
Adaptarse al ambiente del ecosistema donde vivimos, requiere que usemos las capacidades que nos proporciona el ADN para, con su paulatina y lenta maduración, ir neutralizando los posibles (seguros) ataques de «algo que habita/está» en ese ambiente, sean seres vivos o inertes.
Para nuestra reflexión sobre el comportamiento humano nos interesa el papel social, que juegan elementos del ecosistema, como la madre, la familia, los amigos de la calle y, muy importante, la escuela, en el injerto de genes sociales que mejoran o neutralizan los genes biológicos del ADN.
Ese ADN que conforma, sin que sepamos bien como, lo que podemos llamar nuestra mente.
Así que, tal que un virus, en ese ambiente dado, más artificial que natural a estas alturas de tiempo, se nos va injertando alguna variante positiva de maduración .. o, por el contrario, la negativa, si «las cosas» se tuercen… en eso llamado MENTE.
Y es importante considerar, que el despertar sexual debe quedar retrasado, en relación con los demás animales, por la necesidad imperiosa de madurar cuanto antes las inteligencias racional y emocional. Por eso el adelanto social forzado, totalmente artificial, de la sexualidad humana, solo puede ser un hándicap, para la maduración social positiva de nuestra mente.








