Pero, volvamos a la realidad cotidiana…

Apliquemos los elementos ya establecidos a los humanos, que sufren los embates de la SAD… por ejemplo en la escuela. Y nos referimos ampliamente, a todo tipo de escuela , sea formal o informal… sea un aula normalizada como lugar de estudio, o sea una calle o un campo, donde la cría humana se ve obligada a seguir un proceso de aprendizaje, sea lo que en esos sitios se aprenda.

Y un aspecto importante, para estudiar su comportamiento en ese espaciotiempo es si disfruta o no de lo que le obligan a hacer. Partamos del hecho claro de que pocas veces (¿ninguna?) una críaa humana se encierra en un espaciotiempo dado, para aprender algo… esa actitud de aprendizaje espontáneo suele darse solamente en espacios y tiempos inesperados, que surgen a partir de la propia curiosidad de la cría. Y, como dijimos, no necesitamos a ninguna Atenea que nos impulse a ser curiosos… ya lo tenemos escrito en nuestro ADN.

En eso no nos diferenciamos de los animales irracionales .

Donde si nos diferenciamos, y mucho, es cuando interviene el adulto humano, para dirigir (o estropear) ese proceso de aprendizaje, empezado voluntariamente. Los adultos irracionales solo evitan el aprendizaje de sus crías, cuando las notan en peligro.

Podríamos titular un ensayo sobre el sistema escolar, cualquier sistema escolar, llamándole «La escuela como anuladora de la curiosidad humana». Ni más ni menos, que una fuente que chorrea sociogenes negativos como si fueran churros. Y , lo que es peor, que no suelta sociogenes positivos ni por casualidad.

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