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  • Porque existe lo que se llama…

    … PUNTO DE VISTA.

    Y seguimos remontando en la reflexión, ¡y cómo! Porque hay algo, que se explica y se usa mucho en la actividad artística o en la histórica, pero que, en modo casi inconsciente, también se tiene que desenvolver en el día a día. Estamos hablando de que la actividad cotidiana está inundada de puntos de vista, desde que nace hasta que muere el día.

    Y no solo por las cotillas de turno, que necesitan hablar de lo que sucede en el barrio. Algo tan necesario, aunque molesto, en los tiempos previos a la radio y la prensa. Eran las noticias, que se pasaban de boca en boca. Ellas precisamente, las viejitas, podían dar varias perspectivas diferentes de la misma realidad. Todo ser humano tiene su propio punto de vista.

    Y cuando vemos una cara que decimos hermosa, pero luego la versiona un tal Picasso, ya podemos dar un grito en modo Munch… y decir que Picasso no sabe ver lo que mira. Cuando si de algo puede presumir Picasso, es tanto de su mirada como de su visión de la realidad.

    La condensación o abstracción de lo que vemos, no deja de ser algo que muestra lo variada que es nuestra vista. Una vez reelaborada por nuestro cerebro.

    Y, sobre todo, la gran variedad que supone ver las cosas con entera libertad. Sin que nos diga el poder, cualquier clase de poder (sea establecido o por establecer), lo que podemos mirar y ver.

  • Porque ver es algo más que mirar…

    … y mucho más complejo!

    Aprender a ver. Vaya cometido más simple, para un alumnado que se considera superdotado, aunque no pase de mediocre (como versión de homo sapiens). Queremos ver mejor que mi estupenda perra (una de ellas), pero no queremos esforzarnos demasiado en esta remontada bloguera.

    Como si hubiera que aprender la ecuación de Einstein, sobre la relación entre energía y masa, que, para colmo, parece resultar algo imprecisa, tal como está formulada desde que la escribieron por primera vez.

    Y no, no es igual de misterioso y difícil que aprender una fórmula física, porque esto de VER es mucho peor. Mirar es ponerse frente a la realidad, ver es percibir claramente una porción de esa realidad. Es el cacho de pizza que nos queremos llevar a la boca. No llega con mirar la pizza, necesitamos saborearla, para poder hablar de ella.

    Aprender a ver, es decir a grabar lo percibido, resulta una tarea que puede ser gigantesca. Y más teniendo en cuenta nuestro pequeño tamaño relativo, frente al Cosmos. Y ya no digamos nuestras escasas ganas, como humanos, de esforzarse en aprender algo nuevo. Somos así, y la naturaleza (sea lo que eso sea) no puede hacer mucho, para mejorarnos como especie. Realmente no le dejamos.

    Lo que sí todos estaremos de acuerdo, con el mínimo esfuerzo de visión preciso, es que Nicole es Nicole… pero, ahora toca atender un poco al Carl (Sagan), en su viaje por el universo visible.

  • Y por eso, de nada vale MIRAR,…

    … si no queremos o no podemos VER!!

    LLegados a este paso del camino, conviene remontar. Porque hemos hablado de mirar y luego ver, para observar bien lo mirado. De que hay varias formas de mirar, pero muchísimas de ver. Y por ese motivo estuvimos mirando/viendo, algunos ejemplos de como nos miran/vemos diversos ejemplares de ser humano y, además, en diversas situaciones de mirada… Ahora nos centraremos en VER. Porque, además, si juntamos la mirada de muchos, entonces el fenómeno de ver se complica un montón.

    También hemos hablado de querer ver o no querer. Incluso de no poder ver, sea por una prohibición tiránica, o por simples ganas de no esforzarse en ver con atención lo que miramos. Hasta hay mucha gente que prefiere no mirar. Lo que también se viene llamando «mirar para otro lado». Deporte muy habitual en los tiempos que corren. O, como reflexionamos ayer, ¿cómo combatir las creencias (religiones),que nos hacen odiar a otros seres humanos (Biblia dixit)? Habrá que esmerarse mucho en ver lo que tenemos delante.

    Porque mi perra Uma, no puede ver mucho de lo que mira. Más allá de sombras en blanco y negro. Claro que, para «ver» igual o mejor que su amo, tiene un oido y un olfato inmejorable. Con eses dos sentidos aprecia mucho mejor que yo lo que tiene delante. E incluso a varios kilómetros de distancia.

    Hablemos entonces un poco más de lo que significa el concepto ver.

    Y de paso que hablamos, pensemos (una forma de ver en profundidad) lo que significan los diferentes puntos de vista, cuando son varios los videntes. Un valioso aprendizaje.

  • Y por eso, cuando miras, es bueno juntarse…

    … con otros que miran igual.

    Porque no vivimos solos. Existen los que podemos llamar «los otros». O, como decía Jesucristo, el llamado prójimo. Que simplemente es el que vive «próximo» a ti. Y así, de esta forma, conseguir que las arrugas del cambio social se hagan menos dolorosas, porque son arrugas «en compañía».

    Pero volvemos a lo mismo : Podeis mirar igual, tu camarada y tú, pero nunca, nunca, vais a ver de igual forma. Ni siquiera parecida.

    Y no necesiatamos ser el Jack del Titanic, para demostrar que no todos verán igual a su amada Rose. Sobre todo cuando toque despedirse tan húmedamente. Como en el interior del Ford, pero con mucho mucho más frío, como les sucede en la famosa tabla/congelador.

    No es igual ver a la mujer que todos miran igual, pero a ti te hace tilín, de tal forma que muda incluso tu forma de mirar. La hace más intensa, aunque la dirección de tu mirada sea la misma que la de tu colega viajero. Recordemos como Jack la veía luego, al dibujarla en el camarote.

    Porque, no nos cansamos de decirlo, mirar a Rose no es lo mismo que ver a Rose. Con todo lo que ella significa, para ti, a partir de esa mirada inicial.

  • Porque ya lo dijimos claramente…

    … no llega con tener buenos ojos.

    Por ejemplo los perros, pueden mirarte mucho, pero no tienen una visión de primera calidad. Sí tienen un oido y un olfato superiores (a nosotros).

    Y es que los sentidos están para complementarse. Por eso es tan importante tener previsto, que, al perder uno de ellos, el ser humano, puede lograr que su cerebro se reorganice, para poder suplir con creces el sentido perdido.

    Pero, con esta afirmación, volvemos a lo de siempre. Para alcanzar esa reorganización neuronal, el cerebro necesita estar bien bien maduro, con todas sus herramientas neuronales trabajando a tope. No valen, en este caso, adolescencias de «pasaba por aquí». De pasarse el tiempo de adolescente, sentado en una silla y despreciando el esfuerzo mental, para organizar una buena memoria. O, ¿quizás debieramos decir memorias?

    No llega con una mirada cargada de afecto, cuando no se tiene capacidad de organizar las acciones que lo demuestren. Y ya bastante hace un perro, para demostrarle simpatía a su amo.

    Muchos humanos no están a la altura de un perro cariñoso. Y los adolescentes menos. Aunque no se puede decir, que los adultos no colaboren (con ganas), en la formación de esa postura de desafecto adolescente. Suelen ser los promotores de lo que podemos llamar Síndrome de Estocolmo del Adolescente Perdido.

  • Pero no todos los que miran pueden…

    … aprender a ver.

    Porque se necesita un cerebro con capacidad para organizarse en varios niveles diferentes. Eso que también llamamos circuitos neuronales. Y no todos los animales pueden hacerlo.

    Un buen cerebro humano es mucho más complejo que la mejor CPU, que puedas encontar en el mercado. No es tan rápido, ni tiene tanta facilidad para organizar sus archivos (circuitos), pero puede establecer relaciones entre ellos, de tal manera, que no hay conjunto algorítmico previsto que lo pueda superar, en lo que nos queda de segundo milenio.

    Porque de nada vale ser cuántico, nuestro cerebro en cierto modo lo es, para organizar una cantidad de información dada, de tal manera, que permita afrontar los cambios que se den en el seno de esa misma información, en relación a los posibles cambios (externos a ella). En el ecosistema donde vivimos.

    Y así actúa la llamada naturaleza (sea lo que eso sea).

    Y así deberíamos funcionar nosotros, porque somos la parte más inteligente de esa naturaleza.

  • Cuando ver es un arte, pero…

    … no queremos que nos guste.

    Y sí, queramos ver o no, si decidimos hacerlo, no es demasiado sencillo.

    Porque hai muchas formas de mirar, pero las podemos resumir en menos de diez. Algo así como un Top 10 Modos de Mirar. Pero, de formas de ver, puede haber un infinito. Cada ser humano tendrá su forma de ver las cosas, porque cada ser humano puede percibir una diferente realidad. Y ninguno tendrá la completa seguridad de que su realidad es la más real.

    Sea un objeto, sea un paisaje, o sea el rostro de alguien amado (u odiado), serán diferentes perspectivas del mismo trozo de realidad. Como diferentes fotos sacadas por turistas, que están mirando el mismo monumento.

    O comparemos con la tarta de fresa, que a casi todos les sabrá muy parecida. Pero el significado de esa tarta, analizada en el cerebro del que ve, será completamente diferente, según el ser humano que la contemple.

    Un sabor (y una imagen), para el novio que se casa, pero otra muy diferente (imagen y sabor), para el que sigue amando a la novia, aunque se haya quedado sin ella, por ejemplo.

  • Además, no todo lo que se ve…

    … se puede ver sin esfuerzo.

    Si miramos una flor, por muy bella que sea, se puede ver todo lo que ella tiene, a simple vista. Es decir, no se precisa profundizar mucho en la mirada (observación), para ver cosas que no hay. Aparte de los componentes físicos externos que forman la flor. Y, desde luego, los nombres que puede tomar, en función de sus características como vegetal. Así como su relación con diversos seres vivos , para favorecer su polinización. Todo eso forma parte del estudio de una flor.

    Y hasta podemos notar que la flor irradia más o menos belleza, en función de nuestra capacidad de observación.

    Si somos curiosos y nos acercamos lo suficiente, como decimos siempre, nos podemos adentrar más en ciertas características de color, puede que de olor y, sobre todo, del aporte ambiental a esa flor. En este caso las gotas de lluvia que la visten.

    ¡Pero no hay más!

    No estamos mirando para una Marilyn ni para una Scarlett. Donde seguro se esconden gemas , que nos quiere ocultar la sociedad adulta dominante.

  • Porque no todos queremos ver…

    … la mierda que nos ofrecen.

    Hablamos de tener curiosidad y de poder elegir lo que queremos ver. Pero acaso, ¿eso obliga a ver todo lo que nos muestran?

    Que nos obliguen a mirar un anuncio, no quiere decir que estemos obligados a verlo. Aquí es donde juega un papel básico el saber diferenciar bien el fenómeno de ver y el fenómeno de mirar. Porque, incluso encadenados para mirar algo forzados, podemos ser capaces de no ver lo que nos enseñan. Por eso, al protagonista de La naranaja mecánica, era tan difícil hacerle mirar lo que no quería ver. E incluso, con los ojos abiertos, podemos hacer que la memoria difumine lo que estamos viendo.

    Aunque, como todo lo aprendido, este tipo de ejercicios, requieren mucha práctica. De hecho, más que las ecuaciones diferenciales. Las cosas no se aprenden sin esfuerzo, tal como un maestro intenta meter en la cabeza de su alumnado.

    Pero lo peor, es cuando no queremos mirar, porque no sabemos lo que queremos ver.

    Lo dicho, parafraseando al gran poeta italiano, Cesare Pavese, Aprender cansa.

  • Pero, ¿qué podemos ver…

    … cuando vemos a Scarlett?

    ¿Lo que nos venden?

    Porque la industria de Hollywood, como pasa siempre, se ha inventado una lavadora llamada Scarlett, que viene siendo la actual versión de la lavadora Star System de los años 40 y 50. Y que luego se fue modernizando a lo largo de las decádas de los 60, 70 y 80. La Star System Minus, más sofisticada y aniñada, pero igual de despersonalizada.

    Una carrocería lo más vistosa posible, en la que no se escatima gasto alguno. Para embellecerla cada vez más.

    Pero luego se deja invisible toda la capacidad de actuación que la actriz posea. Se puntúa lo necesario para que luzca palmito. Lo que tenga dentro de su cerebro, mejor que quede en stand by, mientras siga siendo la estrella de Hollywood que todos deseamos ver. No, mejor dicho, la que queremos mirar.

    Con mucha luz artificial en su cuerpo, pero apagada totalmente en su cerebro. La gran Marilyn fue un gran ejemplo. Despreciada hasta por el intelectual de turno (AM), no solo por su presi.