
Lo bueno y lo malo… O sea que, después de la estancia uterina, donde suavemente (o no) ya se recibe la diferenciación en clases sociales que tiene estructurada la SAD, estableciendo diferencias claras entre unos embarazos y otros… nos llega esa etapa externa, tan importante (dejará mucha huella), de vivir en un entorno reducido que se da por llamar la familia humana.
Es un ecosistema que debía ser protector y ayudar a madurar de forma natural y libremente, pero se pueden cambiar totalmente las tornas, y hacerse un entorno angustioso y opresivo, cuando no generador de un brutal maltrato infantil.
Porque el núcleo familiar tradicional no es más que un enorme útero, que permite ampliar el poder que tiene la SAD, para dirigir el proceso de maduración de una cría humana, desde el momento de nacer. Mejorando lo que ya pudo influir en ella, a través de su madre, durante el embarazo.
Y le llamamos micropoder, no porque los efectos de su mala educación puedan no ser tremendos, hasta mutilar total o parcialmente a la criatura, sino por ser un grupo reducido de personas, a las que se les manipula a base de muy pequeños añadidos o injertos. Aunque su cometido final, de hacerte una pieza eficaz de la maquinaria social, como ya dijimos, no es pequeña precisamente.
En cierto modo es un laboratorio para experimentar lo que mejor se le da a los adultos que forman el núcleo, abuelos incluidos, para aprender y mejorar el funcionamiento domesticador de esa familia tradicional. Porque no, por ser de corte tradicional, debe ser impermeable a las mejoras en control y castigo de las criaturas a su cargo. Son como microcárceles y deben funcionar a la perfección.
¡Anímate!