Etiqueta: ver

  • Y, ¿qué decir de algo tan espinoso…

    … como puede ser un tojo?

    ¿Qué se puede decir de una flor, digna de ser admirada, pero que está rodeada de soldados? Rodeada de tremebundas espinas que, como espadas enhiestas, te impiden ni siquiera un intento de caricia.

    En cierto modo recuerda a la bella princesa, que permanece encerrada en el castillo, hasta que su asqueroso padre decida lo que hacer con ella.

    Pero como en el cuento de la bella princesa, no todos valemos para príncipe. Aunque sí podamos vestirnos fácilmente de sapos. O de ranas, que nunca quedó muy claro, en el cuento, el papel de cada uno.

    Y eso sin meternos con la nueva corriente queer, que ya estará resignificando, para que sea válida la solución lesbiana o bisexual (incluso no binaria?).

    Eso sí, la mayoría de la gente que lo escucha o lee, seguirá sin saber que el sapo no es el macho de la rana.

  • Pero hay flores que, además de color y forma,…

    …nos hacen otros regalos.

    Incluso contando su olor, si es que no se lo «robaron», ¿qué nos regala una flor, una vez llegada su madurez?

    En una página dentro del blog reflexionamos sobre el papel que juega el tiempo en la creación de ideas, con el amigo Descartes… y después en la remaduración de esas ideas, una vez convertidas en hechos consumados.

    Y aquí tenemos un claro ejemplo, al ver como la belleza de una determinada ordenación «petálica», muda, por ley natural, en un fruto, incluso comestible. Como algunas partes de la hermosa flor se han transformado en material comestible y, lo más importante, regenerador del ser vivo de donde procede.

    Los pétalos tiran de nuestros ojos, como tiran también de los insectos que vienen por el néctar de estas partes directamente reproductoras de la flor,

    Nosotros disfrutamos de su visión, los insectos de su deleite gustativo y nutritivo… y nosotros, de nuevo (como Eva), de su fruto tan sabroso. Y todo eso nos lo ofrece la misma flor, siempre que estemos dispuestos a querer verlo, tal como nos lo presenta : a la vista o con cierto toque escondido.

  • Porque siempre hay «uno» que luce más,…

    … cuando los demás están apagados.

    Da igual que sea una rosa que sea una persona. Y si el que luce más va a ser el jefe, no siempre será capaz de usar «su luz» en modo positivo.

    Porque una cosa es lucir(se) y otra muy diferente iluminar a los otros.

    Y porque un exceso de luz en el líder, suele acabar en una secta, donde, al final, todos usan la linterna del jefe.

    Porque una rosa difusa, o una difusa rosa, debe estar diluida visualmente para todos los que la miran. O no.

    Y si alguien ve diferente, debe ayudar a los demás para que lo intenten. Porque el pensar en lo que ves, sin repartir tus pensamientos, solo favorece un desarrollo egoísta. Nunca colectivo.

  • Y llegaremos a ver incluso, alguna tonalidad…

    … que nos reciba con los brazos abiertos.

    Porque, sean colores o notas musicales (y recordad el silencio o el blanco), lo importante es la lectura que sepamos hacer de ellos.

    Porque no solo las frases escritas o habladas están formadas por palabras.

    Porque al mirar debemos ver lo que miramos, pero siempre es necesario profundizar en lo que vemos.

    Porque observar con atención lo visto, supone siempre pensar luego en esa realidad que visionamos.

    Porque cada uno ve y piensa diferente, pero toca luego aunar las visiones, si queremos avanzar como especie. Avance colectivo.

  • Porque un solo color, como el silencio,…

    … puede estar lleno de muchos matices.

    Esa sinfonía de color que, a diferencia de la musical, nos entra por los ojos. Y no está compuesta por un tal Beethoven, por muy genio musical que él fuera, sino por una modesta naturaleza (sea lo que ella sea). Esa es la realidad que estamos a mirar. Y no cualquier otra, que nos podamos imaginar. Por lo que es vital que aprendamos a verla con la máxima calidad posible.

    Porque miramos todos esos colores que la componen, tanto si son muy diferentes, como si solo varían en grado ínfimo de tonalidad, como notas musicales, pero no sabemos muy bien que hacer, en principio, con ellos… hasta que nuestras neuronas montan los circuitos precisos para darles un sentido. Y sobre todo, si ya fueron grabados en otro momento, los recordaremos con gusto, para una reelaboración más precisa o creativa de como suena esa sinfonía. Recordemos el papel fundamental de nuestra ROM/MOP.

    Y tengamos en cuenta, que no nos pueden despistar lo que parece una falta de colorido, porque , como pasa en la música, el color «silenciado» está también ahí, para resaltar indirectamente el colorido melódico principal. El silencio que «no escuchamos» va a depender mucho de la nota anterior y de la nota siguiente… presenta «matices», aunque no los notemos fácilmente.

    Hay que saber mirar bien para ver lo que miramos, como hay que saber escuchar bien, para disfrutar de lo escuchado.

    Si hasta el blanco, que parece inmaculado, puede tener escritos decenas de mensajes muy ocultos. Con su multitud de tonos.

  • O que se quiera escapar…

    … del encuadre que le buscamos.

    Cuando miramos algo, siempre es necesario encuadrar una parte interesante de lo mirado. La que más nos urge observar. Porque no se puede ver todo de un golpe. Se necesitan ir armando, con cuidado, los diversos retazos de realidad que estamos observando. Es como un puzzle, con el agravante de que no tenemos una foto delante,»para ir copiando». Se va montando el puzzle, mirando directamente la realidad.

    El arte de ver, ya antes de que podamos interpretar lo visto, requiere un ejercicio muy sensible de saber coger, que parte de la realidad te puede servir mejor, para una observación eficiente. No se puede «ver» al tun tun.

    En una rosa, por ejemplo, te puede valer un solo pétalo, pero , normalmente, si no los ves todos, de poco te sirve uno solo. Y eso vale para quien se acerca a ella basándose en su tacto y olor. Los tendrás que tocar todos.

    Es la capacidad de reunir las piezas lo que te permite concluir el puzzle. De nada vale que seas un especialista en coches, si solo tienes la mitad trasera del Ferrari. Viene a ser el famoso cuento de los ciegos y el elefante. ¡La visión completa es un conglomerado de visiones parciales!

    Es lo que necesitas, ese conjunto de visiones diferentes, a fin de cuentas, para hacerte un buen filtro, que te permita ver la realidad con un buen porcentaje de eficiencia. Y eso lo montas, sobre todo, en tu adolescencia. ¡Y, para eso, te ayudas con los filtros amigos!

  • Y siempre estará abierta…

    … a tu curiosa mirada.

    Porque da igual que sea rosa «rosa»e» o rosa «blancae», ella siempre te motivará para que la mires en profundidad. Es decir, que la veas, con la atención puesta en ver los muchos matices que te está mostrando, incluso con no tener gran cantidad de colores .

    Es casi toda blanca, salvo el centro de la flor. Allí donde los insectos podrán encontrar el maravilloso néctar, que andan a buscar incansables. Y, ya de paso, llevarse el polen, que servirá para que la reproducción de la rosa sea un futuro prometedor.

    Porque, a veces, la cosas a ver están como invisibles. Algo parecido a lo que le sucede a la mujer, en una sociedad tan patriarcal como la que rige el planeta Tierra. Aunque el cuerpo (y la mente) de una mujer determinada esté presente, casi todos los machos, y buena parte de las mujeres (con SEMC), también presentes, harán como si no la vieran. Algo parecido a lo que sucede en el cuento del rey desnudo, pero a la inversa. Donde «se ve» que haya ropa inexistente, o hacemos que «no vemos» a la mujer presente. O solo vemos las cualidades que el poder nos manda ver.

    Y por eso es tan importante aprender a ver más allá de lo que miramos.

    Por ejemplo en una flor, que viene a ser el elemento fundamental para que esa planta que la produce, siga teniendo futuro. Y si fuera un árbol que da fruto comestible, como la famosa manzana de Eva, entonces nos permitirá disfrutar de ese resultado final. O más bien parcial, ya que el fruto no es más que un paso intermedio, para darle alimento a la simiente que lleva dentro. ¡Y todo eso también es ver!

  • Porque una flor es un conjunto de cosas visibles, que busca siempre…

    … ofrecerte lo mejor de sí.

    Y no nos cansamos de decir que el ver es como el leer, pero leer en profundidad. No pasar los ojos por encima de las letras, como hace parte del alumnado, cuando declara estar estudiando. O muchos adultos, cuando presumen de estar leyendo un libro.Y, además, no solo precisa un cierto esfuerzo, por tener que llevar los ojos o la nariz hacia el fondo del cáliz, sino por estar bien abierto a las posibles lecturas (relecturas) que, como andamos repitiendo, necesitan más atención.

    O puede que necesiten más emoción por nuestra parte. O, por lo menos, un motivo racional para buscar algo especial en esa flor. Como para leer un libro, se necesita querer meterse dentro de ella.

    Y es, en ese momento, cuando decimos que debe intervenir la memoria. Para traernos, a ser posible, el recuerdo de otras flores. Sean vistas anteriormente, o aquel texto, dónde se nos describían en aquellas insoportables horas de clase en Ciencias de la Naturaleza.

    Todas la sensaciones que se van acomodando en nuestra RAM deben ser organizadas adecuadamente, para que se trasladen bien organizadas en archivos a la memoria ROM (o MOP).

    De hecho esta flor suele acabar pisada por un montón de senderistas, que solo van mirando en horizontal y no se acuerdan de los consejos que se daban en clase, para caminar saludablemente, tanto para el caminante como para el camino, en nuestros paseos reales (y virtuales) por la naturaleza. Nunca te olvides de «la vertical».

  • Y ,¿por qué hablar de ceguera, cuando…

    … casi todos presumimos de videntes?

    Uff, esto se complica y mucho. Antes de meternos en cómo ver algo imposible de ver (salvo en sus manifestaciones externas), como es la energía, repasemos algo más simple, como es trabajar algo más a fondo el punto de vista. ¿Qué debemos y podemos ver, cuando miramos algo concreto, por ejemplo, una flor?

    Porque todos los videntes, olvidamos que existen seres humanos con un problema grave en su combinación vital de mirar y ver. Porque hay gente que no recibe las señales, que le tendrían que llegar a través de los ojos o, peor aún, no pueden organizar esas señales que le llegan, en los circuitos neuronales precisos. Y si son ciegos de nacimiento, aún peor, en cuanto que les cuesta mucho imaginar como es realmente el objeto que tienen delante. Por ejemplo si tratan de crear la imagen de una gata a la que están acariciando, si no vieron nunca una real, les será imposible acercarse a la imagen de una gata. Tal como la vemos los demás.

    Aunque no debemos despreciar la imagen que esa persona ciega consigue de la gata que estamos viendo, cuando la acaricia amorosamente. Ya que puede que sea mucho más real (más completa) que la nuestra. Realmente un ciego también tiene su punto de vista. Así que trabajemos mejor ese concepto. Seamos videntes o ciegos.

    Porque esa imagen que se forma en el cerebro de un no vidente, puede estar tan enriquecida, a partir de señales táctiles, que dejan en una porquería de imagen la que obtiene un vidente, incapaz, por ejemplo, de amar a los gatos. Ya puede ser un gato lindo y amoroso, dentro de un «orden felino», que, el vidente antigatos (o neutro), será incapaz de formar una imagen ni siquiera aproximada a la realidad de ese gato feliz, en el colo de la persona ciega.

    Y sí, es muy cierto que la ceguera del alma, que dicen algunos, es mucho peor que la ceguera de los ojos. Y más si tenemos en cuenta que con un sistema de electrodos adecuados, se podrían transmitir las señales que emite la materia que miramos, directamente a las neuronas que deben formar los circuitos precisos, para conformar la imagen final en el cerebro del ciego (de ojos). Algo más interesante que las putas gafas de realidad virtual, por cierto.

  • No hay un punto de vista neutral, realmente, solo hay…

    … una intención/atención al mirar una determinada realidad.

    Y normalmente según quieras mirar, para ver lo real ou una burda imitación, por muy bien que esté elaborada (recordemos el filete del Cifra), así obtendrás una imagen, más o menos precisa de esa realidad que tienes enfrente. Todo va a depender de los filtros que uses, por ejemplo para tapar la basura que aparece en la imagen real (no manipulada), en una capital europea como es Bruselas. O bien usar algún filtro, que cambie sus características ópticas y nos dé una bonita imagen, especial para la estilosa revista X de lo que sea.

    Esto viene a ser otro ejemplo del uso del encuadre, del que hablamos usando al maestro Orson. Que no deja de ser una especie de filtro «no existente», para el que basta con manejar la cámara de modo conveniente.

    Por ejemplo en la imagen, puedes encuadrar la mitad de lo que se ve delante, y nos da una imagen típica navideña. Muy de la Bruselas turística. O encuadrar la mitad derecha, dando así una imagen de lo sucia que se puede hacer notar esa misma Bruselas. Muy turística sí, pero, en este caso, algo abandonada. Por lo menos en la época de mi visita (a la zona «europea» de la capital de Europa).

    En cada caso vemos una Bruselas diferente. ¿Con cuál imagen queremos quedarnos? Se trata del caso típico, cualquiera de ellas, de lo que se llama «media verdad». Por separado son una auténtica mentira. Solo juntas dan una idea real de como vimos ese «cacho bruselense» de realidad. Pegado para más inri a las GR Saint Hubert, una de las joyas turísticas de esa ciudad belga.

    Dos puntos de vista (o tres) diferentes, para una misma realidad. ¿Qué tal?