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  • Porque, a veces, la realidad se te escapa…

    … aunque la quieras tocar.

    Por mucho que la quieras agarrar (la realidad) te resulta imposible. Y cuanto más ganas le echas, más lejos parece que se va. Al final de poco vale que estés muy cerca de ella si la tienen opacada (oculta) para ti. Ahí juega su papel el FILTRO : seleccionando una parte de la realidad que miras. Y cuando ese filtro se vuelve totalmente opaco, entonces tendremos un MURO (que no deja VER). Esa es la diferencia entre un filtro que deje pasar algo, que deje pasar muy poco o, incluso, que sea opaco del todo. Como dijimos ayer (y anteayer), ¡alguien te la quiere colar!

    Y por eso era tan importante diferenciar bien entre mirar y ver. Porque mucha gente confunde el mirar la realidad, con ver esa realidad (realmente). Cuando, lo que está mirando no coincide con lo que ve, porque se deja grabar con más intensidad, el discurso icónico que alguien hace para suplantarla. Mediante un oportuno filtro social (no propio).

    Eso pasa mucho en política, donde la gente suele comprar el relato (la «laavdora») que le hace un político sobre determinado contexto, en vez de hacerse con una visión más real y propia de ese mismo contexto.

    Repetimos, mirar y ver no es lo mismo. Poner los ojos sobre una realidad determinada y grabar esa realidad en el cerebro son cosas totalmente independientes, aunque suela ir una detrás de la otra. Pero cuidado si alguien te cambia la cinta grabada en el paso de mirar a ver. O simplemente te regala un filtro que no deja pasar toda la realidad.

    Viene a ser el problema del bebé al que quieren convencer de que su madre es la nueva, una que pasó a suplantar a la verdadera. Por ejemplo, imaginemos que los cazadores de la madre del Bambi, le quieren convencer de que debe amar a una mamá suplente.

  • Hasta filtros que pueden…

    … deformar/ocultar la realidad totalmente.

    Hablamos ayer de los filtros que nos deforman en parte la realidad que miramos. Pero hay otros que son capaces de quitarnos toda la realidad que miramos, si es que nos disgusta mucho. O incluso montarnos otra realidad diferente, paralela a la real, para que nos guste. Ese tipo de cosas que tan bien hace alguna red social como Instagram, por ejemplo.

    Porque, ¿para qué ver lo que hay delante, si podemos hacernos ver otra realidad diferente?

    Es un poco como la imagen que se forma en la pantalla digital, a partir de ligar un montón de pixeles entre sí. Se puede formar la imagen que alguien nos envía a través del televisor. Así funciona los grandes filtros sociales, que la SAD nos ofrece en el día día.

    Y así se van grabando (injertando/infectando) nuestro cerebro, con eso que aquí llamamos adn social negativo.

    Porque el adn social positivo sería el que se va injertado (no le llamaríamos entonces infección, como mucho vacunación) con las variaciones sociales positivas. Esas que permiten madurar las capacidades que están sembradas en nuestro ADN. Sería lo correspondiente a una maduración natural y libre. Y poniéndose aristotélicos, sería favorecer el proceso de paso de nuestras capacidades en potencia a nuestras capacidades en acto.

  • Desde filtros donde casi todo…

    … se ve borroso, pero se VE.

    El filtraje de la realidad puede ser suave, solo nos quita algo que no queremos ver, por ser algo desagradable, pero no afecta al contenido que esa realidad nos está manifestando. Por ejemplo, ver un muerto con exceso de sangre, o verlo semitapado para que no sea tan gore la imagen.

    Este tipo de filtros son muy típicos en nuestra relación cotidiana con otros seres humanos. Como el que nos hace parecer mejor o peor al amigo de siempre. El filtro que nos da más confianza con el compañero de trabajo. O nos la quita.

    Incluso puede ser usado, un filtro, casi siempre involuntariamente, con la pareja afectiva, que andamos buscando para que nos haga compañía.

    Y que por necesidades de sentirse más o menos a gusto, nos hace filtrar aspectos de la pareja que nos desagradan o, lo que es mucho peor, nos hacen ver aspectos que deseamos tenga, cuando realmente no los tiene.

    Esos son los filtros que nos engañan en nuestras relaciones sociales. A veces son impuestos, otras los adquirimos voluntariamente. Nos «gusta» ser engañados.

  • Casi tanto como el propio…

    … arte de matar.

    Algo parecido al llamado arte del toreo. Se deleita alguna gente viendo como sufre un animal. No es tan raro entonces, que alguna gente pueda disfrutar con la tortura de un ser humano.

    Todo es cuestión de escala. Y de aprendizaje. De hecho, nos puede injertar (la SAD) un adn social negativo, que suponga el disfrute (algo innato) del sufrimiento ajeno (algo adquirido socialmente).

    El ser humano no disfruta con el dolor. Ni con el propio ni con el ajeno. Hay que ser «muy marqués» para opinar lo contrario. No es un título aristocrático el que nos hace sádicos o masoquistas, es un adn social negativo lo que nos hace llegar a sentir que disfrutamos (lo que no es realmente cierto, solo una simulación fisológica), con el dolor que nos provocan determinadas situaciones corporeopsíquicas. Simplemente lo inverso del psicópata que siente placer torturando.

    Porque lo mismo pasa si nos plantemos el supuesto placer de esos humanos torturadores. Es confundir el auténtico placer (positivo) con la ausencia de dolor (negativo). O incluso hacer la transformación del dolor en falso placer, debido a sobrepasar la dosis máxima que soporta tu cuerpo. Algo a lo que podemos llegar por acondicionamiento mental. Como hacen, por ejemplo, los monjes budistas. Y que tiene relación con el consabido Síndrome de Estocolmo en Masoquismo.

    Muy en el fondo, el problema del dolor no deja de ser una variante del problema de mirar sin ver. Tenemos que ser capaces de no ver en nuestro cerebro el dolor que miramos. Sea propio (más difícil borrarlo) o ajeno (más fácil de borrar con el tiempo).

  • Eses humanos que tanto gustan de…

    … mirar (y ver), sin ser vistos!

    Gustan de no dejarse ver. Porque no todos los que se tapan, lo hacen para matar a la gente. Es más habitual, hacerlo por timidez o por vicio. Y, sobre todo, por espiar la forma de hacer más daño al consabido prójimo. Lo que podríamos llamar el arte del fisgoneo. Es como retorcer el disimulo, para usarlo en contra de «los vecinos». Si el Disimulo es una forma de arte, podemos decir que el arte del Tapado es una forma de antidisimulo.

    Porque dismular la timidez es una forma de engaño, por muy razonable que le parezca al que la tiene. Pero es un tipo de engaño muy leve, casi natural, ya que puede corresponder a una cierta debilidad, en la capacidad genética de defenderse : en vez de «echado para adelante», se trata de ser un poco «echado para atrás».

    Pero luego ya está el ejemplar de humano (tímido o no) que practica el voyeurismo, incluso hasta el acoso. Cuando el placer más intenso no lo da el ver a una mujer, por ejemplo, tanto como el ver que ella ve que la estás viendo.

    En este caso ya se trata más bien de un caso de sadismo, pues el sufrimiento ajeno es lo que a ti te proporciona placer. Aunque sea solo mirando lo que ves.

    Porque el famoso marqués se explayó mucho en el sadismo exacerbado, pero el pequeño mal, que realmente destroza la convivencia humana, es el sadismo de baja escala. El que se puede disfrazar como una simple manía de observar lo prohibido. El que supone un acoso en modo suave, pero prolongado, que le va quitando intimidad, poco a poco, a la persona observada. Hecho en la infancia, por ejemplo, o en la preadolescencia, puede despersonalizar, parcial o totalmente a una cría humana. Convertirla en un futuro objeto de uso para mirones.

  • Hay gente que, simplemente…

    … se tapa del sol…

    … porque se deslumbra. Pero hay mucha gente, que se pone una venda. O una buena anteojera, para ver solo lo que no le molesta. Es una forma de filtrar la realidad, algo muy acorde con un adn social negativo, si lo que dejas de ver es lo que más necesitas ver, para ser realmente libre.

    Porque en la adolescencia es cuando se fabrican los filtros mentales propios. Los que sirven para filtrar la realidad, evitando el deslumbre de cosas que son mentira. O medias verdades. Dejando pasar aquello que tu pensamiento, que empieza a ser crítico, considera bien argumentado. Pero no siempre funciona así. A veces deja pasar los «malos» argumentos.

    La realidad debe ser filtrada, ya que está muy llena de paja y de colorines. Y más en este siglo XXI, con lo que se denomina mundo digital.

    Pero los filtros no pueden ser filtros baratos, comprados en el típico bazar de «todo a 100». Filtros mediocres, que realmente no filtran tal como te interesa, para una maduración natural y libre. Y menos aún si se trata de los filtros regalados por la SAD, para mantener manipulada a la gente que los usa.

    Como pasa con la palabra libertad, donde no es lo mismo libertad de la mayoría oprimida, que libertad de una minoría opresora, tampoco aquí vale igual un filtro hecho por uno mismo, que el típico filtro, que te regalan cada vez que te muestras obediente con el poder establecido. Esos no son filtros realmente, son deformadores de la realidad. Y pueden ser muy muy sofisticados. Depende de quien te los regale.

  • De lo anterior se ve, que no es nada fácil VER…

    … lo que no se deja ver.

    Que también podemos expresar, como que no siempre se ve lo que se mira. Salvo que usemos la capacidad genética, que tienen los humanos, para abstraer /generalizar lo que están viendo. Como hizo Picasso en su etapa cubista.

    Porque el cilindro se puede descomponer en nuestro cerebro en diversa figuras planas. O con perspectiva volumétrica, con cierto grado de volumen (por nuestra capacidad de imaginar «como será por detrás», una vez que lo hemos visto realmente). Y hasta, como dijimos, de imaginar un uso futuro de esa figura cilíndrica : rueda de apisonadora o lata de refresco.

    Esa capacidad de abstración, nunca segura al 100% en su predicción de futuro uso, es la que nos permite inventar a los humanos. Ver más allá de la realidad presente. Incluso en la realidad futura.

    Pero también es la que nos puede dar algo de miedo, cuando se refiere a que nos vean «por dentro» o mucho peor, como puede ser nuestro futuro.

    Y por eso necesitamos , casi tanto como ver, el no dejar ver a los demás. Y ya veremos una segunda parte sobre esto, cuando toquemos el problema de la existencia del que mira (el mirador) y de lo que mira (lo mirado).

  • Y el Disimulo es un arte que ya empieza…

    … en un «simple» vegetal

    Porque , al llegar el invierno, cuando el arce se desviste de su follaje, mediante un desfile de colores otoñales, no está mintiendo. Solo disimula corporalmente (disfraza su cuerpo), para que el señor invierno piense que no tiene superficies que congelar. El arce simplemente «se sienta» a esperarlo, de forma que no pueda ser perjudicado por su falta de calor.

    Y eso sí es genético. La capacidad de disimular, o adaptarse al contexto en este caso, para poder seguir siendo un ser vivo. Única forma de cumplir con la ley esencial para un ser vivo : sobrevivir a los cambios del ecosistema donde le tocó vivir.

    Así que nada de teatro kabuki ni teatro del siglo de oro europeo. Solo un vegetal necesitado, en este caso, de sobrevivir a los cambios que la naturaleza (sea lo que eso sea) provoca en el ambiente que rodea a todo ser vivo. Su ecosistema vital.

    Y desde luego que no hay inteligencia alguna, ni siquiera simple instinto, detrás de estas medidas de adaptación al medio. Sólo una gran capacidad para variar las condiciones corporales, cuando el ecosistema lo demanda. Buscar un disfraz que despiste al invierno.

    El exceso de disimulo (la mentira) es solo una capacidad artificial, que te da el adn social negativo, que la SAD te ha injertado/infectado. Porque cada plaza que ocupas en la maquinaria social, requiere un determinado tipo de disfraz. No hay otra. Y por eso te hacen cambiar de piel. No simplemente de ropa.

  • Lo que hace, que acaben saliendo…

    … varias visiones del mismo objeto.

    Es decir, varios puntos de vista. Y así, plácidamente, podemos citar a eses otros europeos, que ejercen de artistas, copiando de los pueblos oprimidos, como ya dijimos, alguna característica propia de sus culturas tercermundistas. Viene siendo una cara de la colonización cultural, que siempre acompaña a la colonización económica y que no se suele poner en los libros de texto (europeos).

    Un robo cultural, más o menos descarado, pero por el que no se les pagan derechos de autor. A veces ni se dignan recordar y agradecer como fuentes de inspiración, pero les han cogido las ideas que van a plasmar en sus obras de arte. Porque existe una colonización económica, pero siempre le acompaña una colonización cultural. En la que se les meten elementos ajenos a su cultura y se les roba elementos propios. Y en la que podemos incluir, como de vital importancia, la colonización religiosa. Un tipo de colonización en la que se les imponen dioses ajenos. Para colmo, presumiendo de que lo hacen «por su bien».

    En la figura superior de la imagen, podemos ver sintetizada la visión de un cilindro, desarrollado en el plano euclídeo. Que puede servir para explicar el diseño de una carreta, por ejemplo.

    Mientras que, en la figura da abajo, tendríamos una inspiración más artística, para desarrollar algo así como la visión abstracta de un cilindro. La cara que se ve, se acopla con un toque algo «descolocado», para dificultar más la visión de la realidad. E igualmente se representa la cara del cilindro que no podemos ver, pero que podemos «imaginarla». Hemos reflejado lo que vendría a ser, en lenguaje parisino decimonónico, una «expresión cubista de un cilindro sobre el plano»n

    Puede que ahora entendamos mejor la particular visión de un Picasso, a la hora de representar la cara de una nicole kidman parisina, que le sirviera como modelo.

  • Porque está claro, que todo depende …

    … del dichoso PUNTO DE VISTA.

    Como ya dijimos en su momento. Por ejemplo, hablando de colonización, son muy (muy) diferentes el punto de vista del colonizador y del colonizado. Como vimos hace días(con 2001), que tenía diferente punto de vista el que «descubrió» el uso del hueso (como arma natural) y el que iba a sufrir las consecuencias de sus golpes.

    No tiene nada que ver la realidad observada por un opresor con la realidad observada por un oprimido. En el caso de la colonización africana o asiática, por ejemplo, una visión muy particular era la del colonizador europeo y, otra muy muy diferente la del africano/asiático colonizado.

    Y eso, por mucho que se pareciera la mirada que ambos tenían de la misma situación, estaba claro que su visión de lo que pasaba no era la misma. Es más, seguro que al mirarse entre ellos, incluso esa mirada tenía que ser antagónica de por sí.

    Porque no era un simple problema de que la imagen en su cerebro, fuera redonda o cuadrada. Iba mucho más allá. Podemos decir que, casi cuánticamente, uno veía al otro como su enemigo. Y, por lo tanto, «así» lo miraba. Uno desde el sillón del poder, el otro desde el suelo, tan pobre como anegado de rabia contenida.

    Y, claro, aún se quejaban los europeos de que «los miraban mal» (a veces). ¡Ironías de la vida!