, que parte de la realidad te puede servir mejor, para una observación eficiente. No se puede «ver» al tun tun.

    En una rosa, por ejemplo, te puede valer un solo pétalo, pero , normalmente, si no los ves todos, de poco te sirve uno solo. Y eso vale para quien se acerca a ella basándose en su tacto y olor. Los tendrás que tocar todos.

    Es la capacidad de reunir las piezas lo que te permite concluir el puzzle. De nada vale que seas un especialista en coches, si solo tienes la mitad trasera del Ferrari. Viene a ser el famoso cuento de los ciegos y el elefante. ¡La visión completa es un conglomerado de visiones parciales!

    Es lo que necesitas, ese conjunto de visiones diferentes, a fin de cuentas, para hacerte un buen filtro, que te permita ver la realidad con un buen porcentaje de eficiencia. Y eso lo montas, sobre todo, en tu adolescencia. ¡Y, para eso, te ayudas con los filtros amigos!

  • Incluso si esa flor, parece que…

    … nos quiere deslumbrar.

    Porque sí, también somos algo ciegos, cuando es la propia luz quien nos ciega. Y por eso nos dicen que no miremos al sol directamente. Pero luego miramos directa y fijamente al famosete de turno, cantante o político, que nos deja estupefactos por un momento, o por toda una temporada. Haciéndonos perder la capacidad crítica de nuestros filtros propios.

    Adquiriendo así una ceguera temporal, que nos hará fans de ese personaje, aunque realmente no lo merezca. Y dejándonos con cierta dificultad, para admirar a otros personajes mucho más positivos. Como pasa con la ceguera parcial ante la flor, nos falta capacidad, como dijimos ayer, para ver los muchos matices que tiene lo que parece un solo color. O cuando nos cegamos para ver los matices que presenta el famoso de turno. ¡El guapo de la disco!

    La SAD (sociedad adulta dominante)es una experta en iluminar artificialmente a un ser humano que nos quiere vender como algo especial, algo así como la lavadora humana semiaveriada. Cuando ese fenómeno social solo es algo que venia de serie, pero fue perfeccionado en los talleres sociales del poder establecido. Que para eso paga a especialistas de todo tipo en disfrazar a un ser humano (el arte del disimulo), para que parezca algo interesante. O mucho peor, muy interesante.

    Es la función primordial de los focos que sobreiluminan al personajillo. Y, sobre todo, de los espejos humanos, que son los sicaaios dela SAD haciendo que sobresalgan cualidades del personaje, que no merecen ni ser tenidas en cuenta, en un análisis social de verdad. Esos son los peores filtros (ajenos).

    Es la publicidad, en su esencia más social y populista : convencerte de lo imposible. Porque así les conviene.

  • Y siempre estará abierta…

    … a tu curiosa mirada.

    Porque da igual que sea rosa «rosa»e» o rosa «blancae», ella siempre te motivará para que la mires en profundidad. Es decir, que la veas, con la atención puesta en ver los muchos matices que te está mostrando, incluso con no tener gran cantidad de colores .

    Es casi toda blanca, salvo el centro de la flor. Allí donde los insectos podrán encontrar el maravilloso néctar, que andan a buscar incansables. Y, ya de paso, llevarse el polen, que servirá para que la reproducción de la rosa sea un futuro prometedor.

    Porque, a veces, la cosas a ver están como invisibles. Algo parecido a lo que le sucede a la mujer, en una sociedad tan patriarcal como la que rige el planeta Tierra. Aunque el cuerpo (y la mente) de una mujer determinada esté presente, casi todos los machos, y buena parte de las mujeres (con SEMC), también presentes, harán como si no la vieran. Algo parecido a lo que sucede en el cuento del rey desnudo, pero a la inversa. Donde «se ve» que haya ropa inexistente, o hacemos que «no vemos» a la mujer presente. O solo vemos las cualidades que el poder nos manda ver.

    Y por eso es tan importante aprender a ver más allá de lo que miramos.

    Por ejemplo en una flor, que viene a ser el elemento fundamental para que esa planta que la produce, siga teniendo futuro. Y si fuera un árbol que da fruto comestible, como la famosa manzana de Eva, entonces nos permitirá disfrutar de ese resultado final. O más bien parcial, ya que el fruto no es más que un paso intermedio, para darle alimento a la simiente que lleva dentro. ¡Y todo eso también es ver!

  • Porque una flor es un conjunto de cosas visibles, que busca siempre…

    … ofrecerte lo mejor de sí.

    Y no nos cansamos de decir que el ver es como el leer, pero leer en profundidad. No pasar los ojos por encima de las letras, como hace parte del alumnado, cuando declara estar estudiando. O muchos adultos, cuando presumen de estar leyendo un libro.Y, además, no solo precisa un cierto esfuerzo, por tener que llevar los ojos o la nariz hacia el fondo del cáliz, sino por estar bien abierto a las posibles lecturas (relecturas) que, como andamos repitiendo, necesitan más atención.

    O puede que necesiten más emoción por nuestra parte. O, por lo menos, un motivo racional para buscar algo especial en esa flor. Como para leer un libro, se necesita querer meterse dentro de ella.

    Y es, en ese momento, cuando decimos que debe intervenir la memoria. Para traernos, a ser posible, el recuerdo de otras flores. Sean vistas anteriormente, o aquel texto, dónde se nos describían en aquellas insoportables horas de clase en Ciencias de la Naturaleza.

    Todas la sensaciones que se van acomodando en nuestra RAM deben ser organizadas adecuadamente, para que se trasladen bien organizadas en archivos a la memoria ROM (o MOP).

    De hecho esta flor suele acabar pisada por un montón de senderistas, que solo van mirando en horizontal y no se acuerdan de los consejos que se daban en clase, para caminar saludablemente, tanto para el caminante como para el camino, en nuestros paseos reales (y virtuales) por la naturaleza. Nunca te olvides de «la vertical».