
… aunque la quieras tocar.
Por mucho que la quieras agarrar (la realidad) te resulta imposible. Y cuanto más ganas le echas, más lejos parece que se va. Al final de poco vale que estés muy cerca de ella si la tienen opacada (oculta) para ti. Ahí juega su papel el FILTRO : seleccionando una parte de la realidad que miras. Y cuando ese filtro se vuelve totalmente opaco, entonces tendremos un MURO (que no deja VER). Esa es la diferencia entre un filtro que deje pasar algo, que deje pasar muy poco o, incluso, que sea opaco del todo. Como dijimos ayer (y anteayer), ¡alguien te la quiere colar!
Y por eso era tan importante diferenciar bien entre mirar y ver. Porque mucha gente confunde el mirar la realidad, con ver esa realidad (realmente). Cuando, lo que está mirando no coincide con lo que ve, porque se deja grabar con más intensidad, el discurso icónico que alguien hace para suplantarla. Mediante un oportuno filtro social (no propio).
Eso pasa mucho en política, donde la gente suele comprar el relato (la «laavdora») que le hace un político sobre determinado contexto, en vez de hacerse con una visión más real y propia de ese mismo contexto.
Repetimos, mirar y ver no es lo mismo. Poner los ojos sobre una realidad determinada y grabar esa realidad en el cerebro son cosas totalmente independientes, aunque suela ir una detrás de la otra. Pero cuidado si alguien te cambia la cinta grabada en el paso de mirar a ver. O simplemente te regala un filtro que no deja pasar toda la realidad.
Viene a ser el problema del bebé al que quieren convencer de que su madre es la nueva, una que pasó a suplantar a la verdadera. Por ejemplo, imaginemos que los cazadores de la madre del Bambi, le quieren convencer de que debe amar a una mamá suplente.








